San Hugo de Grenoble nació en Chateauneuf, Francia. Ocupó el puesto de obispo de Grenoble, Trabajó denodadamente en la reforma de las costumbres del clero y del pueblo. entregó el espíritu al Señor el día primero de abril de 1132, Viernes de Dolores, a los ochenta años de edad y cincuenta y dos de su consagración episcopal.
Día celebración: 1 de abril.
Lugar de origen: Chateauneuf, Francia.
Fecha de nacimiento: Año 1053.
Fecha de su muerte: 1 de abril de 1132.
Santo Patrono de: Grenoble, Contra los dolores de cabeza.
Contenido
– Introducción
– San Hugo, Obispo de Grenoble
– San Hugo, prelado y pastor
– San Hugo en la Cartuja
– Virtudes de San Hugo
– Enfermedad
– Oración a San Hugo
Introducción
San Hugo nació en Chateauneuf, Valencia de Francia, en 1053, proveniente de una familia destacada. Su padre, Odilón, un valiente soldado, combinó el valor militar con la religiosidad y moralidad, influenciando positivamente a las tropas. Odilón, tras casarse nuevamente, tuvo a San Hugo, quien desde pequeño mostró signos de santidad. Más tarde, Odilón se unió a la vida monástica en la Cartuja, viviendo allí 18 años como modelo de virtud. San Hugo vivió una vida virtuosa y falleció a los cien años, siendo reconocido por sus méritos.
Hugo creció desarrollando virtud y conocimiento académico, estudiando inicialmente en Valencia del Delfinado y luego en la Universidad de París, entre otras instituciones. A pesar de sus viajes académicos, enfrentó desafíos debido a su naturaleza tímida y reservada. Dedicado al estudio y la piedad, mostró avances significativos en ambos campos. Su pasión por el sacerdocio lo llevó a aceptar una canonjía en Valencia, buscando mayor tiempo en actividades religiosas. Eventualmente, San Hugo, ascendiendo a cargos como obispo y cardenal, reconoció la virtud y sabiduría de Hugo, colaborando juntos en temas importantes, como combatir la simonía de la época.
San Hugo logró que el clero retornara a la virtud mediante su predicación y su ejemplo inspiró a muchos del pueblo a reformarse. En 1080, en Aviñón, se convocó un Sínodo dirigido por el cardenal legado Hugo, donde la gente y los canónigos expresaron unánimemente el deseo de que San Hugo fuera nombrado obispo de Grenoble debido a su virtud y fervor religioso. Aunque San Hugo se consideraba no apto para tal posición debido a su humildad, finalmente aceptó el cargo tras la insistencia del Sínodo y del legado.
San Hugo, Obispo de Grenoble
Cuando el Legado se dirigió a Roma, llevó a San Hugo consigo. En Roma, el obispo electo de Grenoble consultó al Papa sobre dudas que tenía debido a una intensa tentación de blasfemia y cuestionamientos sobre la Divina Providencia. Se angustiaba al pensar por qué Dios permitiría que personas malvadas dominaran y perjudicaran a los buenos. Sin embargo, entendió que aunque los designios de Dios pueden parecer misteriosos, siempre son justos y deben ser respetados, confiando en que benefician la gloria divina y nuestro bien espiritual.
Ésta fue la tentación con que el demonio atormentó a San Hugo por espacio de cuarenta años; pero el Santo salía siempre victorioso. Llegado San Hugo a Roma con el Legado, expuso al Sumo Pontífice, San Gregorio VII, su carencia de dotes y cualidades para ejercer dignamente el cargo de obispo que se le quería confiar, y además le hizo presente su aflicción y congoja a causa de la continuada guerra que le hacía Satanás. Después añadió:
«Mucho temo que, con esta tentación, quiera el Señor castigar aquella presunción que tuve de aceptar el obispado de Grenoble.»
El santo Pontífice le consoló y animó con palabras de verdadero padre y pastor, y le exhortó a bajar la cerviz y aceptar la dirección y guía de aquella Iglesia, y a esperar en el Señor, que le daría la victoria sobre tan porfiado y cruel enemigo; porque con aquel fuego de tribulación y angustia se afinaría y resplandecería más el oro de la virtud, y que a la medida del trabajo de la pelea correspondería al de la gloria y corona eternas.
Estaba a la razón en Roma la condesa Matilde, señora no menos piadosa que poderosa, la cual, conociendo las bellas cualidades de que estaba adornado San Hugo, le favoreció grandemente dándole ricos presentes y costeando todos los gastos de su consagración. Luego le regaló un báculo pastoral, un libro De Officiis de San Ambrosio y un salterio comentado por San Agustín.
Tuvo lugar la consagración de San Hugo en Roma, y fue verificada por el Papa. Después de recibir la bendición del Padre Santo, se despidió el obediente obispo y partió para la capital de su diócesis. El pueblo le esperaba ya sumido en la más crasa ignorancia de los deberes del cristiano.
San Hugo, prelado y pastor
San Hugo enfrentó desafíos significativos al convertirse en obispo de Grenoble, con problemas como la simonía, la usura y la falta de recursos para ayudar a los pobres y las necesidades de la diócesis. A pesar de las adversidades, mantuvo una firmeza espiritual, confiando en Dios y actuando con determinación. Se dedicó a reformar las costumbres, promoviendo la oración, la penitencia y la apertura de templos, logrando en dos años una transformación significativa en la diócesis. Sorprendentemente, renunció al obispado en 1082, retirándose a un monasterio en Alvernia como novicio. Sin embargo, el Papa le pidió que retomara su cargo, y San Hugo, obediente, regresó a Grenoble, siendo recibido con amor. Continuó su labor pastoral con fervor y dedicación, difundiendo la palabra divina para la gloria de Dios.
San Hugo en la Cartuja
El obispo de Grenoble tuvo un sueño en el que Dios mostraba una ubicación en el desierto de su diócesis para construir una morada divina, siendo guiado por siete estrellas. Posteriormente, siete hombres, incluido San Bruno, buscaban un lugar para vivir como ermitaños, y Hugo los identificó como las estrellas de su visión. Hugo les ofreció hospitalidad en un desierto en el Delfinado, fundando así la famosa Orden Cartuja. Hugo visitaba frecuentemente a estos religiosos, participando en sus prácticas de penitencia, aunque se sentía humildemente indigno de estar con ellos. A veces, San Bruno debía recordar a Hugo sus responsabilidades en Grenoble debido a sus largas estancias en la Cartuja.
«Id a las ovejas que el Señor os ha encomendado — le decía— , porque han menester de vuestros cuidados; pagadles lo que les debéis.» Obedecíale Hugo como a su maestro y guía; pero después de pasar una temporada en medio de su rebaño, otra vez volvía a la Cartuja para edificarse y enfervorizarse con los santos ejemplos de los monjes.
Virtudes de San Hugo
San Hugo llevaba una vida austera en su palacio, similar a la de la Cartuja, debilitando su salud. Intentó vender sus caballos para atender a los pobres, aunque Bruno le aconsejó sobre sus limitaciones físicas debido a dolores persistentes durante 40 años. Sus sermones eran fervorosos, buscando la salvación de almas más que reconocimiento académico. Durante las comidas, se emocionaba al escuchar las Sagradas Escrituras, lo que conmovía a quienes lo rodeaban. Era generoso con los desfavorecidos, llegando a vender posesiones valiosas para ayudar en tiempos de necesidad. Mantenía una modestia extrema, evitando mirar incluso a su propia madre para proteger su pureza. Evitaba chismes y reprendía las conversaciones inútiles, buscando siempre la reconciliación y el perdón entre las personas.
La humildad fue también virtud grandemente practicada por Hugo. Sintió tan bajamente de sí, que decía que aun cuando tenía cargo y autoridad de obispo, carecía de los merecimientos que tal dignidad exigía. Y considerándose indigno del puesto que ocupaba, suplicó al papa Honorio II que le depusiera, alegando su vejez y continuas enfermedades. Mas el Papa le contestó que aprovechaba más al pueblo él, anciano y achacoso, que otro de más salud y menos años. Reiteró su demanda a Inocencio II, sucesor de Honorio; pero tampoco pudo conseguir nada.
Enfermedad
En 1130, Hugo enfrentó un intento de cisma liderado por su discípulo Pedro León, quien desafiaba al Papa Inocencio II. En un concilio en Puy, Hugo excomulgó a Pedro, revocando su apoyo a pesar de los favores previos recibidos. Hugo sufrió enfermedades y desafíos morales en sus últimos años, pero mantuvo una devoción constante. A pesar de una grave enfermedad que le causó amnesia, recordó siempre sus oraciones y plegarias. Aconsejó a un conde sobre su excesiva carga impositiva, revelando sus planes secretos. Falleció en 1132, siendo venerado por la multitud por sus virtudes. Fue sepultado en la iglesia de Santa María, donde se le atribuyeron numerosos milagros. El Papa Inocencio II lo canonizó, y su vida fue escrita por el Padre Diego Guigón.
Oración a San Hugo de Grenoble
Señor, Tú que colocaste a San Hugo en el número de los santos pastores y lo hiciste brillar por el ardor de la caridad y de aquella fe que vence al mundo, haz que también nosotros, por su intercesión, perseveremos firmes en la fe y en el amor y merezcamos así, participar de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Amén.
San Hugo | Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.
Oración tomada de Aciprensa.
