San Félix de Gerona fue un santo de origen catalán. Fue martirizado en Gerona (Girona) después de viajar de Cartago con San Cucufato a España como misionero.
Día celebración: 1 de Agosto.
Lugar de origen: Scillium, Túnez.
Fecha de nacimiento: Siglo III.
Fecha de su muerte: 304.
Contenido
– Introducción
– El himno de Prudencio
– Apóstol sin ser sacerdote
– Intrépido confesor de la fe
– Martirio
– Reliquias, culto y milagros
– Oración a San Félix de Gerona
Introducción
Durante la persecución de la Iglesia bajo el emperador Diocleciano, conocida como la «era de los mártires» (303), España sufrió particularmente. Daciano, un fiel seguidor del emperador, extendió sus crueles medidas anti-cristianas por toda la Península. Su autoridad era tal que condenaba a cristianos desde Cartagena hasta Lusitania. A pesar de su brutalidad, su persecución fortaleció la fe cristiana, como lo señaló San Félix de Gerona.
El himno de Prudencio
En su himno «Peri Stephanon», el poeta Prudencio elogia a los mártires patriotas, dando un lugar destacado a nuestro Santo. Imagina que en el Juicio Universal, las ciudades presentarán las reliquias de sus mártires ante Cristo para ser juzgadas.
«Este desfile de ciudades ante el Supremo Rey de cielos y tierra, en las actitudes más diversas, oprimiendo una contra el seno su tesoro, ofreciendo otra el suyo bajo el símbolo de magníficas coronas rutilantes de pedrería, ciñendo ésta la frente con corona de olivo, emblema de paz, ofreciendo aquélla sobre el altar con gesto confiado las cenizas de una doncella mártir, es una de las concepciones más grandiosas de la poesía cristiana.
Creería uno estar contemplando esos largos desfiles de Santos que llevan en la mano o en los pliegues de su ropaje, un objeto precioso, o algún libro o corona, que en los frisos de las basílicas cristianas destacan sobre campo de oro sus elegantes líneas y parecen avanzar con paso uniforme hacia el trono de Cristo que fulgura en el fondo del ábside».
– Tomado del libro de Pablo Allard, titulado Persecuciones de España
En el himno de Prudencio, la ciudad que guarda las reliquias de San Félix sigue a Tarragona, que honra a los mártires Fructuoso, Augurio y Eulogio, martirizados bajo el reinado de Valeriano. Se destaca cómo la Providencia llevó a San Félix a esta ciudad donde posteriormente sería martirizado.
Apóstol sin ser sacerdote
San Félix nació en Sicilium, África, y con su amigo San Cucufato, se trasladó a Julia Cesarea (hoy Cherchell, Argelia) para estudiar artes liberales. Al enterarse de la persecución cristiana en Tarraconense por Daciano, decidieron viajar disfrazados a Barcelona en 303 para apoyar a los cristianos. Practicaban la caridad, regalando sus bienes y dedicando sus vidas a ganar almas para Jesucristo.
Según las actas de Santa Eulalia, Félix confesó su fe junto a la virgen Eulalia. Tras su martirio, el cuerpo de Eulalia fue protegido milagrosamente por un manto de nieve. Félix continuó hacia Ampurias, donde se dedicó al estudio y la caridad. Amado por su generosidad y hospitalidad, vivió una vida virtuosa sin recibir órdenes sagradas, enfocándose en difundir la palabra evangélica. Luego, se dirigió a Gerona.
Intrépido confesor de la fe
Félix reunió rápidamente a muchos cristianos, fortaleciéndolos en la fe. Sin embargo, Rufino, un oficial de Daciano, informó a su señor sobre el audaz predicar de Félix. Daciano ordenó capturarlo y darle la opción de adorar a los dioses imperiales o enfrentar tormentos. Rufino, interesado en las riquezas de Félix, lo detuvo en casa de la noble Plácida. Ante Félix, Rufino intentó persuadirlo con adulación y astucia.
— Me han dicho que tu boca destila palabras llenas de prudencia y dulces como la miel, recibe por tanto los plácemes de Daciano a quien halaga de verdad el tener en su provincia hombres tan discretos. Quiere que yo elija para ti una esposa rica, virtuosa y noble como tú, con la única condición de que ofrezcas incienso a los dioses del imperio.
Al escuchar la impía propuesta Félix no pudo contener su indignación:
— ¡Oh lengua diabólica y emponzoñada! —le responde—. Halagas tan sólo para engañar y prometes bienes terrenos para robarme los del cielo. Desprecio esas vanas riquezas; guárdalas para tus hijos si te parece, que en cuanto a mí, nadie me apartará de la caridad de Cristo.
— ¡Así, pues, tu elección es irrevocable, cristiano maldito! —exclamó Rufino con rabia.
— Malditos son, replicó Félix, aquellos a quienes aprobáis tú y tu padre el diablo. Sedúcelos a ellos con tus falaces promesas y arrástralos contigo a tu vergonzosa idolatría, que muy presto arderéis juntos eternamente.
Irritado Rufino, mandó apalear brutalmente al intrépido confesor de la fe, que de tal modo se atrevía a resistírsele, y que luego se le encerrase en lóbrega cárcel. Félix, lleno de alegría exclamó:
«Gracias te doy, Señor, por la suerte que me espera. En ti confío, porque tú probaste mi fortaleza y en las tinieblas me visitaste».
No dándose por vencido en su empeño, acudió Rufino a la astucia:
— Óyeme como hermano. También yo, al llegar aquí, me sentí extraño en ajena tierra y sin recurso alguno, pero la sumisión a Daciano me valió el verme muy pronto colmado de honores, riquezas y regalos.
— Aunque pudieras ofrecerme —replicó Félix— las mismas delicias del paraíso a cambio de renunciar a Cristo, no accedería a tus deseos.
Martirio
El tirano ordenó atar a Félix a dos mulos indómitos que lo arrastraron brutalmente por la ciudad, dejándolo gravemente herido frente al juez. Milagrosamente, sobrevivió y fue visitado por un joven que curó sus heridas en nombre de Jesús. A pesar de los prodigios, el juez persistió, intentando convencer a Félix de adorar a los dioses.
— Haz como nosotros, ya ves con qué facilidad puedes dar satisfacción a los decretos imperiales y volver por los intereses de tu vida.
— ¡ Ciegos esclavos del demonio —replicó Félix con viveza— , abandonad a vuestros falsos dioses, hechura de hombres, que sólo los demonios han podido inspirar, y reconoced al solo Dios vivo que nos creó!
Los verdugos torturaron a Félix arrancándole uñas y piel, y luego lo colgaron boca abajo desde la mañana hasta el atardecer. A pesar de los horribles tormentos, la gracia divina lo sostuvo. Al caer la noche, Félix fue iluminado por una luz resplandeciente y rodeado de ángeles, fortaleciéndolo para enfrentar nuevos desafíos. A pesar de los milagros presenciados, Rufino, el tirano, permaneció implacable en su venganza.
Así, pues, mandó que desde Gerona fuese llevado Félix a Guíxols, y que allí, con las manos atadas a la espalda y cargado de pesadas cadenas, lo arrojaran al agua en alta mar. No por eso el miedo halló cabida en el alma del santo mártir. «Señor —decía—, tu diestra me sostendrá».
En efecto, apenas lanzado al agua, por un prodigio no menos extraordinario que los anteriores, rompiéronse sus férreas ligaduras « cual si fueran hojas de papel». Apareciósele al mismo tiempo un coro de ángeles que le ayudaron a caminar sobre las ondas hasta dejarlo salvo, en la orilla.
Los marineros quedaron atónitos y admirados por los milagros presenciados. A pesar de temer la reacción de Rufino, informaron sobre los prodigios a los que habían sido testigos. Enfurecido, Rufino ordenó torturar nuevamente a Félix con garfios de hierro, dejándolo con sus huesos expuestos. A pesar de los milagros anteriores, Rufino persistió en su crueldad.
— No comprendo por qué te empeñas en perseverar en tu locura. Ya ves que no has de reportar de semejante obstinación sino dolorosísirnos suplicios y en último término la muerte. Considera tu propio interés, vuelve a los caminos de cordura que en tan mala hora has abandonado y entrarás de nuevo en la gracia del emperador. Ya ves cuán compasivos se muestran aún contigo nuestros dioses. Ofréceles, pues, sacrificios.
— No haré yo tal —respondió Félix con viveza— ; mejor es que sigas tú en ello, ya que tan bien te va en el servicio y adoración de los demonios.
Rufino, derrotado y sin respuesta, ordenó que alejaran y arrastraran a Félix por caminos abruptos hasta que finalmente murió debido a las torturas. Una mujer cristiana recogió los restos de Félix y los colocó en el sepulcro que él había preparado en Gerona. Esto sucedió el 1 de agosto de 304.
Reliquias, culto y milagros
Las reliquias de San Félix se conservaron en Gerona, respaldadas por antiguas tradiciones y testimonios como el de San Gregorio Turonense y un diploma del papa Formoso (893). Su devoción ha sido destacada entre los españoles. Por ejemplo, el príncipe Recaredo, al convertirse al catolicismo en el siglo VI, ofreció su corona al sepulcro de San Félix, conocido por sus milagros. Muchas iglesias en Cataluña, especialmente en el obispado de Gerona, lo tienen como patrón. Se distribuyeron reliquias de su sepulcro a santuarios en Torralba, Cuxá, Narbona y Portugal, y su fama se debe tanto a su martirio como a sus milagros.
He aquí dos que refiere San Gregorio de Tours:
— Un ladrón robó muchas cosas de valor pertenecientes a la iglesia construida en Narbona bajo la advocación del ilustre Mártir. En el camino juntósele un hombre desconocido. Pronto trabaron tan íntima amistad que no tuvo el ladrón recelo en confiarle el secreto del robo y de los objetos sustraídos. Ofrecióse el viajero a poner a buen recaudo las alhajas robadas, más tarde las venderían para repartirse el importe. El expoliador convino en ello gustoso y siguió a su guía sin advertir que volvía a tomar el camino de la Basílica. En llegando a ella, díjole al acompañante:
«Ve aquí mi casa, de la que te he hablado; entra y deja las alhajas».
Hízolo así el ladrón y, vuelto en sí, maravillóse al ver que se encontraba con su botín en el lugar mismo de donde lo sustrajera poco antes. Creció su estupor con la súbita desaparición de su compañero, por donde comprendió que el propio Santo había sido el autor de aquel prodigio. Tuvo miedo, y para acallar su conciencia, confesó en público su crimen, contando en loa del santo mártir el prodigio de que acababa de ser objeto.
Un cortesano aconsejó al rey Alarico reducir la altura de la iglesia de Narbona, donde se guardan las reliquias de San Félix. Al comenzar la destrucción, el consejero quedó ciego. La liturgia mozárabe y el Misal del mismo rito destacan los milagros y la vida de San Félix. Las tradiciones alaban constantemente al Santo por sus milagros, y algunos escritores, como Morales, criticaron a los gerundenses por no haberlo alabado lo suficiente. Sin embargo, los habitantes de Gerona honraron a San Félix no solo con escritos, sino también con acciones.La suntuosa basílica —convertida más tarde en Colegiata—- que le dedicaron poco tiempo después de su muerte, constituye una elocuentísima prueba de la veneración que aquéllos le profesaban ya en el año 1128 en que se hizo el traslado de sus reliquias. La actual iglesia de San Félix, cuyo campanario octogonal terminado en pirámide, domina la parte baja de la ciudad, data del siglo XIV.
La insigne reliquia de la cabeza de San Félix estaba colocada dentro de la cabeza de un busto de plata que desapareció en 1936, cuando el templo fue profanado. Desde 1943, el sepulcro está empotrado en las paredes del presbiterio. Ha quedado exhausto de reliquias, por las reiteradas donaciones que de ellas se han hecho. Los títulos de Apóstol, Profeta y Doctor que recibió San Félix, aun sin ser sacerdote, testimonian su amor a la verdad y su celo en propagarla. No se confunda a este santo mártir de origen africano, con su homónimo, diácono de San Narciso.
Oración a San Félix de Gerona
Dios, que inflamaste a tu mártir san Félix con el calor del Espíritu Santo, para que te siguiera despreciando las cosas presentes, y quedara enriquecido con los dones celestiales que nos
tienes prometidos. Él, cuando cedía ya el furor de la persecución en su tierra natal, andaba buscando como buen soldado lugares donde se luchara por tu nombre, sabiendo que la persecución iba decreciendo de ciudad en ciudad. Armado de tu celo, no quiso esconderse en la tranquilidad sino que quiso meterse en el campo de batalla, donde se mantenía la lucha.
Y así, abandonando su patria, atravesando el mar, buscándote a ti que estás en todas partes, vino hasta Gerona. Aquí, como buen mercader, mostraba a todos fielmente la preciosa margarita que había adquirido vendiendo todo lo demás, y así edificaba a los fuertes en la fe y dada ánimos a los vacilantes, para no temer las penas presentes y caminar con alegría hacia los premios eternos.
Por esto te pedimos, Dios todopoderoso, que su ayuda nos defienda desde el cielo a los que celebramos en la tierra su martirio, rindiéndote culto.
Amén.

San Félix de Gerona | Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.
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