1 de Diciembre: San Eloy, obispo de Noyón


San Eloy

Nació San Eloy cerca de la ciudad de Limoges por los años de 588. Fueron sus padres Euquerio y Terrigia. Antiguas leyendas refieren que antes de darle a luz, vio su madre en sueños un águila hermosísima que revoloteaba sobre el lecho en que dormía y que la llamó por tres veces dando fuertes gritos. Muchos hagiógrafos han interpretado este suceso como profecía de la futura gloria del niño.


Día celebración: 1 de Diciembre.
Lugar de origen: Limoges. Francia.
Fecha de nacimiento: 588.
Fecha de su muerte: 659.


Contenido

– Vida temprana
– Maestro en orfebrería
– Su vida en la corte
– Fundaciones del Santo
– Obispo de Noyón
– Trabajos apostólicos
– Reliquias y culto de San Eloy
– Oración a San Eloy


Vida temprana

A los pocos días sintió Terrigia tan vehementes dolores, que estuvo en grande riesgo su vida. Llamaron a un sacerdote para que la asistiese. «No tema, señora —le dijo éste— ; dará a luz un hijo que será Santo y sacerdote ilustre en la Iglesia de Cristo».

Nació el niño y al bautizarlo pusiéronle por nombre Electus, que significa escogido. Pocos pormenores trae la historia acerca de la niñez de San Eloy. Criáronle sus padres en el temor de Dios y en grande confianza hacia los Santos protectores de aquel lugar.

Habiendo notado su padre la inclinación y excelentes disposiciones del niño para los trabajos de orfebrería, muy considerados entonces, púsole de aprendiz con los herreros y plateros de la ciudad. ¡Con qué gusto y maña manejaba la lima, el cincel, el buril y demás instrumentos de su oficio!

Y, ¡cuánto sufría al ver las penosas faenas a que obligaban a los esclavos! Atormentado con este recuerdo, había de mostrarse más adelante protector cariñoso del pueblo y de la gente pobre.

Para que se perfeccionase en el oficio, enviáronle luego sus padres a la fábrica de moneda del maestro Abbón, perteneciente al fisco, que era a la sazón la más importante en aquel arte. No se envaneció Eloy con aquellos primeros triunfos, antes se dió con m ayor cuidado a las prácticas cristianas, asistía asiduamente a los divinos oficios, leía las Sagradas Escrituras y mostrábase en todo verdaderamente bueno y santo.

Maestro en orfebrería

San Eloy, honrado y amable para con todos, granjeóse en la corte muchas buenas amistades; ganó entre otras la voluntad del tesorero del rey Clotario II, llamado Bobbón, el cual lo presentó al monarca. Precisamente buscaba Clotario un orfebre que hiciera a su gusto un trono de oro y piedras preciosas. «Aquí le tenéis» —le dijo Bobbón— . Mandó entonces el rey dar gran cantidad de oro al tesorero, el cual la entregó a su protegido.

Acabó Eloy el trono; pero, juzgando que aun quedaba suficiente cantidad de oro y piedras, púsose a fabricar secretamente otra silla en todo igual a la primera. Presentó la una al tiempo convenido, y el rey, satisfecho y gozosísimo, sobre darle gracias y alabar extraordinariam ente la obra, mandó que le retribuyesen con doble precio del estipulado. Al poco rato volvió Eloy con el segundo trono. Maravillado Clotario por la escrupulosa fidelidad del joven artífice, comenzó desde entonces a encargarle cuidados y negocios de mucha cuenta, y Eloy gozó ya de gran fama.

Antes de seguir al Santo en los importantes y delicados cargos que tuvo en la corte del rey Clotario, mencionaremos algunas de las numerosas obras que se le atribuyen. Figuran en primera línea las maravillosas cruces que hizo para la abadía de San Dionisio, la de San Martín de Limoges y las iglesias de San Víctor y de Nuestra Señora de París. Cinceló los relicarios de los santos Dionisio, Martín, Germán, Luciano, Crispín y Crispíniano, Quintín y Genoveva —los cuales, por cierto, fueron destruidos o desaparecieron cuando sobrevino la funestísima Revolución francesa.

Trabajó, asimismo, varios cálices, candelabros y dípticos y, sobre todo, gran cantidad de monedas palatinas acuñadas con el nombre de Dagoberto I y Clodoveo II. De estas monedas algunas llevan el nombre de Marsella; es probable que el gran protector de los cautivos desembarcados en aquel puerto dirigiese, por encargo del rey, el taller de moneda de aquella ciudad.

Los pocos ejemplares salvados del pillaje y del vandalismo y que a juicio de los entendidos pueden atribuirse a San Eloy y a su escuela, dan pie para deducir que este Santo fue al mismo tiempo que ingenioso orfebre, monedero afamado y meritísimo esmaltador. En todo caso, es innegable que San Eloy influyó muchísimo en la evolución artística de aquella época.

Su vida en la corte

Al llegar al palacio de Clotario II, hallábase Eloy en lo más florido de su juventud. A todos se imponía por su airosa talla y gallardo porte. La opulenta cabellera rizada que lo encuadraba daba a su rostro varonil belleza. Su límpida mirada era reflejo fidelísimo de prudencia, sencillez y candor. Por cierto que la corte de aquellos reyes, fastuosos pero de costumbres bárbaras, no parecía ambiente propicio al florecimiento de las virtudes; como tampoco resultaba muy edificante la camarilla de oficiales palaciegos. Sin embargo, el obligado roce con aquellas personas no influyó en la virtud y santidad del bienaventurado Eloy.

Trataba a todos con la urbanidad y el respeto exigidos por el protocolo de palacio, y aun vestía suntuosamente, aunque debajo de sus lujosos atavíos ocultara rudo cilicio. Tenía en la corte muchos confidentes y amigos; entre ellos, San Audoeno, a quien amaba con toda su alma; San Sulpicio, futuro obispo de Bourges y a la sazón capellán de palacio; Rústico, Desiderio, Román, Farón, y otros.

Esta falange escogida celebraba a menudo juntas en las que se hablaba sobre cosas santas. También tenía Eloy algunos criados rescatados por él de la esclavitud, tales como Baudor, Tillón, Andrés, Martín y Juan, que más tarde se hicieron clérigos. Para poner su alma a cubierto de los malos ejemplos y purificarla más y más, hizo confesión general de su vida entera y de allí adelante dióse con más ardor a las vigilias, al ayuno y a la oración.

Cierta noche, apareciósele en sueños un misterioso personaje que le dijo:

«Eloy, tus oraciones han sido oídas y tus deseos cumplidos».

Consolado y alentado con esta visión, se entregó con ardor a los estudios jurídicos de la Schola palatina. Muerto Clotario, sucedióle su hijo Dagoberto, el cual heredó con el reino el amor grande que su padre tenía al Santo, al que nombró su ministro y embajador. Siguiéronse de ello grandes provechos para el reino, porque lo mismo fue entrar Eloy en su nuevo cargo, que notarse adelanto considerable en lo referente al orden, justicia y práctica social del Evangelio.

Aunque el papel del ministro fue limitado, no por eso dejó de ser a menudo eficaz. No logró impedir que Dagoberto I confiscase las haciendas de algunos monasterios, ni acertó a poner dique a las vehementes pasiones del monarca; pero tuvo suficiente habilidad y prudencia para orientarle y dirigirle en la elección de obispos.

Judicael, rey de Bretaña, venció por entonces al ejército de Dagoberto. El rey franco hubiera podido vengarse con las armas, pero prefirió pactar. Eloy, encargado de llevar a buen término el asunto, mostró en las negociaciones gran talento diplomático; logró inmediatas promesas de paz, y acompañó él mismo al monarca bretón a presencia del rey Dagoberto, el cual, viéndole tan bien dispuesto, cambió con él riquísimos presentes.

Fundaciones del Santo

Creció con esto la estima que el rey le profesaba, lo cual dio alientos a Eloy para pedirle el territorio de Soliñac, con miras a la fundación de un monasterio benedictino. La donación se efectuó el 22 de noviembre del año 632. El autor de la Vita Eligii dice que llegó a ser modelo de monasterios y plantel de artistas, lo que da a entender que, al fundarlo, pretendió Eloy establecer en él no sólo una casa religiosa, sino una verdadera escuela de orfebrería sem ejante a las otras que creara en el Lemosín.

Aun existe hoy día la iglesia de tan antiguo monasterio. Abrió en París una casa de retiro para las vírgenes, y, más tarde, un monasterio en el que impuso una regla severísima. Fue su primera abadesa Santa Áurea. Apenas levantada esta casa (634), edificó en las afueras de París una basílica en honra del apóstol San Pablo. Andando los años, esta iglesia vino a quedar dentro de los muros de la capital, y dió el nombre al barrio de San Pablo.

No olvidaba Eloy que debía su fortuna a la comarca del Lemosín, y edificó una iglesia suntuosísima, para que en ella se guardase decorosamente el cuerpo de San Marcial. Adosado al templo fundó otro monasterio que se llamó en los principios de San Marcial y luego de San Eloy, su fundador, y de Santa Áurea, la primera abadesa.

A estas obras devotas juntó la actividad social, de la que aparece como insigne precursor en la nación francesa. Así como San Vicente de Paúl había de ser más adelante el redentor de los galeotes, fue Eloy libertador de los esclavos. Por sus instancias e ingeniosas estratagemas, logró que el rey Dagoberto diese libertad a muchos centenares de ellos. La extrema necesidad de los peregrinos que iban en romería al sepulcro de San Martín y a otros santuarios, llevóle a fundar una espléndida obra hospitalaria. Gracias a ella tuvieron los devotos romeros albergue seguro, dinero, vestidos y alimentos.

El Señor premió tanta caridad con el don de milagros. En la aldea de Gamacho curó repentinamente a un cojo con sólo hacerle rezar. Un día halló a un hombre en la horca cerca de Estrasburgo. Quiso el Santo enseñar a los presentes el respeto que se debe tener a los cadáveres y mandó que lo bajaran de la horca. Empezó Eloy a palparlo y observó con admiración que aun respiraba levemente; merced a sus cuidados y oraciones, el agonizante volvió a la vida. Tal es, sin duda, el origen de las Cofradías de Caridad, algunas de las cuales llevan el nombre de San Eloy.

Obispo de Noyón

En aquella época elegían de ordinario al obispo los fieles y el clero de la la ciudad cuyos destinos había de presidir. Los Concilios exigían que los elegidos fuesen naturales del país, que el poder civil ratificase la elección, y, finalmente, si el electo era seglar, que pasase una temporada ordenado de Menores antes de recibir la consagración episcopal.

Al morir San Acario, la ciudad de Noyón eligió por obispo a Eloy. Sin duda que el joven Clodoveo II, sucesor de Dagoberto I, confirmó la elección popular, noticioso de la fama y crédito grande que gozaba en todas partes el candidato. Muy contra su voluntad, había recibido ya la tonsura; pero al saber la determinación tomada por los de Noyón, quedó como suspenso y aterrado; sin embargo, hubo de sujetarse y aceptar la carga.

Preparóse al sacerdocio pasando una tem porada de clérigo, como discípulo de San Cesáreo de Arlés, y fué consagrado, según algunos, el 13 de mayo del año 641; otros dicen que el 21 de mayo de 640 ó 646. Si se admite la fecha 21 de mayo de 640, Eloy habría sido consagrado en la catedral de Ruán y junto con su amigo San Audoeno, por Adeodato, obispo de Macón.

Cruzó luego la Normandía y la Isla de Francia y llegó a Noyón, donde le aguardaban impacientes el conde y la población entera. La ciudad de Noyón era por entonces importante, el titular de aquella sede era al mismo tiempo administrador de otras metrópolis como Toumai, en Flandes. Al asegurar nuevamente la unión de estas dos diócesis, realizada en el episcopado de San Medardo y que duró hasta el siglo X II, Dagoberto consolidaba su poder en la región del Norte.

Consideraba Eloy que a partir del momento de su elección para el episcopado debía olvidarse de aquellas exigencias que trae naturalmente la vida cortesana, y quiso que su residencia estuviera en el barrio de los pobres, a fin de tener más a su alcance a estos miembros predilectos de Cristo. Allí vivía con sus clérigos y sacerdotes, y allí instaló una escuela con objeto de preparar a quienes pudieran luego ser los rectores del pensamiento cristiano.

Trabajos apostólicos

En la nueva misión que el Cielo le encomendaba, debía el Santo imprimir a su actividad rumbo distinto del que trajera hasta entonces. Y si bien era muy poco lo que había de reformar en su vida privada, siempre austera y ejemplar, la responsabilidad de su cargo exigía de él una entrega absoluta a los deberes puramente espirituales del mismo.

Ya, siendo seglar, había fundado, como hemos dicho, algunos monasterios; ahora, como obispo, dióse con más empeño a estas fundaciones. Edificó el primero en Noyón para mujeres, y nombró por abadesa a Santa Godoberta, su discípula de París. Por la misma época (644-650) fundó el oratorio de Ourscamp (Campo del Oso) en un bosque a orillas del río Oise, en memoria de un lobo cruel que se había amansado a la voz del Santo.

Los belgas le atribuyen igualmente la fundación de la abadía de San Martín de Toumai, a cuyos monjes dió una regla conforme con las enseñanzas de San Columbano y de San Benito. Merced a la liberalidad de Clodoveo II, fundó, en un arrabal de Noyón, un monasterio de monjes que dedicó a San Lupo, obispo de Troyes.

Cada domingo subía al ambón de la iglesia para leer y explicar a los fieles el sagrado Evangelio. En sus homilías hay reminiscencias de San Cesáreo de Arlés. Una de las más famosas condena enérgicamente la idolatría. Había costumbre en Salency, de coronar de rosas y en medio de grandes festejos a las doncellas que habían sobresalido en virtud y aplicación. San Eloy, como antes San Medardo, favoreció aquella fiesta popular, con el noble fin de que aprovechase al bien moral de los fieles.

Anhelaba, sobretodo, la salvación de las almas. Llevado de su ardiente celo, empezó a misionar los dilatados territorios de su diócesis. En compañía de su amigo Tillón, visitó a los flamencos y frisones, y aun a los bárbaros del litoral, a Suecia y Dinamarca. A su paso fundó nuevas cristiandades en Aldemburgo, Rodemburgo, Brujas y Dunkerque —nombre flamenco que significa «iglesia de las dunas»— .

Llevó su incansable y fecundo apostolado aun fuera del marco de su extensa diócesis. Asistió a los Concilios de Chalons, Auxerre, París y otros. Hay huellas ciertas de su paso por Provenza, Peronne y otros lugares, por los años de 654. Dice el Breviario sagiense —de la actual diócesis de Seez— : que «allí sanó de sus dolencias a muchos enfermos y libró a muchos endemoniados».

En su tierra predilecta del Lemosín, visitó el sepulcro de su llorado amigo San Sulpicio de Bourges. Aprovechó este viaje para rescatar a muchos esclavos y volver a ver el monasterio de Soliñac fundado por él. Muerto el joven príncipe Clodoveo II, a quien habían agotado los vicios y los excesos, su esposa Batilde rigió el país en nombre de su primogénito Clotario III. Juntos gobernaron a los francos, ayudándose de los sabios consejos de Eloy.

Enlutó los postreros años del santo obispo la pérdida sucesiva de sus mejores amigos: San Sulpicio, San Pablo de Verdún y San Desiderio de Cahors, a quien solía escribir cartas cariñosísimas y muy espirituales. Pronto le llegó la vez al Santo. Tuvo presentimiento de su muerte: «Sin duda ya se acaba mi vida» —decía a menudo a sus discípulos— . Así fue; envióle Dios una ligera calentura que le consumió poco a poco.

Juntó entonces a sus familiares y les hizo sus postreras recomendaciones, insistiendo, como Jesús en su discurso de la Cena, sobre la unión de todos en la caridad. Llorado por todos, por sus preferidos los pobres especialmente, murió San Eloy el 30 de noviembre del año 659 —o quizá del 665— , tras una laboriosa vida de más de setenta años dedicada íntegramente al servicio de
la Iglesia y de su patria.

Reliquias y culto de San Eloy

Noticiosa Batilde de la inmensa pérdida que acababan de tener el el reino y la Iglesia de Noyón, fué con sus tres hijos y otros muchos príncipes a ver y venerar el cuerpo de San Eloy. Quiso llevárselo consigo al monasterio de Chelles, pero otros deseaban que fuese enterrado en París. Intervino milagrosamente el Señor en favor de la voluntad del Santo, que había sido de quedarse en medio de sus amados diocesanos: el féretro se volvió tan pesado, que en balde intentaron moverlo.

Enterraron el santo cuerpo en la iglesia abacial de San Lupo, en presencia de los principales señores de la corte y de millares de personas que lloraban la pérdida de tan ilustre pastor y padre. Pasado un año, fue otra vez la reina Batilde al sepulcro para poner el sagrado cadáver dentro de una urna de oro y piedras preciosas. San Momelino hizo solemne traslación del sagrado cuerpo y, de allí adelante, el monasterio se llamó de San Eloy, y vino a ser centro de asiduas peregrinaciones.

Los milagros y favores de todo género multiplicáronse abundantemente en el sepulcro de este Santo, a quien tomaron por patrono innumerables pueblos de todas las regiones de las Galias. Para salvar las santas reliquias del furor de los normandos, el obispo Hedilón las trasladó a un sótano del oratorio del palacio episcopal, y el año 1066 fueron llevadas a la catedral. Afligiéronse con esto los monjes de San Eloy, los cuales entablaron largos pleitos.

El año de 1462, el Parlamento denegó su petición y declaró que bien estaba el cuerpo del Santo en la catedral; sólo les dejaron, como recuerdo piadoso de aquellos sagrados bienes, algunos cálices y m itras que pertenecieran a su santo fundador.

Las reliquias de San Eloy, salvadas de las profanaciones de la Revolución francesa, hállanse actualmente bajo el altar mayor de la catedral de Noyón,en un relicario de madera dorada y esculpida. El 17 de noviembre de 1903, el obispo de Beauvais procedió a su reconocimiento, y separó tres de ellas para su catedral y oratorio. O tras iglesias de Francia guardan también reliquias del Santo; entre ellas la catedral de París, que recibió un hueso del brazo el año 1212.

Por coincidir su fiesta con la de San Andrés, fue trasladada al siguiente día, 1.° de diciembre. En algunos calendarios y Breviarios del siglo XV, se halla mencionada el 25 de junio. Es San Eloy patrono de varias ciudades y de multitud de aldeas y monasterios. También le honran como a protector muchísimos gremios de toda clase de oficios: orfebres, plateros, herreros, veterinarios, guarnicioneros, carreteros, caldereros, cuchilleros, relojeros, cerrajeros, mineros, acioneras, carroceros, cocheros, cortijeros, monederos, chapuceros, doradores, hojalateros y muchos otros.

Tiempo atrás se fundó una cofradía que lleva su nombre.  Era muy concurrida una romería que solía hacerse para pedir la protección del Santo sobre los caballos y otros animales. De mil maneras representan a San Eloy la pintura y la escultura: de pie como obispo, mitrado y báculo en mano; con un martillo, herrando un caballo, y, a menudo, junto al yunque de la herrería. O tras veces presentando un trono al rey Clotario, o rodeado de los instrumentos de su oficio.

Oración a San Eloy

Dame, Eligio tu bendición.
Tu que trabajaste el oro
y las más preciosas joyas,
viviendo en la opulencia,
te ordenaste sacerdote
y dedicaste tu amor a los pobres.

Cuando el daño me atormenta
yo te pido tu protección,
cuando mi alma está perdida
yo te pido tu calor.

Eligio bendito y santo,
socorre con tu gran amor,
nuestras necesidades diarias
y danos tu protección.

Seguir Leyendo…Mi cuerpo esta doliente,
mi vida está en peligro,
y solo el amor de Aquel
a cuyo lado esté puede ayudarme.

Tu, que antes de morir dijiste:

«No lloren por mi. Felicítenme en vez.
He esperado mucho por esta liberación»

Libéranos en esta vida terrena
de nuestras deudas y agobios,
y no permitas que nos falte
nuestro sustento diario.

Amén.

San Eloy | Fuentes
La vida de los Santos por Butler.
Transmisión en vivo desde el Santuario de Nuestra Señora de Fátima En Directo
+