San Macario de Antioquía fue hijo de una familia cristiana de origen armenio, fue educado por el arzobispo de Antioquía. Como peregrino realizó innumerables milagros. Murió el 10 de abril de 1012 a consecuencia de la peste que desoló los Países Bajos.
Día celebración: 10 de abril.
Lugar de origen: Bélgica.
Fecha de nacimiento: 950.
Fecha de su muerte: 1012.
Contenido
– Introducción
– San Macario de Antioquía, Arzobispo
– San Macario de Antioquía se hace peregrino
– Prédica a los Sarracenos
– Las ovejas en busca de buen pastor
– San Macario en Occidente
– Muerte de San Macario
– Oración a San Macario de Antioquía
Introducción
En el siglo X, nació en Armenia Macario, proveniente de una distinguida familia con padres devotos, Miguel y María. El líder espiritual de su región, Macario, fue su padrino y le dio su nombre. Desde joven, Macario mostró una profunda piedad y dedicación a las Sagradas Escrituras, siendo particularmente fervoroso en la oración y la meditación. Evitaba los placeres mundanos y su principal deseo era amar a Dios. Tras ser ordenado sacerdote, destacó por su virtud y eficiencia en importantes responsabilidades, siendo considerado como un posible sucesor del arzobispo de su región. Existe la posibilidad de que estuviera asociado con la orden de San Basilio, una prominente orden monástica y episcopal de esa época.
San Macario de Antioquía, Arzobispo
El anciano arzobispo, consciente de su cercanía a la muerte, buscaba un sucesor digno para su posición. Había observado cómo Macario, el joven discípulo, crecía tanto en edad como en santidad. Decidió que él sería el indicado para tomar su lugar. Convocó a la comunidad en el templo, y aunque Macario no sospechaba lo que estaba por suceder, lo acompañó como de costumbre. Con todos los fieles reunidos en silencio, el arzobispo tomó la palabra para anunciar su decisión:
—Hermanos muy amados en Cristo; ha llegado para mí la hora de volver a Dios, de dejaros en esta tierra; sólo tengo un deseo al morir y es el de daros por pastor un digno ministro de Jesucristo. Vuestra elección es libre y no quiero ejercer con respecto a ella la menor sombra de presión. Con todo, permitid que os recomiende a quien a mi lado ha crecido…
No pudo terminar; el pueblo, que primero lloraba pensando en la separación de su padre, se consoló al pensar le sucedería su discípulo.
—Sí, dadnos a Macario por pastor —exclamaron con voz unánime—; sólo a él queremos.
La elevación de Macario al puesto de arzobispo no fue algo que aceptó fácilmente debido a su profunda humildad. Sin embargo, después del fallecimiento de su predecesor, aceptó el cargo y fue aclamado con gran entusiasmo. A pesar de su alta posición, Macario mantuvo una humildad notable, mostrando compasión y generosidad hacia los pobres y necesitados. Era conocido por su bondad innata y sus acciones caritativas, y se convirtió en un modelo de virtud para otros líderes religiosos.
Macario se entregó completamente al servicio de Dios y su comunidad. Era un predicador apasionado que se esforzaba por fortalecer la fe y la moralidad de aquellos a quienes servía. Aunque se cuidaba físicamente, practicaba austeridades personales y mostraba una profunda devoción en su vida de oración, a menudo llorando copiosamente durante sus plegarias.
Su hogar era un refugio para los enfermos y necesitados, a quienes atendía con amor y compasión. Un relato notable narra cómo un leproso, al usar el pañuelo empapado con las lágrimas de Macario, fue milagrosamente curado de su enfermedad. De hecho, cualquier objeto que Macario tocaba o usaba, incluida el agua con la que se lavaba, se consideraba bendecido con la capacidad de sanar enfermedades. Su vida estuvo marcada por innumerables actos de bondad y milagros, consolidando su reputación como un verdadero siervo de Dios.
San Macario de Antioquía se hace peregrino
La reputación de santidad de Macario creció, atrayendo a multitudes. Sin embargo, se consideró cada vez más indigno de esta veneración y renunció a su posición como arzobispo para vivir una vida de pobreza y peregrinación. Acompañado por cuatro amigos piadosos, emprendió un viaje para visitar lugares sagrados asociados con la vida de Jesucristo. Visitó lugares como Cafarnaúm, Naím, Caná, Nazaret y Jerusalén, donde veneró las huellas y memorias de la vida de Cristo y otros santos. Se sintió profundamente conmovido en lugares como el huerto de Getsemaní, donde imaginaba el sufrimiento de Jesús. Al llegar a Jerusalén en 1006, fue recibido con gran respeto y se sintió profundamente conmovido por la ciudad donde Cristo había sacrificado su vida por la humanidad.
Prédica a los Sarracenos
El devoto peregrino, admirado tanto por sarracenos como por cristianos, enseñaba la fe cristiana con amor. Aunque convirtió a muchos, algunos lo encarcelaron y torturaron, crucificándolo y sometiéndolo a pruebas extremas. A pesar de su resistencia y valentía, finalmente no fue martirizado, pero su fervor por la fe quedó evidente.
En el calabozo, en donde por fin le echaron, se le apareció un ángel, cercado de luz resplandeciente, que le habló en estos términos:
—Levántate, Macario; levántate, servidor de Cristo, y ve a anunciar de nuevo la palabra de Dios a tus perseguidores.
El mártir se levanta al momento, las cadenas que le sujetan se rompen, las puertas de la cárcel se abren ante él y aparece en medio de sus enemigos. Éstos, maravillados de ver lleno de vigor y de vida al que creían muerto, caen a sus pies, le piden perdón y le suplican que les administre el Bautismo.
Macario, al igual que en Antioquía, atrae a las multitudes con su enseñanza sobre Jesucristo y los misterios de la fe. A través de sus palabras y oraciones, realiza numerosos milagros curativos. Un día, sana milagrosamente a un anciano sarraceno sordo y mudo desde la infancia, lo que lleva a la conversión de muchos. Sin embargo, a pesar de su fama, Macario busca la soledad para practicar la penitencia, mostrando su profunda humildad.
Las ovejas en busca de buen pastor
Entretanto, en Antioquía se inquietaban por la prolongada ausencia del santo arzobispo. Ya no era el pastor el que buscaba inquieto las ovejas extraviadas, sino el rebaño el que lloraba la ausencia de su pastor. Los parientes de Macario enviaron en su busca emisarios con orden de traerle con súplicas o a la fuerza.
Dieron pronto con el Santo, porque, ¿quién no conocía de vista o de oídas en Tierra Santa al piadoso peregrino, al ilustre taumaturgo? Pero ni los ruegos ni las amenazas pudieron convencerle. En vano le hicieron ver los impacientes deseos de sus ovejas, las lágrimas de su familia, la inconsolable tristeza de sus amigos; todo fue inútil: El hombre de Dios no quiso seguir más que la inspiración de su Divino Maestro.
Llegaron a emplear las amenazas y hasta la violencia; pero Dios, que desde lo alto del cielo velaba sobre su servidor, hirió de ceguera a los atrevidos que osaron tocarle para tomarlo y llevárselo. Éstos, reconociendo su culpa y humillados, no osaron quejarse; pero el santo arzobispo, olvidando la injuria que le habían hecho, hizo el signo de la cruz sobre sus ojos y los curó al instante. Díjoles entonces:
—Id ahora y decid al pueblo de Antioquía que no llore más a su pastor, que pronto dejará la tierra por las alegrías de la patria celestial, desde donde velará por él y le bendecirá.
San Macario continuó su camino, bendiciendo a Dios, hablando de Cristo a cuantos veía y curando a los enfermos que a él se presentaban. Un día encontró a varios cristianos que iban a Jerusalén llevando consigo a un pobre ciego. El santo peregrino se acercó a éste y le dijo:
—¿Adonde vas?
—A Jerusalén, si Dios quiere.
Macario se echó a llorar, pidiendo a Dios se apiadara de aquella pobre criatura.
—Hermanos —dijo a los peregrinos—, invocad conmigo al Señor. Ya sabéis que ese Dios bondadoso se halla siempre en medio de los que se reúnen en su nombre. Cristo, luz verdadera, está, pues, en medio de nosotros y nadie puede tener los ojos cerrados mientras esta luz benéfica derrama sus rayos esplendorosos.
Arrodilláronse todos y ardiente oración brotó de su corazón; y los ojos del ciego se abrieron. Pero al mismo tiempo que la luz material, recibió éste en su alma las divinas luces de la gracia; lleno de amor y agradecimiento por Cristo, apresuró su viaje al Santo Sepulcro, y, como en otro tiempo San Juan, llegó el primero de todos sus compañeros. El arzobispo prosiguió su camino por tierras áridas y bajo un sol ardiente. La sed devoraba a sus acompañantes, que no encontraban en el camino ni rastro de arroyo o fuente.
Después de haber excavado en vano la tierra en diferentes sitios por ver si hallaban agua, se tendieron en la arena aguardando la muerte, lo cual visto por Macario y movido a compasión, les dijo:
—Hijos míos, nada puede faltar a los que temen a Dios y en él confían. Los que están sedientos tendrán agua en abundancia y los que creen se saciarán en la fuentes de agua viva.
Hizo al mismo tiempo la señal de la cruz en la tierra con su crucifijo y el agua brotó al instante. Dios permitió que el manantial no se secase nunca para perpetuar en los siglos venideros el recuerdo de su piadoso servidor.
San Macario en Occidente
San Macario de Antioquía emprendió un viaje por Occidente, pasando por lugares como Epiro, Dalmacia, Baviera y Flandes, visitando ciudades como Maguncia, Colonia, Malinas, Cambrai y Tournai. Durante su viaje, realizó numerosos milagros que asombraron a quienes lo conocieron. En Baviera, curó a la esposa de Adalberto de una enfermedad incurable. En Colonia, sanó a un hombre con una enfermedad en la piel, y en Malinas, apagó un incendio que amenazaba con destruir una iglesia. En Maubeuge, un sirviente irrespetuoso fue castigado con lepra por su comportamiento. En Cambrai, San Macario pudo ingresar a una iglesia de la cual inicialmente había sido expulsado. Finalmente, en Tournai, logró calmar una revuelta significativa. Su reputación de santidad se extendió, y en Gante, en el monasterio de San Bavón, San Macario continuó realizando milagros, curando a muchos enfermos con solo un gesto.
Muerte de San Macario
San Macario de Antioquía, a pesar de sus achaques y enfermedades, tuvo una visión divina que lo curó momentáneamente. Aunque planeaba regresar a Armenia, una devastadora peste azotó los Países Bajos. En medio de esta crisis, San Macario se sintió llamado por Dios para expiar los pecados de los pecadores. A pesar de la enfermedad, permaneció tranquilo y predijo su propia muerte y que sería el último en fallecer por la peste. Antes de su partida, indicó dónde debía ser enterrado. Tras su fallecimiento en 1012, causó gran conmoción en Flandes. La gente veneró sus reliquias, y su tumba se convirtió en un lugar de milagros, especialmente contra enfermedades. Se le recuerda el 10 de abril, y la iglesia catedral de Gante conmemora su fiesta ese día.
Oración a San Macario de Antioquía
Bienaventurado Santo Macario de Antioquía siempre compasivo, que aprendiste en tu soledad, en el conocimiento, en la perfección divina. Míranos con piedad y ruega por nosotros que te invocamos con fe absoluta en tu bondad y en tu poder de intercesión.
No nos olvides ante Dios. Yo recuerdo tu mensaje para el amor y la paz en el mundo. Quiero que por favor intercedas por mí: (Pídase la gracia que se desea alcanzar.)
En el nombre de la Santísima Trinidad, en el nombre de Jesucristo, el Hijo de Dios, en el nombre de María, Reina del Cielo. San Macario, escucha mi plegaria para el honor y gloria de Dios y la salvación de las almas.
San Macario, santo penitente: consíguenos de Dios la gracia de hacer penitencia por nuestros pecados, en esta vida, para no tener que ir a pagarlos en los castigos de la eternidad.
Amén.

| Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.