Fueron ocho los mártires de Damasco, que dieron testimonio de su fe durante la noche del 9 al de 10 de Julio de 1860 en la ciudad siria de Damasco. Allí fueron fueron martirizados a golpes o a tiros, de cien diversos modos, cebándose su rabia y furor en la mansedumbre de los ocho franciscanos, admirables en sus respuestas, dignas de los primeros cristianos.
Día celebración: 10 de julio.
Contenido
– Introducción
– Inicia la persecución
– Los revoltosos ingresan al convento
– Beatificación
– Oración a los mártires de Damasco
Introducción
Después de la guerra de Crimea, la Asamblea francesa demandó reformas al Imperio otomano, especialmente en lo que respecta a la tolerancia hacia las minorías cristianas. En 1856, el sultán emitió un decreto que otorgaba igualdad de derechos en impuestos y empleos públicos a todos los súbditos del imperio, independientemente de su religión o raza. Esta medida indignó a los musulmanes, que durante siglos habían considerado a los cristianos como inferiores y excluidos. Las tensiones se intensificaron en 1860 con un conflicto en Bait Mari entre un musulmán druso y un joven cristiano maronita, desencadenando una persecución que afectó especialmente a los maronitas.
Inicia la persecución
Cuando estalló la matanza, los drusos estaban armados, mientras que los cristianos, desarmados por las autoridades turcas, fueron atacados. Desde el 30 de mayo al 26 de junio, los drusos saquearon y destruyeron pueblos maronitas en el centro y sur del Líbano, causando la muerte, mutilación y vejación de unos 6000 cristianos.
La violencia se extendió a Damasco el 9 de julio, donde el gobernador no intervino para detenerla. Sin embargo, el emir Abb-al-Kadar, defensor del Islam, protegió a 1500 cristianos, incluyendo europeos. En tres días, miles murieron, incluyendo ocho frailes menores y tres laicos maronitas, beatificados en 1926 por su muerte y los milagros asociados. El padre guardián del convento franciscano protegió a los niños y cristianos, instándolos a mantener su fe.
Los revoltosos ingresan al convento
Los refugiados cantaron las letanías de los santos ante el Santísimo Sacramento y recibieron la absolución y la comunión. El convento era una especie de fortaleza muy bien protegida; probablemente, los cristianos se habrían salvado si un traidor, que había recibido muchos beneficios de los franciscanos, no hubiese guiado a la turba a una disimulada puerta posterior.
El beato Manuel Ruiz, guardián del convento, nacido en Santander en 1804, defendió el Santísimo Sacramento y se negó a renunciar a su fe. Fue decapitado mientras se arrodillaba ante el altar. Los demás frailes, todos españoles excepto el beato Engelberto Kolland, austriaco, también fueron asesinados por negarse a apostatar. Entonces el beato respondió: «Soy cristiano y moriré cristiano». Enseguida reclinó su cabeza sobre el altar y murió allí mismo decapitado.
El beato Carmelo Volta perdió el conocimiento a resultas de un golpe en la cabeza. Una hora después, dos mahometanos amigos suyos le ofrecieron refugio en su casa, a condición de que abjurarse de la fe. El padre se rehusó y sus amigos le dieron muerte.
El beato Nicanor Ascanio había llegado a Siria el año anterior; si el P . Ruiz no le hubiese negado el permiso de partir, juzgando que el viaje era muy peligroso, el P. Ascanio habría estado en Jerusalén y se habría salvado de la matanza. El beato Pedro Soler había empezado su ministerio como misionero en una factoría de Cuevas. Dos niños que le oyeron negarse a apostatar y presenciaron su asesinato, dieron testimonio en el proceso de beatificación.
El beato Nicolas Alberca, que solo tenía treinta años, cayó bajo las balas en un corredor del convento. Los otros dos mártires franciscanos eran hermanos legos. El beato Francisco Pinazo había sido pastor en su juventud. Traicionado por su prometida, se hizo hermano lego en la tercera orden regular, en Huelva; más tarde, fue admitido en la primera orden.
El beato Juan Jacobo Fernández había tomado el hábito en Hebrón y había vivido en España hasta 1857. Ambos legos se habían ocultado en la parte superior de la torre de la iglesia del convento. Los musulmanes los encontraron ahí y los arrojaron desde el balcón al patio. El hermano Francisco murió instantáneamente, el hermano Juan pasó toda la noche en agonía, hasta que un soldado turco le degolló, al amanecer.
Beatificación
Tres laicos maronitas, los beatos Francisco, Abdul-Muti y Rafael Masabki, fueron martirizados junto con los franciscanos. Su beatificación fue notablemente rápida, realizándose en menos de seis meses. Aunque la causa de los franciscanos se inició en 1885, la de los hermanos Masabki comenzó en 1926, impulsada por Mons. Giannini, delegado apostólico en Siria. Gracias a los documentos archivados por el obispo maronita de Damasco, su beatificación tuvo lugar el 10 de octubre de 1926, junto con la de los franciscanos.
Oración a los mártires de Damasco
Oh Dios,
que diste fuerza y valor a tus siervos
los Mártires de Damasco
para confesar tu Nombre hasta el derramamiento de su sangre,
concédenos, por su intercesión,
la firmeza de la fe en medio de la prueba,
la caridad que perdona en el dolor,
y el coraje de proclamarte en todo momento.
Mártires santos,
que preferisteis la muerte antes que renegar de Cristo,
interceded por la Iglesia perseguida,
por los que hoy sufren por su fe,
y por nosotros, que tantas veces callamos
donde debiéramos dar testimonio.
Ayudadnos a vivir con coherencia el Evangelio,
a no temer a quienes matan el cuerpo
pero no pueden tocar el alma,
y a abrazar la cruz de cada día con esperanza.
Por vuestro ejemplo de amor, fidelidad y entrega,
rogamos al Señor que nos conceda un corazón valiente
y un espíritu dispuesto a seguirle hasta el fin.
Amén.
Santos Mártires de Damasco, rogad por nosotros.

Los Mártires de Damasco | Fuentes
La vida de los Santos por Butler.


