San juan de avila

10 de Mayo: Beato Juan de Ávila, Confesor

Publicado el 10 de mayo de 2021

Actualizado el 10 de mayo de 2025

Archivado en: Santoral

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Uno de los mas influyentes y elocuentes jefes religiosos de la España del siglo XVI, fue el Beato Juan de Ávila. Fue amigo de San Ignacio de Loyola y consejero espiritual de Santa Teresa, San Juan de Dios, San Francisco de Borja, San Pedro de Alcantara y Luis de Granada. Este ultimo escribió su biografía.


Día celebración: 10 de Mayo.
Lugar de origen: Almodóvar del Campo, España.
Fecha de nacimiento: 6 de enero de 1499.
Fecha de su muerte: 10 de mayo de 1569.


Contenido

– Introducción
– Estudiante de derecho, tres años de soledad
– Maravillosos augurios
– Un nuevo San Pablo
– El Beato Juan de Ávila y Juan de Dios
– Últimos padecimientos y muerte
– Oración al beato Juan de Ávila


Introducción

En el año 1500, en Almodóvar del Campo, nació Juan, hijo de Alfonso de Ávila y Catalina Chicona. Desde pequeño, mostró notables rasgos de virtud, siendo dirigido por un ángel de piedad a la iglesia a los cinco años. A menudo rezaba largamente y, a veces, se quedaba dormido al pie de los altares. Su humildad creció con su piedad, demostrando desinterés por la vanidad al intercambiar su vestido elegante por la ropa de un niño pobre.

Estudiante de derecho, tres años de soledad

Los padres del Beato Juan de Ávila, buscando que se convirtiera en legista, lo enviaron a la Universidad de Salamanca a los 14 años. Sin embargo, Dios tenía planes más elevados para él como destacado Maestro en los púlpitos de España. A pesar de estudiar leyes por obediencia, su verdadera vocación lo llevó a retirarse de la Universidad. Juan eligió una vida más contemplativa en la casa paterna, dedicándose a la oración y la penitencia extrema durante tres años. Su ideal se centró en la santidad, y Dios le infundió el deseo de conocimiento. Un franciscano señaló discretamente una deficiencia en su estilo de vida, pero quedó impresionado por su virtud.

—No te es licito —le dijo— enterrar, como lo haces, los talentos que Dios te ha confiado. Deber tuyo es hacerlos fructificar: estudia las ciencias que un día te permitirán servir a la Iglesia. En vez del Derecho, estudia las Ciencias Sagradas. Este estudio procurara a tu alma alimento más sustancial y delicioso, y, además, la necesaria aptitud para trabajar en la gloria de Dios y provecho del prójimo.

El beato Juan de Ávila reflexionó sobre las sabias advertencias y, a los veinte años, inició sus estudios de Filosofía y Teología en la Universidad de Alcalá bajo la dirección del ilustre Domingo de Soto. Rápidamente destacó como uno de los valores más celebrados de la España de esa época. Dedicado al estudio y la oración, se convirtió en modelo de estudiante y, pronto, recibió las sagradas Órdenes, celebrando por primera vez el sacrificio de la Misa en su ciudad natal.

Maravillosos augurios

El beato Juan de Ávila, ahora sacerdote, experimentó un pesar al subir al altar por la falta del cariño de sus padres fallecidos. En el día de su primera misa, convocó a doce pobres, lavó sus pies, les obsequió trajes y sirvió una comida con sus propias manos, creando una alegre y santa reunión en Almodóvar. Movido por su profundo amor a Dios, aspiraba a evangelizar en tierras lejanas y buscar el martirio. Optó por América, vendió sus posesiones y se unió al nuevo obispo de Tlaxcala en su viaje a México, cautivando a un venerable prebendado en Sevilla con su piedad.

—¡Qué riqueza —se dijo— representa este hombre para España! ¡Qué tesoro para la diócesis hispalense!

Pero al saber su inmediata partida para las misiones de ultramar se sintió grandemente y se propuso impedirlo: era, sin duda, un instrumento de la Providencia en los caminos de Juan. Este alegó su promesa y puso tenaz resistencia.

Sin darse por vencido, el otro presenté al beato Juan de Ávila ante don Alfonso Manrique, arzobispo de Sevilla, futuro cardenal de la santa Iglesia. Pronto se percató el prudente prelado de las cualidades extraordinarias de Juan y, terciando en la contienda, determinó guardarle en su vasta diócesis.

—No puedo —suplicó el Beato—, me he comprometido ya con el Señor obispo de Tlaxcala.

—Puesto que no basta mi ruego —atajé el arzobispo—, usaré de mi autoridad. En virtud de obediencia, oídlo, quedaos, ¡Dios lo quiere!

—Si tal es la voluntad del Señor —concluyó Juan—, no haya mas. Hágase en mi conforme vos decís.

Un nuevo San Pablo

El beato Juan de Ávila, en su prolífica labor apostólica, destacó como predicador elocuente y hábil. Con unas pocas notas breves, pronunciaba sermones llenos de doctrina, llegando directamente al alma de la multitud con un lenguaje sencillo y rico en imágenes cotidianas. A lo largo de sus años de apostolado, convirtió incrédulos, fortaleció espíritus vacilantes, aconsejó sabiamente a mentes elevadas y espíritus puros, infundió alegría y confianza en los tristes, y escribió cartas luminosas tanto a jóvenes como a adultos.

—No conozco más que uno —le contestó—: amar mucho a Jesús. Es el mejor. «Cada sermón del Beato Juan de Ávila —escribe un contemporáneo suyo— era una red hábilmente lanzada en mares propicios».

Su primera plática en Sevilla, el día de Santa María Magdalena de 1529, duró dos horas —cosa ésta muy meridional y muy sevillana— y conmovió a todo el auditorio. No bien hubo Juan abandonado el púlpito, se precipitó a sus pies la muchedumbre y luego asediaron su confesonario cual hubieran escuchado una misión.

Tomó por modelo a San Pablo en sus predicaciones: leyó una y mil veces sus epístolas hasta sabérselas de memoria, de modo que sus sermones eran come glosas sencillas de aquella sublime doctrina. Le escuchaba en cierta ocasión un teólogo dominico comentar uno de tos pasajes mas oscuros del Apóstol y resumió así sus impresiones:

—Esta mañana —dijo— he oído a San Pablo explicado por San Pablo.

El Beato Juan de Ávila y Juan de Dios

En 1537, en Granada, el beato Juan de Ávila predica sobre la obligación de evitar el pecado y morir antes que ofender al Señor. San Juan de Dios, un aventurero, se ve profundamente afectado por la gracia divina, se quita la barba y los cabellos, distribuye sus mercancías y da su dinero a los pobres. Luego, tras hablar con el beato Juan de Ávila, adopta el nombre de Juan de Dios. Internado en un manicomio, soporta pacientemente el rudo tratamiento. Bajo la dirección del beato Juan de Ávila, emprende obras de caridad y funda la Orden de los Hermanos Hospitalarios.

Últimos padecimientos y muerte

Furioso el demonio ante las conversiones logradas por el siervo de Dios, utilizó contra él, todas las armas de sus arsenales. Primero echó mano de la calumnia. Hacia 1533, el beato Juan de Ávila fue acusado de tribunal de la Inquisición: le acusaban de demasiada severidad en la doctrina. Mientras su causa se sustanciaba, fue encarcelado.

Más sin embargo, el acusado no perdió nunca la serenidad. «Dios sabe mi inocencia y eso me basta». Pasados varios meses, el Santo seguía preso, los jueces interpretaron torcidamente su silencio, lo juzgaron culpable al ver que nada presentaba en su defensa.

Descubierta al fin la espantosa trama urdida por los calumniadores, brilló inmaculada la reputación de nuestro bienaventurado y sus excelsas virtudes. En seguida reanudó sus predicaciones en la ciudad de Betis y con más éxito que nunca.

Su fama traspasó fronteras y llego a oídos de Paulo III; entre los familiares del Papa había un hombre natural de Baeza, ciudad en que Juan desempeño algún tiempo funciones sacerdotales. Este influyente caballero pretendía de antiguo dotar a su pueblo natal de escuelas, seminario, e incluso de una Universidad; tan solo aguardaba el oportuno momento.

Creyó serlo entonces y habló de sus pretensiones al Sumo Pontífice. El Papa expidió, en efecto un Breve que confiaba a nuestro Beato la realización del proyecto: el Papa otorgaba a la nueva Universidad insignes privilegios, establecía en ella todas las facultades mayores y concedía al claustro la colación de grados.

Omitimos el relatar por menudo los desvelos de Juan para responder a los deseos del Papa, sus trabajos y fatigas, las energías desplegadas y los resultados que alcanzó. La muestra de confianza recibida con este motivo manifiesta claramente el alto concepto de que gozaba en Roma. Pasó el Beato los postreros años de su vida en medio de continuadas dolencias, Llevaba un cuarto de siglo entregado a un rudo apostolado que minó su naturaleza: dolores de estómago, frecuentes accesos de tos, inflamación de ojos, quemaduras, fiebres y otros males hicieron del anciano operario del Señor un varón de dolores.

Con frecuencia se le oía decir:

—Aumentad, Señor, mis sufrimientos; pero dadme a ta vez la paciencia de sobrellevarlos.

Ocurrió su preciosa muerte el 10 de mayo de 1369. Al expirar hizo publico su deseo de ser inhumado en la iglesia de  los Jesuitas, lo que se cumplió piadosamente.

Su Santidad Leónn XIII le elevó al honor de los altares proclamandole Beato en 1894.

Oración al beato Juan de Ávila

Oh pastor bendito, cómo curas a la oveja lastimada y cansada, cómo vuelves por el cristiano que te va siguiendo y va cansado y sudando y no deja de seguir tus pasos!

¡Cómo y con qué amor vuelves hacia él y tomas a cuestas sus trabajos, y le ayudas a pasar el camino, como un buen pastor. Beato Juan de Ávila, intercede por mi ante Dios para obtener la gracia de la fortaleza espiritual.

Yo quiero seguir a Jesús por el camino que me indique; amar sus misericordias, recibir sus consuelos. Y si va por un camino con espinas, aunque me duela, quiero seguirlo; porque aunque Él me ponga en una tribulación, se que se se esconde para conocer quién soy sin Él.

Que yo no dude de su gran amor, de las gracias que son para mi los problemas y las espinas. Que entre confiado en las espinas aunque piense que me voy a lastimar, porque es allí donde siempre encontraré al Señor. Quiero entrar en los trabajos donde se encuentra escondido para que yo lo busque; quiero entrar en la carne para vencer con su gracia a las tentaciones, vencer al demonio, sólo con su ayuda. Quiero entrar como una oveja confiada por donde el vaya, porque siempre así yo estaré con ÉL.

Quiero ir detrás de mi pastor, y descansar a su lado, sabiendo que el siempre me ama, me protege de todo mal y no separarme más de El.

Amén.

Cordero de Dios

 

Beato Juan de Ávila | Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

https://santavirgenmaria.com/2016/05/10/oracion-san-juan-avila/

Colofón
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