San Juan Gualberto, fundador de la Orden de Vallumbrosa, provenía de una familia noble y llevaba una vida vanidosa y mundana. Tras la muerte de su hermano mayor, buscó venganza pero, en un acto de piedad durante Viernes Santo, perdonó al asesino. Luego se unió a la Orden de San Benito y posteriormente fundó su propia congregación. Se destacó por condenar el nepotismo y la simonía, siendo reconocido por su fe pura y su mansedumbre. Incluso los papas lo consideraban con gran estima.
Día celebración: 12 de Julio.
Lugar de origen: Florencia, Italia.
Fecha de nacimiento: Año 985.
Fecha de su muerte: 12 de Julio de 1073.
Santo Patrono de: Guardabosques, parques, Badia di Passignano.
Contenido
– Introducción
– Vida mundana
– San Juan Gualberto, religioso
– En la Camáldula
– Fundación de Vallumbrosa
– Virtudes y milagros
– Su muerte
– Oración a San Juan Gualberto
Introducción
La regla de San Benito, escrita en 529 en el Monte Casino y considerada inspirada por el Espíritu Santo según el papa San Gregorio, atrajo a innumerables monjes dedicados a la agricultura, estudios literarios, ciencia y canto religioso. Durante la Edad Media, esta regla iluminó a Europa, dando origen a miles de monasterios y centenares de cenobitas en cada uno. Actualmente, más de quince mil religiosos siguen sus preceptos. Inspiró constituciones de varias órdenes, como la de los Camaldulenses por San Romualdo y los Cistercienses por San Roberto, entre otros.
Vida mundana
Juan, nacido en una familia aristocrática de Florencia a finales del siglo X, posiblemente en 995, fue criado en la comodidad y la riqueza. Sin embargo, la muerte de su hermano Hugo a manos de un caballero florentino lo sumió en un profundo dolor y deseó vengarse. Cuando se encontró con el asesino en un estrecho sendero, se preparó para tomar venganza.
En Viernes Santo, mientras Juan se preparaba para vengarse del asesino de su hermano, este se postró, pidiendo perdón en nombre de Jesucristo crucificado. Conmovido, Juan arrojó su espada y perdonó al hombre, recordando las enseñanzas de Jesús sobre el perdón. Luego, al rezar ante una imagen del Santo Cristo en la iglesia de San Miniato, sintió que la imagen inclinaba la cabeza hacia él, como aprobando su acto de clemencia, y experimentó el perdón divino por su propia generosidad. Fue un momento de gracia que transformó su alma.
San Juan Gualberto, religioso
Después del episodio, Juan decidió dedicarse a la penitencia y permaneció en el convento de los cluniacenses. A pesar de las advertencias del abad sobre las dificultades de la vida monástica, Juan expresó su voluntad de renunciar a su antigua vida. A su vez, su padre, preocupado por su ausencia, lo encontró en San Miniato y exigió llevárselo. El abad, tranquilo, le dijo que su hijo estaba libre de decidir.
-Ahora mismo vendrá vuestro hijo ; decidle lo que queráis, y si desea seguiros, libre es de hacerlo.
Supo Juan que su padre le aguardaba y comprendió la necesidad de acudir a medios extraordinarios. Tomó unos hábitos de fraile y entró en la iglesia; él mismo se cortó la cabellera delante del altar, se despojó entonces del traje seglar, vistió la túnica monástica y, en esta forma, se presentó a su padre; le refirió el encuentro con el asesino de su hermano y el prodigioso suceso de la iglesia de San Miniato, y acto seguido le pidió licencia para seguir el llamamiento del Señor.
Conmovido por la experiencia de su hijo y por su decisión de ingresar al monasterio, Gualberto finalmente aceptó y bendijo a Juan antes de despedirse. Desde entonces, Juan se entregó completamente a su nueva vida monástica, destacándose por su obediencia, paciencia y humildad como novicio, y por su fervor en la oración y en el cumplimiento riguroso de las prácticas monásticas como profeso. Su único anhelo era vivir para Dios.
En la Camáldula
Ante la propuesta de los monjes de elegir a Juan Gualberto como sucesor del abad fallecido, él rechazó firmemente el cargo, considerando que había ingresado al convento para obedecer, no para liderar. Para evitar más insistencias, decidió abandonar San Miniato. Aunque algunas crónicas sugieren motivos relacionados con la elección del nuevo abad, la interpretación más aceptada es que Juan actuó por humildad. Junto a otro monje, emprendió un viaje hacia el este de Florencia, probablemente siguiendo una ruta específica. Durante su viaje, se encontraron con un mendigo, y aquí ocurrió un evento maravilloso que fue interpretado como aprobación celestial de su decisión.
— Hermano —dijo Juan a su compañero— , da a este pobre la mitad del pan que llevas.
— ¿Pero no veis que lo necesitamos para la cena? Además, este hombre fácilmente hallará quien le dé de comer en el pueblo cercano.
—Vamos, hermano, haz lo que te digo.
El religioso obedeció y llegaron a una villa donde Juan decidió no entrar, enviando a su compañero a pedir limosna. Aunque al principio volvió con poco, pronto tres lugareños llegaron con pan para ellos, motivados por la caridad de unos pastores que habían escuchado su conversación. En pocos días, recorrieron los cincuenta kilómetros hasta Stía. Luego, atravesaron el valle del Arno hacia un lugar llamado Campus Máldoli, donde San Romualdo había fundado su eremitorio en 1012. Juan Gualberto suplicó unirse a los ermitaños allí, mostrándose como un modelo de virtud. Después de algunos años, el abad quiso ordenarlo sacerdote, pero Juan se consideró indigno y pidió permiso para buscar mayor soledad. El abad lo concedió, reconociendo la voluntad divina en sus palabras.
—Id, hermano; dad principio a la Orden que Dios os tiene destinada.
Difícil es precisar la fecha de este trascendental acontecimiento, pero puede conjeturarse que debió ser por los años de 1025 a 1039.
Fundación de Vallumbrosa
Juan Gualberto, en busca de mayor soledad, construyó una choza en un bosque apartado, pero su reputación de virtud atrajo a numerosos discípulos. Con el tiempo, se formó una comunidad de monjes que se dividieron en clérigos y conversos. Bajo la guía de Gualberto, siguieron estrictamente la Regla de San Benito. Aunque experimentaron escasez de alimentos, prefirieron el ayuno a romper la abstinencia. En dos ocasiones, cuando carecían de pan, recibieron misteriosamente una provisión abundante, sin conocer al donante.
Virtudes y milagros
Juan Gualberto, ejemplar en virtud, condenaba la simonía y denunció públicamente a un obispo simoníaco. Aceptó la prueba del fuego para probar la verdad, y el monje salió ileso, convirtiendo al obispo arrepentido. A pesar de su odio al pecado, mostraba misericordia hacia los pecadores, acogiendo a sacerdotes simoníacos arrepentidos en su monasterio. Promovía la pobreza, y cuando encontró un convento lujoso, rogó a Dios que lo remedie, y el edificio se derrumbó. Confíaba plenamente en la Providencia Divina, como se demostró cuando encontró grano abundante en un granero aparentemente vacío.
En otra ocasión, cuando el Papa San León IX visitó, Juan Gualberto no tenía nada que ofrecerle para comer, pero dos novicios trajeron dos magníficos sollos de una laguna cercana, que rara vez tenía peces. Un escudero llegó con lágrimas, informando que su amo estaba gravemente enfermo y desahuciado. Aunque preocupado, Juan consoló al escudero, mostrando conformidad con la voluntad divina. Tras orar fervorosamente, Juan se acercó al mensajero y dijo:
—Volved al palacio, que el señor Ubaldo ya está bueno y os espera.
El escudero emprendió apresuradamente la vuelta, y halló al caballero en perfecto estado de salud. Tuvo, además, nuestro Santo, el don de profecía, y según cuentan sus biógrafos, leía como en libro abierto en el corazón de los demás. En más de una ocasión hubo de admirar a los postulantes que deseaban entrar en su Orden, cuando les descubría las verdaderas razones que los guiaban en su petición, razones que aun los mismos interesados no habían analizado a fondo.
Su muerte
Las austeras penitencias y los arduos trabajos en el servicio de Dios y del prójimo minaron la salud de Juan Gualberto, quien reconociendo su cercana muerte, recibió con fervor los últimos sacramentos. Reunió a sus hermanos religiosos y los exhortó a perseverar en la vida santa que habían abrazado, haciendo que prometieran observar la regla de San Benito y la caridad fraterna. Luego, entregándose a la piedad, exhaló su último suspiro en Passignano el 12 de julio de 1073, veintidós años después de fundar la Congregación de Vallumbrosa. Fue sepultado en la iglesia del convento.
Su muerte causó gran duelo entre sus seguidores, pero pronto este dolor se transformó en gozo al presenciar los numerosos milagros cerca de su tumba, confirmando su santidad y la eficacia de su intercesión. Esto llevó a solicitar su canonización, que se proclamó solemnemente el 6 de octubre de 1193 por el Papa Celestino III, elevando su fiesta a rito doble el 18 de enero de 1680 por Inocencio XI. Sus reliquias se conservan en varios lugares, incluyendo Passignano, Vallumbrosa y la iglesia de la Santísima Trinidad de Florencia.
Oración a San Juan Gualberto
Oh glorioso San Juan Gualberto, modelo de perdón y humildad, que al ver al asesino de tu hermano entregaste tu ira al Señor y lo perdonaste por amor a Cristo Crucificado.
Tú, que dejaste los honores del mundo para abrazar la vida monástica y reformar la Iglesia desde el silencio del claustro, intercede por nosotros para que sepamos perdonar de corazón
y buscar a Dios por encima de todo.
Protégeme de la soberbia y del rencor, concédeme un espíritu de paz y reconciliación, y ayúdame a caminar con fidelidadpor la senda de la conversión.
Tú que eres protector de los bosques y del equilibrio natural, inspíranos a cuidar la creación con responsabilidad y amor.
Amén.

San Juan Gualberto| Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.


