13 de Abril: San Hermenegildo, Mártir

13 de Abril: San Hermenegildo, Mártir

Publicado el 13 de abril de 2024

Actualizado el 7 de abril de 2025

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San Hermenegildo (nombre de origen gótico: Ermen Gild, «inmenso tributo»; fue un príncipe y noble visigodo, hijo del rey Leovigildo y de su primera mujer, y hermano de Recaredo. Su conversión al catolicismo lo enfrentó con su padre y provocó una contienda militar, que acabaría con su captura y muerte. Fue canonizado en 1585 como mártir, es patrono de los conversos y su festividad se celebra el aniversario de su muerte, el 13 de abril.


Día celebración: 13 de abril
Lugar de origen:  Medina del Campo.
Fecha de nacimiento: 564.
Fecha de su muerte: 13 de abril de 585.
Santo Patrono de:  Los conversos. Sevilla.


Contenido

– Introducción
– Educación de San Hermenegildo
– Matrimonio de San Hermenegildo
– Conversión de San Hermenegildo
– Guerra entre Leovigildo y San Hermenegildo
– Leovigildo aparenta reconciliarse con su hijo
– Cárcel y martirio de San Hermenegildo
– Conversión de los Visigodos
– Oración a San Hermenegildo


Introducción

En el siglo V, tras el edicto de Constantino que otorgó paz a la Iglesia, España experimentó invasiones devastadoras de vándalos y visigodos, quienes eran arríanos y rechazaban la divinidad de Jesucristo. Estos invasores, más crueles que los paganos anteriores, intentaron esclavizar tanto física como espiritualmente a los católicos. Durante casi dos siglos bajo el dominio visigodo, la persecución religiosa fue intensa en España, pero a pesar de ello, la fe católica persistió. Un ejemplo notable es el joven rey San Hermenegildo, quien se convirtió en un mártir prominente en esta lucha contra la herejía.

Educación de San Hermenegildo

Tras la muerte del rey visigodo Atanagildo en 567, Liuva y Leovigildo fueron elegidos co-monarcas, pero eventualmente Leovigildo se convirtió en el único rey. Leovigildo, casado con Teodosia, hermana de los obispos católicos San Leandro y San Isidoro de Sevilla, nunca mostró hostilidad hacia la fe católica. Aunque Leovigildo aseguró que sus hijos, Hermenegildo y Recaredo, fueran bautizados como arríanos, permitió que recibieran educación en la escuela episcopal fundada por San Leandro. Aunque los jóvenes fueron educados en el arríanismo inicialmente, tenían inclinaciones favorables hacia el catolicismo, y su educación y entorno eventualmente influirían en su conversión hacia la fe católica en el futuro.

Tras la muerte de su primera esposa, Teodosia, Leovigildo se casó con Gosvinda, viuda de su hermano Atanagildo, quien era fervientemente arriana. Con Gosvinda a su lado, Leovigildo intensificó la persecución contra los católicos. Esta persecución fue severa: confiscaron bienes, encarcelaron, flagelaron, desterraron y mataron a muchos fieles. San Gregorio Turonense describió la persecución como espantosa, y otros historiadores culparon directamente a Gosvinda por estos actos atroces. En un giro irónico, según los relatos, Gosvinda, quien ordenó cegar a muchos católicos, finalmente quedó ciega por una espesa catarata como un castigo divino. Su furia hacia los cristianos la llevó incluso a crear conflictos dentro de su propia familia para lograr sus objetivos.

Matrimonio de San Hermenegildo

Hermenegildo, al llegar a la edad matrimonial, fue propuesto para casarse con Ingunda, una princesa de la familia real de los francos, hija del rey Sigeberto I y Brunequilda, y nieta de Atanagildo y Gosvinda. Aunque Ingunda era joven, la propuesta fue bien recibida, y ella viajó a Toledo en 579, donde fue recibida con gran honor. A pesar de la inicial alegría y afecto entre Hermenegildo e Ingunda, la presencia de Gosvinda, motivada por celos y sectarismo, generó tensiones en la relación.

Apenas celebrado el matrimonio, se impuso Gosvinda la obligación de convertir al arrianismo a la princesa Ingunda y hacerla bautizar nuevamente según el rito de los herejes. Al principio se sirvió de todos los medios de persuasión con gran acopio de alabanzas y caricias. Ingunda permaneció inquebrantable y resistió a todas las insinuaciones, contentándose con decir:

«Me basta haber sido bautizada una vez y regenerada en nombre de la Santísima Trinidad en la que adoro a las tres Personas iguales en un todo. Esa es la creencia de mi alma y no me apartaré de ella jamás».

Exasperada cierto día por tan invencible firmeza, Gosvinda no pudo contenerse más, se precipitó sobre su nuera y nieta, la agarró por los cabellos, la arrojó al suelo y la pisoteó hasta que el cuerpo de la infortunada princesa quedó cubierto de sangre. La hizo después desnudar y meterla en una piscina llena de agua para darle por fuerza un bautismo sacrílego. Ese acto de salvajismo determinó a Leovigildo a tomar medidas radicales.

Disgustado ante semejantes escenas, el rey envió a su hijo y a su nuera a Andalucía. Según San Gregorio, queriendo Leovigildo asegurar el trono a sus descendientes, lo compartió con sus dos hijos y dio al mayor Andalucía, con Sevilla por capital.

Conversión de San Hermenegildo

Hermenegildo e Ingunda se trasladaron a Sevilla en 580, donde vivieron momentos felices, aunque Hermenegildo seguía siendo arriano. Ingunda, con persistencia y discreción, buscó la conversión de su esposo. Influenciado por los recuerdos de su educación católica con su tío, San Leandro, Hermenegildo decidió convertirse al catolicismo. Bajo la dirección de San Leandro, Hermenegildo recibió el bautismo y fue confirmado con el nombre de Juan, aunque se le sigue conociendo como Hermenegildo. Celebró su conversión emitiendo monedas con una inscripción de San Pablo. Su cambio espiritual fue un gran estímulo para los católicos en España, preparándose para resistir a las persecuciones de Leovigildo. Sin embargo, el camino hacia la paz y la conversión de la nación visigoda se lograría mediante el martirio de un verdadero creyente.

Guerra entre Leovigildo y San Hermenegildo

El sitio de Sevilla fue una prolongada lucha donde Hermenegildo, aunque superado en recursos, resistió con valentía. Sin embargo, finalmente, Leovigildo logró tomar la ciudad. Tras su rendición, Hermenegildo intentó refugiarse en Córdoba, buscando protección en una iglesia. A pesar de su intento de resistencia, las fuerzas de Leovigildo eran abrumadoras y, eventualmente, logró capturar a Hermenegildo. La historia pone de manifiesto la complejidad de las dinastías y las luchas internas por el poder, entrelazadas con cuestiones religiosas y políticas en la España visigoda.

Leovigildo aparenta reconciliarse con su hijo

Por el hecho de refugiarse en una iglesia, el príncipe vencido daba a entender que renunciaba a proseguir la lucha y quería evitar a su padre el horror de llegar a mayores extremos con su persona, porque —decía— es un crimen para un padre m atar a su hijo, como lo es para un hijo atentar a la vida de su padre. En aquella época las iglesias gozaban del derecho de asilo y ese privilegio raras veces era violado. Por irritado que estuviese Leovigildo y por muy bárbaro que fuese no se atrevió a violar aquel asilo y acudió a la astucia para apoderarse de la persona de su hijo:

Al efecto le envió a Recaredo, su hijo menor. Era Recaredo de carácter franco y leal y se hallaba muy lejos de sospechar la perfidia de su padre, por lo que aceptó contentísimo la misión que le confiaba. En cuanto vio a su hermano corrió a él, le abrazó tiernamente y le dijo:

—Vengo para llevarte a nuestro padre; prostérnate ante él y ponte en sus manos: te lo perdonará todo y te conservará todos tus poderes y dignidades.

Pero San Hermenegildo, desconfiando con fundamento de tan halagüeñas promesas, prefirió seguir los consejos de la prudencia y se negó a abandonar aquel asilo.

—No —contestó—; yo no puedo presentarme a nuestro padre; prefiero le niegues que venga él y me diga lo que desea de mí.

Cuando Recaredo le comunicó la respuesta de Hermenegildo, como tenía decidido empeño en apoderarse de la persona de su hijo, se resignó Leovigildo y marchó a Córdoba. En cuanto San Hermenegildo vio a su padre, corrió hacia él y se echó a sus pies. Leovigildo le levantó, le abrazó con ternura perfectamente simulada, le infundió confianza y, con palabras cariñosas, le llevó al campamento de los visigodos.

Pero en cuanto llegaron a él cambió la escena totalmente: aquél padre indigno se quitó la máscara y abrumó a su hijo con las más sangrientas injurias, tratándole de ingrato, parricida, criminal y reprochándole el haber hecho alianza con los griegos y el haber enviado a su mujer y a su hijo a la corte de Constantinopla.

—Si he tratado con los griegos —replicó Hermenegildo— ha sido para defender mi vida y, si he confiado mi esposa y mi hijo al emperador, ha sido únicamente para librarlos de los peligros que pudieran correr.

Nada quiso oír Leovigildo y, faltando a la palabra empeñada, hizo despojar al infortunado Hermenegildo de sus vestiduras reales, le privó de todos sus bienes y le envió a Valencia.

Cárcel y martirio de San Hermenegildo

En sus últimos días, San Hermenegildo enfrentó un cambio profundo en su perspectiva, abandonando sus antiguas luchas terrenales y dedicándose completamente a su fe. Encarcelado en Tarragona, eligió un camino de penitencia, vistiendo cilicio y cadenas, preparándose para un martirio inevitable. A pesar de los esfuerzos de su padre por persuadirlo a renunciar a su fe, Hermenegildo permaneció firme. Antes de la Pascua, buscó recibir los sacramentos de Penitencia y Eucaristía de un sacerdote católico, una solicitud que fue denegada. En su lugar, un obispo arriano le ofreció la comunión, pero Hermenegildo rechazó la propuesta, manteniendo su firmeza en la fe católica.

—Si aceptáis —le decía el obispo—, todo lo olvidará vuestro padre, os perdonará y os pondrá otra vez en el trono, de lo contrario está firmada vuestra sentencia de muerte.

San Hermenegildo rechazó con firmeza cualquier intento de traicionar su fe, enfrentándose valientemente al obispo hereje que le ofrecía una comunión sacrílega. Tras esta decisión, se entregó a la misericordia divina, pidiendo perdón por sus pecados y orando incluso por sus perseguidores. Fue ejecutado por orden de su padre, Leovigildo, el 13 de abril de 585. Aunque algunos argumentan que su muerte fue resultado de conflictos políticos, la realidad es que Hermenegildo fue asesinado principalmente por mantenerse firme en su fe católica, incluso cuando enfrentó la apostasía. La mayoría de los contemporáneos y eventos milagrosos posteriores confirmaron su santidad y condición de mártir.

Conversión de los Visigodos

Después de la trágica muerte de su hijo Hermenegildo, Leovigildo experimentó un cambio emocional y espiritual significativo. Aunque no renunció públicamente al arrianismo, mostró signos de remordimiento y llamó al arzobispo de Sevilla, San Leandro, para encomendarle el cuidado de su otro hijo, Recaredo. A la muerte de Leovigildo, Recaredo ascendió al trono y, siguiendo el consejo de San Leandro, abandonó el arrianismo y se convirtió al catolicismo. Esta conversión del monarca llevó a la conversión masiva del pueblo visigodo al catolicismo. El papa San Gregorio Magno atribuyó este cambio a la valiente muerte de Hermenegildo, afirmando que su martirio fue crucial para la conversión. San Hermenegildo es venerado como santo en diferentes lugares, y en los siglos posteriores, su devoción se extendió ampliamente, siendo reconocido como uno de los principales protectores de España.

Oración a San Hermenegildo

Oh Dios, que suscitaste en tu Iglesia a san Hermenegildo, mártir, como intrépido defensor de la fe, concédenos a cuantos veneramos hoy la memoria de su martirio la unidad en la confesión de tu nombre y la perseverancia en tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Cordero de Dios

| Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.