Radegunda

13 de Agosto: Santa Radegunda, reina de Francia

Publicado el 13 de agosto de 2020

Actualizado el 23 de abril de 2025

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Día celebración: 13 de agosto.
Lugar de origen: Érfurt (Alemania). 
Fecha de nacimiento:  520.
Fecha de su muerte: 13 de agosto de 587.
Santa Patrona de: Poitiers, Francia.


Contenido

– Introducción
– De la cautividad al trono
– Se consagra a Dios
– Retiro en Saix
– En Poitiers
– Su devoción a las Santas Reliquias
– Muerte
– Oración a Santa Radegunda


Introducción

Radegunda era hija de Bertario, rey de Turingia, nacida alrededor del año 519 o 520 en Germania. Fue llevada a Francia siendo aún niña debido a una victoria sobre su tío Hermenefrido por Thierry, rey de Metz, y Clotario I, rey de Soissons, hijos de Clodoveo. Aunque se dice que Bertario fue asesinado por su hermano, esto no concuerda con otros relatos históricos ni con los recuerdos de infancia de Radegunda.

Tras la derrota de Hermenefrido, Radegunda fue hecha prisionera y llevada por los vencedores. Clotario la reclamó para sí y la ubicó en el castillo de Athies, en el obispado de Soissons, con intenciones de desposarla en el futuro.

Posteriormente a su llegada a la Galia Franca, la vida de Radegunda se conoce gracias a los testimonios de San Venancio Fortunato, obispo de Poitiers y confidente de la reina, y de la monja Baudonivia, que vivió con ella en el mismo monasterio.

De la cautividad al trono

Clotario no pudo casarse con Radegunda de inmediato debido a la edad de la princesa, que tenía entre ocho y diez años, y a su matrimonio con Ingunda, del cual no se atrevía a separarse públicamente. Mientras Clotario vivía escandalosamente en la corte de Soissons, Athies, donde residía Radegunda, era un refugio de paz y formación moral, religiosa e intelectual para ella. Sin ser consciente, Radegunda se preparaba para futuras luchas y practicaba las virtudes que demostraría más adelante.

Inicialmente, Radegunda combinaba el estudio, la práctica de virtudes cristianas y distracciones propias de su edad. Posteriormente, se centró en el estudio de la Sagrada Escritura, los Padres de la Iglesia, autores eclesiásticos y la lectura de Vidas de Santos. Consciente de los planes de Clotario para ella y de los escándalos en la corte de Soissons, Radegunda se mantenía alejada de tales desórdenes.

Radegunda, temiendo los peligros futuros, decidió consagrar su virginidad a Jesucristo. Sin embargo, Clotario, cuya esposa Ingunda había fallecido en 538, ordenó llevarla a la corte para casarse con ella. Aterrada, Radegunda intentó huir durante la noche, pero fue descubierta y llevada ante Clotario, a quien finalmente no pudo resistirse.

Se llevó a cabo el matrimonio, convirtiendo a Radegunda en reina de los francos. A pesar de ver la voluntad de Dios en su nuevo estado, cumplía sus deberes con pesar debido al espíritu aún bárbaro de Clotario y a los recuerdos de su pasado. No obstante, buscaba consuelo en la devoción y la caridad.

La penitencia de Radegunda, contrastando con la conducta desordenada de su esposo, enfurecía a Clotario, quien la criticaba por no ser una reina sino una monja. A pesar de sus arrebatos, Clotario admiraba y respetaba la virtud de Radegunda, y a menudo intentaba compensarla con muestras de afecto.

Radegunda cumplió con sus deberes como reina y esposa cristiana sin dar motivo de queja. Un evento doloroso la llevó a retirarse de la corte y consagrarse a Dios definitivamente.

Se consagra a Dios

Entre los prisioneros que Clotario llevó de Turingia a Soissons estaba el hermano de Radegunda, quien era un gran consuelo para ella en su destierro. Aunque su hermano deseaba escapar, se quedaba con su hermana postergando su fuga. Sin embargo, Clotario, posiblemente sospechando sus planes, ordenó ejecutar al prisionero, rompiendo así el último lazo que ataba a Radegunda a la corte.

Tras este acto cruel, Radegunda pidió a Clotario permiso para separarse y consagrarse a Dios. Aceptando, Clotario recomendó a Radegunda al obispo de Noyons, San Medardo, para que la ayudara. Aunque el obispo inicialmente se resistió a sancionar la separación, Radegunda, decidida, se cortó el cabello y se cubrió con un velo. Así, ante el altar y con lágrimas, suplicó a San Medardo que la consagrara al servicio de Jesucristo. Conmovido, el obispo finalmente accedió y consagró su renuncia al mundo.

Retiro en Saix

Después de su renuncia, Radegunda no se unió inmediatamente a la vida religiosa. Clotario le había dotado de propiedades, y ella escogió Saix para su retiro. Antes de llegar a Saix, visitó santuarios importantes como Orleáns, Tours y el sepulcro de San Martín. Posteriormente, se estableció en Chinán con un ermitaño llamado Juan, quien se convirtió en su guía espiritual. En estas etapas, practicó caridades, preferentemente las más duras y contrarias a la naturaleza.

Adoptó un estilo de vida austero, comiendo pan de centeno o cebada, legumbres y bebiendo solo agua clara. Su lecho era un cilicio áspero y una cadena de hierro. A pesar de sus penitencias, mostraba una humildad profunda y confeccionaba panes para la Eucaristía.

Un incidente amenazó su paz, intensificando sus penitencias y oraciones hasta que Dios alivió la tormenta. Clotario, a pesar de sus acciones anteriores, aún sentía un profundo afecto por Radegunda y consideró llevarla de regreso a la corte. Enterada de este plan, Radegunda pidió ayuda al ermitaño Juan, quien le aseguró que Dios no permitiría que se cumpliera el deseo del rey.

Ante el temor de nuevas tentativas de Clotario, Radegunda decidió establecer una barrera definitiva entre ellos. Se trasladó a Poitiers con la intención de fundar un monasterio y encerrarse en él permanentemente, confiando en el apoyo divino para su proyecto.

En Poitiers

Inspirada por San Hilario, Radegunda eligió Poitiers para su retiro y pidió a Clotario un terreno y recursos para construir un monasterio. Clotario, favorable a su solicitud, proporcionó el lugar y se aseguró de que la construcción se completara rápidamente. El nuevo monasterio, dedicado a la Santísima Virgen, serviría como defensa de la ciudad, proporcionando a Radegunda la tranquilidad que buscaba.

Para garantizar la perpetuidad del acuerdo, se añadieron una casa para sacerdotes y un cementerio para las monjas. Debido a las leyes romanas de la época que prohibían la inhumación dentro de las ciudades, se construyó una iglesia fuera de las murallas del monasterio, atendida por los capellanes del mismo.

En 552, Radegunda se mudó al monasterio acompañada de unas doscientas doncellas de las familias nobles. Una multitud presenció la bendición e inauguración del monasterio. Tras cerrar las puertas del monasterio, Radegunda rechazó su título de reina y fundadora, aceptando solo el de humilde sierva de las esposas de Jesucristo. Nombró a una doncella, Inés, como Superiora y se sometió a su dirección.

Este nombramiento fue ratificado por San Germán, obispo de París. Clotario, arrepentido de haber permitido el retiro de Radegunda, planeó, nuevamente, llevarla de regreso a la corte. Realizó una peregrinación al sepulcro de San Martín de Tours con la intención de sacar a Radegunda del monasterio, pero ella, enterada de sus planes, recurrió a la oración, el ayuno y la penitencia para cambiar el corazón de Clotario.

Radegunda envió un mensaje al obispo de París, San Germán, para disuadir a Clotario de su plan. Alarmado por las posibles consecuencias, Clotario desistió y pidió perdón a Radegunda a través de San Germán, solicitando sus oraciones.

Además, Radegunda se ocupó de los asuntos temporales del monasterio, confiando la administración de sus bienes a San Venancio Fortunato debido a las generosas donaciones recibidas.

Gracias a sus relaciones en Francia, Radegunda intervino ante los reyes y príncipes francos para resolver sus disputas, ganándose el título de «Madre de la patria» por su papel de pacificadora.

Una vez resueltos los asuntos externos y asentada en su retiro, Radegunda intensificó su fervor religioso. Sus penitencias, que incluían el uso constante de un cilicio con puntas de hierro y una cadena con púas de alambre, eran tan extremas que incluso asombraban a las monjas más fuertes. Abandonó el vino y su dieta se limitaba principalmente a pan de centeno y raíces crudas durante los días de ayuno.

Para dormir, usaba una estera sobre tablas y su sueño no excedía las dos horas. Considerando que el cilicio no era suficiente para mortificar su cuerpo, se apretaba fuertemente una cadena con púas de alambre alrededor de la cintura, inflamando la carne de tal manera que requirió una dolorosa incisión para retirarla.

Su devoción a las Santas Reliquias

El intenso deseo de Radegunda de mortificarse aumentaba con su amor por Jesús crucificado, y su aspiración de sufrir como los mártires la llevó a cambiar el nombre del monasterio a «Santa Cruz». Anhelaba una reliquia de la Cruz y, tras expresar sus deseos al emperador Justino II y la emperatriz Sofía, recibió no solo un trozo del madero sagrado, sino también reliquias de apóstoles y mártires, y un evangeliario adornado con perlas.

La recepción de la Cruz se realizó con gran solemnidad y significó un hito para la comunidad. Radegunda estaba llena de alegría y gratitud por este valioso tesoro. Durante la celebración, se entonó por primera vez el himno «Vexilla regís pródeunt», compuesto por Venancio Fortunato para la ocasión, que se usa en los oficios de Semana Santa.

La traslación de la Cruz se llevó a cabo alrededor del año 568 y se conmemoró cada año el 19 de noviembre. A partir de entonces, la iglesia de la Santa Cruz se convirtió en un centro de peregrinaciones y de milagros, según San Gregorio Turonense. Aunque disfrutaba de estas manifestaciones, Radegunda siempre se preocupó principalmente por el buen gobierno del monasterio.

Guiada por su preocupación maternal, Radegunda entendía que la perfección espiritual solo se alcanza mediante la observancia fiel de cada miembro dentro de una estructura general bien establecida. Para fortalecer la vida comunitaria, realizó un viaje con la abadesa Inés para estudiar las reglas establecidas por el arzobispo San Cesáreo en el monasterio de Santa Cesárea en Arlés, las cuales adoptó para su monasterio de la Santa Cruz.

Muerte

Después de años de severas penitencias que afectaron su salud, Jesucristo se apareció a Radegunda para anunciarle su próxima muerte. La piedra donde se apoyó el Salvador, con la huella de su pie, se venera todavía en la iglesia de Santa Radegunda en Poitiers.

Radegunda murió el 13 de agosto de 587 tras una breve enfermedad, rodeada de sus queridas monjas. Fue enterrada con gran solemnidad en la iglesia de Santa María, ahora de Santa Radegunda. Los numerosos milagros que ocurrieron después de su muerte testimonian su santidad.

Sus restos se mantuvieron en su lugar de entierro hasta el siglo IX, pero debido a las invasiones normandas, fueron trasladados temporalmente a San Benito de Quincay y luego regresados a la iglesia de Santa Radegunda.

En 1412, el duque de Berry ordenó abrir el sepulcro y encontraron el cuerpo de Radegunda perfectamente conservado después de 825 años. Sin embargo, las reliquias no sobrevivieron a la destrucción de los hugonotes en 1562, quienes las quemaron en su basílica. Aún se logró recuperar algunos fragmentos que fueron guardados en una arca de plomo y colocados nuevamente en el sepulcro de la Santa.

Oración a Santa Radegunda

Santa Radegunda, que tu entereza sirva de ejemplo para todos los que padecemos distintos problemas y enfermedades en este mundo; que nada nos aleje de Dios, muy por el contrario todo nos acerque aun más a Él y a confiar siempre en su infinita misericordia. Danos ánimo para seguir adelante rezando siempre con mucha fe y esperanza.

Cordero de Dios

Santa Radegunda | Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.
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