San isidro labrador

15 de Mayo: San Isidro Labrador

Publicado el 15 de mayo de 2021

Actualizado el 15 de mayo de 2025

Archivado en: Santoral

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Día celebración: 15 de mayo.
Lugar de origen: Madrid, España.
Fecha de nacimiento: 1082.
Fecha de su muerte: 30 de noviembre de 1172.
Santo Patrono de: Madrid, labradores.


Contenido

– Introducción
– San Isidro labrador, devoto cristiano y buen trabajador
– Caridad de San Isidro Labrador para con el prójimo
– Resucita a su propio hijo
– Muerte y más prodigios
– Glorificado por los reyes de la iglesia
– Oración a San Isidro Labrador


Introducción

San Isidro Labrador, patrono de los labradores en España, nació en Madrid a fines del siglo XI de padres humildes pero devotos. A pesar de la pobreza, sus enseñanzas y ejemplos inspiraron a su hijo desde temprana edad, llevándolo a aborrecer el mal y a amar a Dios. Aunque no pudo dedicarse al estudio debido a la falta de recursos, el Espíritu Santo iluminó su alma pura y sencilla en su búsqueda constante de Dios.

Después de trabajar en el campo para un caballero llamado Iván de Vargas, San Isidro Labrador se casó con María Toribia, también de humilde condición. María, venerada como Santa María de la Cabeza, llevó una vida virtuosa y es recordada junto a su esposo en los altares. La pareja vivió en Torrelaguna y Madrid, destacando por su armonía, caridad y devoción. La Iglesia española celebra la festividad de Santa María de la Cabeza el 8 de septiembre.

San Isidro labrador, devoto cristiano y buen trabajador

San Isidro Labrador dedicaba muchas horas a la oración sin descuidar sus responsabilidades, las cuales cumplía con precisión. Utilizaba dos métodos efectivos: levantarse temprano, justificando el dicho «Al que madruga, Dios le ayuda», y no perder ni un minuto del día, aplicándose con entusiasmo en todas sus tareas.

Nunca abandonó las prácticas piadosas que se había impuesto. Los domingos y festivos los dedicaba al Señor, asistiendo devotamente a los oficios divinos y meditando sus misterios. A lo largo de la semana, desde el amanecer, visitaba las principales iglesias de Madrid y nunca iba al campo sin haber oído misa y orado fervorosamente. A pesar de su falta de letras, su devoción era elogiada por el diácono Juan, su historiador. Para compensar el tiempo dedicado a la piedad, trabajaba con mayor empeño, superando a los demás peones al final del día. Sin embargo, estos, envidiosos, intentaron difamarlo ante su amo.

«Dignísimo señor, el peón Isidro, que cobra jornal por labrar los campos de vuestra merced, en lugar de ir al trabajo cuando debe, se levanta antes de amanecer y, so pretexto de peregrinaciones y rezos que dice que tiene que hacer, se va a visitar todas las iglesias de Madrid. Ya está muy entrado el día cuando viene a trabajar, y así no hace ni la mitad de la labor. Mire su merced: si se lo decimos, no es porque malqueremos a Isidro; es para provecho de la hacienda y porque miramos por ella.»

Al oír eso, Iván de Vargas se puso furioso, fue a ver a Isidro y le reprendió severamente. A esto, San Isidro Labrador repuso:

«Dignísimo señor mio, sirvo a su merced fielmente y me considero muy honrado al tenerle por amo y señor; pero ni puedo, ni quiero descuidar de ningún modo mis obligaciones con Dios y los Santos. Si teme su merced que por acudir yo tarde al trabajo disminuya su hacienda, le indemnizaré con mi salario de todo el daño que al parecer de los demás peones haya ocasionado en las cosechas. Le ruego. pues, porque ya sé que es un hombre honrado, que no se enfade conmigo, porque lo que doy a Dios, no traerá perjuicio a su merced.»

Tras el discurso, el amo se tranquilizó temporalmente, regresó a casa, pero decidido a supervisar más de cerca a su criado. San Isidro Labrador, firme en su devoción, no se desanimó por lo ocurrido. Mantuvo su serenidad, continuó con sus visitas a las iglesias y sus oraciones, reflexionando en las palabras de nuestro Señor: «Buscad ante todo el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura».

Caridad de San Isidro Labrador para con el prójimo

Por su profundo amor a Dios, San Isidro Labrador demostraba una gran caridad hacia el prójimo, especialmente hacia los pobres. A pesar de su propia pobreza, se privaba de lo necesario para socorrer a aquellos que estaban en mayor necesidad. Su caridad era tan apreciada por Dios que, incluso, obraba milagros para permitirle dar limosnas.

Un sábado vino un pobre a pedirle limosna después que el Santo había ya dado a otros menesterosos todo lo que tenia de comer. ¿Qué aflicción para el caritativo Isidro! Despediría a aquel en ayunas? Eso no. «Te ruego por Dios, hermana —dijo a su mujer—, que si sobró algo de la olla, des de comer a este pobre.»

Ella, tenía por seguro de que no había sobrado nada, pero fue a la cocina y trajo la olla para mostrarla ya vacía a su marido, Pero —¡oh maravilla!— donde nada había antes, halló tal provisión de comida que no sólo pudo saciar el hambre del pobre que había recurrido a ultima hora a nuestro bienaventurado, sino la de otros muchos indigentes, atraídos por tan extraordinario milagro.

El Señor favorecía a San Isidro Labrador, quien a veces pasaba hambre al dar todo a los pobres. En un invierno riguroso, al ver palomas hambrientas, limpió la nieve para que comieran del trigo que llevaba. Aunque alguien se burló y lo reprendió por malgastar trigo, al llegar al molino, descubrieron que los sacos del labrador caritativo estaban completos y llenos, demostrando la bendición divina.

El milagro más notable ocurrió cuando San Isidro Labrador, miembro de una cofradía, fue invitado a una comida con los cofrades. En lugar de ir directamente a comer, se detuvo en las iglesias para sus devociones, mientras los demás comieron, reservándole su parte. Al regresar, encontró a unos pobres esperando limosna, los llevó consigo y descubrió que los cofrades ya habían comido, pero milagrosamente había comida suficiente para todos.

— Pero, hombre —le dijeron—, a quién se le ocurre llegar aquí a estas horas con tantos pobres, sino queda mas comida que la que hemos guardado para ti?

—No hagáis caso —repuso Isidro—; lo que Dios nos diere y eso que me habéis guardado, lo partiremos entre nosotros. Fue la servidumbre a toda prisa por lo que habían dejado en la cocina para el Santo, y quedaron pasmados al hallar no ya la parte de una, sino las ollas llenas de carne, y comida, bastante para todos aquellos pobres y otros tantos que luego llegaron. Acabada la comida, se despidió de todos el Santo y corrió a la iglesia de Santa María Magdalena a dar gracias al Señor por haberle asistido tan misericordiosa y oportunamente.

Resucita a su propio hijo

San Isidro Labrador, con un corazón generoso y una fe viva, confiaba plenamente en alcanzar lo que deseaba del Señor. A pesar de sus numerosos y grandes trabajos, nunca dejó de observar el ayuno eclesiástico. Mantenía fielmente la castidad conyugal y vivía santamente con su virtuosa esposa, ambos edificándose mutuamente con ejemplos virtuosos. Como bendición divina, el Señor les concedió un hijo, al que criaron en la piedad y virtud.

Un día, mientras San Isidro Labrador trabajaba en el campo, su hijo cayó en un pozo profundo y se ahogó. Al regresar del trabajo y ver a su esposa llorando, con fe, ambos se arrodillaron junto al pozo y oraron fervorosamente. La plegaria fue respondida, ya que el agua del pozo subió milagrosamente hasta el brocal, llevando al hijo a salvo sobre las aguas. San Isidro Labrador, tomándolo de la mano, lo sacó sano y salvo.

Muerte y más prodigios

Llegó el momento en que el Señor decidió recompensar la caridad y virtudes de San Isidro Labrador, quien enfermó gravemente reconociendo que se acercaba el final de su vida. Humildemente se confesó, recibió el Viático con devoción, exhortó a su familia a la perseverancia en la piedad y caridad, y ordenó sus modestas posesiones. Con gran dolor y ternura, cerró los ojos y entregó su espíritu al Creador, falleciendo el 10 de mayo de 1170, ya lleno de años y virtudes.

San Isidro Labrador fue sepultado en el cementerio de la iglesia de San Andrés de Madrid, el mismo lugar que solía visitar diariamente antes del trabajo. Durante cuarenta años, su tumba fue olvidada y, en tiempos de lluvia, un arroyo pasaba sobre ella, exponiendo casi por completo su cuerpo.

Después de cuarenta años, el Señor decidió honrar a su siervo y revelar su santidad al mundo. Se apareció a un pariente suyo, sacristán de la iglesia, indicándole el lugar exacto de la tumba. Este hombre, sin embargo, dudó al considerar a Isidro como un simple labrador y se negó a divulgar la revelación, temiendo no ser creído.

El descuido y la falta de fe del sacristán fueron castigados con una grave enfermedad que no sanó hasta el día de la traslación de las reliquias de San Isidro Labrador. Durante este tiempo, el Santo se apareció a una mujer noble y piadosa de Madrid, dándole el mismo encargo. Esta mujer, obediente, comunicó rápidamente la revelación. La comunidad recordó haber visto al Santo o haber escuchado relatos de su vida santa y milagrosa.

Con gran devoción, todos acudieron al cementerio, cavaron y descubrieron la tumba de San Isidro, encontrando su cuerpo intacto, sin signos de corrupción, y la mortaja como nueva. Las reliquias emitían una suave fragancia.

El prodigio causó gran devoción y alegría a todos. El cuerpo de San Isidro Labrador fue trasladado a la iglesia de San Andrés y colocado junto al altar del Santo Apóstol en un magnífico sepulcro. Durante el traslado, las campanas de la iglesia sonaron sin intervención humana. Enterados de estos eventos, algunos pobres tullidos y ciegos acudieron a la sepultura vacía, donde estuvieron las reliquias del Santo, tocaron con fe la tierra y sanaron milagrosamente.

Estas maravillas llevaron a considerar a San Isidro como santo mucho antes de su canonización. La gente comenzó a celebrar misas en su honor y a dedicarle templos con la aprobación de los prelados.

Glorificado por los reyes de la iglesia

Más de tres siglos después, en 1504, al abrir el sepulcro de San Isidro Labrador ante los legados pontificios, su cuerpo se encontró nuevamente completo e incorrupto, exhalando una suave fragancia. La iglesia que alberga estas reliquias se convirtió en un lugar muy concurrido de peregrinación. A lo largo de los tiempos, el Señor ha obrado innumerables milagros, ya sea en el sepulcro del Santo o a través del agua milagrosa mencionada anteriormente, en respuesta a la intercesión de San Isidro Labrador.

En numerosas ocasiones, los habitantes de Madrid lograron poner fin a prolongadas sequías gracias a la intervención de su santo patrón, San Isidro Labrador. Durante tales crisis, sacaban el cuerpo sagrado, lo exponían frente al presbiterio al son de salmos y cánticos devotos, y luego lo llevaban en procesión por las calles, congregando a multitudes que acudían a implorar la misericordia divina por los méritos de San Isidro. Con frecuencia, el Señor respondía enviando abundantes lluvias.

Entre los años 1275 y 1426, Madrid se libró de una terrible hambruna gracias a estas devotas procesiones. Los historiadores del Santo relatan innumerables curaciones y favores, extraídos de los archivos de la iglesia de San Andrés. Los encargados de la iglesia escucharon en varias ocasiones armonías celestiales sobre el sepulcro de San Isidro.

El deseo de canonizar a San Isidro Labrador se hizo unánime, y en 1545, con la aprobación del Papa Paulo III, su cuerpo fue colocado en un nuevo sepulcro. Otros reconocimientos de sus reliquias ocurrieron en 1567 y 1595. En 1593, tras una carta personal del rey Felipe II, el arzobispo de Toledo nombró un representante para recoger informes para el proceso de beatificación.

El papa Paulo V, mediante un Breve de 14 de junio de 1619, otorgó a este humilde labrador el título de Beato. A partir de entonces, su fiesta, antes celebrada el domingo de Cuasimodo en memoria de la primera traslación de sus reliquias, se conmemora el 15 de mayo.

En noviembre de 1619, el rey Felipe III, tras regresar de Lisboa y caer gravemente enfermo en Casarrubios del Monte, recibió el sagrado cuerpo de San Isidro Labrador desde Madrid con gran honra. El rey sanó milagrosamente, y, unos días después, acompañó personalmente las reliquias hasta Madrid.

Agradecido por el favor recibido, el rey Felipe III hizo gestiones para la canonización de San Isidro. Finalmente, el papa Gregorio XV lo elevó a los altares el 12 de marzo de 1622, junto con San Felipe Neri y otros compatriotas notables de España: San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y Santa Teresa de Jesús. San Isidro Labrador es un patrón adecuado para los labradores y un modelo incomparable para ellos.

Oración a San Isidro Labrador

Bienaventurado Isidro, que habitas hoy la celestial morada en justo premio de tu singular piedad, caritativo celo y santidad de vida, sin que para practicar dichas virtudes fueran obstáculo las ocupaciones a que tenías que dedicarte para ganar el necesario sustento, tanto para ti, como para tu venerada esposa, María de la Cabeza:

Te suplicamos que seas nuestro intercesor para con el Altísimo, a fin de que este divino Señor se apiade de nuestras miserias, y, por un acto de su infinita bondad, nos conceda vivir en paz en esta vida, y que gocemos en la otra las eternas delicias de la gloria.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Cordero de Dios

San Isidro Labrador | Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.
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