San Abraham Kidunaia, admirable varón cuya vida nos dejó escrita san Efrén, nació en las cercanías de Edesa en la Mesopotamia, de padres muy ricos. Su nombre significa «Aquel que es padre de muchos pueblos».
Día celebración: 16 de marzo.
Lugar de origen: Edesa, en la antigua Siria.
Fecha de nacimiento: Año 300.
Fecha de su muerte: Año 366.
Santo Patrono de: –
Contenido
– Introducción
– Vida de ermitaño
– Recibe la unción sacerdotal
– El misionero
– Inopinado retorno a la vida eremítica
– Muerte del asceta | Solemnes honras fúnebres
– Oración a San Abraham Kidunaia
Introducción
San Abraham Kidunaia, un renombrado ermitaño sirio del siglo III, nació cerca de la ciudad de Edesa en Mesopotamia. Proveniente de una familia rica y respetada, sus padres se esforzaron en encontrarle una alianza matrimonial adecuada. A pesar de su gran repugnancia, aceptó un matrimonio arreglado debido a las lágrimas de su madre y la insistencia de su padre.
Sin embargo, el séptimo día de las festividades nupciales, Abraham experimentó una iluminación celestial y escuchó la voz del Señor llamándolo a una vida más casta. Sin titubear, abandonó secretamente su hogar y se retiró a una cabaña solitaria cerca de la ciudad. Agradeció a Dios por liberarlo de las tentaciones del mundo y se dedicó completamente a la austeridad y la oración en la soledad.
La inesperada fuga sorprendió y afligió a sus padres y parientes, quienes lo buscaron intensamente. Después de diecisiete días, lo encontraron en una cueva, causando admiración. Aunque intentaron persuadirlo para que regresara, Abraham les demostró que Dios le había otorgado una gracia especial al apartarlo de las ocasiones de pecado y colocarlo en el estado de perfección.
Los padres, conmovidos, comprendieron la gracia divina y permitieron que Abraham siguiera su vocación eremítica. Para preservar su soledad, mandó tapiar las ventanas de su celda, conservando solo un pequeño ventanillo por donde le proveían de pan y agua, su único alimento. San Abraham Kidunaia dedicó su vida a glorificar a Dios en la soledad a través de la austeridad y la oración.
Vida de ermitaño
San Abraham Kidunaia, un asceta sirio, se entregó con fervor a las virtudes cristianas, renunciando a los placeres sensoriales y viviendo con lo indispensable: una túnica de pelos de cabra, una capa, una estera y un cantarillo para el agua. A pesar de sus rigurosas prácticas de vigilias, penitencias y ayuno, mantuvo su cuerpo sano gracias a la alegría espiritual que la gracia le proporcionaba.
Aunque era pobre en bienes temporales, estaba enriquecido con dones celestiales como lágrimas de compunción, profunda humildad, espíritu de oración y caridad inagotable. Su celda se convirtió en un santuario visitado por aquellos que buscaban ejemplaridad, dirección espiritual o intercesión divina. A pesar de su gran sabiduría y consejo, mostraba humildad al recibir a visitantes sin hacer distinciones entre ricos y pobres.
San Abraham fue informado del fallecimiento de sus padres, quienes le dejaron una considerable fortuna. A pesar de ser heredero, renunció a la herencia y pidió a un amigo de confianza que distribuyera la mayor parte entre los pobres y huérfanos, reservando solo lo necesario para emergencias. Esta renuncia fue un paso más en su desprendimiento de los bienes materiales, enriqueciendo aún más sus dones sobrenaturales.
Recibe la unción sacerdotal
En las proximidades de la ciudad de Edesa se encontraba la villa de Beth-Kiduna, cuyos habitantes aún eran paganos y se oponían tenazmente a las predicaciones de los misioneros. El obispo de Edesa, afligido por la resistencia, decidió recurrir a San Abraham Kidunaia, un ermitaño conocido por su piedad y virtudes, para llevar a cabo la conversión de la villa.
El obispo, respaldado por el clero, visitó la celda de Abraham y le propuso la ordenación como sacerdote, asignándole la tarea de evangelizar Beth-Kiduna. A pesar de las protestas de Abraham sobre su propia indignidad y su preferencia por llorar sus culpas en la soledad, el obispo argumentó que la gracia de Dios lo capacitaría para cumplir con la tarea. Le señaló que trabajar por la salvación de otras almas, además de la suya propia, era una muestra de amor a Dios y una fuente abundante de méritos.
Finalmente, Abraham, rindiéndose a la voluntad del obispo, aceptó la misión y se preparó para el sacerdocio. Se ordenó sacerdote alrededor del año 330, dejando atrás su retiro con tristeza para llevar a cabo la obra encomendada por Dios y el obispo.
El misionero
San Abraham Kidunaia, tras ser ordenado sacerdote, se dedicó con valentía a su misión apostólica en Beth-Kiduna, una villa pagana cerca de Edesa. La población resistía tenazmente las predicaciones y sufría malos tratos por parte de los misioneros. Con pocos recursos, Abraham construyó un modesto pero hermoso templo y pasaba gran parte del tiempo en oración, buscando la gracia divina para transformar los corazones hostiles.
Explicaba a los paganos que solo hay un Dios verdadero y que los ídolos eran falsos dioses. Inspirado por Dios y respaldado por la legislación civil, derribó estatuas e altares paganos, lo que enfureció a la población. Fue golpeado y arrojado fuera de la villa, pero regresó y oró por la conversión de sus perseguidores.
A pesar de su valentía, fue nuevamente expulsado y sometido a tres años de insultos, ultrajes, golpes y malos tratos. Sin embargo, Abraham respondía con bondad y caridad, tratando incluso a sus enemigos como padres y hermanos. Su paciencia y amor conmovieron a sus verdugos, quienes finalmente se rindieron.
Después de tanta persecución, la población empezó a admirar la conducta de San Abraham. Muchos acudieron a la iglesia, y la alegría del santo fue inmensa al ver a la gente someterse al verdadero Dios. Abraham dedicó un año a organizar la nueva parroquia después de que casi toda la población, alrededor de mil personas, se bautizara.
Inopinado retorno a la vida eremítica
Después de la conversión exitosa de los habitantes de Beth-Kiduna, San Abraham Kidunaia consideró que su misión estaba completa y temía que la veneración de sus seguidores pudiera enturbiar su amor desinteresado a Dios. Decidió regresar a su vida eremítica para poder dedicarse más plenamente a la oración y austeridad, y temiendo que el obispo no lo permitiría, partió secretamente de la villa.
Los fieles, desconociendo su paradero, quedaron consternados por su partida. El obispo, informado de la situación, consoló a la comunidad y ordenó a hombres virtuosos para continuar la labor espiritual en la región. Abraham, al enterarse de la acción del obispo, agradeció a Dios y volvió a su antigua celda, construyendo otra más resguardada.
El demonio, envidioso de las virtudes de Abraham, intentó perturbar su vida eremítica, pero el santo resistió sus ataques. A lo largo de los años, Abraham logró victorias sobre la carne, el mundo, los paganos convertidos y los demonios. Uno de los episodios más destacados fue su dedicación a la educación de su sobrina María, huérfana de padre y madre. Abraham distribuyó la herencia de los padres de María entre los pobres y la educó en una celda cercana.
Sin embargo, el demonio orquestó una trampa para María, involucrando a un joven que visitaba a Abraham. María cayó en la tentación, huyó secretamente y llevó una vida disoluta. Abraham, en sueños, vio un dragón que se tragaba a una paloma inocente cerca de su celda, y comprendió que representaba la caída de su sobrina.
Cuando descubrió la verdad, Abraham lloró y se sometió a penitencias intensas durante dos años para obtener la conversión de María. Finalmente, disfrazado de soldado, fue a la ciudad donde ella vivía, la encontró en un mesón, le habló, se reveló como su tío y la instó a regresar a Dios. María volvió a la soledad, se arrepintió con penitencia y realizó milagros sanando a los enfermos, trayendo gran alegría a San Abraham Kidunaia.
Muerte del asceta | Solemnes honras fúnebres
Después de estos sucesos, pasó todavía San Abraham Kidunaia veintitrés años en los ejercicios de la vida eremítica. Tenía más de setenta cuando murió, habiendo pasado cincuenta en la soledad. Su biógrafo dice que al salir de este mundo el solitario tenía el rostro tan risueño y hermoso cual si los ángeles hubieran venido a recibir su alma. Si hemos de dar fe de una anotación cronológica inserta en una Catena Patrum (Cadena de los Padres) del siglo VIII, San Abraham Kidunaia murió el 14 de diciembre del año 366.
Otros documentos históricos, tales como la Crónica de Edesa, la Crónica eclesiástica de Bar-Hebrceus (1286), dicen tan sólo que era contemporáneo del diácono Efrén, sin mencionar el año de su muerte.
Muchedumbre incontable de gente asistió a sus exequias, que fueron solemnísimas. En ellas se cantaron himnos que de intento compuso San Efrén en honra de Abraham. El cuerpo del difunto fue colocado en el sepulcro en que más tarde descansó el del diácono de Edesa. Ya antes muchos fíeles habían cuidado de hacerse con trocitos de la túnica y de la capa del santo monje; algunos enfermos se curaron al contacto de su cuerpo o de sus vestidos.
Del ermitaño sirio San Abraham Kidunaia hace mención el Martirologio romano el 16 de marzo, agregando que el diácono San Efrén escribió sus Actas.
Oración a San Abraham Kidunaia
San Abraham Kidunaia, ruega por nosotros. Amén.

Oración a San Abraham Kidunaia | Fuentes
El Santo de cada día | Edelvives.


