San mame de capadocia

17 de Agosto: San Mamés de Capadocia

Publicado el 17 de agosto de 2021

Actualizado el 19 de abril de 2025

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Con haber sido cortísima su carrera, dejó San Mamés o San Mamerio en el mundo gloriosas e indelebles huellas de santidad. Insigne mártir le titulan las Iglesias orientales, y dos ilustres Doctores de la Iglesia, los Santos Basilio y Gregorio Nacianceno, hicieron de este Santo elocuentísima apología. Todas las maravillas mencionadas en esta vida, las traemos aquí tal como las refieren los autores de las Actas de su martirio, documento de valor inestimable y muy puntual en su contenido.


Día celebración: 17 de agosto.
Lugar de origen: Kayseri, Turquía.
Fecha de nacimiento: 259 .
Fecha de su muerte:  275.
Santo Patrono de: Bebés de pecho; protector de enfermos de huesos rotos y hernias.


Contenido

– Introducción
– Educación de San Mamés
– San Mamés y Aureliano en el desierto
– Nueva detención
– Martirio y muerte de San Mamés
– Reliquias y culto
– Oración a San Mamés de Capadocia


Introducción

En el siglo II, en la aldea de Grange, en Paflagonia, vivían Teodoto y Rufina, dos cristianos nobles y ricos descendientes de patricios romanos. Eran respetados por su virtud y usaban su influencia para convertir a otros al cristianismo. Cuando el gobernador Alejandro los arrestó por su fe, Teodoto fue encarcelado y Rufina, a punto de dar a luz, viajó a Cesarea para estar con él. Tras la muerte de Teodoto en prisión, Rufina también falleció poco después de dar a luz a su hijo, quien sería conocido como un santo y mártir. Una mujer cristiana llamada Amia recibió la orden divina de enterrar a Teodoto y Rufina, y cuidar al niño huérfano como su propio hijo. Con permiso del gobernador, Amia trasladó los cuerpos de los mártires y cuidó al niño con amor y dedicación.

Educación de San Mamés

El niño fue criado con amor por Amia, quien lo consideraba su propio hijo. Además de proveerle con cuidados materiales, ella también cultivó su fe y devoción desde una edad temprana. A los cinco años, Mamés recibió educación de maestros virtuosos, destacando rápidamente en sus estudios y ganándose el respeto de sus compañeros. A los trece años, ya era conocido en la ciudad como un joven santo y sabio, utilizando su influencia para convertir a los paganos al cristianismo. Fue encarcelado debido a su labor de predicación cristiana.

San Mamés y Aureliano en el desierto

El emperador Aureliano se encontraba en Egea cuando el gobernador de Cesarea lo llevó ante él. Creyendo que podría vencer fácilmente la resistencia del joven, Aureliano intentó persuadirlo con halagadoras promesas.

«Amigo mío —le dijo— , se te presenta en tu juventud muy brillante carrera. La fortuna te ofrece en este día dicha y gloria. Si lo quieres, puedes desde hoy tener parte conmigo en mis grandezas y placeres, sacrifica en el altar de Serapis, y tendrás habitación en mi propio palacio, y aun comerás conmigo. Te honraré y mandaré que todos te honren de tal manera, que los hombres más nobles y principales de la nación envidiarán tu suerte. Basta, para ello, con un gesto sencillísimo».

El Santo despreció las promesas del emperador y no respondió a sus palabras. Esto enfureció a Aureliano, quien amenazó al joven con terribles torturas. Con valentía y serenidad, el niño le respondió:  «Guárdeme el Señor mi Dios, ¡oh emperador!, de dar culto a imágenes de piedra y mármol que carecen de movimiento y de vida. Podéis dar de mano a vuestras promesas y ame­nazas, prefiero sacrificar mi vida por mi Señor Jesucristo, que poseer las riquezas del mundo entero- mi grandeza, mi gloria y mi felicidad, serán morir por mi Dios».

Aureliano, furioso, ordenó que desnudaran al niño y lo azotaran cruelmente ante su presencia. A pesar de las heridas y la sangre, el valiente joven permaneció imperturbable. Aureliano, aparentando compasión, detuvo el castigo y le habló.

«Oye, amigo, di sólo una palabra: basta que me declares que quieres ofrecer sacrificio a los dioses y te dejaré ir.

— Guardaréme mucho de renunciar a la fe cristiana. Creo en Jesucristo, y a pesar de todos los tormentos, no puedo renegar ni de pensamiento, ni de palabra, del Dios a quien adoro. No puedo, me lo impide el amor».

El emperador Aureliano, desesperado por no poder doblegar la constancia del valeroso niño, ordenó que lo arrojaran al mar con una pesada masa de plomo atada al cuello. Sin embargo, un ángel apareció, rompiendo las ataduras y liberándolo. El niño se refugió en el monte Argeo, donde permaneció escondido durante cuarenta días, ayunando y dedicándose a la oración y la meditación. Allí, un ángel le entregó un libro de los Evangelios, y al leerlo en voz alta, las fieras de los alrededores se reunían para escucharlo, mostrando una mansedumbre insólita. El niño vivió en esa soledad durante tres años, alimentándose de la leche de cabras y ovejas monteses, y preparándose para el martirio en caso de ser descubierto por sus perseguidores.

Nueva detención

El gobernador de la provincia, a pesar del aislamiento del bosque, se enteró de los milagros del Santo y envió a dos guardias a caballo para capturarlo y llevarlo ante su tribunal. Mamés, alertado por el cielo, salió a encontrarse con los soldados y los invitó a compartir una comida. Después de comer, leyó pasajes de los Evangelios y las fieras del monte acudieron a rodearlos, asustando a los soldados. Mamés les reveló su identidad y les pidió que regresaran y dijeran a su amo que lo esperaran en casa, mientras él se les uniría más tarde. Luego, encomendándose a la oración, los despidió. Posteriormente, se dirigió al palacio del gobernador en Cesarea para enfrentar su destino.

— ¿Eres tú por ventura —le preguntó el gobernador— el famoso mago de quien todos hablan, que sabes encantar a las fieras del desierto?

— Yo soy tan sólo un siervo de Jesucristo —respondió el santo mozo— , para los magos e idólatras es el fuego eterno; pero yo no sé de magia ni de encantamientos ni me he preocupado jamás de esas tonterías.

— Bueno, bueno —repuso el gobernador— , ¿por qué arte secreto domesticas a las fieras, y por qué persistes en no querer adorar a nuestros dioses? Contesta, que si no, te arrancaré el secreto con atroces tormentos y castigos y sin que valgan tus encantamientos para nada.

— Nada tengo que añadir a lo dicho. Adoro a Jesucristo y le serviré amorosamente, aun a costa de mi vida. Puedes atormentar mi cuerpo, pero no mi alma. Mi auxilio y mi fuerza los tiene el Señor en sus manos.

— Jura por el César que no eres hechicero y te daré libertad.

— Yo no juro ni por los hombres ni por los demonios, no tengo más Dios que el que gobierna cielos y tierra y sólo juraré en su nombre.

— Mira, joven — repuso el gobernador con tono moderado— , háblame tranquilamente. Me dan lástima tu temprana edad y tu hermosura.

— Y a mí me duele tu ceguera —le contestó el valeroso mártir.

— ¡Vaya locura y temeridad! —exclamó el gobernador— . ¡Atreverte a resistir a los augustos emperadores y a ultrajarme! Los tormentos te darán sabiduría y te recordarán tus obligaciones con mejor elocuencia.

Y dicho esto, hizo preparar varas y látigos para azotarle.

Martirio y muerte de San Mamés

El gobernador ordenó que azotaran al mártir con ferocidad, pero Mamés mostró una fortaleza inquebrantable y no se quejó ni abrió la boca. Los verdugos intensificaron los golpes, dejando sus entrañas ensangrentadas. Una voz del cielo le alentó, anunciando la cercanía de su premio. El gobernador, vencido y avergonzado, lo encarceló esperando su muerte. Mamés animó a los otros prisioneros y se preparó para el enfrentamiento final. Todos los presos fueron entonces liberados por un ángel, excepto Mamés, este se mantuvo sereno en su oración. Al día siguiente, sorprendido por la supervivencia de Mamés, el gobernador lo convocó nuevamente a su tribunal.

— Confío, amigo —le dijo en presencia de la muchedumbre—, que habrás reflexionado y sacrificarás hoy a nuestros dioses.

— ¿A qué dioses? Yo conozco sólo a uno.

— Nosotros tenemos muchos, mira cómo te observa el joven Apolo.

— Bien dices —repuso el mártir— ; vuestros dioses tienen nombre que les cuadran; Apolo significa «perdición», y efectivamente, cuantos le ofrecen sacrificios pierden su alma para siempre.

— Pero, ¿no sabes que he mandado encender un horno espantoso?

— Ruégote —le contestó el joven— que no tardes más tiempo en emplearlo. Ya no te hablaré palabra.

El valeroso Mamés, adelantándose a los verdugos, se arrojó voluntariamente a un horno encendido, donde permaneció tres días alabando al Señor. Luego, en el anfiteatro, las fieras se mostraron dóciles ante él, y un león, después de saludarlo, se retiró pacíficamente. El gobernador, enfurecido, ordenó su muerte, y un soldado lo atravesó con un tridente de hierro. Los cristianos secretamente enterraron su cuerpo en una cueva cercana a Cesarea. Su martirio ocurrió el 17 de agosto del año 275.

Reliquias y culto

Los cristianos erigieron un templo sobre la tumba de San Mamés, cuya devoción se extendió rápidamente en las Iglesias Orientales. San Gregorio Nacianceno pronunció un elogio elocuente sobre él en el año 389, y los historiadores griegos mencionan el monasterio en Constantinopla dedicado a él.

En Roma, el papa San Gregorio Magno predicó sobre él en su trigésimaquinta homilía. Las reliquias de San Mamés fueron trasladadas a varias iglesias con el tiempo, incluyendo Poitiers por la reina Santa Radegunda. Durante las Cruzadas, se relata un milagro en Langres, donde las reliquias de San Mamés se negaron a ser levantadas hasta que el obispo las llevó en procesión a la catedral, que luego fue nombrada en su honor. El culto a San Mamés ha sido popular y venerado por los fieles, invocado especialmente contra dolores intestinales. La iglesia parroquial de Corro de Munt, en el obispado de Barcelona, lo considera su patrón y sus devotos han experimentado muchos beneficios gracias a su poderosa intercesión.

Oración a San Mamés de Capadocia

Padre, para honrarte, San Mamés se enfrentó al martirio con valentía. Mantennos fuertes y leales en nuestra fe hasta la muerte. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, quien vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,un Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Cordero de Dios

San Mamés de Capadocia | Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

Colofón
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