San alejo confesor

17 de Julio: San Alejo, confesor

Publicado el 17 de julio de 2021

Actualizado el 19 de abril de 2025

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También conocido como San Alejo de Roma, fue hijo de un rico Patricio romano que vivió por amor a Cristo una vida de mendigo. Su  ejemplo de santidad y modestia ha de ser para nosotros una invitación a tratar de pasar por esta tierra sin buscar honores ni alabanzas vanas, de manera que se cumpla en cada uno aquello que Cristo prometió: «El que se humilla, será enaltecido».


Día celebración: 17 de Julio.
Lugar de origen: Roma, Italia.
Fecha de nacimiento: Siglo IV.
Fecha de su muerte: 17 de Julio de 412.
Santo Patrono de: Enfermeras, mendigos, peregrinos, viajeros.


Contenido

– Introducción
– Familia de San Alejo
– Principio y fin de una obra
– De Roma a Edesa
– San Alejo sale de Edesa
– Mendigo en la casa paterna
– Muerte de San Alejo
– Reconocido por sus padres
– Oración a San Alejo


Introducción

En documentos latinos se encuentra una biografía de San Alejo, posiblemente traducida y adaptada de una versión griega del siglo IX. Esta versión griega se asemeja a una narración del siglo V sobre Rabula, obispo de Edesa, y a las Actas de San Juan Calibita, quien, al igual que San Alejo, vivió oculto en su hogar familiar. Es probable que la historia siríaca y las Actas hayan influenciado al autor griego. Aunque hay partes cuestionables, la coincidencia de datos y tradiciones respalda su esencia. Nos centraremos en esta parte central de la narración para nuestro análisis.

Familia de San Alejo

Alejo nació en Roma en el siglo IV, hijo de Eufemiano, un rico senador, y Agíais, ambos conocidos por su virtud y caridad. A pesar de su riqueza, distribuían limosnas generosas y alimentaban diariamente a cientos de necesitados. Su nacimiento fue celebrado como un milagro, y creció en un ambiente de fe y virtud, educado por maestros sabios en la ciencia religiosa y humana. Alejo destacaba por su inteligencia, agudeza y elocuencia, ganándose el respeto y admiración de toda la ciudad.

Aunque heredero de una gran fortuna y con conexiones imperiales, Alejo despreciaba los honores mundanos y aspiraba a una vida de virtud y pobreza voluntaria, siendo un signo de contradicción en el mundo.

Principio y fin de una obra

Cuando Alejo alcanzó la edad de casarse, sus padres le propusieron a una noble romana relacionada con la familia imperial. Aunque era virtuosa y hermosa, Alejo no deseaba casarse, pero por respeto a sus padres y temor a decepcionarlos, aceptó el compromiso. Sin embargo, en la noche de la boda, tras las ceremonias, Alejo se retiró a orar y buscar la voluntad divina.

Guiado por una inspiración del Cielo, renovó su promesa de dedicarse solo a Jesucristo, vivir en humildad y permanecer virgen. Dejó el anillo de compromiso en la habitación de la joven, anulando así el matrimonio. Esa misma noche, abandonó secretamente su hogar para vivir en pobreza voluntaria, siguiendo el ejemplo de Cristo.

De Roma a Edesa

Alejo, huyendo de su familia, se dirigió a Edesa (hoy Orfa), una ciudad cristiana en Mesopotamia septentrional conocida por su fervor religioso e intelectual. Allí se unió a mendigos cerca de un santuario mariano, pidiendo limosna y dedicando el resto del día a la oración. Vivía en la pobreza, durmiendo en el pórtico de la iglesia y compartiendo su comida con los necesitados. Aunque intentaba ocultar su identidad, unos criados de su padre lo reconocieron mientras pedía limosna.

La virtud de Alejo pronto se hizo conocida, incluso el sacristán de la iglesia quedó impresionado por su conducta. Según la tradición, Alejo vivió diecisiete años en la pobreza en Edesa. Finalmente, la Virgen María reveló su santidad a través de un milagro, poniendo fin a su vida oculta.

San Alejo sale de Edesa

Pasando un día el tesorero, o tal vez, el sacristán de la iglesia, bajo los pórticos del santuario dedicado a la Santísima Virgen María, la imagen de la virgen se iluminó con claridad inusual y repentina. Asombrado por este prodigio, el sacerdote se arrodilló temblando a los pies de Nuestra Señora. La Madre de Dios le tranquilizó con ademán lleno de dulzura y, mostrándole el men­digo que estaba cerca, le dijo:

«Ve, prepara a este pobre una habitación conveniente, no puedo sufrir que uno de mis siervos tan devoto permanezca abandonado y desconocido a la puerta misma de mi santuario».

La noticia de esta revelación se divulgó pronto por la ciudad. San Alejo, para sustraeise a las muestras de respeto y veneración de que era objeto, y para impedir que su verdadera condición viniera a descubrirse, salió inmediatamente de Edesa y, por etapas, llegó a la costa siria, y embarcóse en un navío que se hacía a la vela para Tarso. Esperaba visitar esta ciudad llena aún le recuerdos de San Pablo, pero una furiosa tempestad obligó al barco a cambiar de rumbo.

Después de una travesía bastante larga, llegaron frente a las costas de Italia y no lejos de Roma, en donde la Providencia había fijado la morada definitiva del ilustre peregrino.

Mendigo en la casa paterna

San Alejo, al regresar a la ciudad donde su familia tenía una posición destacada, decidió refugiarse en su casa paterna en lugar de buscar un pórtico de iglesia como en Edesa. Al llegar con aspecto de mendigo, su padre Eufemiano, conocido por su generosidad, le permitió quedarse en un pequeño espacio debajo de la escalera principal. A cambio de esta hospitalidad, San Alejo solo pidió un favor.

— ¿Cuál? — interrogó el mendigo.

—Que ruegues por la pronta vuelta de un hijo único que nos abando­ nó hace mucho tiempo.

A pesar del dolor al ver las lágrimas de sus padres, San Alejo guardó su identidad en secreto, confiando en que Dios recompensaría su sacrificio y convertiría el dolor de su padre en gozo celestial. Pasó sus días en oración, visitando iglesias y haciendo obras de caridad, soportando burlas y maltratos. Aunque sufría al ver a sus seres queridos angustiados, guardó silencio para mantener su compromiso con Dios. Vivó diecisiete años más en la casa de sus padres como mendigo, manteniendo su identidad oculta hasta su muerte. Finalmente, escribió su historia al sentir que su fin estaba cerca.

Muerte de San Alejo

Agotado por sus austeridades, Alejo se enfermó y se quedó en su humilde refugio, deseando llevar su secreto a la tumba. Continuó su lucha espiritual centrado en glorificar la humildad y la pobreza evangélicas. En una ocasión, durante una misa celebrada por el Papa Inocencio I en la basílica de San Pedro, se escuchó una voz que decía buscar al siervo de Dios que rogaría por Roma. A pesar de la búsqueda en toda la ciudad, no se encontró al santo.

El pueblo, reunido de nuevo en la misma basílica, se puso a rogar, suplicando al Señor le hiciera conocer el retiro de su siervo. «El siervo de Dios que buscáis —fue la respuesta—, se encuentra en la casa de Eufemiano». Un esclavo reconoció en Alejo al santo buscado, describiendo sus actos de devoción y sufrimiento. Al entrar en el cuarto indicado, Eufemiano encontró a Alejo fallecido. Según las fuentes, esto ocurrió durante el pontificado de San Inocencio I, entre el 401 y el 417. El Martirologio y Breviario romanos señalan el 17 de julio como el día de su muerte.

Reconocido por sus padres

Tras la muerte de Alejo, al retirar el saco que lo cubría, se encontró un pergamino que revelaba su verdadera identidad como el hijo del senador Eufemiano. La familia quedó desconsolada al descubrir que habían albergado a su hijo durante años sin reconocerlo. El Papa organizó funerales solemnes en Roma, y el cuerpo de Alejo fue expuesto en la basílica de San Pedro, atrayendo a multitudes que buscaban su protección.

Posteriormente, fue trasladado a la iglesia de San Bonifacio, donde había estado comprometido, y se construyó un magnífico sepulcro en su honor. Este lugar se convirtió con el tiempo en la iglesia de San Alejo, ubicada en el monte Aventino. Aún hoy se conservan algunos restos de la escalera bajo la cual Alejo vivió y una imagen de la Virgen María, que se cree habló en favor de San Alejo al sacristán en Edesa.

Oración a San Alejo

Oh, glorioso San Alejo Santo bienaventurado! siervo fiel, piadoso y bueno que estas en la gloria gozando de Dios, alcánzame el favor de alejarme de todo mal.

San Alejo Bendito tú que tienes el poder de alejar todo lo malo que rodea a los siervos del Señor, haz que sea invisible para mis enemigos; tú que encontraste favor ante María, aléjame de Satanás, aléjame del enemigo, del mentiroso, del traidor y del dañino, del que siembra cizaña a mi alrededor, del que con maldades, magias, conjuros o hechicerías me quiere atar, embrujar y mi vida perjudicar; líbrame de las malas lenguas, de los chismes, difamaciones e intrigas, de todo aquel que quiere verme rendido y hundido.

Aléjame de la envidia, del mal de ojo y la injusticia, aléjame de los celos y el rencor, de la infidelidad, la traición, el rechazo y la soledad, escóndeme donde no me puedan encontrar los que quieren causar mi perdición.

¡Oh Glorioso san Alejo!, llamado “el Hombre de Dios” acércame a Jesús y a María, para que con sus Divinas Bondades me cubran con todos sus bienes, y me concedan la gracia que con humildad solicito:

San Alejo bendito: por la Santísima Virgen María, por su amado Hijo Jesucristo y por la gracia del Espíritu Santo, ten piedad de mí y no desoigas mi pedido. Amén.

Cordero de Dios

 

San Alejo| Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

Colofón
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