Pascual bailon

17 de Mayo: San Pascual Bailón

Publicado el 17 de mayo de 2021

Actualizado el 17 de mayo de 2025

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San Pascual Bailón, religioso lego de la Orden de los Frailes Menores, fue un hombre de vida muy austera y piadosa, a quien el Señor le concedió la visión de la Sagrada Hostia, encerrada en riquísima custodia, sostenida por dos ángeles. Con esto concibió un amor tan profundo a la divina Eucaristía, que a partir de aquel instante su principal devoción fue el Santísimo Sacramento del Altar.


Día celebración: 17 de mayo.
Lugar de origen: Torrehermosa, Reino de Aragón.
Fecha de nacimiento: 16 de mayo de 1540.
Fecha de su muerte: 17 de mayo de 1592.
Santo Patrono de: Congresos Eucarísticos, de los cocineros, Torrehermosa, Alconchel de Ariza y otras localidades.


Contenido

– Introducción
– El pastorcillo
– Vocación religiosa
– Humildad y obediencia heroica
– Su caridad con los pobres
– Austeridad | Ciencia eminente
– Muerte y reliquias
– Oración a San Pascual Bailón


Introducción

San Pascual Bailón nació el 16 de mayo de 1540 en Torrehermosa, una villa de la provincia de Castellón que pertenecía al reino de Aragón en ese entonces. Sus padres, Martín Bailón e Isabel Jubera, eran humildes labradores que se esforzaron por educar santamente a su hijo. Desde sus primeros años, Pascual mostró signos de profunda piedad, y su mayor satisfacción era pasar largas horas en la iglesia, especialmente ante el sagrado Sacramento del altar.

Incluso siendo un niño, a menudo era necesario que su madre lo buscara para que regresara a casa y tomara la alimentación física, ya que el pequeño santo olvidaba sus necesidades corporales, nutriendo su espíritu en la iglesia. A lo largo de su vida, el amor y la devoción al Santísimo Sacramento fueron el foco y la máxima aspiración de San Pascual Bailón.

El pastorcillo

A los siete años, debido a la pobreza de sus padres, San Pascual Bailón se vio obligado a ganarse la vida cuidando un rebaño, un trabajo humilde que él glorificó con sus virtudes. Aunque su educación fue limitada y no sabía leer, Pascual, con un entendimiento claro y un espíritu resuelto, se procuró algunos libros y, con la ayuda de la gracia divina (se dice que los ángeles bajaron a enseñarle), aprendió las primeras letras. Desde ese momento, su mayor deseo fue adquirir libros piadosos, y dedicaba todo el tiempo que no empleaba en la oración a su lectura.

Como todo aquel destinado a la bienaventuranza eterna, San Pascual Bailón se destacaba por su ardiente devoción a la Virgen María y al Santísimo Sacramento. Incluso esculpió en su cayado una imagen de la Virgen coronada con una Hostia resplandeciente, para tener presentes constantemente ambas prendas de su devoción. Esta fina expresión de devoción fue correspondida por la Virgen María, quien favoreció a San Pascual con gratas apariciones.

Desde ese momento, Pascual se entregó por completo a la oración y al silencio, cuidando de apartar de sus labios toda palabra ociosa y vana. Aunque el espectáculo de la naturaleza le preocupaba menos, estaba profundamente penetrado del amor divino, el cual buscaba exteriorizar. Se convirtió en un predicador familiar, exhortando a sus amigos a amar a Nuestro Señor Jesucristo y a su Santísima Madre con sus palabras y ejemplos.

Con el paso del tiempo, Pascual desarrolló cualidades como la sencillez, rectitud y santo temor de Dios. Mantuvo su humildad, inocencia, modestia, bondad y mansedumbre, incluso al tener que reprender a sus amigos por cometer faltas. Su trato agradaba a todos. Martín García, el amo de Pascual, un hombre virtuoso y próspero, al no tener hijos y estar satisfecho con el comportamiento y las cualidades de Pascual, quiso nombrarlo su heredero. Sin embargo, el bienaventurado Pascual le declaró que ser hijo de Dios y heredero de su gloria ya era suficiente para él.

Pascual cuidaba con esmero el rebaño confiado por su amo, tratando siempre con gentileza a las ovejas y evitando que causaran daño en campos ajenos. En caso de algún perjuicio, lo compensaba con su propio salario. Su caridad y sinceridad eran admiradas por los demás pastores. A pesar de su juventud, practicaba la penitencia y la mortificación, familiarizándose con ayunos, cilicios y disciplinas que a veces llegaban hasta el derramamiento de sangre.

Vocación religiosa

Más dispuso el Señor alzarle a mayor perfección y , al efecto, le infundió vivo deseo de abrazar el estado religioso para entregarse sin trabas de ningún género al servicio de Dios en la soledad del claustro. Así se lo manifestó a otro pastor amigo suyo, llamado Juan Aparicio, que trató de disuadirle poniendo en duda la sinceridad de su vocación.

A esto respondió San Pascual Bailón dando tres golpes con su cayado en la tierra, de la que surgieron tres manantiales de agua tan pura como la intención de nuestro bienaventurado que, no pudiendo resistir al llamamiento de Dios, se despidió de sus padres y , obtenida su bendición, se trasladó a Monfort, en el reino de Valencia, donde se hallaba establecido uno de los conventos fundados por San Pedro de Alcántara. Contaba a la sazón dieciocho años.

Pero, los superiores, recelosos, sin duda, ante la juventud, el semblante místico, que tal vez tomaron por afectado, y el vestido un tanto rústico y desmazalado del santo pretendiente, se negaron a recibirle, no obstante sus fervorosas instancias. Mucho sintió San Pascual Bailón la negativa, mas no por eso perdió la esperanza; entretanto, se alquiló como pastor de cierto hacendado de aquellas cercanías, y fue admiración de cuantos pudieron observar la vida penitente y de oración casi continua que llevaba.

Los días festivos eran para nuestro Santo los más felices de su existencia, pues, como en ellos no sacaba a pastar el rebaño, los pasaba en la iglesia del convento asistiendo al Santo Sacrificio de la Misa, en la que recibía la Sagrada Comunión, y permanecía después largas horas en arrobadores éxtasis, de los que le sacaba la necesidad de abandonar el templo a la puesta del sol.

Los días de trabajo no podía asistir corporalmente al Santo Sacrificio, pero asistía en espíritu comulgando de igual forma, con tan gran devoción que mereció de la Bondad divina verse favorecido con la aparición de la Sagrada Hostia, encerrada en riquísima custodia, sostenida por dos ángeles. Con esto concibió un amor tan profundo a la divina Eucaristía, que a partir de aquel instante su principal devoción fue el Santísimo Sacramento del Altar.

Así vivió durante algún tiempo: ya sólo se le conocía en la comarca por el nombre del pastor santo, nías él, temeroso de que la vanidad no ensombreciera su alma y queriendo vivir para su mayor seguridad desconocido de los hombres, en el año 1564 pidió el hábito de San Francisco a los santos moradores del convento de Monfort, que, como ya conocían lo extraordinario de sus virtudes, le recibieron con grandes y sinceras demostraciones de júbilo.

Desde luego quisieron admitirle entre los religiosos de coro, pero San Pas­cual Bailón, cuya humildad era tan extraordinaria como sus demás virtudes, no quiso pasar de la modesta condición de hermano converso, y , como tal, hizo sus votos terminado el año de noviciado.

Los oficios que desempeñó en el convento de Monfort fueron los que le correspondían como Hermano converso; portero unas veces, refitolero otras, a veces limosnero, cocinero u hortelano; en todos ellos se portó a satisfacción de sus superiores en las distintas casa: de la Orden a que le llevó la santa obediencia. El convento de Villarreal, que le albergó durante los últimos años de su vida, ha alcanzado gran celebridad por los muchos prodigios que incesantemente Dios ha obrado sobre su glorioso sepulcro.

Humildad y obediencia heroica

San Pascual Bailón destacaba por su humildad, resistiendo a ser elogiado y sumiéndose en aflicción al recibir cualquier alabanza. Incluso encontraba cierta satisfacción al ser reprendido por descuidos leves, ya que esto le brindaba consuelo al contrarrestar el dolor de la atención positiva hacia su persona o acciones.

San Pascual Bailón practicaba la humildad de manera excepcional, llegando al extremo de presentarse ante la comunidad con pedazos de un plato roto colgados al cuello como penitencia por su descuido. Aunque reprendido con aspereza, él recordaba la importancia de la obediencia al superior. En la virtud de la obediencia, destacaba por su respeto a la Regla y era consultado por sus superiores debido a las luces sobrenaturales con las que el Señor le favorecía.

Como veía en ellos a los representantes de Dios, San Pascual Bailón, les obedecía ciegamente a la menor indicación, teniendo presente que el Espíritu Santo habla por boca de ellos; y así, en casos semejantes, acostumbraba responder: «Procederé conforme ordenare la obediencia».

San Pascual Bailón aceptó la peligrosa tarea de llevar un mensaje al superior de los religiosos observantes descalzos de Valencia, que residía en París. A pesar de los peligros en la Francia agitada por los calvinistas, emprendió la travesía a pie y descalzo, cruzando los Pirineos hasta llegar a Tolosa de Francia. En este convento, buscó descanso y la información necesaria para cumplir con su riesgosa misión.

San Pascual Bailón demostró su firmeza y obediencia al aceptar el peligroso encargo de llevar un mensaje a pie y descalzo a través de Francia, infestada por las hordas de hugonotes. A pesar de los riesgos y los intentos de disuasión por parte de los religiosos en Tolosa, el santo mantuvo su determinación, argumentando que su deber de obedecer a su superior estaba por encima de cualquier peligro. A pesar de enfrentarse a persecuciones y heridas, la Divina Providencia preservó su vida.

San Pascual Bailón enfrentó numerosos peligros y desafíos durante su viaje, siendo arrestado dos veces y acusado de espionaje. En una ocasión, al encontrarse desesperado por el hambre, pidió limosna en un castillo hugonote, donde fue examinado y estuvo a punto de ser ejecutado como espía. La compasión de la esposa del dueño del castillo lo salvó, pero no recibió pan allí. Posteriormente, fue asaltado por campesinos, que lo insultaron y golpearon antes de encerrarlo. Pasó la noche en oración hasta que, arrepentido, uno de sus captores lo liberó y le brindó ayuda con una limosna. En el camino se encontró con un caballero:

«No sé quién eres ni de dónde vienes, pero te juro por el honor de mi espada y mi caballería que no pasarás adelante sin darme antes a conocer quién eres». San Pascual Bailón, con gran serenidad y humildad, le respondió que era un pobre fraile descalzo de la Orden de San Francisco y que su único deseo era servir a Dios y cumplir con la misión que se le había encomendado.

Ante la respuesta del santo, el caballero, impresionado por su humildad, le pidió perdón y le permitió seguir su camino. Así, San Pascual continuó su viaje, enfrentando y superando con paciencia y mansedumbre los obstáculos que se le presentaron.

— ¿Dónde está Dios?
— En el cielo — respondió Pascual, sin turbarse.

Oída esta respuesta, el caballero retiró la lanza y se marchó sin pronunciar palabra. El Santo prosiguió también su camino, y , reflexionando sobre lo que acababa de ocurrir, cayó en la cuenta de que había omitido decir que también se hallaba en el Santísimo Sacramento del Altar. «¡Ay de mí! — exclamó, convencido de que aquel caballero era un hereje que tal vez buscaba aquella declaración de fe católica para darle muerte—. He perdido la ocasión de morir mártir; mi indignidad me ha privado de gracia tan inefable».

Su caridad con los pobres

De regreso al convento, San Pascual Bailón retomó su vida de humildad y penitencia, destacando por su ferviente caridad hacia los pobres, a quienes atendía diariamente como portero del convento. Nunca negó una limosna a los numerosos necesitados que acudían a la portería. En una ocasión, su superior le reprendió por su generosidad, advirtiéndole sobre la posibilidad de que la comunidad careciera de sustento debido a la escasez en la comarca. A lo que San Pascual respondió con humildad: «Padre mío, no se preocupe usted de que falte lo necesario para el convento, que yo me encargaré de procurar el sustento. Bastante me ha dado ya Dios a mí, que no tengo necesidad de gran cosa. Déjeme que dé lo poco que tengo a mis hermanos que padecen hambre«. Su confianza en la Providencia y su entrega a la caridad eran admirables.

— Si se presentasen doce pobres pidiendo limosna y solamente se la diera a diez, ¿qué sucedería si uno de los indigentes a quienes se la negara fuese Nuestro Señor Jesucristo?

Ante la respuesta del Santo, el superior guardó silencio, permitiendo que San Pascual expresara su ardiente caridad, que llegó al extremo de privarse de su propio alimento para socorrer a los necesitados.

Además de su inagotable caridad, San Pascual poseía un espíritu pacificador, logrando reconciliar a implacables enemigos. Un ejemplo notable fue el caso de un joven sediento de venganza contra el asesino de su padre. Enterado de la situación, el santo portero se propuso reconciliar a ambos hombres, visitando al joven vengativo. Aunque al principio sus esfuerzos fueron inútiles, finalmente se arrojó a sus pies y le dijo: «Hermano mío, perdónale por amor de Dios». Estas palabras conmovieron profundamente al joven, quien, por amor de Dios, perdonó al asesino de su padre.

Austeridad | Ciencia eminente

La austeridad de San Pascual Bailón asustaba a los religiosos más mortificados. Practicaba diariamente ayunos, a menudo a pan y agua, limitándose a lo estrictamente necesario para no desfallecer. Elegía los alimentos más simples y a veces se contentaba con las sobras de sus Hermanos, siendo necesario que sus superiores le ordenaran, en nombre de la santa obediencia, que tomara comidas menos modestas.

Descansaba brevemente sobre el duro suelo en una postura incómoda, aumentando su incomodidad con cadenas y cilicios ásperos. No conforme con eso, se disciplinaba con frecuencia hasta hacer correr la sangre de su inocente cuerpo. Además, privaba a su cuerpo del escaso descanso que permitía, dedicando ese tiempo a prolongadas oraciones.

Las austeridades practicadas por San Pascual Bailón debilitaban su cuerpo pero elevaban su espíritu al conocimiento perfecto de las verdades sobrenaturales. A través de éxtasis divinos, el Señor se le mostraba en todo su esplendor, permitiéndole avanzar en la ciencia divina más allá de lo que podría haber logrado mediante el estudio de los tratados teológicos más destacados. Incluso teólogos eminentes consultaban a San Pascual en puntos intrincados de la fe, quedando asombrados por sus respuestas, reflejo de la sabiduría divina.

Aunque por humildad evitaba estas consultas, cuando la obediencia lo requería o su deseo de enseñar a los ignorantes lo impulsaba, la elocuencia de sus palabras y la caridad con la que exponía la doctrina católica dejaban extasiados a quienes lo escuchaban. Estas cualidades lo llevaron a ser perseguido por herejes, a quienes confundía con sus argumentos. En más de una ocasión, fue blanco de las iras de estos enemigos de la fe, quienes lo maltrataron cruelmente, siendo necesaria la protección especial de la divina Providencia para que saliera ileso de sus manos.

El Hermano San Pascual Bailón amaba tiernamente a la Santísima Virgen y a ella acudía con filial confianza; pero su devoción principal era — como hemos dicho— la Sagrada Eucaristía.

Muerte y reliquias

San Pascual Bailón falleció tranquilamente el 17 de mayo de 1592, durante la elevación de la Sagrada Hostia, tal como él mismo había predicho. La noticia de su muerte atrajo a multitudes, y su entierro, celebrado tres días después, fue solemne y concurrido. Durante la misa fúnebre, los fieles presenciaron el asombroso momento en que los ojos cerrados del difunto se abrieron dos veces, coincidiendo con la elevación de la Hostia y el Cáliz.

El cuerpo de San Pascual fue preservado de la corrupción del sepulcro, manteniendo su frescura incluso en el siglo XVII. Su vida estuvo marcada por numerosos milagros, y las maravillas obradas por su intercesión junto a su tumba llevaron a la beatificación en 1618 y la canonización en 1690. En 1897, León XIII lo proclamó Patrono de los Congresos y Obras Eucarísticas.

Uno de los notables milagros atribuidos a San Pascual Bailón son los golpes que suele anunciar a sus devotos en circunstancias excepcionales. La intensidad de estos golpes puede indicar calamidades futuras o incluso la proximidad de la muerte, mientras que golpes suaves son interpretados como una respuesta favorable a las plegarias dirigidas a él.

Oración a San Pascual Bailón

Querido San Pascual Bailón: consíguenos del buen Dios un inmenso amor por la Sagrada Eucaristía, un fervor muy grande en nuestras frecuentes visitas al Santísimo y una grande estimación por la Santa Misa.

Amén.

Cordero de Dios

San Pascual Bailón | Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

Colofón
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