17 de Septiembre: Santa Hildegarda Von Bingen


17 de Septiembre: Santa Hildegarda Von Bingen

Santa Hildegarda Von Bingen  fue una abadesa, líder monástica, mística, profetisa, médica, compositora y escritora alemana. La Santa Iglesia celebra su día cada 17 de septiembre.

Nació en Bemersheim (Alemania) en el valle del Rin, el año 1098 y en el seno de una familia noble alemana. Fue la menor de diez hijos y fue destinada a la Iglesia. El 7 de octubre del año 2012 se le otorgó el título de doctora de la Iglesia junto a San Juan de Ávila durante la misa de apertura de la XIII Asamblea general ordinaria del sínodo de los obispos.

Desde muy pequeña, Santa Hildegarda Von Bingen manifestó tener visiones, que más tarde la propia Iglesia confirmaría como inspiradas por Dios.

Fue entregada al convento benedictino de Disibodenberg, que se encontraba bajo la órdenes de Jutta, quien se encargó personalmente de la educación de Hildegarda. Así, tuvo un profundo aprendizaje de latín, griego, liturgia, música, oración y ciencias naturales, y además mantenía una disciplina ascética. A los dieciocho años, Hildegard toma los hábitos benedictinos. Solía decir que «se alimentaba de la Biblia» y que la música le era dictada durante sus visiones.

La predicación de Santa Hildegarda Von Bingen

La labor de escritora de Hildegarda se vio interrumpida muchas veces por los viajes de predicación. Si bien la clausura en sus tiempos no era tan rígida como lo sería a partir de Bonifacio VIII, no dejó de sorprender y admirar a sus contemporáneos que una abadesa abandonara su monasterio para predicar.

El contenido de su predicación giró en torno a la redención, la conversión y la reforma del clero, criticando duramente la corrupción eclesiástica, además de oponerse firmemente a los cátaros; al condenar las doctrinas de estos, proponiendo el combate de sus errores mediante la predicación y la edificación del clero.

Viajes de Santa Hildegarda Von Bingen

En total fueron cuatro los viajes de predicación que realizó: el primero entre 1158 y 1159, en el que viajó a Maguncia y a Wurzburgo. En 1160 realizó el segundo a Tréveris y a Metz. En su tercera predicación, entre 1161 y 1163, viajó por el Rin hasta Colonia. En el último de sus viajes, comprendido entre 1170 y 1171, predicó en la región de Suabia.

Además de estos viajes de predicación, Hildegarda usó las cartas para hacer sentir su opinión ante personajes notables. Con motivo del cisma provocado por la elección del antipapa Víctor IV con el apoyo del emperador Barbarroja, frente al papa romano Alejandro III, alargado a la muerte de Víctor IV con la elección de los también antipapas Pascual III y Calixto III, Hildegarda hizo graves amonestaciones proféticas al primero de estos, así como al emperador mismo.

En el año 1173, poco antes de concluir el Liber divinorum operum, murió el monje Volmar, su más cercano colaborador y secretario, lo que la orilló a ayudarse de los monjes de la abadía de san Eucharius de Tréveris para terminar dicha obra. Durante algún tiempo el monje Godofredo de Disibodenberg le sirvió como amanuense, a la vez que comenzó la redacción de una biografía de la profetisa, pero también él murió poco tiempo después, en 1176.

El último de sus secretarios lo encontró en Guiberto de Gembloux, un monje flamenco, con el que había sostenido conversación epistolar iniciada por el interés de éste sobre la manera en que Hildegarda tenía sus visiones.

Las visiones de Santa Hildegarda Von Bingen

En 1141, a la edad de cuarenta y dos años, sobrevino un episodio de visiones más fuerte, durante el cual recibió la orden sobrenatural de escribir las visiones que en adelante tuviese. A partir de entonces, Hildegarda escribió sus experiencias, que dieron como resultado el primer libro, llamado Scivias (Conoce los caminos), que no concluyó hasta 1151. Para tal fin, tomó como secretario y amanuense a uno de los monjes de Disibodenberg llamado Volmar y, como colaboradora, a una de sus monjas, llamada Ricardis de Stade.

No obstante, siguió teniendo reticencias para hacer públicas sus revelaciones y los textos resultantes de ellos, por lo que para disipar sus dudas recurrió a uno de los hombres más prominentes y con mayor reputación espiritual de su tiempo: Bernardo de Claraval, a quien dirigió una sentida carta pidiéndole consejo sobre la naturaleza de sus visiones y la pertinencia de hacerlas de conocimiento general. En dicha misiva, enviada hacia 1146, confesaba al ilustre monje cisterciense que lo había visto en una visión «como un hombre que veía directo al sol audaz y sin miedo», y al mismo tiempo que se atribuía a sí misma «debilidad» solicitaba su consejo:

Padre, estoy profundamente perturbada por una visión que se me ha aparecido por medio de una revelación divina y que no he visto con mis ojos carnales, sino solamente en mi espíritu. Desdichada, y aún más desdichada en mi condición mujeril, desde mi infancia he visto grandes maravillas que mi lengua no puede expresar, pero que el Espíritu de Dios me ha enseñado que debo creer.

Por medio de esta visión, que tocó mi corazón y mi alma como una llama quemante, me fueron mostradas cosas profundísimas. Sin embargo, no recibí estas enseñanzas en alemán, en el cual nunca he tenido instrucción. Sé leer en el nivel más elemental, pero no comprenderlo plenamente. Por favor, dame tu opinión sobre estas cosas, porque soy ignorante y sin experiencia en las cosas materiales y solamente se me ha instruido interiormente en mí espíritu. De ahí mi habla vacilante. […]

La respuesta de Bernardo no fue ni muy extensa ni tan elocuente como la carta enviada por Hildegarda, pero en ella la invitaba a «reconocer este don como una gracia y a responder a él ansiosamente con humildad y devoción […]». Además, parece que el abad de Claraval posteriormente intervino ante el papa Eugenio III en favor de Hildegarda, ya que tenía trato personal con el obispo de Roma porque éste era también cisterciense y antiguo discípulo suyo.

Crisis en la comunidad de Santa Hildegarda Von Bingen

La última situación crítica a la que tuvo que enfrentarse Hildegarda aconteció en 1178, cuando su comunidad dio sepultura en el cementerio conventual a un noble supuestamente excomulgado. Por la imposición de esta pena eclesiástica, el derecho canónico prohibía su entierro en suelo sagrado. Se pidió a Santa Hildegarda Von Bingen que exhumara el cadáver. Ella se negó e incluso hizo desaparecer cualquier rastro del enterramiento para que nadie pudiera buscarlo. Sostuvo que había sido reconciliado con la Iglesia antes de morir.

Los prelados de Maguncia, en ausencia del arzobispo Christian, que estaba en Roma, pusieron en entredicho al monasterio. Por él se prohibió el uso de las campanas, los instrumentos y los cantos en la vida y liturgia de Rupertsberg. Hildegarda se defendió escribiendo una carta de rico contenido doctrinal, donde recogía el significado teológico de la música. Cuando regresó el arzobispo en marzo de 1179, se presentaron testigos que apoyaban la versión de Hildegarda y fue levantado el entredicho.

Muerte de Santa Hildegarda Von Bingen

A los pocos meses de ser levantado el entredicho, el 17 de septiembre de 1179, a los 81 años de edad murió Hildegarda. Las crónicas hagiográficas cuentan que a la hora de su muerte aparecieron dos arcos muy brillantes y de diferentes colores que formaban una cruz en el cielo.

Obra de Santa Hildegarda Von Bingen

En 1136, Jutta murió y Santa Hildegarda “a pesar de ser muy joven” asumió la dirección del convento. A la edad de cuarenta y dos años tuvo las visiones más claras, en las que recibió la misión de predicar sus visiones y la comprensión religiosa que le había sido otorgada.

A partir de ahí Hildegard escribe sus experiencias. De los nueve libros que escribió, se destacan Scivias, de carácter místico; Liber Vitae Meritorum, sobre ética, y Operatione Dei, sobre teología. Otro de sus libros, el Liber Simplicis Medicinae es importantísimo para la medicina, pues en él se hace un acercamiento a la ciencia de curar desde una perspectiva global, incluyendo conocimientos de botánica y de biología. De la misma forma, el Liber Compositae Medicinae trata sobre las enfermedades, pero desde el punto de vista teórico, explicando sus causas y síntomas.

Santa Hildegarda Von Bingen no sólo se dedicó a escribir, sino que además compuso música gregoriana y escribió setenta y siete canciones aproximadamente, y una ópera Ordo Virtutum. Como compositora fue más allá de las normas de la música medieval, otorgándole un nuevo lenguaje.

Es por esta época, que un comité de teólogos del Vaticano legitimó sus visiones y sus mensajes, que para muchos eran predicciones del futuro, aunque ella lo negara y dijera que más bien era una proyección del presente. Tal fue su reconocimiento, que llegó a ser conocida como la Sibila del Rin. En este momento, la gente la buscaba para escuchar sus palabras de sabiduría, para curarse o para que los guiara.

San Bernardo, su contemporáneo, dijo de ella:

«No se puede consentir que tan esplendido lucero permanezca oculto bajo el celemín».

 

Santa Hildegarda von Bingen y el Apocalipsis

Santa Hildegarda von Bingen, comentando el Apocalipsis, afirma que la homosexualidad ha sido inspirada por el demonio para que se extinga la humanidad. Comentando en el Liber divinurom operum, el versículo 6,8 del Apocalipsis, la santa escribió:

El demonio quiere la extinción del género humano. La homosexualidad sirve para evitar la procreación.

La serpiente antigua goza con todos los castigos con los cuales el hombre es castigado en el alma y en el cuerpo. Él, que ha perdido la gloria celestial, no quiere que ningún hombre pueda alcanzarla.

En realidad, apenas él se dio cuenta que el hombre había oído sus consejos, comenzó a proyectar la guerra contra Dios: ‘A través del hombre llevaré adelante mis propósitos’.

En su odio, la serpiente ha inspirado a los hombres a odiarse entre ellos y, con el mismo mal propósito, los ha inducido a matarse unos a otros.

Y la serpiente dijo: ‘Mandaré mi aliento a fin de que la sucesión de los hijos del hombre se extinga, y entonces los hombres se encenderán de pasiones los unos por los otros hombres, cometiendo actos vergonzosos’.

Y la serpiente, probando gozo, gritó: ‘Esta el la suprema ofensa contra Aquel que ha dado al hombre el cuerpo. Que su forma desaparezca porque ha evitado la relación natural con las mujeres’.

Es entonces el diablo quien los convenció a ser infieles y seductores, que los indujo a matar, transformándose en bandidos y ladrones, porque el pecado de homosexualidad lleva a las más vergonzosas violencias y a todos los vicios.

Cuando todos estos pecados se hayan manifestado, entonces la vigencia de la ley de Dios será quebrada y la Iglesia será perseguida como una viuda

Oración a Santa Hildegarda Von Bingen

Dios, fuente de vida y de sabiduría que has llenado a Santa Hildegarda de Bingen de espíritu profético.

Ayúdanos para que con su ejemplo reflexionemos en tus caminos y sigamos tu guía, para que en la oscuridad reconozcamos la luz de tu claridad y estemos en vela para el instante en que Tú quieras encontrarnos.

Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor, amén.

Santa Hildegarda Von Bingen | Fuentes
https://www.accionfamilia.org/formacion-catolica/fiestas-religiosas/santa-hildegarda-von-bingen/
https://www.aciprensa.com/recursos/biografia-4297
Adaptado por Proyecto Emaús