Santa elena emperatriz

18 de Agosto: Santa Elena, emperatriz

Publicado el 18 de agosto de 2021

Actualizado el 19 de abril de 2025

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Santa Elena, también conocida como Helena Augusta, fue emperatriz del Imperio Romano y madre del emperador Constantino el Grande. Nacida en una familia noble griega, posiblemente en Drepana, es una figura destacada en la historia cristiana debido a su influencia en su hijo. Realizó una peregrinación religiosa por Siria, Palestina y Jerusalén, donde se dice que descubrió la Cruz Verdadera. Es venerada como santa por la Iglesia Ortodoxa Oriental, las Iglesias Ortodoxas Orientales, la Iglesia Católica y la Comunión Anglicana.


Día celebración: 18 de agosto.
Lugar de origen:  Drepana, Grecia.
Fecha de nacimiento: 248.
Fecha de su muerte: 18 de agosto de 328 ó 329.
Santa Patrona de:  los Caballeros del Santo Sepulcro y de la cofradía de la Santa Cruz en la iglesia de San Lupo, en París.


Contenido

– Introducción
– Conversión
– La emperatriz
– Peregrinación a los Santos Lugares
– Invención de la Santa Cruz
– Muerte de Santa Elena
– Traslado de sus reliquias y culto
– Oración a Santa Elena


Introducción

Flavia Julia Elena fue madre de Constantino el Grande, el primer emperador romano cristiano y fundador de Constantinopla. Es recordada por el descubrimiento de la Vera Cruz, el instrumento de nuestra Redención. De origen humilde, se convirtió en una ferviente cristiana, ejemplar en humildad, bondad y caridad hacia los desfavorecidos.

Nacida alrededor del año 248 en Drepana (hoy Yalova), Bitinia, sus padres eran paganos de humilde condición. Creció en esta localidad, que Constantino más tarde nombró Helenópolis en su honor. Trabajó como moza de posada para subsistir.

Constancio Cloro, un tribuno militar de Iliria, quedó prendado de ella y la pidió en matrimonio en 273. Sin embargo, debido a su profesión militar y a que Elena no era romana, no podían casarse legalmente. En 293, cuando Constancio Cloro se convirtió en César de las Galias, Gran Bretaña y España, repudió a Elena para casarse con Teodora, hijastra del emperador Maximino.

Elena acompañó a Constancio en su carrera militar y en Naisus (Nish) nació Constantino, quien sería su orgullo y gloria del imperio romano.

Conversión

A los cuarenta y cinco años, Elena se separó de Constancio y su hijo durante trece años. Aunque desapareció de los registros históricos, es probable que viviera cerca de Constantino, a quien amaba profundamente y que correspondía a su amor. Tras la muerte de Constancio Cloro en 306, Constantino fue proclamado Augusto en un momento en que había hasta seis emperadores en el poder. Después de victorias en batallas y maniobras diplomáticas, Constantino venció a sus rivales en Occidente. En 312, tras la batalla de Puente Milvio, entró en Roma con el monograma de Cristo en el Lábaro imperial, adoptando oficialmente la fe cristiana, aunque postergó su bautismo.

Pronto, Elena se reunió con su hijo, ya gobernante absoluto de Occidente. Eusebio, el historiador, menciona que Elena, hasta entonces desconocedora del verdadero Dios, se convirtió en una devota y fervorosa cristiana. Aunque se convirtió al cristianismo en sus últimos años, Elena vivió su fe con gran pasión.

La emperatriz

En el año 317, Constantino nombró a su madre, Elena, Augusta, y la llenó de honores y riquezas. Le proporcionó una corte y un palacio, el Sessórium, cerca de Letrán, y mandó acuñar monedas con su efigie. Elena usó su influencia para tratar a la Iglesia y a sus ministros con respeto.

Con su apoyo, Elena financió la construcción y decoración de varias basílicas romanas, devolvió bienes y cargos a los cristianos confiscados anteriormente, y abogó por los encarcelados y los condenados a trabajos forzados, logrando que Constantino suavizara la legislación. Utilizó los tesoros imperiales para ayudar a los pobres, distribuyendo trigo, ropa, dinero y otros recursos.

Elena también participó en la recuperación de los Santos Lugares para el culto cristiano, una obra importante de Constantino. Originalmente, el emperador Adriano había establecido una colonia romana en Jerusalén y prohibido a los judíos acceder a la ciudad. Para alejar a los cristianos del sepulcro del Salvador y del Calvario hizo cubrir el suelo primitivo de dichos lugares con un terraplén como de unos cien metros de largo, donde, entre hermosos jardines, surgía en el Calvario la estatua de Júpiter, y en el Santo Sepucro, la de Venus. Dios permitió tales profanaciones para que se conservaran los Santos Lugares en aquellos siglos de violenta persecución.

Durante el Concilio ecuménico de Nicea en 325, los obispos, especialmente el de Jerusalén, informaron a Constantino sobre la profanación de los lugares sagrados. El emperador ordenó la destrucción de las estatuas, ídolos y templos paganos, y emprendió esfuerzos para identificar y restaurar los emplazamientos originales de los monumentos cristianos.

Durante el año 326, los trabajos en Jerusalén avanzaron rápidamente, revelando el Calvario y el sepulcro del Salvador. En una carta a San Macario, el emperador Constantino expresó su deseo de construir una basílica suntuosa en el sepulcro, comprometiéndose a cubrir los gastos.

Mientras tanto, en Bitinia, comenzaron las celebraciones del vigésimo aniversario del reinado de Constantino, que culminarían en Roma con grandes festejos. La familia imperial se dirigió a Roma, pero el recibimiento fue frío debido al resentimiento de los romanos hacia Constantino por abandonar su capital y culto. Además, el príncipe sufrió injurias, en parte por su propia culpa.

Aprovechando la situación, Fausta, la esposa de Constantino, y sus cuñados difamaron a Crispo, el hijo del primer matrimonio del emperador. Sin los consejos de su madre, Constantino creyó las acusaciones y ordenó la ejecución de Crispo sin juicio en Pola de Istria.

Elena llegó tarde a Roma para salvar a su nieto, pero logró hacer comprender a Constantino su error. A pesar de su arrepentimiento, Constantino actuó con ira, vengándose de aquellos que lo habían engañado. Aunque Elena lamentó la cruel decisión, no perdió la esperanza de enderezar a su hijo y realizó grandes penitencias en su nombre.

Peregrinación a los Santos Lugares

A finales de 326, la emperatriz Elena emprendió una peregrinación a Jerusalén, inspirada por su devoción y el deseo de agradecer y pedir por su hijo y nieto. A pesar de su edad avanzada, demostró un fervor juvenil en su viaje por las provincias orientales del imperio, siendo recibida con respeto y entusiasmo por la población.

Elena, con el apoyo financiero de su hijo, Constantino, construyó dos magníficas basílicas en Jerusalén. Una en Belén, en la gruta del nacimiento de Jesús, y la otra en el monte de los Olivos, en memoria de la Ascensión y donde Jesús solía enseñar a los Apóstoles. Estos monumentos se convirtieron en los santuarios más venerados del cristianismo antiguo y puntos de peregrinación frecuente.

Invención de la Santa Cruz

En la oración fúnebre de 395 por Teodosio el Grande, San Ambrosio elogia la bendición de Constantino por tener a una madre, Elena, que atrajo la protección divina a todas sus empresas. Ambrosio afirma que, inspirada por el Espíritu Santo, Elena visitó los Santos Lugares. En el Gólgota, buscó el estandarte de la salvación, que el demonio había ocultado.

Cerca del Calvario, Elena encontró una excavación donde habían sido arrojadas las cruces de los tres crucificados. Aunque habían sido cubiertas durante la nivelación del Calvario por Adriano, Elena ordenó cavar hasta hallar las tres cruces. La emperatriz se llenó de alegría al descubrirlas y agradeció fervientemente al Cielo por ese honor.

Para identificar la cruz de Cristo entre las tres, Rufino relata en el siglo V, citado en el Breviario romano, que una curación milagrosa al tocar el madero santo confirmó su autenticidad.

En Jerusalén, Elena descubrió el rótulo y los clavos de la crucifixión de Cristo. Se dice que uno de los clavos fue incrustado en la corona o casco de Constantino, simbolizando que el respeto al emperador se extendía a Cristo, del cual era representante en el gobierno.

La mayor parte de la Cruz Verdadera se quedó en Jerusalén en el santuario de la Cruz. Una parte, junto con el rótulo y un clavo, fue enviada a Roma durante la vida de Constantino y se colocó en la iglesia que Santa Elena construyó en su palacio Sesoriano, llamada Santa Cruz de Jerusalén.

La tradición bizantina indica que otra parte de la Vera Cruz se envió a Constantinopla. San Cirilo, del siglo IV, confirma la presencia de la cruz en Jerusalén. En esa época, las reliquias de la cruz se dispersaron por Oriente y Occidente; en Constantinopla, se llevaban al cuello engastadas en oro.

En la Edad Media y el Renacimiento, el arte cristiano representó a menudo la invención de la Santa Cruz por Elena y Constantino. En estas representaciones, ambos ocupan lugares destacados junto a la Cruz, recordando su papel en el descubrimiento del símbolo de la redención.

Tras su peregrinación, Elena regresó a Constantinopla, fortalecida en su fe. Antes de dejar Tierra Santa, visitó monasterios de vírgenes con una humildad sorprendente, sirviéndolas como una criada y tratándolas como esposas de Cristo.

Muerte de Santa Elena

Tras su extenso viaje a Nicomedia y Constantinopla, la emperatriz Santa Elena, ya casi octogenaria, intuyó su fin cercano. Realizó un testamento distribuyendo su patrimonio entre Constantino y sus nietos, y aconsejó a su hijo gobernar con justicia. Falleció en agosto, probablemente el día 18 del año 328 o 329, en brazos de Constantino. Su muerte fue un duelo nacional y la Iglesia católica y los desfavorecidos la lloraron profundamente. Constantino le ofreció solemnes funerales en Constantinopla.

Posteriormente, su cuerpo fue trasladado a Roma y colocado en el mausoleo que Constantino había preparado cerca de la Via Labicana, en Tor Pignattara, cerca de la quinta Constantiria. A su lado se encontraba la catacumba de los santos mártires Pedro y Marcelino, y por la cercanía de su sepulcro, la catacumba a veces se refería como «Ab Sanctam Helenam». En el Museo Vaticano se exhibe un bello sarcófago de pórfido rojo que lleva el nombre de Santa Elena.

Traslado de sus reliquias y culto

Los restos de la emperatriz Elena fueron trasladados desde el mausoleo imperial a la cripta de los santos mártires. En el siglo IV, un presbítero llamado Teutgis, devoto de Santa Elena, llevó una parte considerable de sus reliquias a Reims, donde fueron depositadas en la abadía benedictina de Hautvilliers después de una investigación sobre su autenticidad.

Estas reliquias atrajeron a peregrinos de toda la Champaña y Francia, especialmente en las festividades del 18 de agosto y 14 de septiembre, días de la invención y exaltación de la Santa Cruz. Se realizaban novenas en Pentecostés y las reliquias se exponían para la veneración pública. Los restos estaban envueltos en un sudario de seda con diseños bizantinos.

En 1820, las reliquias fueron cedidas a la Orden del Santo Sepulcro en París y se colocaron en la iglesia de San Lupo. Los restos que Teutgis dejó en Roma se trasladaron al interior de la ciudad y se guardan en la capilla de Santa Elena en la iglesia «Santa María» in Ara Coeli. Otros lugares, como la archibasílica de San Juan de Letrán y la iglesia de Santa Sabina, también conservan reliquias de Santa Elena.

La historia de Santa Elena está vinculada a la invención de la Santa Cruz. Es patrona de los Caballeros del Santo Sepulcro y de la cofradía de la Santa Cruz en la iglesia de San Lupo en París. Se invoca para encontrar objetos perdidos y protegerse contra los maleficios diabólicos, debido a la creencia en el poder protector de la cruz.

Oración a Santa Elena

Te rogamos, santa Elena, que intercedas ante Dios por nosotros; colmando de plenitud nuestras vidas; dando solución a nuestros problemas y necesidades; bendiciendo a nuestras familias, instituciones y sus actividades.

Necesitamos la fuerza del Espíritu Santo, para vivir la palabra de Dios en nuestros hogares, hasta lograr que en nuestras familias, por la presencia viva de Cristo, brille la luz del Amor Cristiano.

Danos la unidad que nos haga fuertes al caminar por los senderos del Amor, la Justicia, la Libertad y la Paz, para que todos vivamos como hermanos bajo tu santa protección. Amén.

Cordero de Dios

Santa Elena | Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.