18 de Enero: La cátedra de San Pedro en Roma


La cátedra de san pedro en roma

Habiendo triunfado del demonio en el oriente, San Pedro fue a combatir le en Roma con indoblegable energía. El, que en otro tiempo había temblado ante las palabras de una criada, no temía ahora la fortaleza misma de la idolatría y de la superstición.

La capital del Imperio y del mundo, el centro de la impiedad, necesitaba el celo del Príncipe de los Apóstoles. El Imperio Romano había extendido sus dominios mas lejos que cualquiera de las precedentes monarquías, y la influencia de su capital era de máxima importancia para la difusión del Evangelio. Por ello San Pedro se reservó Roma, para predicar la fe y establecer su sede episcopal.

De él han recibido la sucesión todos los obispos de Roma, en todas las épocas. Cayo, un sacerdote romano que vivió en el tiempo del Papa Ceferino (a quien Eusebio cita en Hist. eccl., lib. 1, c. 25), afirma expresamente que San Pedro y San Pablo fundaron la Iglesia de Roma. El mismo autor nos dice que los restos de San Pedro descansaban en la colina del Vaticano, y los de San Pablo en el camino de Ostia.

San Dionisio, obispo de Corinto (siglo II), relata igualmente que San Pedro y San Pablo plantaron la fe en Roma y fueron ahí coronados con la palma del martirio. En el mismo siglo, San Ireneo dice que Roma es “la más grande y antigua de las Iglesias, fundada por los dos gloriosos Apóstoles, Pedro y Pablo”. A pesar de ello, no han faltado quienes dudaran de la historicidad de la presencia de San Pedro en Roma.

Se ha argüido que no existe ningún documento contemporáneo que afirme claramente que Pedro residía ahí: que los Hechos de los Apóstoles no dicen ni una palabra sobre ello; que el único dato cierto que tenemos sobre sus últimos años es el de que su primera epístola fue escrita desde “Babilonia”; que la llamada tradición romana esta inextricablemente mezclada con las fabulosas leyendas sobre Simón Mago, que ningún historiador serio puede defender, y que los veinticinco años de episcopado romano atribuidos a San Pedro, con dudosa unanimidad, por historiadores tardíos, como Eusebio, no pueden coordinarse con otros datos de esos mismos historiadores, ni con el silencio completo que guarda San Pablo sobre San Pedro en su Epístola a los Romanos.

Pero no sólo los escritores católicos, sino también los anglicanos, como el obispo Lightfoot, el historiador C. H. Turner y el Dr. George Edmundson, y aun algunos luteranos de la talla de Harnack y de Zahn, dieron respuesta suficiente a estas dificultades.

El autor anglicano F. H. Chase, obispo de Ely, resume clara y concisamente las bases en que se funda la tradición romana:

“La fuerza de los argumentos en favor de la estancia y el martirio de San Pedro en Roma, proviene no solo de la ausencia de una tradición opuesta, sino también del hecho de que muchas corrientes de pruebas convergen para demostrarlo. Poseemos las listas oficiales y los documentos dela Iglesia de Roma, que demuestran la existencia de la tradición en épocas posteriores, y dichos documentos tienen que fundarse, por lo menos en ciertos casos, sobre otros documentos que no han llegado hasta nosotros.

La noticia de la traslación de los restos del Apóstol a otro sitio, en 258, así como las palabras de Cayo, prueban que la tradición estaba bien definida y que nadie la discutía en Roma a principios del siglo III. El hecho de que Cayo discuta con un asiático, la prueba de las Actas (gnósticas) de Pedro, y los pasajes de Origenes, de Clemente de Alejandria y de Tertuliano, demuestran que las Iglesias de Asia, Alejandria y Cartago aceptaban la tradición romana en la misma época.

El pasaje de Ireneo nos informa sobre el estado de dicha tradicién a mediados del siglo II, y es de particular importancia, como que esta escrito por un testigo que había visitado Roma y cuya lista de obispos romanos hace creer que había tenido acceso a los documentos oficiales, y que por otra parte, por medio de San Policarpo, estaba en contacto con quienes habían conocido personalmente a San Juan y sus compajferos”.

Mas adelante, el Dr. Chase hace mención de la estrecha relación que une los nombres de San Pedro y de San Pablo en la referencia que hace San Clemente a su martirio (fin del siglo I), en la carta, indudablemente auténtica, que escribió a la Iglesia de Corinto. Esto lleva al autor a suponer que San Clemente, quien sin duda estaba al tanto de la verdad, identificaba a ambos Apóstoles con Rotha. El Dr. Chase escribié su articulo en 1900. De entonces acá, se han descubierto numerosas pruebas.

Notemos que dicho autor habla de la traslación de los restos del Apóstol en 258; ahora bien, en caso de ser cierta, tal traslación fue solo temporal. Otro autor anglicano, el Dr. George Edmundson, en una conferencia que pronunció en la Universidad de Oxford en 1913, expuso en términos elocuentes las razones de las que depende el peso histérico de la tradición romana:

“Una tradición aceptada universalmente y por total unanimidad, asocia el nombre de San Pedro a la fundación y organización de la Iglesia de Roma, y habla de su actividad en esa Iglesia durante veinticinco años. Inútil multiplicar las citas.  Ningún sitio de Egipto, ni de África, ni del oriente, ni del occidente disputa a Roma el honor de haber sido la sede de San Pedro; ninguna otra ciudad pretendió nunca que el Apóstol había muerto en ella, o que conservaba sus restos.

Pero lo mas significativo es el “consensus” de todas las Iglesias orientales de lengua no griega. Un examen detenido de los. manuscritos armenios y sirios, llevado a cabo durante varios siglos, no ha sido capaz de descubrir a un solo autor que no acepte la tradición romana sobre Pedro”.

Desde tiempos muy antiguos era costumbre en el occidente celebrar el aniversario de la consagración de los obispos. San Agustín tiene un tratado “de natali episcopi”, y se conservan tres sermones de San León sobre el “natalis cathedrae”, es decir, sobre el aniversario de la instalación del obispo.

Por consiguiente, es natural que desde épocas muy remotas se haya celebrado la conmemoración de la entronización de San Pedro como obispo de Roma. De hecho, nuestro calendario conmemora en dos ocasiones, desde hace mas de mil años, la función episcopal de San Pedro. La primera conmemoración se refiere expresamente al día “en que se senté por primera vez en la cátedra de Roma”; la otra conmemoración concierne a su ministerio en Antioquia.

La conclusión mas generalmente aceptada en la actualidad, después de muchas investigaciones y discusiones, es que originalmente sólo existía una festividad de la cátedra de San Pedro, que se celebraba el 22 de febrero, y que no tenia ninguna relación con Antioquia, sino simplemente con el principio del episcopado de San Pedro en Roma. Por tanto, lo mas lógico es dejar para el 22 de febrero la discusión del complicado problema de la duplicación de la fiesta.

Baste con indicar por el momento que, según algunos arqueólogos, la reliquia material conocida como “la cátedra de San Pedro”, que se conserva en un relicario de bronce esculpido por Bernini en el altar de la basílica de San Pedro, en Roma, es un elemento importante del desarrollo histérico de las dos fiestas.

Algunos acentúan el hecho de que San Pablo (Rom. xvi, 5) envía saludos a “la iglesia desde la casa de Prisca y Aquila”, con lo cual parece hacer mención de un sitio de reunión de los cristianos de Roma, y arguyen que una silla tan portátil como lo es la reliquia, podía fácilmente ser un trono episcopal improvisado en una casa privada. Por consiguiente, la reliquia puede ser “la primera cátedra ocupada por San Pedro en Roma”, aunque después de algunos años se haya construido una cátedra fija en el sitio de reunión de los cristianos.

En todo caso, es curioso notar que la casa de Prisca y Aquila parece haberse convertido, con el tiempo, en la actual iglesia de Santa Prisca en el Aventino, y que la fiesta de la dedicación de esa iglesia se celebraba el 22 de febrero. Por otra parte, la conmemoración de Santa Prisca, mártir, se celebra el 18 de enero. Pero es evidente que las pruebas que se basan en fundamentos tan débiles, se reducen a meras conjeturas. Lo único que sabemos con certeza es que desde fines del siglo VI, época de la compilación del llamado Martyrologium Hieronymianum, el occidente ha celebrado el 18 de enero la fiesta de la cátedra de San Pedro en Roma.

Por un “Motu Proprio” de Juan XXIII, con fecha del 25 de julio de 1960, esta fiesta fue excluida del Calendario Romano.

La cátedra de San Pedro en Roma | Fuentes

La cátedra de San Pedro en Roma

La vida de los Santos por Butler.

Transmisión en vivo desde el Santuario de Nuestra Señora de Fátima En Directo
+