Camilo lelis

18 de Julio: San Camilo de Lelis

Publicado el 18 de julio de 2020

Actualizado el 23 de abril de 2025

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San Camilo de Lelis fue un sacerdote católico romano, nacido en Italia que fundó la orden conocida como Los Camilianos o más Camilos, una orden religiosa dedicada al cuidado de los enfermos. Fue beatificado por el Papa Benedicto XIV en el año 1742 y canonizado por él cuatro años después, en 1746. Lellis es el santo patrón de los enfermos, hospitales, enfermeras y médicos. Su asistencia también se invoca contra el vicio del juego.


Día celebración: 18 de Julio.
Lugar de origen: Bucchianico, villa del antiguo reino de Nápoles, Italia.
Fecha de nacimiento: 25 de Mayo de 1550.
Fecha de su muerte: 14 de julio de 1614.
Santo Patrono de: De los enfermos.


Contenido

– Introducción
– Infancia y juventud
– Conversión Milagrosa
– En el Noviciado
– San Camilo de Lelis funda su instituto
– Votos solemnes
– Muerte
– Oración a San Camilo de Lelis


Introducción

San Alejo, apóstol de la caridad, dedicó su vida a servir a los pobres y enfermos en una época egoísta y sensual. Transformó su vida de antiguo soldado apasionado por el juego para ayudar a los más necesitados, demostrando un corazón maternal ante el sufrimiento. En lugar de enfermeros descuidados, colocaba almas llenas de caridad en la atención de los enfermos. El hospital era su mundo, su paraíso terrenal. En su lecho de muerte, pidió las llaves del hospital, simbolizando que abrirían las puertas del cielo, no solo para él sino también para aquellos que sirven con amor a los enfermos. Su vida refleja la poderosa filosofía del amor como fuerza creadora de héroes de la fe.

Infancia y juventud

San Camilo de Lelis nació el 25 de mayo de 1550 en Bucchianico, en el antiguo reino de Nápoles, siendo hijo de Juan de Lelis, un destacado capitán al servicio de Carlos V, y Camila Compellio, de una familia ilustre de la marca de Ancona. Su nacimiento fue considerado un don especial del cielo debido a la avanzada edad y delicada salud de su madre.

Durante sus primeros trece años, su madre se dedicó con fervor a su educación moral y religiosa, inculcándole una fe profunda y una sólida piedad. Sin embargo, después de la muerte de su madre, Camilo se alejó del estudio y se entregó al juego y a la lectura de libros de caballería.

A los 19 años, decidió seguir la carrera militar, al igual que sus primos. Aunque intentó enlistarse en el ejército de Venecia, sufría de una llaga en la pierna que le impedía continuar. Durante su estancia en Fermo, se encontró con dos religiosos franciscanos que lo inspiraron a cambiar su vida. Hizo un voto de unirse a la Orden Franciscana, pero su tío, el guardián del convento de San Bernardino en Áquila, no lo admitió, lo que llevó a Camilo a abandonar su vocación religiosa.

Para tratar su llaga, trabajó como enfermero en el hospital de Santiago en Roma, pero fue despedido debido a su pasión por el juego y su descuido hacia los pacientes. En 1569, se unió al ejército veneciano para combatir al sultán Selim. Sin embargo, después de enfermarse gravemente en Corfú y sufrir durante el sitio de Cáttaro, decidió unirse al servicio de la corona de España.

Durante una violenta tempestad en el mar, renovó su voto de hacerse franciscano. A pesar de perder todo en un juego posterior, mostró una firmeza moral al mantenerse casto y fiel a su fe. A través de las dificultades, la enfermedad y la humillación, Dios lo guió hacia una profunda conversión.

Conversión Milagrosa

A finales de noviembre de 1574, Camilo y su compañero Tiberio mendigaban en la Iglesia de Manfredonia cuando se les ofreció trabajo en la construcción de un convento de Capuchinos. Tiberio desaconsejó a Camilo aceptar, pero tras una llamada interior, Camilo decidió regresar y aceptar el trabajo. Aunque el trabajo de transportar piedra y cal no era físicamente agotador, hería su orgullo de exsoldado. A pesar de las burlas de Tiberio y otros, la amabilidad de los Padres del convento ayudó a calmar su orgullo.

Camilo planeaba abandonar el convento en cuanto tuviera dinero para volver a la guerra y a su vida frívola. Sin embargo, en 1575, al ir a un convento cercano a recoger vino, el guardián del convento, Fray Ángel, le habló sobre la brevedad de la vida, la rendición de cuentas y cómo vencer las tentaciones. Camilo reflexionó sobre sus palabras y se dio cuenta de la bondad de Dios, la fealdad del pecado y la vanidad de los placeres mundanos. Conmovido y arrepentido, cayó de rodillas y exclamó su arrepentimiento. A los veinticinco años, Camilo celebró con gratitud el aniversario de esta conversión, que marcó un punto decisivo en su vida y en sus futuros proyectos de caridad.

En el Noviciado

Al llegar a Manfredonia, Camilo se unió a la Orden Franciscana y fue enviado a Trivento para su noviciado como Hermano converso. Conocido como el Hermano Humilde por su amor a la abyección, obediencia y paciencia, desarrolló una llaga en la pierna que le impidió continuar. Aunque los religiosos prometieron recibirlo de nuevo cuando sanara, regresó a Roma para recibir tratamiento en el hospital de Santiago, donde sirvió a los enfermos durante cuatro años con fidelidad y abnegación.

Una vez curado, regresó a la Orden Franciscana en Tagliacozzo, pero la llaga volvió a abrirse, tal como le había advertido San Felipe Neri en Roma. Volvió al hospital de Santiago, donde desempeñó el cargo de mayordomo, restableciendo el orden y brindando cuidados a los enfermos. Su ejemplo de paciencia, abnegación y amor sobrenatural inspiró a otros a practicar la caridad. A pesar de intentar dos veces más unirse a la Orden Franciscana y recibir negativas, mantuvo una profunda devoción hacia San Francisco de Asís, de quien aprendió el valor de la caridad.

San Camilo de Lelis funda su instituto

San Camilo de Lelis, al presenciar la negligencia y el abandono con los que se trataba a los enfermos en los hospitales, decidió tomar medidas para remediar la situación. Inspirado por una visión divina y con un grupo de enfermeros piadosos, decidió fundar una orden dedicada al cuidado de los enfermos por amor a Jesús, con la cruz encarnada como distintivo.

A pesar de enfrentar numerosos obstáculos, como la destrucción de su pequeño oratorio y las burlas de aquellos que lo consideraban demasiado mayor para seguir una vocación religiosa, San Camilo perseveró. Siguiendo los consejos recibidos, se ordenó sacerdote a la edad de treinta y dos años y celebró su primera misa en 1584. Poco después, fundó su Congregación, llamada «Ministros de los Enfermos», y recibió la aprobación del papa Sixto V en 1586.

La orden se comprometió no solo con el cuidado de los enfermos en los hospitales, sino también con la asistencia a los moribundos, tanto en hospitales como en hogares particulares. Los miembros de la orden llevaban una cruz encarnada en su sotana, cumpliendo así la visión que la madre de San Camilo había tenido sobre él. En diciembre de 1586, estableció la casa matriz de la Congregación cerca de la iglesia de Santa Magdalena en Roma.

Votos solemnes

San Camilo de Lelis y su orden, los Ministros de los Enfermos, se destacaron por su heroica caridad y servicio durante epidemias y desastres en Roma. Enfrentaron la peste, la fiebre maligna y la hambruna, atendiendo a los enfermos con amor y dedicación, incluso a riesgo de sus propias vidas. Durante una terrible epidemia, veinte miembros de la orden perdieron la vida debido a su abnegación.

En reconocimiento a su labor, el papa Gregorio XIV elevó la Congregación a Orden religiosa, con San Camilo como Superior General. Bajo su liderazgo, la orden creció rápidamente, estableciendo casas en diversas ciudades de Italia. Los religiosos se comprometieron a servir a los enfermos, incluidos los afectados por enfermedades contagiosas.

San Camilo era conocido por su capacidad para hacer el bien y confiar en la Providencia divina. A pesar de enfrentar desafíos financieros y peligros durante sus viajes, siempre encontraba una manera de ayudar a los necesitados y mantener a la orden. Aunque recibió la ayuda divina en muchas ocasiones, también sufrió físicamente debido a varios achaques, que él denominaba las «cinco misericordias de Dios».

Muerte

San Camilo de Lelis, fundador de la Orden de los Ministros de los Enfermos, trabajó incansablemente en el cuidado de los enfermos durante sus últimos años de vida. A pesar de sufrir de varios achaques físicos, Camilo dedicó su tiempo al servicio de los enfermos en diferentes hospitales de Italia, especialmente en el hospital del Espíritu Santo en Roma. Pasaba las noches asistiendo a los moribundos y las mañanas atendiendo las necesidades básicas de los pacientes.

Además de su labor en los hospitales, San Camilo practicaba rigurosas disciplinas, ayunos y largas sesiones de oración. Acompañó al Superior General en visitas a diversas casas de la orden y realizó milagros, como multiplicar una cosecha para ayudar a los pobres en Bucchianico.

Al regresar a Roma, exhausto y consciente de su próxima muerte, San Camilo visitó por última vez la tumba de los Apóstoles y continuó cuidando a los enfermos en el hospital del Espíritu Santo. Falleció el 14 de julio de 1614, con los brazos en cruz, durante las oraciones de los agonizantes.

Tras su muerte, se produjeron numerosos milagros en su tumba y se difundió su fama de santidad. Fue beatificado por el papa Benedicto XIV en 1742 y canonizado cuatro años después. Su fiesta se celebra el 18 de julio. En 1886, el papa León XIII lo proclamó, junto con San Juan de Dios, como «Protector celestial de todos los enfermos y de todos los hospitales del mundo católico». En 1930, el papa Pío XI los nombró patronos de las asociaciones hospitalarias y de los enfermos, destacándolos como modelos de caridad y servicio a los enfermos.

Oración a San Camilo de Lelis

Señor Jesús, que haciéndote hombre, quisiste compartir el sufrimiento de nuestra naturaleza humana, te suplico por la intercesión de San Camilo, el santo protector de los enfermos, que amó y se entregó a los demás, que con caridad y compasión sirvió intensamente a los pobres y a los enfermos como si fueran sus hijos, que ayudes a los que están pasando dolor, a los que necesitan alivio y sanación y viven el difícil momento del sufrimiento.

Sana al que está llagado en el cuerpo y en el espíritu, sostén la fe de los que bajo la cruz vacilan por la fuerza del mal, abre horizontes de esperanza a los que están en la oscuridad.

Haznos, como San Camilo, conscientes de que en el rostro del enfermo, del que sufre y está agobiado o del que padece grandes necesidades, está tu mano acariciando a nuestro corazón.

¡San Camilo de Lellis, ruega por nosotros! San Camilo glorioso, a ti clamamos en nuestra aflicción, tú que siempre viste a Jesús en los enfermos, que con ardiente caridad y ternura los serviste y cuidaste, y que tantas veces dijiste: «los enfermos son la pupila y el corazón de Dios», lleva nuestras suplicas al Señor y ruégale por la salud de… pide que le conceda alivio y remedio en sus padecimientos, que sane su cuerpo y le llene de optimismo y vitalidad, que fortalezca su alma y le de valor y energía, y le colme de esperanza en medio de tanto dolor y angustia, porque solo Él puede guardarnos de todo mal y darnos salud en la enfermedad.

Así sea.

Rezar el Credo, Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Cordero de Dios

San Camilo de Lelis | Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.