San vicente de paul

19 de Julio: San Vicente de Paul

Publicado el 19 de julio de 2021

Actualizado el 19 de abril de 2025

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San Vicente Paúl fue un sacerdote católico francés que se dedicó a servir a los pobres. Después de trabajar durante algún tiempo en París entre esclavos de galera encarcelados, volvió a ser el superior de lo que ahora se conoce como la Congregación de la Misión, o los «Vicentinos» (en Francia conocidos como «Lazaristes»). Estos sacerdotes, con votos de pobreza, castidad y obediencia, debían dedicarse por completo a la gente de las ciudades y pueblos más pequeños. Era conocido por su compasión, humildad y generosidad.


Día celebración: 19 de Julio.
Lugar de origen: Pouy. Francia.
Fecha de nacimiento: 12 de abril de 1581.
Fecha de su muerte: 27 de septiembre de 1660.
Santo Patrono de: Hospitales, leprosos, prisioneros, Paúles, enfermos.


Contenido

– Introducción
– Esclavo en Túnez
– Las «Conferencias»
– En casa de los Gondi
– Obras de caridad en París
– Alimenta a Provincias enteras
– Las Hijas de la Caridad
– Muerte
– Oración a San Vicente de Paul


Introducción

Vicente de Paúl, nacido en Pouy, Francia, el 12 de abril de 1581, es conocido por su profunda bondad y caridad, que lo convirtieron en uno de los santos más destacados de la Iglesia católica. Durante su infancia, cuidó rebaños como el inocente Abel y el esforzado David, y desde joven demostró su generosidad con los pobres.

Cuando era niño, Vicente solía dar harina a los necesitados y en una ocasión, a los doce años, entregó todas sus monedas a un mendigo. Estos actos tempranos mostraron las señales de la gran caridad que caracterizaría su vida. Impresionado por la bondad y las virtudes de su hijo, el padre de Vicente sacrificó parte de su patrimonio para financiar sus estudios sacerdotales. Vicente estudió inicialmente en Dax y posteriormente en la Universidad de Tolosa, donde se graduó en Teología.

Esclavo en Túnez

San Vicente de Paúl fue ordenado de sacerdote el 13 de septiembre del año 1600. Tenía a la sazón sólo 19 años, pues los decretos del Concilio de Trento no regían aún en Francia. En 1605 hizo un viaje por mar, debía desembarcar en Marsella, pero cayó prisionero de los piratas y fue llevado a Túnez. Él mismo nos cuenta el percance.

«Habíase celebrado en Beaucaire una feria que era conceptuada entre las mejores de la cristiandad. Con el fin de asaltar las embarcaciones que de aquel punto venían, se habían juntado hasta tres bergantines turcos.

Apenas nos divisaron, vinieron sobre nosotros con tal acometividad y furia que mataron a dos o tres y dejaron heridos a los demás. Yo recibí un flechazo que me servirá de reloj para toda la vida. Hubimos de rendirnos incondicionalmente. Después de lo cual desahogaron su furia descuartizando al piloto y cargándonos de cadenas a los restantes. Curaron muy ligeramente a los heridos y emprendieron rumbo a Berbería. Llegados allí, nos pusieron en venta.»

Vicente de Paúl experimentó varios cambios de dueño durante su juventud, siendo vendido a un pescador, luego a un médico y finalmente a un renegado que lo empleó en labores agrícolas. La esposa turca de este último fue un instrumento clave en su conversión al cristianismo. A instancias de esta mujer, Vicente elogió la belleza de la religión cristiana ante su patrón, lo que llevó a la conversión del renegado. Juntos, escaparon de la tierra infiel y desembarcaron en Aigues-Mortes, donde el renegado hizo su abjuración ante las autoridades religiosas.

En 1608, Vicente llegó a París, una ciudad llena de desafíos pero también de oportunidades para ayudar a los necesitados. Se convirtió en capellán de la reina Margarita de Francia y visitaba los hospitales en su nombre. Desde entonces, su vida se caracterizó por un continuo acto de caridad hacia los más vulnerables. Ejerció como cura en diversas parroquias provincianas, incluyendo Clichy y Chatillón, demostrando un extraordinario celo y transformando estas comunidades con su labor.

En Clichy, reconstruyó la iglesia, estableció cofradías y fundó una escuela eclesiástica, ganándose el corazón de todos los habitantes. En Chatillón, donde se desempeñó como cura desde 1617, realizó maravillas similares en un corto período de tiempo. Atraídos por su vida ejemplar, muchos sacerdotes se unieron a él, convirtió a numerosos herejes y estableció las primeras asociaciones de caridad en la región.

Las «Conferencias»

Poco después de su llegada a la parroquia, Vicente de Paúl postuló en un sermón a favor de una familia enferma y abandonada en una granja cercana. Al concluir el sermón, la comunidad respondió generosamente llevando socorros a la familia. Sin embargo, Vicente notó que la ayuda era desorganizada y podía conducir al desperdicio de alimentos y recursos.

Con su característico espíritu ordenado, Vicente trazó un reglamento para organizar la caridad en Chatillón. Este acto marcó el inicio de las cofradías y asociaciones de caridad en la región. Extendió este modelo a otras localidades como Folieville, Courboin, Joigny, Macón y Montreuil, dando origen a las Conferencias de San Vicente de Paúl.

Se conserva un manuscrito escrito por Vicente donde detalla una organización cristiana para una fábrica, incluyendo pautas para ayudar a los pobres y proporcionarles medios de vida. Este documento también aborda los deberes del maestro y el aprendiz, y propone un método para vivir el día de manera cristiana, sentando las bases para una relación mutual entre patronos y obreros desde una perspectiva cristiana.

En casa de los Gondi

Por consejo de su confesor, Vicente de Paúl se unió a la noble familia de los Gondi, una influyente familia que servía al Estado y a la Iglesia de París. Pronto se convirtió en una figura central en la casa de los Gondi, con la condesa dependiendo de él para la dirección espiritual y la práctica de buenas obras.

El conde de Gondi era el administrador general de las galeras de Francia. Vicente utilizó esta conexión para visitar a los presos, evangelizarlos y mejorar las condiciones de los condenados en prisiones y galeras. Gracias a sus esfuerzos, el rey Luis XIII lo nombró capellán general de las galeras de Francia, un título que Vicente valoraba profundamente y que le permitió expandir su obra caritativa en beneficio de los pobres.

Obras de caridad en París

Vicente de Paúl tenía un profundo compromiso con la evangelización de los pobres, inspirado por las palabras de Nuestro Señor: «Los pobres son evangelizados«. En 1617, mientras se encontraba en el castillo de Folleville con el conde de Gondi, Vicente fue llamado a confesar a un labriego en peligro de muerte. A través de una confesión general, el labriego encontró la paz, lo que conmovió profundamente a la condesa de Gondi y llevó a Vicente a desear evangelizar a los pueblos de la región. Con el apoyo de otros sacerdotes, fundó la Congregación de la Misión, una de sus obras apostólicas más importantes.

Durante toda su vida, Vicente trabajó incansablemente en la evangelización de los campesinos. Estableció reformas eclesiásticas, como ejercicios espirituales para los ordenados, seminarios y reuniones periódicas, para regenerar el clero. Su reputación creció y llegó a ser tan influyente que incluso el rey Luis XIII lo llamó en su lecho de muerte para prepararlo espiritualmente.

La Congregación de la Misión se estableció en una casa cerca de la iglesia de San Lázaro, y con la presencia de Vicente, se convirtió en un centro de caridad material y espiritual en París. Vicente también organizó la obra de los Niños Expósitos, rescatando a recién nacidos abandonados y cuidándolos hasta que pudieran valerse por sí mismos. Además, fundó el hospital del Nombre de Jesús y el Hospital general de París para atender a los mendigos de la capital.

En San Lázaro, Vicente multiplicaba las limosnas y ofrecía asistencia espiritual. El lugar se convirtió en un punto de encuentro para seglares, sacerdotes y soldados que buscaban hacer ejercicios espirituales. Vicente también lideró la lucha contra el Jansenismo, una corriente teológica controvertida de la época. Personalidades como Bossuet elogiaron sus enseñanzas, comparándolas con palabras divinas.

Vicente de Paúl dejó un legado impresionante de caridad y evangelización, estableciendo obras que aún hoy continúan beneficiando a los más necesitados.

Alimenta a Provincias enteras

Durante el período final de la guerra de los Treinta Años en 1639, Vicente de Paúl se movilizó para ayudar a la devastada Lorena, donde la guerra había arrasado las cosechas y provocado hambrunas extremas. Francia, también agotada por la guerra, enfrentaba una crisis de mendicidad generalizada. Vicente organizó la caridad, envió sacerdotes y miembros de su Congregación para distribuir alimentos y proporcionar consuelo espiritual.

Además de la hambruna, la peste también azotó la región. Vicente se dedicó a enterrar a los muertos, distribuir pan y semillas, y ayudar tanto a nobles como a campesinos. Reconstruyó iglesias, proporcionó ornamentos para los sacerdotes y acogió a religiosas desplazadas por la guerra y la miseria.

En Lorena, Champaña, Picardía y otras provincias, Vicente se convirtió en una figura reverenciada, vista como una encarnación de la Providencia. Durante las turbulencias de la Fronda en París, tuvo que repetir sus esfuerzos caritativos. A lo largo de su vida, distribuyó limosnas por un valor total estimado de más de veinticuatro millones de pesetas, lo que le valió el título de «salvador de la patria» en varias ciudades agradecidas.

Vicente demostró un amor y una dedicación sin límites, enviando misioneros a lugares tan lejanos como las Hébridas, Polonia y Berbería para cuidar a los cristianos cautivos en Argelia y Túnez. Anticipando la conquista de Argelia, persuadió a Richelieu y luego a Luis XIV para que llevaran a cabo la empresa, y aceptó títulos para sus misioneros como cónsules y prefectos apostólicos para poder ayudar a los esclavos.

En estas cárceles, los misioneros de Vicente evangelizaron en secreto y luego celebraron misas y otras ceremonias litúrgicas. A pesar de los peligros, como las cadenas y la peste, los misioneros que caían eran rápidamente reemplazados. Además, Vicente envió trabajadores evangélicos a Madagascar y, al final de su vida, planeaba una expedición de misioneros a China, Babilonia y Marruecos, lamentando no poder unirse a ellos personalmente.

Las Hijas de la Caridad

La obra cumbre de San Vicente de Paúl fue, tal vez, la fundación de las Hijas de la Caridad. De acuerdo con una señora de rara inteligencia y de fe eminente, llamada Luisa de Marillac —que la Iglesia había de ca­nonizar en 1934—, planeó y estableció esta obra con una audacia que sólo el genio de la caridad podía inspirarle. Hasta entonces, las mujeres consagradas a Dios vivían en los claustros. Vicente osó lanzar a sus hijas en medio del mundo, contando con su abnegación para asegurar la salvaguardia de la angélica caridad:

«Las Hermanas de la Caridad —escribía— tendrán por monasterios las casas de los pobres, y vivirán en la calle y en los hospitales; su clausura será la obediencia, y su velo la santa modestia».

Siempre prontas a entregarse a su heroico apostolado, las Hijas de San Vicente se desvivían junto a las cunas de los niños expósitos o sobre el lecho de los moribundos.

Fueron enviadas por su mismo bienaventurado Padre al campo de batalla, en el sitio de Calais, y aun se las vio entre los apestados. Su grandeza de alma provocó un grito de admiración que no ha cesado de resonar en la conciencia católica. Estas humildes religiosas proclamaban así su fidelidad al servicio de los pobres, a quienes Vicente les había enseñado a mirar como a señores y amos. Una de ellas moría asistida por el santo Fundador.

— ¿No tienes nada que te inquiete? —preguntó éste.

— Sólo una cosa, padre mío —replicó la moribunda— ; he experimentado demasiado placer en el cuidado de los pobres. ¡Me sentía tan feliz a su servicio!

— Muere en paz, hija mía —dijo el hombre de Dios, emocionado y consolado por tanta sencillez y caridad.

Las Hijas de San Vicente de Paúl están hoy esparcidas por todo el mundo, en naciones católicas y entre pueblos infieles.

Muerte

El secreto de las numerosas maravillas realizadas por San Vicente de Paúl radicaba en su profundo amor práctico hacia Dios. «Amemos a Dios con el sudor de nuestras frentes«, solía decir a los miembros de su comunidad. Hasta su fallecimiento a los ochenta y cuatro años, se levantaba diariamente a las cuatro de la mañana, iniciando su día con oración y meditación en la capilla de la casa de San Lázaro, seguidas de la celebración de la misa con gran devoción.

En ocasiones, durante la misa, experimentaba extasis y visiones divinas, como el día que vio el alma de Santa Juana de Chantal ascendiendo al cielo, siendo recibida por San Francisco de Sales antes de sumergirse en la divinidad. Tras concluir la misa, trabajaba incansablemente durante el día, interactuando con reyes, príncipes y mendigos con una humildad extraordinaria. Siempre sostenía que un sacerdote debería tener más trabajo del que puede realizar.

San Vicente combinaba su trabajo con una penitencia constante y una profunda reflexión sobre su labor. A menudo, al entrar al refectorio, se le escuchaba preguntar: «¿Has ganado el pan que vas a comer?». Su jornada se extendía hasta altas horas de la noche, momento en el que se preparaba para la muerte y se ponía en la presencia de Dios.

Falleció el 27 de septiembre de 1660. Fue beatificado por Benedicto XIII el 13 de agosto de 1729 y canonizado por Clemente XII el 16 de junio de 1737. Sus reliquias se encuentran en la iglesia de los Lazaristas en París. En 1885, León XIII lo proclamó Patrono de las Instituciones de Caridad.

Oración a San Vicente de Paul

¡Oh glorioso San Vicente, celeste Patrón de todas las asociaciones de caridad y padre de todos los desgraciados, que durante vuestra vida jamás abandonasteis a ninguno de cuantos acudieron a Vos!

Mirad la multitud de males que pesan sobre nosotros, y venid en nuestra ayuda; alcanzad del Señor socorro a los pobres, alivio a los enfermos, consuelo a los afligidos, protección a los desamparados, caridad a los ricos, conversión a los pecadores, celo a los sacerdotes, paz a la Iglesia, tranquilidad a las naciones, y a todos la salvación.

Sí, experimenten todos los efectos de vuestra tierna compasión, y así, por vos socorridos en las miserias de esta vida, nos reunamos con vos en el cielo, donde no habrá ni tristeza, ni lágrimas, ni dolor, sino gozo, dicha, tranquilidad y beatitud eterna.

Amén.

Cordero de Dios

San Vicente de Paul | Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

Colofón
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