20 de Enero: San Sebastián, Mártir


san sebastián

San Sebastián, santo y mártir cristiano primitivo. Según la creencia tradicional, fue asesinado durante la persecución de los cristianos por el emperador romano Diocleciano. Inicialmente lo ataron a un poste o árbol y le dispararon flechas, aunque esto no lo mató. Fue, según la tradición, rescatado y curado por santa Irene de Roma, que se convirtió en un tema popular en la pintura del siglo XVII. En todas las versiones de la historia, poco después de su recuperación fue a Diocleciano para advertirle sobre sus pecados, y como resultado fue asesinado a golpes. Es venerado en la Iglesia Católica Romana y la Iglesia Ortodoxa.


Día celebración: 20 de Enero.
Lugar de origen: Narbona, Francia.
Fecha de nacimiento: 256.
Fecha de su muerte: 288.
Patronazgo: Soldados, plagas, flechas, atletas.


Contenido

– Breve Biografía
– Oración a San Sebastián


Breve Biografía

Según sus actas, atribuidas a San Ambrosio, San Sebastián nació en Narbona de la Galia, aunque sus padres eran originarios de Milán, y fue educado en aquella ciudad. Era un fervoroso servidor de Jesucristo. Aunque la vida militar no correspondía a sus inclinaciones, hacia el año 283 fue a Roma e ingresó en el ejercito, al servicio del emperador Carino, con el propósito de ayudar a los confesores y mártires cristianos, sin despertar sospechas.

Los martires Marcos y Marceliano, condenados a muerte, estaban a punto de flaquear en la fe ante las lagrimas de sus amigos, cuando San Sebastián intervino y les exhortó apasionadamente a la constancia; sus palabras ardientes impresionaron profundamente a los mártires. Zoe, la esposa de Nicóstrato, que había perdido desde hacia seis años el uso de la palabra, se postró a los pies de Sebastián. Cuando el santo trazó sobre ella la señal de la cruz, Zoe recobró la palabra. Este milagro convirtió a Zoe y a su esposo, que era el jefe de los escribanos (“primiscrinius”), a los padres de Marcos y Marceliano, al carcelero Claudio y a otros dieciséis prisioneros.

Nicóstrato, que estaba al cargo de los prisioneros, les llevó a su propia casa, donde un sacerdote llamado Policarpo les instruyó y les bautizó. Al enterarse de lo sucedido y al saber que Tranquilino, el padre de Marcos y Marceliano, había sido curado de la gota al recibir el bautismo, Cromacio, gobernador de Roma,se sintió movido a seguir su ejemplo, pues él también sufría de ese mal. Hizo, pues, venir a San Sebastián, quien le curó de su enfermedad.

Cromacio recibió el bautismo junto con su hijo Tiburcio, libertó a los prisioneros convertidos, dio la libertad a sus propios esclavos, y dimitió de su cargo. Poco después, Carino murió en Iliríco, derrotado por Diocleciano, quien . el año siguiente nombró a Maximiano su colega en el Imperio.

Aunque no había habido nuevos edictos persecutorios, los magistrados continuaban la persecución en la misma forma que bajo el gobierno de Carino. Diocleciano, que admiraba el valor y el carácter de San Sebastián, quería guardarle cerca de si.

Como ignoraba la fe religiosa que profesaba el santo,le elevó a la alta dignidad de capitán de una compañía de guardias pretorianos. Cuando Diocleciano partió al oriente, Maximiano prodigó a San Sebastian las mismas muestras de distinción y respeto. Cromacio se retiró a Campania, junto con otros muchos convertidos, Esto hizo surgir una admirable discusión entre San Sebastian y el sacerdote Policarpo, para determinar quien de ellos iría en la comitiva de Cromacio a fin de continuar la instrucción de los neófitos, y quien se quedaría en el puesto peligroso de la ciudad para alentar y ayudar a los mártires.

El Papa Cayo, a quien apelaron para que decidiese, determinó que Sebastián se quedara en la ciudad. Como la persecución arreciara, el Papa y otros cristianos se refugiaron el año 286, en el mismo palacio imperial, que era el sitio mas seguro, en los apartamentos de un oficial de la corte Namado Castulo. Zoe fue la primera que cayó prisionera, mientras se hallaba orando en la tumba de San Pedro, el día de la fiesta del Apóstol. Colgada por los tobillos sobre una hoguera, murió sofocada.

Tranquilino, avergonzado de demostrar menos valor que una mujer, se dirigió a orar en la tumba de San Pablo, y ahí murió apedreado. Nicóstrato, Claudio, Castorio y Victorino, después de ser torturados tres veces, fueron arrojados al mar. Tiburcio, delatado por un traidor, fue decapitado. Castulo, acusado por el mismo traidor, fue dos veces torturado en el potro y después quemado vivo. Marcos y Marceliano murieron atravesados por las flechas, tras de haber permanecido veinticuatro horas con los pies clavados a una estaca.

San Sebastian, que había ayudado a tantos mártires en su transito al cielo, fue finalmente conducido ante Diocleciano, quien le reprochó amargamente su ingratitud, y le entrego a un cuerpo de arqueros de la Mauritania para que le mataran. Sus verdugos abandonaron su cuerpo atravesado por las flechas, creyóndolo muerto. Cuando Irene, la viuda de San Cóstulo, fue a recoger el cadáver, encontró al santo todavía vivo y le llevó a su casa. Ahí se restableció de las heridas y quedó sano, pero se negó a huir, a pesar de los ruegos de sus amigos.

Un día, el santo se apostó en una escalera por la que el emperador iba a pasar, y le echó en cara las abominables crueldades cometidas contra los cristianos. Tal libertad de lenguaje por parte de un hombre a quien todos creían muerto, dejó mudo de asombro, por un momento, al emperador; pero, una vez repuesto de su sorpresa, dio la orden de que acabaran con la vida de Sebastian a mazazos y arrojaran su cuerpo en la fosa común. Una mujer llamada Lucia, a quien el santo se apareció en sueños, transportó su cuerpo al sitio Ilamado “ad catacumbas”, donde se levanta hoy la basílica de San Sebastian.

Aunque el arte medieval y renacentista representa a San Sebastián atravesado por las flechas o Ilevando una flecha en la mano,este atributo es de aparición relativamente tardía. Un mosaico de San Pietro in Vincoli, que data mas o menos del año 680, le representa como un hombre barbado, que lleva en la mano la corona del martirio. Un antiguo ventanal de la catedral de lstrasburgo, le pinta como un caballero, con espada y escudo, pero sin flechas.

Se invoca a San Sebastian como patrón contra las plagas, y ciertos escritores de nota, como Male y Pedrizet, opinan que esta tradición esta relacionada con un famoso incidente del primer libro de la “Ilíada” y que tiene su origen en la valiente actitud de San Sebastian frente a la Iluvia de flechas disparadas contra él; pero el P. Delehaye afirma, probablemente con razón, que la tradición debió mas bien originarse en la coincidencia entre el fin de una plaga y la invocación de San Sebastian.

Oración a San Sebastián

Glorioso san Sebastián
que alcanzaste de Dios tanta fe y caridad,
que llegaste a sacrificar tu vida
por obedecer a Dios
y socorrer fielmente
a tus hermanos cristianos.

Ahora que vives junto
a Dios escucha las plegarias y súplicas
de los que te invocan con gratitud, fe y devoción,
y acuden a ti desde los campos,
pueblos y ciudades. Mártir de Cristo,
alcánzanos de Dios que,
confesando nuestra fe,
acojamos el Reino anunciado por Jesucristo
con verdadero espíritu de penitencia y vivamos como hijos de Dios.

Que nuestros hogares sean verdaderos templos de amor
en donde florezca la santidad, reinen el bienestar, la alegría y la paz.

Que en nuestro trabajo reinen la justicia y la concordia.

Líbranos de todo egoísmo y maldad para que, fraternalmente unidos,
vivamos en esta hermosa tierra que Dios nos ha dado
de acuerdo con los valores del Reino:
especialmente la verdad, la justicia y el amor.

San Sebastián mártir glorioso, lleva nuestros ruegos ante Dios
y concédenos tu especial intercesión
para que podamos obtener lo que aquí pedimos:

(Hacer tu Petición)

San Sebastián, atiende nuestras plegarias,
ayúdanos a conseguir lo que solicitamos y danos fuerza y confianza,
para que siguiendo tu ejemplo de fe, esperanza y caridad
podamos alcanzar la vida eterna
que Jesús promete a los que perseveran hasta el fin
y para que bajo la protección de María,
nuestra Madre, lleguemos a Él,
fuente de eterna felicidad.

Amén.

San Sebastián | Fuentes
La vida de los Santos por Butler.