Girolamo miani geronimo emiliano

20 de Julio: San Jerónimo Emiliano

Publicado el 20 de julio de 2021

Actualizado el 19 de abril de 2025

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Día celebración: 20 de Julio.
Lugar de origen: Venecia, Italia.
Fecha de nacimiento:  1481.
Fecha de su muerte: 8 de febrero de 1537.
Santo Patrono de: Huerfanos y niños abandonados.


Contenido

– Introducción
– Vida temprana
– Conversión
– Progresos en la virtud
– Padre de pobres y huérfanos
– Fundación de establecimientos benéficos
– Muerte
– Oración a San Jerónimo Emiliano


Introducción

San Jerónimo Emiliano, nacido en Venecia de la familia Emiliani, destacó por su alegre ardor, inteligencia y prudencia. Proveniente de una familia que valoraba las ciencias y las letras, su educación estuvo principalmente a cargo de su madre, doña Eleonora Morosini, una mujer piadosa que le inculcó valores cristianos y devoción desde temprana edad. Este amor materno fue fundamental en la formación de su gran santidad.

Vida temprana

Carlos VIII de Francia amenazó a Venecia en Italia, llevándolos a formar una coalición con líderes como el papa Alejandro VI, el emperador Maximiliano I, Fernando el Católico de España, el rey de Nápoles, el duque de Milán y el Marqués de Mantua. A pesar de las dificultades para armonizar intereses, se formó una alianza el 31 de marzo de 1495 para defender Italia y los valores cristianos.

Jerónimo Emiliano, con 15 años y tras la muerte de su padre, se unió al ejército veneciano, a pesar de las preocupaciones de su madre. Aunque mostró valentía en combate, sucumbió a los vicios y malas compañías, especialmente la ira, poniendo en riesgo su virtud. Este estado continuó hasta los 30 años, cuando una transformación espiritual cambió su vida, convirtiéndolo de un hombre de ignominia a un vaso de elección divina.

Conversión

El Senado de Venecia otorgaba cargos públicos a los más virtuosos en lugar de a los más ricos. Jerónimo Emiliano, deseoso de honores, se dio cuenta de que debía cambiar su vida. En 1508, Venecia se enfrentó a la Liga de Cambray, compuesta por el papa Julio II, Luis XII de Francia, Maximiliano de Alemania y Fernando el Católico de España. Se le encomendó a Jerónimo la defensa de Castelnuovo, que estaba seriamente amenazada. Asumió el mando en circunstancias críticas, ya que el gobernador anterior había huido. A pesar de una valiente resistencia, la ciudadela fue tomada y Jerónimo capturado y encarcelado en una torre, donde reflexionó sobre las enseñanzas de su madre y su vida pasada.

Tocado por la gracia, Jerónimo reflexionó sobre los errores de su vida, se humilló ante Dios y pidió perdón por sus pecados. Recurrió a la Virgen María, a quien había sido consagrado por su madre en la infancia, y prometió visitar su santuario en Treviso si era liberado. Milagrosamente, una luz iluminó su celda y la Virgen María apareció, liberándolo de sus cadenas y guiándolo a Treviso. Cumplió su promesa, agradeció a la Virgen en el templo y dejó las cadenas en el altar como testimonio. Luego, documentó el milagro y encargó pinturas para conmemorar su liberación milagrosa.

Progresos en la virtud

El Senado reconoció la valentía de Jerónimo nombrándolo «podestá» de Castelnuovo. Sin embargo, dejó este cargo para cuidar de los hijos de su difunto hermano en Venecia y administrar su herencia. Paralelamente, se esforzó en corregir sus defectos personales, dedicándose a la oración y reflexión espiritual. Buscó la guía de un director espiritual y se confesó profundamente, centrando su vida en vivir por Jesús. Renunció a cargos públicos y combatió su ambición y vanidad con humildad, aceptando humillaciones y realizando obras humildes.

Jerónimo también mostró generosidad al ayudar a jóvenes en riesgo moral y asegurarles un futuro digno. Trabajó para superar sus pasiones, especialmente la ira, convirtiéndose en una persona humilde y pacífica.

Padre de pobres y huérfanos

En 1528, una gran hambruna afectó a Italia, incluida Venecia. A pesar de las medidas preventivas del Senado, la ciudad pronto enfrentó escasez y pobreza masiva. Jerónimo Emiliano, conmovido por la situación, vendió todos sus bienes para ayudar a los necesitados y solicitó la ayuda de otros ciudadanos ricos. Atendió a los enfermos y moribundos, e incluso enterró a los muertos por la noche, lo que le llevó a enfermarse gravemente. A pesar de su enfermedad, pidió a Dios fuerzas para seguir sirviendo a los demás.

Su labor atrajo a otras personas generosas, como San Cayetano y Juan Pedro Caraffa (futuro Papa Paulo IV), quienes le apoyaron. Jerónimo se preocupó especialmente por los huérfanos, estableciendo una casa cerca de la iglesia de San Roque para albergarlos. Allí les proporcionó educación, formación en oficios y cuidados básicos. Además, se centró en su bienestar espiritual, acompañándolos en la misa, enseñándoles a rezar y fomentando la confesión mensual. Estos niños, dedicados a la Virgen María, recorrían las calles de Venecia en días festivos, cantando y difundiendo la devoción mariana entre la población.

Fundación de establecimientos benéficos

Tras considerar consolidada su obra en Venecia, Jerónimo Emiliano extendió su ayuda a otras ciudades venecianas afectadas por la hambruna y la peste. A raíz de su valiosa contribución, el Senado le ofreció la dirección de un hospicio para enfermos incurables, misión que Jerónimo aceptó confiando en la Divina Providencia.

En sus esfuerzos caritativos, involucraba a los niños pequeños en la oración para obtener ayuda. Extendió su labor a Padua, Verona y Brescia, donde estableció casas para albergar a huérfanos y buscaba sustento para ellos. Inspirado por la Providencia, Jerónimo decidió fundar una congregación religiosa dedicada al cuidado de los pobres y huérfanos. Esta obra comenzó en Somasca, entre Bérgamo y Milán, de donde proviene el nombre «Somascos» para los clérigos de su congregación.

Jerónimo redactó la regla de la congregación basándose en la de San Agustín, sin buscar lujos o aparatos. Enviaba a sus religiosos a evangelizar, consolar, ayudar a los pobres y huérfanos, y enseñar a los niños, buscando vocaciones para su congregación. En seis años, estableció doce casas y reunió a trescientos religiosos.

Muerte

En sus últimos años, Jerónimo Emiliano se centró en fortalecer su obra en Como, Milán y Pavía, visitando personalmente todas las residencias a pie y llevando una vida de austeridad con una dieta de pan y agua. Anticipando su fin, regresó a Somasca para reflexionar sobre su vida y prepararse espiritualmente. A pesar de la invitación del cardenal Caraffa para ir a Roma, Jerónimo optó por escuchar el llamado de Dios al cielo.

Con gran fervor, se preparó para la muerte y reunió a sus discípulos para animarlos a continuar con la obra iniciada. Recibió los sacramentos con profunda devoción y falleció el 8 de febrero de 1537, a medianoche, en plena lucidez y con la mirada dirigida al cielo. Fue canonizado en 1767 por Clemente XIII, quien estableció su fiesta el 20 de julio. En 1928, Pío XI lo proclamó patrono universal de los niños huérfanos y abandonados.

 

Oración a San Jerónimo Emiliano

Bendito san Jerónimo Emiliano que pasaste por la tierra haciendo el bien; caritativo padre de los más necesitados, noble y entregado servidor de los pobres, que con dedicación consagraste tu vida a los demás, y pusiste todas tus fuerzas y energías en consolar y ayudar a los que sufrían carencias; que con amor socorriste a los humildes, a los niños desamparados, a las viudas y a los enfermos, para tratar de conseguir tu propia santificación y la salvación de las almas y cuerpos de los afligidos, y por ello Dios premió tu oración, tu sacrificio, tu compasión, tu desprendimiento y generosidad permitiéndote obrar frecuentes prodigios y milagros.

¡Oh prodigiosísimo San Jerónimo!, conociendo cuan agradable eres ante Dios, y por los múltiples favores y milagros que por medio tuyo se ha dignado otorgar a tus devotos, acudo a ti para solicitar tu ayuda, no desprecies mis humildes súplicas y llévalas ante el trono del Altísimo, pues, aunque me encuentro triste y afligido y las dificultades me agobian confío plenamente en el Amor, la Bondad y Misericordia de nuestro Padre celestial.

¡Oh santo de los pobres y afligidos! glorioso san Jerónimo, ahora que gozas de la dicha eterna dame tu auxilio, amparo y protección, alivia mis angustias y necesidades sobre todo mis estrecheces económicas que ahora tanto me preocupan y abaten:

(hacer la petición),

te pido que por tu santa y poderosa intercesión, y con la gracia de Dios Misericordioso, sea escuchada mi oración y mi petición sea despachada favorablemente.

¡Oh, san Jerónimo, santo de los milagros!, alivia la congoja de mi corazón, y haz que yo viva aquí como verdadero amante de nuestro Señor, para poder gozar de Él, junto a ti, en el Cielo.

Cordero de Dios

San Jerónimo Emiliano | Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

Colofón
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