San Wulfrano de Sens (también conocido como Vulfrano o Wulfram) fue hijo de un caballero de la corte de Dagoberto I, rey de los francos. Fue apóstol del pueblo idolatra de los frisones.
Día celebración: 20 de marzo.
Lugar de origen: Milly-la-Forêt (Francia).
Fecha de nacimiento: Año 650.
Fecha de su muerte: Año 720.
Santo Patrono de: Abbeville, Francia.
Contenido
– Introducción
– De la corte a la sede episcopal
– Renuncia al obispado para hacerse apóstol de los Frisones
– Primeras predicaciones y milagros
– Furia del duque Radbodo y conversión de los Frisones
– Vuelta a Francia y muerte
Introducción
San Wulfrano nació alrededor del año 650 en el castillo de Milly. Hijo de Fulberto, un valiente caballero de la corte de Dagoberto I, y una matrona noble y piadosa. Desde joven, demostró señales de inteligencia y piedad, y sus padres lo confiaron a maestros sabios y virtuosos para su educación.
A pesar de las distracciones de la vida en la corte, Fulberto no descuidó el cuidado espiritual de su hijo. Aunque San Wulfrano podría haber alcanzado éxitos y favor en la corte, sentía una llamada divina al servicio del Rey celestial. Cultivó esta vocación en su corazón, esperando el momento en que Dios lo llamaría fuera del mundo.
A pesar de las tentaciones y las oportunidades terrenales, San Wulfrano permaneció fiel a su vocación religiosa y se preparó para el servicio apostólico. Su vida y carrera estuvieron destinadas a la santidad, y posteriormente ejerció su ministerio apostólico en distintos países. Su legado perdura como ejemplo de renuncia a las tentaciones mundanas en búsqueda de una vida consagrada a Dios.
De la corte a la sede episcopal
San Wulfrano pasó un tiempo en la corte, según relatos que difieren en algunos aspectos. Algunos lo describen como parte del cortejo de jóvenes señores que servían como guardia de honor y se formaban en las costumbres guerreras. Después de completar sus estudios, ingresó a la corte, pero su inclinación al sacerdocio lo llevó a recibir las Órdenes sagradas y a ejercer funciones en el palacio real.
Su notable piedad y ejemplo virtuoso llamaron la atención de obispos, fieles y los reyes de Neustria, así como de la reina madre Santa Batilde. Tras la muerte del arzobispo Lamberto de Sens en el año 690, el pueblo lo eligió unánimemente como su sucesor. Aunque la entrada de San Wulfrano en su ciudad episcopal fue recibida con entusiasmo por el pueblo, él, humilde, se sintió abrumado por las responsabilidades y suplicó la ayuda divina para superar su debilidad.
Renuncia al obispado para hacerse apóstol de los Frisones
Siete años después de convertirse en obispo, San Wulfrano sintió la inspiración divina de llevar el evangelio a otras regiones. Se dirigió a la región noroeste de Alemania, donde los frisones vivían sumidos en la idolatría y el pillaje. Aunque Carlos Martel había intentado vencerlos militarmente, la Iglesia decidió abordar la tarea a través del apostolado cristiano, liderado por el arzobispo de Sens.
Antes de partir, Wulfrano organizó los asuntos diocesanos y nombró a San Gerico como administrador. Consultó con San Ansberto en Ruán y pasó tiempo en oración en la abadía de Fontenelle. Pidió a San Hiberto doce monjes como auxiliares y se embarcaron en el Sena hacia Frisia. Durante el viaje, Wulfrano celebraba la Misa diariamente. En una ocasión, la patena cayó al mar, pero un milagro ocurrió cuando, después de la oración de Wulfrano, la patena volvió a la superficie por sí misma. Este milagro fortaleció la admiración y confianza de sus compañeros.
Primeras predicaciones y milagros
Cuando los misioneros llegaron a Frisia, fueron recibidos por el duque Radbodo, líder pagano de la región. Aunque Radbodo no se convirtió, permitió a Wulfrano predicar y bautizar en su reino. A pesar de los milagros de Wulfrano, muchos frisones resistieron a la gracia de Dios y persistieron en sus supersticiones, incluyendo sacrificios humanos. Se encontraron en la situación de sacrificar a un joven llamado Ovón, y a pesar de los ruegos de Wulfrano para salvar al inocente, Radbodo y su séquito insistieron en cumplir con la ley del país, revelando la resistencia persistente a la nueva fe.
«Si tu Cristo es lo bastante poderoso para arrancar de nuestras manos al que tú pretendes salvar, que lo haga, y el joven será tuyo».
En medio de la hostilidad y crueldad de los frisones paganos, San Wulfrano, sin armas, enfrentó la ejecución de Ovón, un joven condenado ahorcamiento. A pesar de las oraciones del santo, Ovón fue estrangulado, pero después de dos horas, la cuerda se rompió y el joven, milagrosamente sano, cayó al suelo. Este milagro resultó en numerosas conversiones, incluida la de Ovón, quien más tarde se convirtió en un destacado monje. A pesar de los esfuerzos de los misioneros, las prácticas bárbaras persistieron, incluyendo la condena de dos niños a ahogarse. Mientras Radbodo y otros observaban, San Wulfrano, confiando en la intervención divina, caminó sobre las aguas para salvar a los niños, logrando su conversión y la de muchos testigos del milagro.
Furia del duque Radbodo y conversión de los Frisones
Parece natural que a la vista de testimonios tan numerosos del poder divino, Radbodo se sintiera vencido y diera ejemplo de fidelidad a la gracia. Tomó, en efecto, el camino de la penitencia, pero no lo siguió hasta el fin. En el momento en que iba a recibir el bautismo, le ocurrió preguntar al pontífice si en el cielo que le prometía volvería a encontrar a sus abuelos y a los duques sus antecesores, o si estaban enaquel infierno que San Wulfrano quería hacerle evitar.
— Es cierto — contestó el obispo— que para entrar en el cielo se necesita haber sido regenerado por las aguas del bautismo.
— Pues entonces — exclamó Radbodo— prefiero ir al infierno para encontrar allí a mis ilustres antecesores, que estar en tu cielo con miserables pobretones cristianos.
Y se retiró del baptisterio, dejando para más tarde el cumplir su designio. San Wulfrano logró más halagüeños resultados en el pueblo frisón. Aquellos corazones duros y rebeldes acabaron por ablandarse. Con todo, la obra apostólica emprendida por el santo misionero, no debía tener plena eficacia hasta después de su salida del país.
Como los frisones sostenían frecuentes guerras contra los francos, habían tratado a los primeros misioneros con cierta desconfianza, mas ésta iba a desaparecer ante la predicación evangélica llevada a cabo por misioneros de otra nación. Con prudencia divina, la Santa Sede envió a Frisia para cultivar el campo, tan laboriosamente roturado por San Wulfrano y los monjes de Fontenelle, a doce misioneros ingleses a las órdenes de San Wilibrordo,a quien el Papa había consagrado previamente arzobispo de los frisones.
Quiso el duque Radbodo comprobar si la doctrina de este obispo misionero concordaba con la de San Wulfrano y con tal propósito mandó llamar ante sí al nuevo apóstol. No permitió Dios, por altos designios de su justicia, que esta nueva tentativa tuviera el resultado que Radbodo esperaba, pues murió sin bautismo antes que Wilibrordo hubiera podido acudir a su llama miento. Posiblemente quiso Dios mostrar así que rehúsa al orgullo lo que concede superabundantemente a la humildad.
¡Ay del que, endureciendo su corazón, se hace sordo al divino llamamiento! Su mala voluntad le expone a tremendos castigos, aun en esta vida. Dios es paciente y está siempre dispuesto a perdonar y a recibir con bondad y misericordia al alma pecadora que a el se llega sinceramente arrepentida y con propósito de servirle con fidelidad, pero confunde al que se opone reiteradamente a los movimientos de la gracia.
Vuelta a Francia y muerte
Después de cinco años de labor apostólica en Frisia, San Wulfrano regresó a Francia y encontró que su diócesis estaba bien gobernada por San Gerico. Decidió dejar la diócesis bajo el liderazgo de San Gerico y le confirió la consagración episcopal. A los setenta años, retirado de su labor episcopal, decidió pasar sus últimos días en el monasterio de Fontenelle, donde vivió de acuerdo con la regla monástica, destacando en obediencia, humildad y mortificación. Aunque deseaba vivir en el anonimato, recibía visitas de personas de todas las clases sociales, incluyendo príncipes y reyes, quienes buscaban sus consejos. San Wulfrano rechazaba regalos ricos, a menos que fueran para ayudar a los pobres. Continuó realizando milagros, incluso curando a un religioso paralizado. Murió el 20 de marzo, alrededor del año 720, y fue enterrado en Fontenelle, donde su cuerpo se encontró intacto cuando fue exhumado en 728, junto a los sepulcros de San Ansberto y San Wandrilo. Los milagros asociados a San Wulfrano persistieron después de su muerte.
Han opinado algunos historiadores que el cuerpo de San Wulfrano se volvió a encontrar en tiempo de Ricardo I, duque de Normandía (996), bajo las ruinas de la basílica de Fontenelle. Según tal opinión, las reliquias,guardadas en la abadía durante la Edad Media, estarían hoy en la iglesia parroquial de San Wandrilo. Pero, basándose en el testimonio del historiador de San Wulfrano, el monje Jonás, hagiógrafo de gran autoridad que vivía en Fontenelle hacia el año 729, se tiene por cierto que, a mediados del siglo XI, el cuerpo fué llevado a la iglesia de San Nicolás de Abeville, que llegó a ser colegiata con el nombre de San Wulfrano.
La convicción que tenían los canónigos de Sens de la autenticidad de las reliquias de su santo obispo, conservadas en la colegiata de Abeville, los determinó a solicitar algunas en 1641. Estas reliquias forman aún hoy parte del valioso tesoro de la catedral.
Oración a San Wulfrano
Oh glorioso San Wulfrano, tú que con celo apostólico llevaste la luz de Cristo a tierras sumidas en la oscuridad del paganismo, intercede por nosotros en nuestras luchas diarias.
Tú que no temiste al rechazo ni al peligro, enséñanos a vivir nuestra fe con valentía y entrega,
a anunciar el Evangelio con amor y claridad, y a confiar siempre en la providencia de Dios.
Ruega por los misioneros, por los pueblos que aún no conocen al Señor, y por nosotros, para que seamos luz en medio del mundo. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.