21 de Enero: Santa Inés, virgen y mártir


Santa Inés de Roma

Santa Inés de Roma,  virgen y mártir, es venerada como santa en la Iglesia Católica, la Iglesia Ortodoxa Oriental, la Comunión Anglicana y el Luteranismo. Santa Inés es una de varias vírgenes mártires conmemoradas por su nombre en el Canon de la Misa.


Día celebración: 21 de Enero.
Lugar de origen: Roma, Italia.
Fecha de nacimiento: 291.
Fecha de su muerte: 304.
Patronazgo: Parejas comprometidas; castidad y vírgenes; jardineros; la ciudad de Fresno.


Contenido

– Breve Biografía
– Oración a Santa Inés


Breve Biografía

Santa Inés ha sido siempre considerada en la Iglesia como patrona de la pureza. Es una de las mas populares santas cristianas, y su nombre esta incluido en el canon de la misa. Roma fue el escenario de su triunfo, y Prudencio nos dice que su tumba podía verse desde la ciudad. Probablemente, fue martirizada al principio de la persecución de Diocleciano, quien publicó sus crueles edictos en marzo del año 303.

San Ambrosio y San Agustín nos informan que Santa Inés solo tenia trece años cuando fue martirizada. Sus riquezas y hermosura hacían que los jóvenes de las principales familias romanas rivalizaran por su mano; pero Inés respondía a todos que había consagrado su virginidad a un esposo celestial, invisible a los ojos del cuerpo.

No pudiendo hacerla vacilar en su resolución, sus pretendientes la denunciaron como cristiana al gobernador, seguros de que las amenazas y torturas serian mas eficaces con una jovencita que no se dejaba vencer por los halagos. El juez empleó al principio palabras bondadosas y le hizo grandes promesas; pero Inés permaneció inconmovible, declarando que su único esposo era Jesucristo.

Entonces el juez recurrió a las amenazas, que no lograron mas que poner de manifiesto el valor de la joven y su decisión de aceptar los tormentos y la muerte. El juez mandé entonces encender grandes hogueras y desplegar ante los ojos de Inés los garfios de hierro y otros instrumentos de tortura, amenazándola con pasar a la ejecución; pero ella estaba tan lejos de temer la tortura que, con el rostro resplandeciente de alegría, se ofreció a tenderse en el potro. El juez ordené que la Ilevasen arrastrando ante los ídolos y que la obligasen a ofrecerles incienso; pero, según nos dice San Ambrosio, los verdugos no consiguieron mover sus manos, excepto para trazar la señal de la cruz.

Al ver esto, el gobernador la amenazó con enviarla a una casa de prostitución, donde su virginidad, que tanto apreciaba, quedaría expuesta a los insultos de la brutal y licenciosa juventud romana. Inés respondió que Jesucristo era demasiado celoso de su pureza para permitir que ésta fuera así violada, pues El era su defensor y protector.

“Puedes —le dijo— manchar tu espada con mi sangre, pero jamás podrás profanar mi cuerpo consagrado a Cristo”.

El gobernador se enfureció tanto que mandó que la llevaran inmediatamente al lupanar y que se diera a todos libertad para abusar de ella a su gusto. Muchos jóvenes licenciosos, Ilenos de malos deseos, acudieron al punto; pero la vista de la santa les produjo tal terror, que no se atrevieron a acercarsele, excepto uno, que fue cegado por una luz bajada del cielo y cayó temblando por tierra. Sus compafieros, atemorizados, le transportaron a los pies de la santa que, al verlo, comenzó a cantar himnos de alabanza a Cristo, su protector. La virgen obtuvo con sus oraciones que la vista y la salud le fuesen devueltas.

El principal acusador de la santa, que al principio sólo había pretendido satisfacer su avaricia y sus bajas pasiones, incitaba ahora furiosamente contra ella al gobernador, poseído del espíritu de venganza. Pero el gobernador no necesitaba que le azuzaran, pues estaba en el colmo de la ira al verse ridiculizado por una simple jovencita.

Así pues, la condenó a ser decapitada. Trasportada le gozo al oír la sentencia, “Inés fue al sitio de la ejecución con mas alegría que una joven va al matrimonio”, según la expresión de San Ambrosio. El verdugo tenia instrucciones de emplear todos los medios para doblegarla, pero Inés permaneció inconmovible y, tras una corta oración, tendió el cuello a la espada. Los espectadores lloraban al ver a la hermosa muchacha cargada de cadenas y ofreciendo su cuello al verdugo. Finalmente éste descargó el golpe con mano temblorosa. El cuerpo de la santa fue sepultado a corta distancia de Roma, junto a la Via Nomentana.

Hay que añadir a esta narración de Alban Butler, quien se fundó principalmente en Prudencio, que los historiadores modernos se inclinan a pensar que los detalles del relato no son fidedignos. Como lo hacen notar las “actas”

Oración a Santa Inés

Oh Dios Padre Misericordioso, concédeme la dicha de saber imitar
a santa Inés virgen y mártir,
que siendo aún casi una niña
ofreció en Roma el supremo testimonio de la fe,
consagrando con el martirio el título de la castidad,
ayúdame a seguir sus pasos, a ser:
fiel al amor de tu hijo Jesús,
que murió por nosotros en la Cruz,
fiel en lo mucho y en lo poco,
fiel en la alegría y en la tristeza,
fiel en la adversidad y en la bonanza,
fiel en el hogar y en trabajo,
fiel en el estudio y en la diversión
fiel en la bondad y en la oración.

Que nunca me separe de ti,
y, que por la intercesión de Santa Inés,
pueda obtener remediar
esta apremiante dificultad que tanto me aflige:

(hacer la petición).

Señor, te suplico me escuches,
confiando en tu gran bondad
y por la mediación de santa Inés,
espero ser prontamente socorrido.

También te solicito me ayudes
a caminar rectamente por el sendero de la fe,
el amor, la virtud y la bondad,
y bajo el amparo protector
de la Santísima Virgen María,
me mantengas siempre alejado
de las ocasiones de pecado,
de injusticias y maldades,
de violentos y opresores
y me concedas todo aquello
que sea más conveniente
para tu mayor honra y gloria
y provecho de mi alma,
para morir en tu gracia y gozarte eternamente
en la bienaventuranza del cielo.

Amén.

Santa Inés | Fuentes
La vida de los Santos por Butler.