21 de Junio: San Luis Gonzaga

21 de Junio: San Luis Gonzaga

Publicado el 21 de junio de 2022

Actualizado el 18 de abril de 2025

Archivado en: Santoral

25 Minutos de lectura

San Luis Gonzaga fue el mayor de siete hermanos, nacidos en el castillo de su familia en Castiglione delle Stiviere, entre Brescia y Mantua en el norte de Italia en lo que entonces era parte del Ducado de Mantua, en la ilustre Casa de Gonzaga. Era hijo de Ferrante de Gonzaga (1544-1586), marqués de Castiglione y Marta Tana di Santena, hija de un barón de la familia piamontesa Della Rovere. Su madre era una dama de compañía de Isabel, la esposa de Felipe II de España.


Día celebración: 21 de Junio.
Lugar de origen: Castiglione delle Stiviere, Italia.
Fecha de nacimiento: 9 de Marzo de 1568.
Fecha de su muerte: 21 de Junio de 1591.
Santo Patrono de: Patrón de la juventud cristiana.


Contenido

– Introducción
– Su infancia y admirables disposiciones
– Primera Comunión | Penitencias
– En la corte de España – Vocación religiosa
– Dificultades
– Fervor y Santidad
– Ángel de paz
– Su muerte y culto
– Oración a San Luis Gonzaga
– Oración a San Luis Gonzaga II


Introducción

En las fastuosas cortes europeas del siglo XVI, la vida se desenvolvía de manera opulenta y materializada. Sin embargo, en medio de esa grandiosidad y bullicio cortesanos, el Señor suscitó una víctima voluntaria que se erigió como un constante reproche ante tanto desenfreno. Este joven santo, desapegado de los bienes terrenales y ferviente amante de la santa pobreza, surgió como un contraste en ese escenario.

San Luis Gonzaga, destacando por su castidad y pureza, fue honrado al ser elegido como patrono y ejemplo para toda la juventud cristiana. Su perfección era tal que ni sus familiares ni amigos encontraron en él ni el más mínimo indicio de culpa. En resumen, fue un admirable modelo de virtud, al que, aunque no podamos emular en su totalidad, al menos, según lo expresado por San Francisco de Sales, todos podemos intentar seguir, aunque sea a una distancia mayor o menor.

Nacido el 9 de marzo de 1568 en Castiglione, diócesis de Brescia, Lombardía, San Luis Gonzaga fue el primogénito de don Fernando de Gonzaga, quien ostentaba el título de marqués de Castiglione y príncipe del Sacro Imperio, siendo además pariente cercano de los duques de Mantua. Su madre, la piadosa y santa Marta Tana, era hija de Baltasar Tana, conde de Santena y señor de Chieri del Piamonte.

Su infancia y admirables disposiciones

La marquesa, madre de Luis, lo consideraba un ser sagrado y se esforzaba por inculcarle la piedad y el temor a Dios. Desde que el niño empezó a hablar, le enseñó a pronunciar los nombres de Jesús y María, a hacer la señal de la cruz y a rezar el Padrenuestro, el Avemaría y otras oraciones. Desde temprana edad, Luis mostró signos evidentes de estar dotado de singulares bendiciones divinas. Incluso en su cuna, demostraba compasión por los pobres, dejando maravilladas a su ama y criadas.

Quienes lo conocieron describían su rostro como angelical y extremadamente atractivo. Muchos, al cargarlo, sentían como si sostuvieran a un ángel del cielo, y solo con mirarlo, despertaba sentimientos devotos. Aunque la marquesa se regocijaba por las disposiciones santas de su hijo, el marqués, siendo soldado, hubiera preferido que mostrara inclinación por las armas.

En un intento de despertar en Luis el interés por la vida militar, el marqués lo llevó consigo a Casal, donde debía pasar revista a las tropas destinadas a Túnez por orden del rey Felipe II. El padre esperaba que la interacción con los soldados y la experiencia militar estimularan el gusto del niño por la guerra. Sin embargo, el contacto con ese estilo de vida tuvo el efecto contrario. Luis, de tan solo 5 años, adoptó parte del lenguaje de la tropa, repitiéndolo sin comprender realmente su significado. Aunque su ayo lo corrigió, Luis nunca volvió a repetir esas palabras, mostrando en cambio aversión a quienes las pronunciaban.

El marqués de Gonzaga experimentó una decepción al notar que su hijo, heredero de un apellido ilustre y guerrero, mostraba más disposición para ser eclesiástico que soldado. Prefería a Rodolfo, su segundo hijo, quien sí manifestaba inclinación por las armas. Ambos fueron llevados a Florencia, donde se educaron en la corte del gran duque de Toscana, Francisco de Médicis. La marquesa, debido a sus responsabilidades con los hijos más pequeños, no pudo acompañarlos, sintiendo la aflicción de la separación, especialmente al considerar la vida desordenada de la corte toscana.

Contrario a las expectativas, el joven Luis no se dejó llevar por los vicios de la corte. En los dos años que pasó allí, avanzó notablemente en su camino hacia la santidad, dedicándose exclusivamente al estudio y la oración. Eligió a la Inmaculada Virgen María como patrona y abogada, haciendo ante su imagen un voto de perpetua castidad. Como recompensa, recibió abundantes gracias celestiales, liberándose de impulsos sensuales y pensamientos contrarios a su voto.

A pesar de su inclinación a la oración y su delicada salud, Luis no descuidó sus estudios. Estudió con diligencia a los autores clásicos latinos, destacando en obras de Séneca y Plutarco, lo que maduró su entendimiento y juicio a una temprana edad. En días festivos, se dedicaba a enseñar la doctrina cristiana en las escuelas y procuraba la armonía en su hogar, evitando discordias. Demostraba una caridad ejemplar al ayudar a los demás en todas las formas posibles.

Primera Comunión | Penitencias

San Carlos Borromeo, arzobispo de Milán y amigo de la familia Gonzaga, visitó Castiglione, que estaba bajo su jurisdicción eclesiástica. Al tener extensas conversaciones con Luis, quedó impresionado por los dones y gracias que poseía el joven angelical. Luis recibió su primera Comunión en julio de 1580, siguiendo las recomendaciones de San Carlos, dedicando jueves, viernes y sábado a la preparación y lunes, martes y miércoles a dar gracias. Mantuvo a lo largo de su vida una devoción tierna al Santísimo Sacramento, pasando horas frente al sagrario y asistiendo a múltiples misas, llegando a ayudar en cinco consecutivas en algún momento.

Su vida de penitencia era proporcional a su devoción. Aunque solo tenía trece años, ayunaba tres días a la semana y era sumamente sobrio en su alimentación. Prácticas como el uso de la disciplina hasta derramar sangre y otras mortificaciones eran habituales. Incluso adoptaba medidas para dormir menos y mal, como colocar secretamente una tabla debajo de las sábanas. En 1580, el marqués de Gonzaga ordenó que la marquesa y sus hijos Luis y Rodolfo se unieran a él en Casal. Durante el viaje, la corriente del río Tesino arrastró agua debajo de la carroza de Luis, destrozándola; sin embargo, por un milagro, él y sus dos hermanos, junto con el ayo, resultaron ilesos.

En la corte de España – Vocación religiosa

Al año siguiente, los marqueses de Gonzaga llevaron a España a tres de sus hijos para acompañar a la emperatriz doña María, hija de Carlos V y viuda de Maximiliano II. Poco después de su llegada, Luis y Rodolfo fueron designados pajes del príncipe don Diego, hijo de Felipe II. Este cambio de entorno evidenció que el Señor quería que el Santo viviera en distintas cortes, destacando que se puede ser devoto en cualquier condición y estado, y virtuoso y casto en cualquier etapa de la vida.

Después de aproximadamente año y medio en España, Luis decidió que era el momento adecuado para llevar a cabo su propósito de hacerse religioso. Aunque aún no había elegido la orden, buscó la orientación de la Virgen María. En el día de la Asunción de 1583, comulgó con extraordinaria devoción en el colegio de la Compañía de Jesús en Madrid, buscando la luz del Señor para tomar una decisión tan importante. Mientras daba gracias, escuchó una voz clara y distinta que le indicaba hacerse religioso de la Compañía de Jesús.

Dificultades

San Luis Gonzaga estaba decidido a obedecer el llamado divino, pero enfrentó duras batallas antes de llevar a cabo su propósito. La marquesa informó a don Fernando de Gonzaga sobre la decisión de su hijo, generando sospechas en el marqués de que su esposa planeaba desheredar al primogénito en favor de Rodolfo. Despidió malhumorado a la marquesa y amenazó con castigos a Luis.

En ese momento llegó a Madrid fray Francisco Gonzaga, General de una rama franciscana y primo del marqués. Don Fernando le expuso los deseos de Luis y le pidió que evaluara la vocación del joven. Tras una entrevista de dos horas, fray Francisco convenció a don Fernando de la autenticidad de la vocación, y este prometió dar plena libertad a su hijo para unirse a la Compañía de Jesús al regresar a Lombardía.

Sin embargo, la sinceridad de esa promesa es cuestionable, ya que don Fernando parecía aplazar el asunto. Desde Italia, envió a San Luis Gonzaga a visitar príncipes junto con su hermano Rodolfo. Aunque obedeció, el Santo demostró su deseo de mayor perfección al vestirse de negro y alejarse del bullicio cortesano durante sus viajes. A su regreso a Castiglione en septiembre de 1584, el marqués volvió a oponerse a la vocación de su hijo, incluso con la intervención de un obispo y otros religiosos. Aunque el arcipreste confirmó la llamada divina, don Fernando se indignó aún más y trató a Luis con rudeza cuando solicitó permiso para ingresar a la Compañía. La noticia de que San Luis se disciplinaba hasta derramar sangre conmovió al marqués, pero no lo hizo ceder completamente.

El marqués, afectado por el reumatismo, intentó hablar con su hijo y prometió escribir al cardenal Escipión Gonzaga para que se entrevistara con el General de la Compañía de Jesús. Sin embargo, esta promesa resultó ser un engaño. A fines de 1584, San Luis Gonzaga fue enviado a Milán para atender negocios importantes, asistiendo a clases en el colegio Brera dirigido por los Jesuitas. A pesar de sus esfuerzos, su padre se retractó nuevamente cuando partió de Milán en julio de 1585.

Después de numerosas y difíciles batallas, el corazón del marqués finalmente cedió. La familia Gonzaga se reunió en Mantua para presenciar la renuncia de San Luis a la herencia en favor de su hermano Rodolfo. Al ser el marquesado de Castiglione un feudo imperial, Luis necesitó el consentimiento del emperador para renunciar a él. La lectura del acta de renuncia tuvo lugar el 2 de noviembre de 1585, y ese mismo día, San Luis Gonzaga vistió la sotana que había mandado confeccionar de antemano. Al presentarse así vestido a la hora del almuerzo, causó nueva pesadumbre a su padre.

Partió el 4 de noviembre acompañado por Rodolfo y varios criados. En su viaje pasó por Bolonia y Loreto hasta llegar a Roma el 21 de noviembre. Se alojó en casa del cardenal Escipión Gonzaga, quien ya había hablado con el papa Sixto V sobre el asunto. El 25 del mismo mes, San Luis Gonzaga ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús, dirigido por el padre Pascatore, siendo un novicio de dieciocho años.

Fervor y Santidad

Los Padres más experimentados admiraban los notables avances de Luis en las virtudes durante su noviciado. Su fervor no necesitaba ser estimulado, sino moderado para contener su deseo de practicar penitencias corporales extremas.

Desprendido de las cosas mundanas, Luis estaba verdaderamente muerto para las vanidades terrenales, indiferente a las honras y dignidades de su ilustre familia. Buscaba las tareas más humildes, como servir en la cocina, el refectorio y la enfermería. En Milán, incluso le asignaron quitar las telarañas, tarea que realizaba con alegría y humildad, recibiendo a personas nobles con el escobón en la mano.

A pesar de haber nacido en la nobleza y haber sido criado con lujos, al fallecer solo poseía una Biblia y dos estampitas. Después de pasar del noviciado de San Andrés al Gesú, regresó al noviciado, entregándose nuevamente a la oración y mortificación. Vivía tan perfectamente que llegó al punto de no tener pecados veniales de los cuales acusarse.

Posteriormente, fue enviado a Nápoles, pero contrajo una erisipela que lo llevó de vuelta a Roma. Profesó en la Compañía el 25 de noviembre de 1587, aniversario de su entrada al noviciado. Recibió la tonsura el 25 de febrero del año siguiente en la basílica de San Juan de Letrán, y las Órdenes menores en cuatro ocasiones, entre el 28 de febrero y el 28 de marzo.

 

Ángel de paz

Impulsado por el amor al prójimo, Luis abandonó la vida religiosa en 1589 para regresar a su familia. Siguiendo el consejo de San Roberto Belarmino, su confesor, aceptó resolver un conflicto entre su hermano, el marqués de Castiglione, y el duque de Mantua sobre el feudo del Estado de Solferino. Al llegar a Castiglione, fue recibido como un «santo padre Luis», como si fuera un ángel. Logró reconciliar a los dos antagonistas, pero se enfrentó a otro desafío: hacer público un matrimonio secreto de Rodolfo y obtener el consentimiento de la familia Gonzaga, ya que, aunque honorable, se consideraba inapropiado en esa época.

Después de permanecer algunos meses en Milán, Luis tuvo una revelación divina de que pronto sería llevado a disfrutar de la bienaventuranza. Con esta certeza, regresó gozosamente a Roma en mayo de 1590.

Su muerte y culto

En 1591, durante una gran mortandad en Roma causada por la carestía, el hambre y la peste, San Luis Gonzaga, a pesar de su delgada complexión, dedicó sus fuerzas a ayudar a los contagiados. Sus superiores lo enviaron al hospital de la Consolación, que aún no se había contaminado. Sin embargo, el 3 de marzo de ese año, San Luis se contagió de la peste. Dada su condición, se consideraba improbable su recuperación desde el inicio de la enfermedad. Muchos creían que ya había fallecido, llegando incluso a celebrar misas y un solemne funeral en Castiglione. Aunque afectado por fiebre y tos intensa, San Luis Gonzaga seguía con vida, enfrentando un lento pero inevitable deterioro de su salud.

Entrando el padre provincial a visitarle, le preguntó:

«¿Qué se hace, hermano Luis?».

El Santo respondió:

«Padre, vámonos al cielo».

Finalmente, el 20 de junio, mes y medio después de contraer la peste, San Luis Gonzaga repetía con insistencia que moriría ese mismo día. Había pedido el santo Viático y se despidió de todos los miembros de la congregación. Tranquilo, tomó un cirio bendito y la imagen de un pequeño Santo Cristo, apretándolo con fe mientras miraba una Cruz indulgenciada. Invocando el nombre de Jesús, entregó su alma al Creador.

Tras su muerte, todos buscaban reliquias de San Luis, repartiendo cabellos, trozos de su ropa e incluso plumas que usó para escribir. Su cuerpo fue colocado en un ataúd en la capilla del Santo Cristo y, en 1598, debido a una inundación del río Tíber, fue trasladado a un lugar más elevado. En 1605, sus restos fueron solemnemente llevados a la iglesia de Nuestra Señora con la autorización del papa Paulo V, quien había concedido el título de Beato a San Luis días antes.

En 1600, San Luis Gonzaga se apareció a Santa María Magdalena de Pazzis, conocida por sus visiones, y a partir de entonces fue honrado como Beato en el convento de los Carmelitas de Florencia. Se abrieron procesos informativos sobre el Santo en unas veinte diócesis en 1600. Presidida por San Roberto Belarmino, la Comisión cardenalicia recomendó la beatificación y canonización de San Luis Gonzaga después de examinar treinta y un milagros auténticos.

El 19 de octubre de 1605, San Luis Gonzaga fue beatificado por el papa Paulo V. Posteriormente, en abril de 1726, Benedicto XIII lo canonizó, y la ceremonia solemne se llevó a cabo en diciembre junto con la de San Estanislao de Kotska, también jesuita. En 1729, Benedicto XIII lo declaró patrono de la juventud y otorgó privilegios especiales a la devoción de los «Seis domingos» en su honor. En 1842, Gregorio XVI extendió a toda la Iglesia la misa y el oficio propios de San Luis Gonzaga. Se celebraron solemnes cultos en 1926 por el segundo centenario de su canonización, y Pío XI ofició una misa papal en San Pedro de Roma el 31 de diciembre de ese año en honor a San Luis Gonzaga.

Oración a San Luis Gonzaga

Dios Todopoderoso, que infundiste en San Luis Gonzaga un espíritu de servicio y entrega al prójimo por Ti te pido por su intercesión que me concedas fortaleza para no desfallecer, y paciencia para no desesperar en este momento de desconsuelo, ayúdame, te lo suplico a aliviar mis sufrimientos, ayúdame a obtener lo que tanto necesito: (hacer la petición con mucha fe y esperanza).

También te pido, que pueda imitar el espíritu de sacrificio de San Luis Gonzaga, así como el deseo de vivir con pureza interior cada día de mi existencia. Te lo pedimos a Ti, que siendo Dios, vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Rezar tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias. Hacer la oración y los rezos durante tres días consecutivos.

Oración a San Luis Gonzaga II

¡Oh Luis Santo adornado de angélicas costumbres! Yo, indigno devoto vuestro os encomiendo la castidad de mi alma y de mi cuerpo, para que os dignéis encomendarme al Cordero Inmaculado, Cristo Jesús, y a su purísima Madre, Virgen de vírgenes, guardándome de todo pecado.

No permitáis, Ángel mío, que manche mi alma con la menor impureza; antes bien, cuando me viereis en la tentación o peligro de pecar, alejad de mi corazón todos los pensamientos y afectos impuros; despertad en mí la memoria de la eternidad y de Jesús Crucificado; imprimid hondamente en mi corazón un profundo sentimiento de temor santo de Dios, y abrazadme en su divino amor, para que así, siendo imitador vuestro en la tierra, merezca gozar de Dios en vuestra compañía en la gloria.

Amén.

Oración a San Luis Gonzaga III

¡Oh Luis Santo adornado de angélicas costumbres! Yo, indigno devoto vuestro os encomiendo la castidad de mi alma y de mi cuerpo, para que os dignéis encomendarme al Cordero Inmaculado, Cristo Jesús, y a su purísima Madre, Virgen de vírgenes, guardándome de todo pecado.

No permitáis, Ángel mío, que manche mi alma con la menor impureza; antes bien, cuando me viereis en la tentación o peligro de pecar, alejad de mi corazón todos los pensamientos y afectos impuros; despertad en mí la memoria de la eternidad y de Jesús Crucificado; imprimid hondamente en mi corazón un profundo sentimiento de temor santo de Dios, y abrasadme en su divino amor, para que así, siendo imitador vuestro en la tierra, merezca gozar de Dios en vuestra compañía en la gloria. Amén.

Oración para pedir la pureza

Inocentísimo Luis, que por especial gracia de Dios y con el auxilio de la Inmaculada Virgen Maria estuviste siempre libre, no sólo de toda culpa grave, sino aún de las tentaciones contra la pureza, humildísimamente te ruego que me alcances del Purísimo Corazón de Jesús, que todo lo padeció menos ser calumniado contra esta virtud, y de su excelsa Madre, la Virgen Purísima e Inmaculada, la gracia de resistir siempre al punto cualquier pensamiento impuro, Y de morir mil veces antes que manchar mi alma con un pecado grave. Amén.

Novena

Novena a San Luis Gonzaga

Oración Inicial para todos los días

Angélico joven San Luis Gonzaga, que ardiendo en el amor de Jesús os derretisteis en su fuego divino, de tal manera que llegasteis a ser mártir de caridad: os suplico me alcancéis de su amantísimo Corazón un vivo conocimiento de su bondad inmensa para con los hombres, y un dolor verdadero y vehemente de la ingratitud con que yo correspondo a tanto amor. Haced, Santo mío, que este mi corazón sea semejante al de mi dulce Jesús, puro con su pureza, humilde con su humildad y ardiente con su caridad. Amén.

Día Primero

¡Oh purísimo San Luis Gonzaga! Yo os suplico por vuestra admirable castidad me alcancéis un gran deseo de imitaros en esta angelical virtud, venciendo gloriosamente todas las tentaciones y huyendo las ocasiones de perderla, de modo que tenga la dicha de conservarla intacta hasta llegar a la bienaventuranza prometida a los inocentes y limpios de corazón, y al mismo tiempo la gracia especial que pido en esta novena, si es para gloria de Dios, honor vuestro y provecho de mi alma. Amén.

Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.

Día Segundo

¡Oh amantísimo joven San Luis Gonzaga! Por vuestra austerísima penitencia y por el gran esmero con que guardasteis siempre vuestros sentidos, os pido hoy me obtengáis del Señor un odio santo de mí mismo, a fin de que, mortificando yo siempre mis sentidos, los haga servir de instrumento para honrar y nunca más ofender a la Majestad divina, y también la gracia especial que pido en esta novena, si es para gloria de Dios, honor vuestro y bien de mi, alma. Amén.

Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.

Día Tercero

¡Oh gloriosísimo San Luis Gonzaga! Por aquella victoria tan completa que conseguisteis de vuestras pasiones, os suplico me alcancéis de mi Dios y Señor valor para domar las mías, y especialmente la que más me domina, para que, mortificándola siempre, y por fin venciéndola del todo, merezca ser coronado como vos de gloria inmortal, después de haber legítimamente combatido, cual debe combatir en especial todo imitador vuestro. También os ruego me obtengáis del mismo Señor la gracia especial que pido en esta novena, si es para gloria de Dios, honor vuestro y provecho de mi alma. Amén.

Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias

Día Cuarto

¡Oh religiosísimo San Luis Gonzaga! Por la exacta obediencia que tuvisteis de vuestro santo Instituto, y a las órdenes, mandatos e indicaciones de vuestros superiores, os pido me obtengáis del obedientísimo Jesús la gracia de observar la ley santa de Dios y las obligaciones todas de mi estado, para que haciendo la voluntad de Dios acá en este miserable valle de lágrimas, merezca hacerla también eternamente en vuestra compañía ,en el cielo, y además la gracia especial que pido en esta novena, si es para gloria de Dios, honor vuestro y provecho de mi alma. Amén.



Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.

Día Quinto

¡Oh benditísimo San Luis Gonzaga! Por el gran desprecio que hicisteis de las vanidades del mundo y de todo respeto humano os suplico me alcancéis del Señor el despego de los bienes caducos y perecederos de la tierra, y el menosprecio de los dichos mundanos, a fin de que, pueda caminar con fervor y perseverancia por el sendero de la divina voluntad y gozar de la perfecta libertad de hijo de Dios, juntamente con el favor especial que pido en esta novena, si es para gloria de Dios, culto vuestro y salvación de mi alma. Amén.

Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.

Día Sexto

¡Oh dulcísimo abogado mío San Luis Gonzaga! Os suplico me alcancéis de Dios una estrecha unión con El, que es sumo Bien, con quien vos la tuvisteis tan íntima y familiar. Haced, Santo mío, que yo fije todos mis pensamientos en las cosas del cielo, de manera que logre no ser de aquellos que se dejan llevar ciegamente de las cosas terrenas, sino que siga siempre la luz de las verdades eternas, y al mismo tiempo consiga por vuestra intercesión la gracia especial que pido en esta novena, si es para gloria de Dios, honor vuestro y bien de mi alma. Amén.

Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.

Día Séptimo

¡Oh amantísimo San Luis Gonzaga! A vos recurro lleno de confianza, para que me obtengáis del Señor, dador de todo bien, una perfecta caridad hacia mi prójimo. Y si alcanzasteis una muerte tan feliz y dichosa por asistir a los apestados, ordenad, os ruego, todas mis acciones, de suerte que sea para mí dichoso y feliz aquel último y terrible trance, del cual depende la eternidad, para alabar a Dios en vuestra compañía en el cielo. Alcanzadme asimismo la gracia especial que pido en esta novena, si es para gloria de Dios, honor vuestro y provecho de mi alma. Amén.

Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias .

Día Octavo

¡Oh devotísimo San Luis Gonzaga! , que merecisteis ser llamado a la insigne y santa Compañía de Jesús por boca de la Virgen Santísima, en premio de la gran devoción que la profesabais: alcanzadme, os suplico, un amor tierno, afectuoso y constante para que ésta mi Madre amabilísima, a fin de que, sirviéndola con el mismo fervor que vos en este mundo, e imitando sus virtudes, merezca algún día ser llamado por sus labios a la compañía eterna de los justos. También os suplico, me obtengáis del Señor la gracia especial que pido en esta novena, si es para gloria de Dios, honor vuestro y provecho de mí alma. Amén.

Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.

Día Noveno

¡Oh amabilísimo Santo, protector y abogado mío San Luis Gonzaga! Humildemente postrado a vuestras plantas os suplico coronéis todas vuestras gracias en este día, con la mayor de todas, alcanzándome un acto perfecto de amor de Dios, especialmente en el último instante de mi vida, como vos lo tuvisteis, a fin de que asegure la gracia de la perseverancia final, y empiece a practicar en la tierra, lo que deseo y espero hacer eternamente en el cielo, que es amar a mi Dios y Señor con todas las veras de mi espíritu. Finalmente, recabad del Señor por intercesión de su Madre amantísima, la gracia especial que os he venido pidiendo durante esta novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios, honor vuestro y bien de mi alma. Amén.

Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.

 

Oración Final para todos los días

Oh Luis Santo, adornado de angélicas costumbres: yo, indignísimo devoto vuestro, os encomiendo principalmente la castidad de mi alma y cuerpo, y os pido que, por vuestra pureza angélica, os dignéis encomendarme al Cordero inmaculado, Cristo Jesús, y a su purísima Madre, Virgen de vírgenes, guardándome de todo pecado. No permitáis que yo manche mi alma con la menor impureza; antes bien, cuando me viereis en la tentación o peligro de pecar, alejad de mi corazón todos los pensamientos y afectos inmundos, y despertad en mi la memoria de la eternidad y de Jesús crucificado. Imprimid altamente en mi corazón un profundo sentimiento de temor santo de Dios, y abrasadme en su divino amor, para que así, siendo imitador vuestro en la tierra, merezca gozar de Dios en vuestra compañía. Amén.

21 de Junio: San Luis Gonzaga

 

San Luis Gonzaga | Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

https://www.aciprensa.com/recursos/oracion-a-san-luis-gonzaga-2-2571

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.