San Teodoro de Anastasiópolis

22 de abril: San Teodoro de Anastasiópolis

Publicado el 22 de abril de 2024

Actualizado el 7 de abril de 2025

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San Teodoro de Anastasiópolis, también conocido como San Teodoro de Sikeon o San Teodoro de Siceone.


Día celebración: 22 de abril.
Lugar de origen: Siceón, Galacia (Asia Menor).
Fecha de nacimiento: 583.
Fecha de su muerte: 613.


Contenido

– Introducción
– Niño predestinado
– Ministro del Señor a los dieciocho años
– Peregrinación a Jerusalén
– Profecías sobre el emperador Mauricio
– San Teodoro de Anastasiópolis, obispo
– Siniestros vaticinios | Su muerte
– Oración a San Teodoro de Anastasiópolis


Introducción

En un entorno corrupto, San Teodoro nació en una casa de mala reputación en Siceón (Galacia). Su madre era hija de la ventera y su padre un oficial que no lo reconoció. A pesar de esto, Constancio Cloro se casó con su madre. A pesar de las circunstancias desfavorables, San Teodoro y su hermana Blatta, de ascendencia dudosa, encontraron virtud. Blatta vivió una vida de pureza y murió joven en un monasterio presentada por su hermano. San Teodoro fue un ejemplo de mortificación, austeridad y virtud, siendo considerado uno de los mayores santos del imperio bizantino. La vida de San Teodoro, escrita poco después de su muerte, es un modelo de hagiografía. La virtud de San Teodoro influyó positivamente en su familia, quienes cambiaron sus vidas bajo su dirección, incluyendo a su madre, que también transformó su vida gracias a la gracia.

Niño predestinado

Dios obró maravillas a través de un modesto sirviente, Esteban, cocinero de la venta donde nació San Teodoro. Esteban, conocido por sus habilidades culinarias, era un hombre piadoso que destinaba sus ganancias a la iglesia. Veló por la inocencia de los niños Teodoro y Blatta, guiándolos hacia la piedad y el cristianismo. Teodoro, desde los seis años, rezaba con Esteban, participaba frecuentemente en la comunión y compartía su devoción a San Jorge. A pesar de las reprimendas por salir de noche, la madre de Teodoro dejó de reñirle al conocer el motivo de sus visitas a la iglesia.

El niño Teodoro se esforzó por memorizar todo el Salterio para cantar alabanzas a Dios en las iglesias que frecuentaba. Aunque aprendió rápidamente los primeros dieciséis salmos breves, el Salmo XVII le resultó difícil. Desesperado, se encomendó a San Cristóbal en su iglesia y finalmente lo aprendió perfectamente. A partir de entonces, los demás salmos no le causaron dificultad. Teodoro buscaba a hombres justos para observar sus vidas y expresó su deseo de llevar el hábito de monje a un anacoreta llamado Glicerio.

El buen anciano salió, pues, de su celda y dijo al niño: «Hijo mío, pongámonos de rodillas y pidamos al Señor que envíe a la tierra la lluvia tan anhelada; así sabremos si somos del número de los justos». Mientras oraban, se cubrió de nubes el cielo y a no tardar cayó abundante y benéfica lluvia. Volviéndose entonces al niño, le dice: «En adelante, cuanto pidas al Señor te será otorgado; haz con toda confianza lo que deseas hacer, porque el Señor está contigo».

Ministro del Señor a los dieciocho años

San Teodoro de Anastasiópolis practicaba la virtud de manera única. A los doce años, observaba rigurosamente el silencio durante la Cuaresma. A los catorce, dejó su hogar para retirarse a una ermita, recibiendo alimentos que compartía con transeúntes. Luego, vivió en una celda bajo el altar durante casi dos años, alimentándose solo los sábados y domingos. Para aumentar sus rigores, se refugió en una cueva durante dos años, alimentándose solo de agua y legumbres. Descubierto en su estado miserable, el obispo decidió ordenarlo sacerdote a los dieciocho años debido a su extraordinaria virtud.

Peregrinación a Jerusalén

Poco después de su ordenación, San Teodoro de Anastasiópolis emprendió un viaje a Jerusalén para ver los lugares sagrados y evitar la solicitud de su familia. Visitó importantes santuarios y buscó la bendición y consejo de monjes destacados en Palestina. En la laura de Khoziba, cerca de Jericó, recibió el hábito monástico. Regresó a Palestina dos veces más y permaneció allí por largos periodos.

Al regresar a Galacia, se estableció cerca del santuario de San Jorge, viviendo en dos celdas sin techo encima de una cueva. Una de madera la ocupaba de Navidad a Semana Santa, y la otra de hierro durante la Gran Semana y los días de ayuno. Además, llevaba una coraza, cruz, cinturón, calzado y guantes de hierro.

En el clima extremo de Galacia, San Teodoro soportaba sufrimientos invernales inaguantables debido a su complexión robusta. Vivía al aire libre, recibiendo lluvia o nieve en su caparazón de hierro y en las hendiduras de su calzado. Sus pies quedaban atrapados en el hielo, pero aún así, no abandonaba este régimen de maceraciones. Durante muchos años, se entregó a estas penitencias, interrumpiéndolas ocasionalmente para dedicarse al apostolado de la caridad, curar enfermos y expulsar demonios de los posesos en largos viajes por las provincias cercanas debido a su fama de santidad universal.

Profecías sobre el emperador Mauricio

San Teodoro de Anastasiópolis, al notar la limitación del primitivo oratorio de San Jorge, ordenó la construcción de una espaciosa iglesia en honor a San Miguel. Dos capillas adosadas honraban a la Santísima Virgen y San Juan Bautista. Los monjes celebraban los divinos misterios en el oratorio original, mientras que los enfermos y posesos se congregaban en la iglesia de San Miguel, abierta día y noche. El monasterio, con hasta cien monjes, era dirigido por un discípulo de San Teodoro. Este discípulo, cuya madre había sido curada por San Teodoro, lideraba el monasterio. Al pie de la montaña, también existía un monasterio de monjas fundado por la familia de San Teodoro, donde él cumplía sus funciones ministeriales con frecuencia.

En el año 582, el general Mauricio, pariente del emperador griego Tiberio II, visitó a San Teodoro de Anastasiópolis en su gruta y le pidió un viaje venturoso. San Teodoro profetizó que sería nombrado emperador si se encomendaba al mártir San Jorge y le pidió que no olvidara a los pobres cuando llegara al poder. La profecía se cumplió, y Mauricio, ya emperador, cumplió las peticiones de Teodoro, enviándole trigo para distribuir entre los pobres. Pasaron veinte años, y Teodoro tuvo una premonición de la muerte trágica de Mauricio. Mientras rezaba en una capilla, la lámpara se apagó misteriosamente, y tras orar, Teodoro anunció la trágica muerte de Mauricio y calamidades por venir.

San Teodoro de Anastasiópolis, obispo

San Teodoro profetizó la desastrosa muerte del emperador mientras ya había renunciado a la sede de Anastasiópolis después de diez años de servicio. Aunque inicialmente resistió, la fama y los milagros de Teodoro llevaron a los moradores de Anastasiópolis a solicitar su nombramiento como obispo cuando la sede quedó vacante en el año 588. A pesar de sus reticencias, Teodoro aceptó la consagración, pero continuó con sus austeridades. La transición de la contemplación a los asuntos temporales le causó gran pesar, especialmente porque sus enseñanzas no tuvieron el impacto deseado en sus diocesanos. Influenciado por diversas razones, finalmente decidió renunciar. Aunque inicialmente detenido por apariciones de San Jorge, eventualmente dio el paso definitivo. Para evitar las preocupaciones temporales, arrendó propiedades de la iglesia a un hombre sin entrañas llamado Teodosio.

Teodosio, el arrendador de las propiedades de la iglesia, maltrataba a los pobres, lo que llevó a una protesta ante el obispo. A pesar de las exhortaciones de San Teodoro, Teodosio intensificó su trato duro, provocando la ira de los campesinos armados. Ante el peligro, Teodosio buscó refuerzos en la ciudad. Al enterarse, el obispo, temiendo represalias, prohibió a Teodosio regresar al lugar. En respuesta, Teodosio insultó y agredió al obispo, exigiendo dos libras de oro como indemnización. San Teodoro, tras una tentativa de envenenamiento, decidió retirarse. Aunque inicialmente rechazada, su dimisión fue finalmente aceptada por el emperador y el patriarca de Constantinopla hacia el año 599.

Siniestros vaticinios | Su muerte

Durante los trece años restantes de su vida, San Teodoro de Anastasiópolis se retiró a Siceón, practicando austeridades y realizando obras de caridad. Aunque mayormente en reclusión, también se le veía frecuentemente en Asia Menor ayudando a quienes buscaban su oración y milagros. Su historiador documenta más de cien prodigios realizados por San Teodoro, destacando su capacidad para curar diversas enfermedades y liberar a poseídos por el demonio. Además, poseía el don de leer corazones y profetizar. En el año 609, las cruces en procesiones en Galacia se agitaron inesperadamente, preocupando al patriarca de Constantinopla, quien consultó a San Teodoro, obteniendo una respuesta significativa.

«No quería afligiros, porque no habéis de sacar ningún provecho de saber esas cosas; pero ya que así lo deseáis os diré que ese temblor de las cruces nos anuncia muchas y grandes calamidades. Bastantes cristianos abandonarán la religión de sus padres; habrá incursiones de bárbaros, mucha efusión de sangre, destrucción y sediciones en todo el mundo. Las iglesias quedarán desiertas; la ruina del culto divino y del imperio se aproxima y con ello el advenimiento de nuestro enemigo Satanás».

El imperio griego se hallaba empeñado en una guerra con los persas, que debía proseguir aún por espacio de diecinueve años, costar la vida a millones de hombres y acarrear la destrucción de infinidad de pueblos y ciudades y la ruina de varias provincias. Apenas estuvo alejado ese peligro y restablecida la paz, sobrevinieron los fanáticos discípulos de Mahoma que, en pocos años, desgajaron en provecho propio la mitad de las provincias orientales del imperio bizantino y obligaron a apostatar a algunos millones de cristianos.

Todo esto había visto aquel hombre de Dios y lo anunciaba con espanto; sin embargo, ni el patriarca ni él llegaron a presenciarlo. San Teodoro de Anastasiópolis murió en su monasterio el 22 de abril de 613. Celebran su memoria el mismo día el martirologio romano y el calendario de la Iglesia griega.

Oración a San Teodoro de Anastasiópolis

San Teodoro de Anastasiópolis, ruega por nosotros.

Cordero de Dios

San Teodoro de Anastasiópolis | Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

Colofón
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