Papias

22 de Febrero: San Papías, Obispo

Publicado el 22 de febrero de 2021

Actualizado el 14 de abril de 2025

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San Papías habría sido discípulo directo del apóstol San Juan, el discípulo amado de Cristo, esto, según consta por el testimonio de San Ireneo.


Día celebración: 22 de Febrero.
Lugar de origen: Frigia. Turquía.
Fecha de nacimiento: 70.
Fecha de su muerte: 163.


Contenido

– Breve Biografía
– Oración a San Papías


Breve Biografía

San Papías, originario de Frigia y contemporáneo de Policarpo, es un personaje sobre el cual se conoce poco. Según San Ireneo, fue discípulo directo de San Juan y familiar de Policarpo, formando parte del grupo de los «presbíteros asiáticos» mencionado por el obispo de Lyon.

Aunque la vida de San Papías coincidió en ciertos aspectos con la de San Policarpo, es probable que no haya vivido tanto tiempo como él y haya fallecido alrededor de mediados del siglo II. Se dice que sufrió martirio en Pérgamo al mismo tiempo que Policarpo moría en Esmirna, aunque hay cierta confusión en los registros históricos.

San Papías fue respetado en la Antigüedad, especialmente por San Ireneo, pero Eusebio no compartía esta opinión, calificándolo como un hombre de «mediana inteligencia». Papías escribió un tratado llamado «Explicación de las sentencias del Señor» alrededor del año 130, que, a pesar de sus defectos, contenía valiosa enseñanza oral de los discípulos de los Apóstoles.

En el prefacio de su obra resume Papías el fin que pretende:

«No dudaré en ofrecerte, ordenadas juntamente con mis interpretaciones, cuantas noticias un día aprendí y grabé bien en mi memoria, seguro como estoy de su verdad. Porque no me complacía yo, como hacen la mayor parte, en los que mucho hablan, sino en los que dicen la verdad; ni en los que recuerdan mandamientos ajenos, sino en los que recuerdan los que fueron dados por el Señor a nuestra fe y proceden de la verdad misma.

Y si se daba el caso de venir alguno de los que habían seguido a los ancianos, yo trataba de discernir los discursos de los ancianos: qué había dicho Andrés, qué Pedro, qué Felipe, qué Tomás o Santiago, o qué Juan o Mateo o cualquier otro de los discípulos del Señor; igualmente, lo que dice Aristión y el anciano Juan, discípulos del Señor. Porque no pensaba yo que los libros pudieran serme de tanto provecho como lo que viene de la palabra viva y permanente».

De esta cita se deduce claramente que La explicación de  las sentencias del Señor que San Papías se proponía explicar, no las había sacado solamente de los evangelios que habían sido escritos antes de él, sino también de la tradición oral. Por consiguiente, su obra no fue un mero comentario de los evangelios, aun cuando la mayor parte de los textos que explica los haya tomado de las narraciones evangélicas.

Entre los pocos fragmentos que Eusebio nos ha transmitido de la obra de San Papías, dos observaciones sobre los dos primeros evangelios se han hecho famosas:

«Marcos, que fue el intérprete de Pedro, puso puntualmente por escrito, aunque no con orden, cuantas cosas recordó referentes a los dichos y a los hechos del Señor. Porque ni había oído al Señor ni le había seguido, sino que más tarde, como dije, siguió a Pedro, quien daba sus instrucciones según las necesidades, pero no como quien compone una ordenación de las sentencias del Señor. De suerte que en nada faltó Marcos poniendo por escrito algunas de aquellas cosas tal como las recordaba. Porque en una sola cosa puso su cuidado: en no omitir nada de lo que había oído o mentir absolutamente en ellas».

Al parecer tenemos aquí la mejor ratificación de la canonicidad del evangelio de Marcos.

Por lo que se refiere al evangelio de Mateo, Eusebio cita estas palabras de San Papías: «Mateo ordenó en lengua hebrea las sentencias (de Jesús), y cada uno las interpretó conforme a su capacidad». Esta afirmación prueba que en tiempos de San Papías la obra original de Mateo había sido ya reemplazada por la traducción griega. Las traducciones a que se refiere San Papías no eran versiones escritas de los evangelios, sino traducciones orales de las sentencias del Señor contenidas en el evangelio. Según toda probabilidad, eran una traducción de las perícopas usadas en las asambleas litúrgicas de las comunidades griegas o bilingües.

Otro de los fragmentos del obispo de Hierápolis, el del prefacio de su obra ya citado, suscita una cuestión no resuelta hasta ahora unánimemente por los investigadores: la identificación de los dos Juanes, nombrados por él entre los garantes de la ortodoxia de su doctrina. ¿Son, en realidad, dos o uno? ¿Se trata del apóstol Juan, del presbítero Juan, o de los dos a la vez? Si es esto último, ¿cómo puede compararlos hasta el punto de que, prácticamente, los equipara en la fuerza y autoridad de su testimonio doctrinal?

El fragmento de San Papías con respecto a los dos Juanes es el siguiente:

«Pero yo no tendré escrúpulos también en citaros un lugar (de origen), junto con mis interpretaciones, de todo lo que he aprendido cuidadosamente y recordado cuidadosamente en el pasado de los ancianos, garantizándoos su verdad. Porque, al revés de muchos, no tuve placer en los que tienen mucho que decir, sino en los que enseñan la verdad; no en los que refieren mandamientos extraños, sino en aquellos (que dan testimonio de) los que dio el Señor para la fe, y se derivan de la misma verdad.

Y también, siempre que venía una persona (cerca de mí) que había sido seguidor de los ancianos, investigaba de él sobre los discursos de los ancianos: lo que había dicho Andrés, o Pedro, o Felipe, o Tomás, o Santiago, o Juan, o Mateo, o algún otro de los discípulos del Señor, o lo que dicen Aristión y el anciano (presbítero) Juan, discípulos del Señor. Porque no creía poder sacar tanto provecho del contenido de libros como de las expresiones de una voz viva y permanente».

Eusebio afirma que el santo escribió las siguientes frases:

“Para ti lector, no dudaré en añadir lo que yo aprendí de los presbíteros, cuyo recuerdo he conservado fielmente, para confirmar la verdad de mis explicaciones. Yo no me agradaba con quienes hablaban bellamente, sino con quienes enseñaban la verdad. No amaba yo a quienes traían mandamientos extraños sino a quienes transmitían los preceptos impuestos por el Señor a nuestra fe, nacidos de la verdad misma.

Cuando me encontraba con alguno de los que habían vivido en compañía de los presbíteros, me preocupaba por saber lo que ellos habían dicho, lo que dijeron Andrés, o Pedro, o Felipe, o Tomás, o Santiago, o Juan, o Mateo, o algún otro de los discípulos del Señor. No creía yo encontrar en lo que hay en los libros, algo que me fuera tan provechoso, como las cosas expresadas por una palabra que permanecía viva”.

En su obra, Papías destacó la importancia de la tradición oral, indicando que no solo se basó en los evangelios escritos, sino también en lo que aprendió de la palabra viva de aquellos que siguieron a los ancianos y discípulos directos del Señor.

Eusebio critica a Papías, argumentando que defendía el milenarismo y carecía de sentido crítico en la selección e interpretación de fuentes. Sin embargo, algunos fragmentos de la obra de Papías, transmitidos por Eusebio, contienen observaciones notables sobre los evangelios de Marcos y Mateo, ratificando la canonicidad del primero y sugiriendo que el segundo fue originalmente escrito en hebreo.

En cuanto a los dos Juanes mencionados por Papías, hay debate sobre si se refiere a dos personas distintas o a un solo individuo, posiblemente el apóstol Juan y un presbítero llamado Juan. La identificación exacta de estos personajes sigue siendo una cuestión sin resolver.

A pesar de las opiniones equivocadas y las críticas, San Papías es reconocido como santo, según San Jerónimo, aunque este reconocimiento no se consolidó hasta el siglo IX.

 

Oración a San Papías

Oh glorioso San Papías, discípulo fiel de los apóstoles, que custodiaste con celo la enseñanza viva de Cristo y transmitiste con sabiduría la verdad del Evangelio, intercede por nosotros ante el Señor.

Tú que conociste de cerca el testimonio de los primeros discípulos, y supiste discernir con humildad lo auténtico de lo falso, enséñanos a buscar la verdad con paciencia, a escuchar con atención, y a vivir con fidelidad la Palabra que has recibido.

Fortalece a la Iglesia en su misión de custodiar la Tradición apostólica, y ayúdanos a ser testigos valientes del Reino que no pasa.

San Papías, guardián de la fe naciente, ruega por nosotros.

Amén.

Cordero de Dios

San Papías| Fuentes

El Santo de cada día por Butler.

Colofón
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