22 de Febrero: San Papías, Obispo


San Papías de Hierápolis

San Papías habría sido discípulo directo del apóstol San Juan, el discípulo amado de Cristo, esto, según consta por el testimonio de San Ireneo.


Día celebración: 22 de Febrero.
Lugar de origen: Frigia. Turquía.
Fecha de nacimiento: 70.
Fecha de su muerte: 163.


Contenido

– Breve Biografía
– Oración a San Papías


Breve Biografía

No se sabe mucho sobre la vida de San Papías. Era originario de Frigia y nació pocos años antes que Policarpo (hacia el 69). Según testimonio de San Ireneo, fue discípulo de San Juan y familiar de Policarpo. Era, sin lugar a duda, uno de los que integraban el grupo de los «presbíteros asiáticos» de los que habla el santo obispo de Lyon.

La vida de San Papías corre paralela a la de San Policarpo, aunque es poco probable que alcanzase la edad del obispo de Esmirna. Murió, a lo que parece hacia mediados del siglo II. La Crónica llamada pascual cuenta que San Papías habría padecido el martirio en Pérgamo, al mismo tiempo que Policarpo moría en Esmirna. El cronista, sin embargo, confunde el nombre de San Papías con el de Pápylos, cuyos martirios menciona Eusebio. También Focio le llama mártir; sin embargo, los antiguos nada dicen de su martirio.

El prestigio de San Papías fue grande en la Antigüedad siendo tenido en gran estima por San Ireneo. En cambio, Eusebio no parece compartir esta estima, llegando a decir que «fue un varón de mediocre inteligencia, como lo demuestran sus libros». Las obras a que alude Eusebio son el tratado escrito por San Papías en cinco libros hacia el año 130, y que se titula «Explicación de las sentencias del Señor».

Son varias las razones que justifican el severo juicio de Eusebio. En primer lugar, parece que Papías defendió el milenarismo; en segundo lugar, se considera que demostró tener muy poco sentido crítico en la selección e interpretación de sus fuentes. Con todo, a pesar de sus defectos, lo que se conserva de su obra tiene importancia, pues contiene algo de inestimable valor para nosotros, como es la enseñanza oral de los discípulos de los Apóstoles.

En el prefacio de su obra resume Papías el fin que pretende:

«No dudaré en ofrecerte, ordenadas juntamente con mis interpretaciones, cuantas noticias un día aprendí y grabé bien en mi memoria, seguro como estoy de su verdad. Porque no me complacía yo, como hacen la mayor parte, en los que mucho hablan, sino en los que dicen la verdad; ni en los que recuerdan mandamientos ajenos, sino en los que recuerdan los que fueron dados por el Señor a nuestra fe y proceden de la verdad misma.

Y si se daba el caso de venir alguno de los que habían seguido a los ancianos, yo trataba de discernir los discursos de los ancianos: qué había dicho Andrés, qué Pedro, qué Felipe, qué Tomás o Santiago, o qué Juan o Mateo o cualquier otro de los discípulos del Señor; igualmente, lo que dice Aristión y el anciano Juan, discípulos del Señor. Porque no pensaba yo que los libros pudieran serme de tanto provecho como lo que viene de la palabra viva y permanente».

De esta cita se deduce claramente que La explicación de  las sentencias del Señor que San Papías se proponía explicar, no las había sacado solamente de los evangelios que habían sido escritos antes de él, sino también de la tradición oral. Por consiguiente, su obra no fue un mero comentario de los evangelios, aun cuando la mayor parte de los textos que explica los haya tomado de las narraciones evangélicas.

Entre los pocos fragmentos que Eusebio nos ha transmitido de la obra de San Papías, dos observaciones sobre los dos primeros evangelios se han hecho famosas:

«Marcos, que fue el intérprete de Pedro, puso puntualmente por escrito, aunque no con orden, cuantas cosas recordó referentes a los dichos y a los hechos del Señor. Porque ni había oído al Señor ni le había seguido, sino que más tarde, como dije, siguió a Pedro, quien daba sus instrucciones según las necesidades, pero no como quien compone una ordenación de las sentencias del Señor. De suerte que en nada faltó Marcos poniendo por escrito algunas de aquellas cosas tal como las recordaba. Porque en una sola cosa puso su cuidado: en no omitir nada de lo que había oído o mentir absolutamente en ellas».

Al parecer tenemos aquí la mejor ratificación de la canonicidad del evangelio de Marcos.

Por lo que se refiere al evangelio de Mateo, Eusebio cita estas palabras de San Papías: «Mateo ordenó en lengua hebrea las sentencias (de Jesús), y cada uno las interpretó conforme a su capacidad». Esta afirmación prueba que en tiempos de San Papías la obra original de Mateo había sido ya reemplazada por la traducción griega. Las traducciones a que se refiere San Papías no eran versiones escritas de los evangelios, sino traducciones orales de las sentencias del Señor contenidas en el evangelio. Según toda probabilidad, eran una traducción de las perícopas usadas en las asambleas litúrgicas de las comunidades griegas o bilingües.

Otro de los fragmentos del obispo de Hierápolis, el del prefacio de su obra ya citado, suscita una cuestión no resuelta hasta ahora unánimemente por los investigadores: la identificación de los dos Juanes, nombrados por él entre los garantes de la ortodoxia de su doctrina. ¿Son, en realidad, dos o uno? ¿Se trata del apóstol Juan, del presbítero Juan, o de los dos a la vez? Si es esto último, ¿cómo puede compararlos hasta el punto de que, prácticamente, los equipara en la fuerza y autoridad de su testimonio doctrinal?

El fragmento de San Papías con respecto a los dos Juanes es el siguiente:

«Pero yo no tendré escrúpulos también en citaros un lugar (de origen), junto con mis interpretaciones, de todo lo que he aprendido cuidadosamente y recordado cuidadosamente en el pasado de los ancianos, garantizándoos su verdad. Porque, al revés de muchos, no tuve placer en los que tienen mucho que decir, sino en los que enseñan la verdad; no en los que refieren mandamientos extraños, sino en aquellos (que dan testimonio de) los que dio el Señor para la fe, y se derivan de la misma verdad.

Y también, siempre que venía una persona (cerca de mí) que había sido seguidor de los ancianos, investigaba de él sobre los discursos de los ancianos: lo que había dicho Andrés, o Pedro, o Felipe, o Tomás, o Santiago, o Juan, o Mateo, o algún otro de los discípulos del Señor, o lo que dicen Aristión y el anciano (presbítero) Juan, discípulos del Señor. Porque no creía poder sacar tanto provecho del contenido de libros como de las expresiones de una voz viva y permanente».

Eusebio afirma que el santo escribió las siguientes frases:

“Para ti lector, no dudaré en añadir lo que yo aprendí de los presbíteros, cuyo recuerdo he conservado fielmente, para confirmar la verdad de mis explicaciones. Yo no me agradaba con quienes hablaban bellamente, sino con quienes enseñaban la verdad. No amaba yo a quienes traían mandamientos extraños sino a quienes transmitían los preceptos impuestos por el Señor a nuestra fe, nacidos de la verdad misma.

Cuando me encontraba con alguno de los que habían vivido en compañía de los presbíteros, me preocupaba por saber lo que ellos habían dicho, lo que dijeron Andrés, o Pedro, o Felipe, o Tomás, o Santiago, o Juan, o Mateo, o algún otro de los discípulos del Señor. No creía yo encontrar en lo que hay en los libros, algo que me fuera tan provechoso, como las cosas expresadas por una palabra que permanecía viva”.

Es bueno hacer notar, añade Eusebio, que San Papías menciona dos personajes llamados Juan: sitúa en primer lugar a un Juan junto con los nombres de Pedro, Santiago, Mateo y el resto de los Apóstoles: es al evangelista, a quien indica con toda claridad.

A continuación introduce una distinción y sitúa al segundo Juan entre otro grupo que no es el apostólico. Lo coloca después de Aristión y positivamente le da el nombre de presbítero, hombre de la generación que le precedía a él mismo. Así, se encontraría confirmada la afirmación de los que defienden la existencia de dos hombres llamados Juan, en Asia, y de que existen en Efeso dos tumbas que todavía llevan ese nombre.

San Papías reconoce haber recibido la doctrina de los Apóstoles, por quienes trataron con ellos. Por otra parte, dice que fue oyente directo de Aristión y de Juan el presbítero. Estas son las fuentes de donde tomó lo que nos ha dejado en sus escritos: mezcla elementos venidos —nos dice— por una tradición oral, parábolas extranjeras, narraciones completamente fabulosas, por ejemplo, a propósito del milenarismo.

Es muy probable, ha escrito Dom J. Chapman, que San Papías tuviera un Nuevo Testamento con los cuatro Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, las principales epístolas de San Pablo, el Apocalipsis, las epístolas de San Juan, y la primera epístola de San Pedro. Se ignora cómo murió San Papías. Algunos, fundándose en lo que dice la crónica pascual, han creído que sufrió el martirio en Pérgamo, en 163. Pero esta fecha parece ser muy posterior a la que se le asigna comúnmente. Además, de Eusebio (Hist, eccl., vol. 1v, c. xv, n. 46) no se aplica a San Papías.

Las opiniones equivocadas de San Papías no han impedido reconocerlo como a un santo. Así lo califica San Jerónimo; sin embargo los elogios no mencionan su nombre, sino es a partir del siglo IX.

Oración a San Papías

San Papías ruega por nosotros.
Amén.

San Papías| Fuentes
El Santo de cada día por Butler.
Transmisión en vivo desde el Santuario de Nuestra Señora de Fátima En Directo
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