Nola

22 de Junio: San Paulino de Nola

Publicado el 22 de junio de 2021

Actualizado el 22 de junio de 2026

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San Paulino de Nola, nacido Pontius Meropius Anicius Paulino, alcanzó el cargo de gobernador de Campania, pero tras el asesinato del emperador Graciano, abandonó su carrera, a fin de mantenerla a salvo de los turbulentos momentos que vivía la región en aquellos días. Pronto sintió el llamado de Cristo, fue bautizado cristiano. Practicó una forma de vida ascética con su mujer y sus compañeros. Ordenado obispo, se distinguió por su erudición y santidad, por acoger a los peregrinos y por ayudar a los desvalidos.


Día celebración: 22 de Junio.
Lugar de origen: Burdeos, Francia.
Fecha de nacimiento: 353.
Fecha de su muerte: 431.


Contenido

– Introducción
– Conversión
– Vida en España
– Vida monástica en Nola
– Obispo de Nola
– Muerte y culto
– Oración a San Paulino de Nola


Introducción

En el siglo IV, nació en Burdeos San Paulino de Nola, perteneciente a una ilustre familia de origen romano, la de Poncio Paulino. Este noble santo vivió treinta y seis años en la juventud y en actividades mundanas, seguidos de cuarenta y dos años dedicados a la vida cristiana, el sacerdocio y el episcopado. Su vida fue santificada por la práctica de virtudes elevadas, otorgándole un dominio sobre los demonios y recibiendo elogios de santos como Ambrosio, Jerónimo, Agustín y Gregorio Magno.

San Paulino nació alrededor del año 353 en una familia de caballeros romanos muy ilustres y fervorosos cristianos. Desde su infancia, sus padres lo consagraron a San Félix de Nola, pero, lamentablemente, fue bautizado tarde según la costumbre de la época. Desde joven, mostró interés por los libros y luego asistió a la Universidad de Burdeos.

San Paulino de Nola tuvo como maestro al renombrado Ausonio, el retórico más destacado de su tiempo. Aprendió rápidamente la retórica práctica y, debido a sus notables habilidades, generó envidia entre sus compañeros y también en su maestro. En 368, a la edad de quince años, acompañó a Poncio Paulino a Tréveris, donde este último fue llamado por Valentiniano I para ser preceptor de Graciano, el joven heredero del imperio. Durante su estancia allí, continuó sus estudios en Filosofía, Ciencias naturales y Derecho.

Después de finalizar sus estudios, San Paulino se trasladó a Roma, sintiendo una profunda conexión con la ciudad. Rápidamente ascendió en la carrera pública, ocupando cargos como gobernador del Epiro, posiblemente prefecto de Roma, cónsul suplente en 378, y luego senador y gobernador de Campania. A los veintisiete años, había alcanzado la cima de los honores humanos y parecía tener un prometedor futuro.

Sin embargo, la tragedia golpeó sus esperanzas cuando, el 25 de junio de 383, el emperador Graciano fue asesinado por Máximo, quien fue proclamado emperador por las legiones rebeldes de Bretaña. Ante esta situación, San Paulino optó por adaptarse a las circunstancias. Para proteger a su familia de posibles represalias de Máximo, abandonó el servicio del emperador legítimo y se refugió en el país de Aquitania.

Conversión

En Burdeos, San Paulino de Nola sintió su primer llamado mientras asistía a las festividades de San Félix. Este encuentro le dejó una profunda impresión, y, aunque inicialmente fue como una centella momentánea, se adentró en su corazón. Se consagró a San Félix y dedicó esfuerzos a mejorar el camino hacia su tumba y construir un hospital para los pobres. A pesar de estos llamamientos internos, su conversión completa tardó diez años en manifestarse plenamente.

Durante este tiempo, sus deberes como gobernador lo llevaron a Roma, donde conoció a San Jerónimo y se enteró de la generosidad de su parienta Melania, así como de la vida monástica en Oriente. Observó la noble vida de Paula y otras mujeres cristianas en el Aventino y presenció el triunfo del cristianismo con los edictos de Graciano. Estos eventos lo conmovieron, pero su conversión se completó seis años después con la muerte de Graciano, ya que antes debió lidiar con inquietudes y cuidados en Aquitania y hacer viajes para resolver sus asuntos comerciales debido a las sospechas del usurpador.

En sus viajes por España, Paulino conoció a una joven española llamada Teresa, con quien se casó. En Viena, San Martín de Tours lo curó milagrosamente. En Milán, tuvo contacto con San Alipio y San Ambrosio, pero su conversión aún tardó dos años. A pesar de su riqueza y relaciones con Ausonio y otros amigos, se entregó al estudio de la Filosofía y llegó a la conclusión de que nada era mejor que creer en Cristo. Con exhortaciones de Santos Delfín y Amando, así como los entusiastas consejos de Teresa, decidió finalmente recibir el Bautismo en Burdeos en el año 389, venciendo las tentaciones de Satanás que sugerían un retorno a la Corte.

Vida en España

Desde su conversión, San Paulino de Nola progresó constantemente en la senda de la perfección. Abandonó la musa pagana y se dedicó a la poesía cristiana, componiendo versos de salmos y una vida de San Juan Bautista. Dejó el foro, se retiró a la vida tranquila en el campo y utilizó sus riquezas para ayudar a los demás. Sin embargo, enfrentó la reprobación de amigos, burlas de compatriotas y la soledad. Se trasladó a Barcelona en el año 390 para vivir pacíficamente durante tres o cuatro años. Experimentó pruebas con la muerte de su hermano en 392, lo que le afectó profundamente, especialmente por las preocupaciones sobre la salvación eterna de su hermano.

Después de la muerte de su hermano y de la breve vida de su hijo, San Paulino de Nola comprendió que su llamado era dejar como descendencia las buenas obras. Junto con su virtuosa esposa, hizo voto de castidad perpetua y decidió retirarse a Nola, cerca del sepulcro de San Félix. Consultó a San Jerónimo, quien le aconsejó despojarse de sus bienes y dedicarse al estudio de los Libros Santos. Inmediatamente, Paulino liquidó sus bienes en España, pero la población de Barcelona intentó impedirlo.

El 25 de diciembre de 393, mientras Paulino y Teresa asistían a los oficios en la catedral, los fieles suplicaron al obispo Larapadio que ordenara sacerdote a San Paulino de Nola para retenerlo entre ellos. Aunque al principio se resistió, finalmente aceptó, con la condición de poder retirarse al lugar que considerara mejor para el servicio de Dios.

Tras comunicar su elevación al sacerdocio a sus amigos Delfín y Amando, San Paulino de Nola solicitó el auxilio de sus oraciones, expresando su deseo de ser una rama fructífera del árbol de su amistad. Partió de España después de las fiestas de Pascua de 394, prefiriendo dirigirse a la Galia en lugar de cruzar el Mediterráneo hacia Italia. En Narbona, se encontró con Sulpicio Severo y luego fue a Milán, donde San Ambrosio le recibió y le agregó a su clero, permitiéndole elegir su lugar de residencia.

Posteriormente, San Paulino de Nola viajó a Roma, donde tuvo una recepción desigual, siendo menospreciado por algunos senadores y recibiendo con frialdad al papa Siricio. Sin embargo, fue acogido con entusiasmo por los amigos de San Jerónimo y Santa Paula. Ante estas circunstancias, decidió no prolongar su estancia en la capital y se dirigió rápidamente a la Campania, para finalmente llegar a Nola al comenzar el otoño.

Vida monástica en Nola

La llegada de San Paulino a Nola fue recibida con alegría por los habitantes, y el obispo Paulo le autorizó a fijar su residencia cerca del sepulcro de San Félix. En las proximidades de este sepulcro, Paulino había construido un hospicio para los pobres, que ahora amplió, reservándose un ala para él y sus compañeros, y cediendo la otra a Teresa y otras mujeres piadosas.

Este lugar, que Paulino llamó monasterio, se regía por la Regla de San Agustín. Los residentes seguían una vida religiosa, con rezos matutinos y vespertinos, ayunos casi constantes, abstinencia, uso de vajilla sencilla y vestimenta humilde. La soledad era estrictamente observada, solo quebrantada por la caridad. Paulino acogió a mensajeros enviados por amigos de la Galia y otras regiones, así como a Santa Melania y sus acompañantes en dos ocasiones.

Aunque amaba la soledad, San Paulino no dejaba de predicar la palabra de Dios a los fieles cuando la caridad lo exigía. Anualmente, iba a Roma para celebrar la fiesta de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y venerar sus reliquias. Durante este período, compuso catorce himnos para la fiesta de San Félix y escribió el panegírico del emperador Teodosio a petición de un sacerdote de Roma. Además, mantenía correspondencia activa con varios santos, incluyendo a San Alipio, San Agustín, San Jerónimo y San Sulpicio Severo.

Para romper la monotonía de sus estudios, San Paulino no temía dedicarse a cuidar un pequeño jardín y participar en la construcción de una nueva basílica artística en honor a San Félix.

Obispo de Nola

San Paulino de Nola vivió en Nola con ejemplaridad durante quince años, y tras la pérdida de Teresa y la muerte del obispo Paulo, fue elegido para sucederle. En este tiempo, Alarico invadió Italia, y a pesar de su amor al retiro, Paulino aceptó el episcopado en un momento crítico. Cuando Alarico capturó Nola en el 410, se llevó prisioneros, incluyendo al hijo de una viuda desconsolada. A pesar de no tener dinero, Paulino se ofreció como esclavo en lugar del joven cautivo, viajó a África y, mediante su virtud, logró la libertad para todos los cautivos de su diócesis.

Después de su regreso de la cautividad, Paulino se dedicó a reparar las ruinas causadas por los bárbaros. Su fama se extendió, y líderes como Honorato y Euquerio buscaron información sobre la vida que llevaba en Nola. San Agustín también se comunicó con él sobre la herejía pelagiana, y Paulino condenó este error y excomulgó a sacerdotes que lo favorecían. Además, se le atribuye a San Paulino la invención de las campanas, al construir el primer campanario para llamar a los fieles a los divinos oficios.

Muerte y culto

San Paulino de Nola, ya anciano y debilitado por los trabajos y penitencias, enfrentó una pleuresía aguda que lo postró en cama. A pesar de su estado, celebró la Misa en su habitación, asistido por obispos. Rezó Laudes y Vísperas los días siguientes, incluso admitiendo de nuevo a sacerdotes pelagianos arrepentidos en su diócesis. En sus últimos momentos, recibió consuelo de las apariciones de los Santos Jenaro y Martín. Al tercer día de su enfermedad, falleció apaciblemente. San Paulino fue llorado por el pueblo, y sus reliquias fueron inicialmente trasladadas a Benevento y, posteriormente, a Roma por el emperador Otón III en el año 1000. En 1908, Pío X concedió a la Iglesia de Nola los restos de San Paulino y elevó su oficio a rito doble para la Iglesia universal.

Oración a San Paulino de Nola

Señor, Dios nuestro, tú has querido enaltecer a tu obispo san Paulino de Nola por su celo pastoral y su amor a la pobreza; concede a cuantos celebramos hoy sus méritos imitar los ejemplos de su vida de caridad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.

Cordero de Dios

San Paulino de Nola | Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

https://www.oracionespara.com/oracion-liturgica/san-paulino-de-nola/2317/#encender-vela

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.