Tomas villanueva

22 de Septiembre: Santo Tomás de Villanueva

Publicado el 22 de septiembre de 2020

Actualizado el 23 de abril de 2025

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Santo Tomás de Villanueva (1488 – 8 de septiembre de 1555), nacido Tomás García y Martínez, fue un fraile español de la Orden de San Agustín que fue un destacado predicador, asceta y escritor religioso de su época. Se convirtió en un arzobispo que fue muy famoso por la extensión de su cuidado por los pobres y más necesitados de su sede.


Día celebración: 22 de Septiembre.
Lugar de origen: Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, España.
Fecha de nacimiento: 1488.
Fecha de su muerte: 8 de septiembre de 1555.


Contenido

– Introducción
– El niño limosnero
– Religioso agustino
– Obispo de Valencia
– Virtudes del Santo
– Éxtasis | Su muerte
– Oración a Santo Tomás de Villanueva


Introducción

Mientras Martín Lutero agitaba Alemania, el monje agustino Tomás de Villanueva santificaba España. Nacido en Fuenllana en 1488 y criado en Villanueva de los Infantes, Tomás ingresó en la Orden de San Agustín. Sus padres, Alonso Tomás García y Lucía Martínez de Castellanos, se distinguieron por su caridad. Don Alonso repartía sus rentas a los pobres, mientras que doña Lucía era profundamente devota y dedicada a la ayuda de necesitados, incluso realizando trabajos para obreras pobres y realizando milagros en favor de los desamparados. En una ocasión, después de dar toda su harina a los pobres, el granero se llenó milagrosamente para ayudar a otro necesitado.

 

El niño limosnero

Inspirado por ejemplos de misericordia, Tomás de Villanueva desarrolló una caridad excepcional, superando incluso a sus padres en la ayuda a los necesitados. Desde niño, se ganó el título de «Padre de los necesitados» al compartir su almuerzo y ropa con los pobres. A menudo pedía a su madre que le diera su ración de comida para darla como limosna. En una ocasión, repartió los pollos de una gallina que criaba entre seis mendigos cuando su madre estaba fuera, explicando con una sonrisa cómo lo había hecho:

—Señora, no me sufrían las entrañas que los pobres se fuesen como habían venido. No hallando pan ni otra cosa que darles de limosna, les he dado un pollito a cada uno, y si viniera otro pobre, pensaba darle la gallina.

Si en casa le regalaban algún dinerillo, Tomás de Villanueva, lo usaba para comprar huevos y llevarlos a los enfermos del hospital. Durante la siega, daba parte del almuerzo destinado a los segadores a los pobres que recogían espigas, y los segadores no notaban la falta debido a un milagro. Ayunaba y se disciplinaba rigurosamente en secreto, lo cual su madre descubrió y agradeció. A los quince años, ingresó en la Universidad de Alcalá, donde destacó en Filosofía y Teología, siendo luego nombrado colegial por el cardenal Cisneros. Más tarde, ocupó una cátedra en Salamanca. Influenciado por las enseñanzas de Cristo sobre la renuncia, empezó a guiar a otros hacia la vida perfecta y buscó la divina luz para elegir su camino.

Religioso agustino

Al enterarse de la muerte de su padre, Tomás de Villanueva regresó a Villanueva para consolar a su madre y gestionar la herencia. Transformó la casa principal en un hospital para pobres y peregrinos, guardando solo lo necesario para su madre y repartiendo el resto entre los necesitados. Sentido claramente el llamado divino a renunciar a su pasado, se unió a la Orden de San Agustín en Salamanca el 21 de noviembre de 1516, festividad de la Presentación de Nuestra Señora. Tras completar el noviciado y hacer su profesión en 1517, fue ordenado sacerdote y celebró su primera misa en Navidad, mostrando un fervor tan intenso que le llevó a vivir éxtasis durante la celebración. En sus últimos años, no pudo celebrar misas de Navidad en público debido a sus frecuentes éxtasis.

Aunque Tomás de Villanueva prefería una vida retirada, sus superiores le encomendaron enseñar Teología en el convento de Salamanca. Explicó el *Maestro de las Sentencias* de Pedro Lombardo según la doctrina de Santo Tomás de Aquino, combinando ciencia y piedad. Enseñaba que el recogimiento del claustro no excluye el estudio, pero que la ciencia sin devoción es inútil, como una espada en manos de un niño.

Empezó también a predicar en la ciudad. Por su espíritu y su celo, le comparaban con San Pablo y con el profeta Elias. El fruto de sus sermones era increíble. De tal manera trocó la ciudad, que los cristianos no aspiraban sino a la penitencia. Don Juan de Muñatones, agustino, y a la sazón obispo de Segorbe, decía «que a quien mirase entonces a la ciudad de Salamanca, no le parecería ciudad de seglares, sino un gran monasterio de religiosos».

El emperador Carlos V quedó tan impresionado con un sermón de Tomás de Villanueva que quiso escucharlo siempre, incluso en secreto, y lo nombró su predicador. Tomás usó esta influencia para obtener indultos para algunos reos. Ocupó cargos como prior en Salamanca, Burgos, y Valladolid, y fue provincial de Andalucía y Castilla. Desempeñó estos roles con humildad y celo, ganándose el cariño y respeto de sus compañeros. Se oponía a las novedades, enfocándose en la observancia de las leyes y buenas costumbres. Visitaba personalmente todos los conventos de su provincia, recomendando una devota celebración del oficio divino y la misa, la limpieza de iglesias, la lectura de la Escritura, la verdadera caridad fraterna, y el amor al trabajo, evitando la pereza.

Obispo de Valencia

Tomás de Villanueva, durante sus apostólicas tareas, creció en perfección y logró transformar a muchas personas y conventos con sus virtudes. En 1528, el emperador Carlos V lo eligió para el arzobispado de Granada, pero Tomás se resistió tanto que el emperador desistió. Dieciséis años después, al vacar el arzobispado de Valencia, el emperador, que estaba en Flandes, nombró inicialmente a un jerónimo. Sin embargo, el secretario del emperador erróneamente incluyó el nombre de Tomás de Villanueva en la cédula para la firma.

— «¿Qué habéis escrito? — le dijo Carlos V— . Yo no os dije a un agustino, sino a un jerónimo.

— Ciertamente, Señor, a mí me pareció haber oído el nombre de fray Tomás; pero haré otra cédula, y pondré el que Vuestra Majestad mande.

—No —repuso el emperador— ; no deshagamos lo que Dios ha hecho. Aquel primer arzobispo lo nombré yo; éste le nombra Dios».

El 5 de agosto de 1544, el emperador Carlos V firmó la cédula para nombrar a Tomás de Villanueva arzobispo de Valencia, a pesar de su resistencia. Ni los ruegos de importantes personas ni las razones del príncipe Felipe lograron convencerlo, pero finalmente cedió por obediencia. El papa Paulo III confirmó la elección el 10 de octubre y envió el palio un mes después. Tomás dejó su celda con lágrimas, fue consagrado y viajó a pie a Valencia, acompañado solo por un religioso y dos criados. Al llegar a su diócesis, comenzó a llover abundantemente, lo que se consideró un presagio de las bendiciones que el cielo reservaba para esa región.

Virtudes del Santo

Llovía torrencialmente. Cuando fray Tomás de Villanueva llegó a la puerta del convento de Valencia bajo la fuerte lluvia, sólo pidió hospitalidad por unos días, sin cartas de obediencia ni acompañamiento. El hermano portero, al notar su modestia y sencillez, empezó a sospechar que uno de ellos podría ser el nuevo arzobispo. Aunque el prior estaba esperando la llegada del arzobispo, los recibió con humildad y se disculpó por la pobreza del convento, temiendo no poder atenderlos como se merecían.

— No se moleste, padre prior — le dijo fray Tomás— ; este padre y vuestro servidor nos contentaremos con una celdilla mientras duren las lluvias; por lo que al sustento se refiere, ya nos arreglaremos; pronto vendrá el criado encargado de los gastos del viaje.

Al fin, el prior tuvo atrevimiento para preguntarle:

—Os suplico, padre, por amor de Dios, que me saquéis de duda. ¿No soís por ventura el señor arzobispo?

Sí, lo soy —respondió Tomás, no pudiendo ya ocultar la verdad— ; aunque muy incapaz e indigno.

El prior se arrodilló y besó la mano de fray Tomás de Villanueva, quien llegó a Valencia el 1 de enero de 1545 vestido con el humilde hábito de monje. Admirado por su devoción y humildad, el prior le ofreció cuatro mil escudos para amueblar su residencia, pero Tomás los destinó al hospital para los enfermos. A pesar de la vida menos ejemplar de parte del clero de la diócesis, el Santo inició una reforma con leyes santas y un ejemplo de vida austera. Mantuvo su vida de religioso, limitando su dieta a manjares ordinarios, ayunando rigurosamente y remendando sus propios hábitos. Aunque aceptó usar un bonetillo de seda para complacer a los canónigos, comentó con humor sobre él, recordando su voto de pobreza.

«Veis aquí mi arzobispado; porque no les parece a los señores canónigos que soy arzobispo, si no traigo bonetillo de seda. No consiste la autoridad de un prelado en lo precioso de las ropas, sino en el celo de las almas que Dios le ha encomendado».

El palacio del arzobispo Tomás de Villanueva era un modelo de pobreza, sin tapicería ni lujos. Dormía sobre un haz de sarmientos con una piedra como cabecera. Su principal método de reforma del clero era su ejemplo de vida santa. Al asumir su cargo, realizó una visita pastoral y convocó un sínodo provincial para recordar las leyes eclesiásticas, logrando que muchos sacerdotes se enmendaran.

Desarrolló amistad con un canónigo problemático y, mediante su ejemplo y persistencia, lo convirtió en un modelo para la ciudad. Al confrontar a un sacerdote obstinado, Tomás se humilló públicamente, flagelándose para demostrar su responsabilidad en la obstinación del clérigo, quien, conmovido, prometió y logró enmendar su vida.

El arzobispo de Valencia, con una renta de dieciocho mil ducados, distribuyó generosamente su dinero: tres mil ducados a su predecesor, dos mil a escuelas de hijos de moros, y diez mil al alivio de pobres y enfermos. El resto se usaba para el sustento de su casa. Cada día, quinientos pobres recibían raciones de carne, pan, vino y dinero en su palacio. A menudo, acompañaba su caridad con milagros. En una ocasión, notó a un tullido que lo observaba atentamente, y lo llamó para preguntarle.

—He reparado, hermano, que me mirabas con atención. ¿Por qué lo hacías? ¿Acaso no te basta la limosna que te dan?

— Señor —respondió el pobre— , para mí, harto me dan; pero tengo mujer y dos hijos, y, repartido con ellos, padecemos grande necesidad.

— ¿No sabes algún oficio para ayudar a tu familia con lo que te doy?

—Sastre soy. señor, y si yo tuviera salud, con ella sustentara mi casa.

— Pues, ¿qué quieres — le dijo el Santo— : salud o limosna?

— ¡Oh. si yo tuviera salud!… — repuso el pobre.

— En el nombre de Jesucristo Nazareno crucificado — le dijo Tomás— . deja esas muletas, y vete con salud a trabajar en tu casa. Al punto sanó el tullido, y fue a vivir de su oficio.

Éxtasis | Su muerte

El Señor recompensaba con gracias extraordinarias las obras de Tomás, quien experimentaba frecuentes éxtasis durante la oración, el rezo del breviario y en los sermones. Temía profundamente por su salvación desde que se convirtió en arzobispo y deseaba renunciar para retirarse a una vida de soledad con Dios. A pesar de sus súplicas al Papa Julio II y al Emperador, no obtuvo permiso. En su desesperación, pasó muchas noches llorando y orando ante un Crucifijo. Una noche, después de rezar el Miserere en lágrimas, el Santo Cristo le habló:

«Ten buen ánimo, que el día del Nacimiento de mi Madre vendrás a mí y descansarás».

Enfermó el día 29 de agosto de una grave calentura que fue subiendo día tras día. Fue a verle el obispo de Segovia, y le dijo que los médicos tenían ya poca esperanza de su curación. El Santo se puso de rodillas y exclamó: «Heme llenado de gozo con lo que acaba de serme dicho: Iremos u casa del Señor».

Luego añadió moderando un tanto su alegría: «Señor, si todavía me necesita tu pueblo, no rehusó el trabajo; de lo contrario, ansío morir para llegarme a Ti».

Recibió el Viático en presencia del clero, a quien recomendó guardar los mandamientos del Señor, llevar vida conforme con la santidad del ministerio sacerdotal y estar inviolablemente unidos con la Santa Sede romana, asegurándoles que, si Dios se apiadaba de él, como así lo esperaba, rogaría en el cielo para que en ningún tiempo desfalleciera la fe en la Iglesia de Valencia.

Mandó que todos cuantos bienes le quedaban los repartiesen a los necesitados, y que a un pobre carcelero le diesen la cama en que yacía moribundo, porque dispuesto estaba a morir en el duro suelo.

El carcelero aceptó la cama, y entonces el Santo le pidió que por amor de Dios se la prestase para morir en ella. También pidió que se pusiese un altar en su sala y se dijese misa. En la comunión del sacerdote empezó a decir el cántico Nunc dimittis, y añadiendo las palabras «Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu», lo entregó a su Criador el día 8 de septiembre, Natividad de la Virgen María.

Enterráronle en el convento de los Agustinos, y el Señor ilustró su sepulcro con innumerables milagros.

Alejandro VII le puso en el catálogo de los Santos a 1.° de noviembre de 1658. La Iglesia celebra su fiesta el día 22 de septiembre, pero la Orden Augustiniana suele celebrarla a 18 de septiembre.

Oración a Santo Tomás de Villanueva

Santo Tomás de Villanueva,
obispo de Casa Santa,
una limosna te pido
con el corazón y el alma.
Dámela Santo Tomás,
que me hace mucha falta;
por tu padre, por tu madre
y por las olas del mar,
que en mi casa
nunca haga falta el pan;
de las siete limosnas
que repartes todos los días,
una de ellas que sea la mía.

Amén.

Cordero de Dios

| Fuentes

La vida de los Santos por Edelvives
Oración de Aciprensa

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.