San Apolinar, Obispo de Hierápolis

23 de Julio: San Apolinar de Ravena

Publicado el 23 de julio de 2021

Actualizado el 19 de abril de 2025

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Día celebración: 23 de Julio.
Lugar de origen: Antioquía, Turquía.
Fecha de nacimiento: ?
Fecha de su muerte: 23 de julio de 75.
Santo Patrono de: Ravena.


Contenido

– Introducción
– Obispo de Ravena
– El Ex Cónsul Rufo
– Ante el Vicario Imperial
– Correrías Apostólicas
– Muerte del santo
– Reliquias de San Apolinar de Ravena
– Oración a San Apolinar de Ravena


Introducción

Antiguamente, se llamaba «Pasión» a los relatos hagiográficos sobre el martirio de los santos. Poseemos diversas «pasiones» antiguas, pero algunas no son fiables debido a la inclusión de tradiciones y leyendas populares no verificadas.

De la «pasión» de San Apolinar, extraemos el relato verídico de que fundó la Iglesia de Ravena por encargo de San Pedro, realizó milagros y fue martirizado durante el reinado de Vespasiano. San Pedro Crisólogo, sucesor de San Apolinar en Ravena (432-452), avala estos hechos y protege su memoria. Los diálogos presentados son expresiones literarias que reflejan la vida de santidad de San Apolinar, similar a la de los primeros apóstoles de la Iglesia.

Obispo de Ravena

San Pedro, Príncipe de los Apóstoles, siguiendo el mandato de Jesucristo de «Id y enseñad a todas las gentes», envió a San Apolinar y otros a difundir el cristianismo. Apolinar, colaborador de Pedro desde su traslado de Antioquía a Roma, llegó a Ravena alrededor del año 50 y se hospedó en la casa de un soldado llamado Ireneo.

Durante su estancia, Apolinar compartió sus planes para la población con Ireneo, quien mostró interés. Apolinar le instó a abandonar la adoración a los dioses paganos y abrazar el cristianismo. Ireneo desafió a Apolinar a curar la ceguera de su hijo como prueba de la divinidad del Dios cristiano.

Apolinar hizo la señal de la cruz sobre los ojos del joven, devolviéndole la vista, lo que causó asombro entre los presentes. Este milagro llevó a la conversión de muchos, dispuestos a escuchar las enseñanzas de Apolinar.

Ante el gobernador

Ireneo, después de presenciar un milagro realizado por San Apolinar, llevó al santo a la casa de un tribuno militar cuya esposa, Tecla, estaba enferma. Apolinar curó a Tecla, lo que llevó a la conversión del tribuno, su familia y amigos.

A partir de entonces, la casa del tribuno se convirtió en el centro de la actividad apostólica de Apolinar en Ravena. Allí, educaba a los niños en la fe cristiana y formaba una comunidad floreciente con la ayuda de sacerdotes y diáconos, incluyendo a Aderito, Calócero, Marciano y Leucedio, bajo la dirección de Apolinar.

La fama de Apolinar creció rápidamente, lo que provocó la preocupación de los paganos. Fue arrestado y llevado ante el gobernador Saturnino, quien lo interrogó en presencia de sacerdotes paganos debido a las acusaciones de idolatría.

— ¿Qué intentas hacer entre nosotros? —preguntó el gobernador.

— Predicar la fe de Cristo —contestó el Santo con decisión.

— ¿Y quién es ese Cristo al que quieres predicar?

—Es el Hijo de D ios, el que ha dado vida a cuantos seres existen.

—Según eso, has sido enviado para destruir el culto de nuestros dioses, ¿verdad? ¿Desconoces quizá el nombre del gran Júpiter que mora en el Capitolio y a quien debes invocar con temor?

—Ignoro en absoluto quién sea ese Júpiter de que me hablas.

—Que se venga con nosotros —dijeron los pontífices al juez— y podrá contemplar la magnificencia del templo y la hermosa estatua de nuestro dios poderoso y temible. Que venga, pues quiere conocerlo. Accedió el juez, y acompañaron a Apolinar al templo. Al ver la espléndida construcción, sonrió y dijo a los presentes en tono compasivo.

— ¿De esta magnificencia y de estos adornos os enorgullecéis? Más os valdría vender todo eso y repartir su precio entre los pobres en vez de dedicar tan cuantiosas riquezas al culto de los demonios.

Los paganos, enfurecidos, incitaron a la gente contra Apolinar, lo golpearon brutalmente y lo dejaron cerca del mar. Sus discípulos lo rescataron y lo llevaron a casa de una viuda piadosa, donde se recuperó. Una vez recuperado, se dirigió a Chiusi para curar milagrosamente a la hija poseída de un hombre llamado Bonifacio. Luego viajó a Emilia antes de regresar a Ravena.

El Ex Cónsul Rufo

El ex cónsul Rufo de Ravena tenía una hija gravemente enferma y desesperado, envió un mensaje a Apolinar buscando ayuda. Sin embargo, Apolinar llegó demasiado tarde, ya que la joven había fallecido. Rufo, devastado, lamentó haber confiado en el Dios de Apolinar en lugar de en Júpiter.

Y luego, descorazonado por el dolor de aquella irreparable pérdida, añadió :

— ¿Qué puedes hacer ya por ella?

—Ten confianza, Rufo —respondió el Santo— . Promete dejar a tu hija en absoluta libertad de seguir a Jesucristo y Él hará lo que conviene.

—Mi hija ha muerto —suspiró el ex cónsul—, pero si por un imposible volviere a la vida, no sería yo quien me opusiera a sus deseos. Aunque hubiese de abandonar mi casa por seguir los consejos y los ejemplos de su libertador, accedería de todo corazón a ello.

Triste y desoladora era la escena de dolor que aquel hogar presentaba. El más profundo silencio, sólo interrumpido por los sollozos, reinaba en torno de la difunta. Acercóse el santo obispo al lecho y elevó a Dios esta plegaria:

«Señor, Tú que concediste a Pedro el don de milagros, da a su discípulo el de resucitar a esta tu criatura, pues te confieso por único Dios».

Y tomando de la mano el cadáver de la joven, le dijo :

—En nombre de Cristo, levántate y confiesa que no hay más Dios verdadero que el de los cristianos en cuya virtud vuelves a la vida.

Levantóse la doncella, y con voz segura exclamó:

—Confieso no haber más divinidad que la que predica este hombre.

Los presentes quedaron estupefactos, mas luego, llenos de alegría, convirtiéronse a la fe; y con ellos, hasta trescientos. El Santo, después de catequizarlos, administró a todos el bautismo comenzando por Rufo y su hija.

Ante el Vicario Imperial

Rufo, aunque seguía en secreto a Apolinar por lealtad al emperador, tenía a su hija comprometida con una vida de castidad. El crecimiento del cristianismo en Ravena preocupó a los paganos, especialmente a los sacerdotes de los ídolos, cuya influencia había disminuido con la llegada de Apolinar. Se quejaron al emperador Vespasiano, quien ordenó al vicario de Ravena, Mesalino, interrogar públicamente a Apolinar para investigar las acusaciones.

— ¿Cómo te llamas——- preguntóle el delegado imperial.

—Apolinar —respondió el santo obispo.

— ¿De dónde vienes?

—De Antioquía.

— ¿Cuá! es tu oficio?

—Soy cristiano, y como tal, discípulo de los Apóstoles de Cristo.

—¿Y quién es ese Cristo de quien tantas veces oigo hablar?

—El Hijo de Dios vivo, criador del cielo y de la tierra, del mar y de cuanto ellos contienen, y sustentador de todo el universo.

— ¿Será tal vez aquel Jesús que los judíos crucificaron por llamarse Hijo de Dios? Si tal es, no entiendo yo cómo podía ser Dios dejándose insultar impunemente y crucificar con ignominia. Comprende que estás en grave error. Abandona, pues, esa religión, ludibrio de la humanidad, y no incurras en la locura de tener por Dios a quien muere en patíbulo infame.

—Pues mira, Mesalino, ese Cristo era Dios, lo sigue siendo y lo será siempre. Nació de una virgen, sufrió y murió por redimir al hombre de la esclavitud del demonio y de los males del pecado.

—Sí, ya nos han contado todo eso que dices, mas en modo alguno podemos admitir tal absurdo que choca con la más elemental razón.

—Atiende, Mesalino, sin prevención e imparcialmente: Ese Dios, en­carnado en el seno de una virgen, obró un sin fin de milagros mientras vivió y, si bien es verdad que padeció afrentosa muerte en cruz, a manos de los judíos, únicamente padeció y murió su humanidad, no su divinidad ; y al tercer día resucitó glorioso y subió a los cielos algún tiempo después por su propia virtud. Concedió a sus discípulos la potestad de ahuyentar a los demonios, curar a los enfermos y resucitar a los muertos.

—En vano tratas de persuadirme, no puedo reconocer por Dios a quien el Senado romano desecha. Cesa tu insensato discurso y sacrifica al inmortal Júpiter. Mira que si no atiendes a lo que buenamente se te aconseja, las torturas y el destierro habrán de persuadirte a que lo hagas.

—Haz de mí lo que te plazca, puesto que sólo a Cristo mi Señor ofreceré incienso en alabanza y olor de suavidad.

—Este hombre usurpa el título de pontífice que únicamente nosotros podemos tener —gritaron los sacerdotes paganos— , y además pretende seducir y engañar al pueblo. Ese crimen ha de ser castigado.

Mandó Mesalino llamar a los verdugos, y les dio orden de flagelar despiadadamente al santo obispo. Y como el mártir, firme en la fe, no cesaba de confesar a Cristo, quiso vencer su constancia a fuerza de suplicios ; a la cruel flagelación siguió el tormento del potro ; y luego la inmersión en aceite hirviendo. Por fin, desterróle a Iliria cargado de cadenas.

— ¡Mesalino! —exclamó el Santo mártir— , ¿por qué no reconoces a Cristo y así te evitarías los tormentos eternos de la vida futura?

El vicario imperial, indignado por la valentía de Apolinar, ordenó golpearlo en la boca con piedras afiladas como castigo. Los cristianos, al presenciar este acto cruel, se enfrentaron a los paganos, provocando su huida. A pesar de esto, los paganos capturaron a Apolinar y lo encarcelaron en un calabozo oscuro con la intención de dejarlo morir de hambre. Sin embargo, un ángel apareció para alimentarlo, dejando atónitos a los guardias. Pasados cuatro días en la prisión, fue enviado al destierro en Iliria.

Correrías Apostólicas

En alta mar, una tormenta hundió la embarcación de Apolinar, pero él y algunos soldados llegaron a la orilla del Adriático milagrosamente. Estos soldados se convirtieron al cristianismo y se convirtieron en aliados de Apolinar en la evangelización de la región.

A pesar de los intentos del demonio por obstaculizar su misión, Apolinar realizó milagros, como curar la lepra de un noble, lo que llevó a más personas a convertirse al cristianismo. Luego, viajó a Tracia, convirtiendo a muchos más y causando que un ídolo se silenciara debido a su presencia.

Después de tres años, Apolinar regresó a Ravena, siendo recibido con afecto por los cristianos. Sin embargo, los paganos lo arrestaron y lo llevaron al templo de Apolo, donde la estatua cayó al suelo al llegar él. Luego fue entregado al pretor Tauro, a quien curó a su hijo ciego. Para protegerlo de los paganos, Tauro lo mantuvo bajo arresto simulado en una «quinta», donde Apolinar continuó su apostolado durante cuatro años, fortaleciendo la fe de los convertidos, ganando más adeptos y realizando curaciones milagrosas.

Muerte del santo

Los sacerdotes de los ídolos descubrieron las intenciones que abrigaba Tauro al retener en su finca al obispo, razón por la cual acudieron nuevamente a Vespasiano, asegurándole que peligraban los intereses del imperio si no cesaban las activas propagandas que el cristianismo venía realizando en perjuicio de la religión de los romanos. Ante denuncia tan grave, dio el emperador orden al patricio Demóstenes para que juzgara al supuesto criminal sin pérdida de tiempo.

En cuanto estuvo el reo ante el tribunal, preguntóle Demóstenes:

—Viejo seductor, ¿cuál es tu linaje?

—Soy cristiano y tengo a mucha gloria y satisfacción el serlo.

— ¡Insensato! Ha sonado ya la hora de acabar con tus locuras y cal­mar la cólera de los dioses justamente irritados contra ti. Te invito, pues, a rendirles adoración y a dejar tus ridículas innovaciones.

—Lejos de mí semejante villanía. Moriré fiel a mi Dios y gustoso ofreceré mi vida en holocausto por mis hijos espirituales. Y ¡ay de vosotros, Demóstenes, y demás paganos, que rehusáis adorar a Cristo! Las llamas eternas del infierno serán el galardón que premie el culto que dais a los demonios personificados en vuestras estatuas.

El juez, enfurecido por la valiente confesión de Apolinar, planeó nuevos tormentos para él y confió su custodia a un centurión. Sin embargo, el centurión, secretamente cristiano, ideó un plan de escape para Apolinar. A pesar de que intentaron escapar, los espías paganos los reconocieron y capturaron a Apolinar, golpeándolo brutalmente y dejándolo por muerto.

Sus discípulos lo llevaron a la casa de un leproso, donde sobrevivió siete días y predijo futuras persecuciones y una eventual calma para la Iglesia. Murió el 27 de julio del año 78 y fue enterrado en Classe, cerca de Ravena. La gente se reunía alrededor de su tumba para prestar juramentos solemnes, tocando las reliquias de Apolinar.

Reliquias de San Apolinar de Ravena

Desde el siglo VI, las reliquias de San Apolinar han sido veneradas en Ravena. Una iglesia en Classe fue construida en honor al Santo por Juliano y consagrada en 549 por el obispo Maximiliano. Un siglo después, el obispo Mauro (642-671) trasladó las reliquias al centro de la iglesia y documentó su historia en láminas de plata.

En 1173, durante el pontificado de Alejandro III, y luego en 1511, bajo el pontificado de Julio II, las reliquias fueron reconocidas y la tumba fue restaurada. En el siglo XVI, los monjes de San Apolinar de Classe trasladaron secretamente las reliquias al convento de San Romualdo en Ravena. Sin embargo, el cabildo de la catedral reclamó las reliquias, argumentando que pertenecían a la iglesia metropolitana fundada por San Apolinar.

Tras un litigio en Roma, el cabildo ganó el caso. En 1654, las reliquias fueron finalmente trasladadas a la basílica antigua y colocadas en la cripta bajo el altar mayor.

Oración a San Apolinar de Ravena

Conduce, Señor, a tus fieles por el camino de la eterna salvación, que tu obispo san Apolinar enseñó con su doctrina y martirio, y haz que, perseverando en tus mandamientos, merezcamos ser coronados con él. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

Cordero de Dios

San Apolinar de Ravena | Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.
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