Día celebración: 23 de Junio.
Lugar de origen: Castelnuovo de Asti. Italia.
Fecha de nacimiento: 15 de enero de 1811.
Fecha de su muerte: 23 de junio de 1860.
Santo Patrono de: Cárceles, prisioneros y condenados a muerte.
Contenido
– Introducción
– Primeros años de apostolado
– Rector del convictorio
– Espíritu de San José Cafasso
– El Apóstol
– Amigo de los enfermos y de los presos
– Predicador y hombre de acción
– Muerte y culto
– Oración a San José Cafasso
Introducción
San José Cafasso, apóstol de Turín, nació el 15 de enero de 1811 en Castelnuovo de Asti, en la diócesis de Turín. A pesar de tener un cuerpo enclenque y algo encorvado, desde pequeño mostró una devoción excepcional, siendo conocido como «Il Santino» o «el Santito» debido a su asiduidad y fervor al ayudar en la misa. Su fisonomía espiritual se destacó por su apostolado de caridad, especialmente hacia los desgraciados, los presos y los condenados a muerte, un aspecto que se refleja en la representación de su tumba rodeado de encarcelados.
San José Cafasso, desde su infancia, destacó por su amor al retiro y una inclinación irresistible hacia las obras de caridad. Según San Juan Bosco, se esforzaba de diversas maneras para poder dar limosnas, renunciaba a las diversiones y a veces actuaba como predicador, impartiendo sermones improvisados llenos de amable piedad y conmovedora unción a parientes y amigos. Durante sus estudios de Retórica y Filosofía en Chieri, fue considerado como un nuevo San Luis Gonzaga debido a su recogimiento, piedad y pureza angelical, y ya se manifestaban las virtudes de mansedumbre y sencillez que caracterizarían su apostolado.
Primeros años de apostolado
Una vez en el Convictorio, San José Cafasso se destacó por su aplicación, humildad y fervor. Durante su estadía, además de dedicarse a los estudios, se entregó con devoción al servicio de los pobres y enfermos de la ciudad. Su vida austera y su intensa vida de oración lo distinguieron como un modelo para sus compañeros.
Su celo apostólico no se limitó al ámbito del Convictorio. En sus visitas a los enfermos y necesitados, comenzó a frecuentar las prisiones de Turín. Esta experiencia marcaría profundamente su vida y su futura obra. San José Cafasso sintió una llamada especial a ministrar a los prisioneros, a menudo considerados los más abandonados y despreciados de la sociedad.
Con el tiempo, San José Cafasso se convirtió en un apasionado defensor de los derechos de los presos y luchó incansablemente por mejorar sus condiciones de vida. Fundó la «Sociedad de San Francisco de Sales para la asistencia de los prisioneros» y se convirtió en un pionero en la reforma penitenciaria. Su labor pastoral en las cárceles y su compromiso con la justicia le valieron el título de «Apóstol de las prisiones«.
En este periodo, San José Cafasso también se dedicó a la predicación y la dirección espiritual. Su caridad pastoral y su capacidad para guiar a las almas le valieron una creciente reputación como confesor. Además, se le confió la formación moral de los sacerdotes y futuros ministros de la Iglesia.
En 1839, fue nombrado rector del Convictorio eclesiástico, cargo que ocupó con diligencia y devoción. Durante su tiempo como rector, continuó su labor en favor de los necesitados y expandió su atención a las cárceles.
La pasión de San José Cafasso por la justicia y la caridad lo llevó a enfrentarse a las injusticias sociales y a trabajar por la reforma de las instituciones penitenciarias. Se preocupó profundamente por la dignidad y el bienestar de los prisioneros, a menudo marginados y olvidados por la sociedad.
San José Cafasso dedicó su vida a la causa de la justicia, la caridad y la defensa de los más necesitados, consolidando su reputación como un apóstol de las prisiones y un guía espiritual ejemplar.
Rector del convictorio
San José Cafasso, además de su fervor en la vida espiritual y su dedicación a la enseñanza y dirección de los jóvenes en el Convictorio, destacó por su obra caritativa y pastoral en las cárceles. Visitaba regularmente a los prisioneros, ofrecía consuelo espiritual, les brindaba ayuda material y abogaba por la mejora de sus condiciones. Su compasión por los marginados se manifestó de manera especialmente notable en su apostolado entre los condenados a muerte.
Fue un firme defensor de la dignidad humana, incluso en aquellos considerados los más despreciados por la sociedad. San José Cafasso se convirtió en el confesor de los condenados, acompañándolos en sus últimos momentos y procurando su preparación espiritual para la muerte. Su misión no se limitaba a lo espiritual, ya que también abogaba por la justicia y la humanización de los castigos, luchando contra las prácticas crueles y abogando por reformas en el sistema penitenciario.
La caridad de San José Cafasso se extendió más allá de los muros de la cárcel. La «Sociedad de San Francisco de Sales para la asistencia de los prisioneros«, también brindaba ayuda a aquellos que, después de cumplir sus condenas, se encontraban en situaciones precarias. Esta sociedad también ofrecía apoyo a los familiares de los reclusos.
La vida de San José Cafasso estuvo marcada por su entrega a los demás, especialmente a aquellos que más necesitaban compasión y ayuda. Su legado perdura como un ejemplo de caridad, justicia y defensa de la dignidad humana, especialmente entre los más marginados.
Espíritu de San José Cafasso
San José Cafasso dejó un impacto significativo en la formación espiritual y pastoral del clero en la provincia eclesiástica de Turín. Su influencia se reflejó en la dedicación, el celo y la piedad de los sacerdotes de la región. Su compromiso con las ceremonias litúrgicas y las solemnidades religiosas sirvió como ejemplo para sus discípulos, quienes asumieron roles humildes en el servicio a Dios, incluso participando como acólitos y turiferarios.
El espíritu de ser «hombres de iglesia» se arraigó profundamente en el clero de Turín, y San José Cafasso fue un guía ejemplar al respecto. Su constante participación en el Santo Sacrificio y sus exhortaciones contribuyeron a que sus discípulos consideraran cualquier servicio a Dios como algo grandioso. El maestro de ceremonias y las funciones litúrgicas eran desempeñadas con reverencia y devoción.
El celo y la caridad de San José Cafasso también se manifestaron en su contribución a obras de caridad en Turín. Participó activamente en la fundación de instituciones caritativas notables, como La Piccola Casa de la Providencia, creada por San José Benito Cottolengo. Su generosidad contribuyó a la creación y el sostenimiento de obras que atendían las necesidades de los más desfavorecidos.
Además, el Oratorio salesiano de San Juan Bosco recibió el apoyo financiero y espiritual de San José Cafasso. Su respaldo constante y aliento fueron fundamentales para que San Juan Bosco continuara su obra, a pesar de las dificultades y pruebas que enfrentó. La influencia de Cafasso trascendió su tiempo, dejando un legado duradero en la iglesia y las obras de caridad en Turín.
Poseía un espíritu de mansedumbre y bondad similar al de San Francisco de Sales. En el confesonario tenía la precaución de no importunar al penitente inquiriendo pormenores meticulosos que turban más que enseñan. «Prefiero — decía— pecar por defecto que por exceso en asunto tan delicado.»
Este espíritu suyo lo inculcaba a los alumnos del Convictorio. Cada año terminaban los estudios un promedio de cuarenta sacerdotes, que penetrados del espíritu de su superior, lo irradiaban con apostólico celo por las vastas y fértiles llanuras del Piamonte, llevando la semilla de la gracia divina doquiera se les destinaba y depositándola en los pueblos que les eran confiados. Cuando más tarde se introdujo el proceso de beatificación de San José Cafasso, todos los testigos confesaron unánimes que la virtud predominante del siervo de Dios era «la confianza en Dios».
Además de las luchas contra las máximas jansenistas, se confió a nuestro biografiado otra delicada misión que en aquellos tiempos de rebelión del liberalismo contra Roma era de gran trascendencia: la de reducir las almas, principalmente las sacerdotales, a entera obediencia y adhesión filial al Jefe supremo de la Iglesia. En el cumplimiento de esta misión predicaba siempre la misma idea, que luego fue repetida por todo el clero del Piamonte: «Quien quiera estar con Dios, debe estar con el Papa.»
El Apóstol
San José Cafasso no solo desempeñó roles de maestro y director, sino que también se destacó como apóstol, dedicando la mayor parte de la mañana al confesonario. Su labor desde este santo tribunal tuvo un impacto inmenso, atrayendo a sacerdotes, nobles, burgueses y personas del campo en busca de consejo, orientación y asistencia espiritual. Incluso el arzobispo de Turín, monseñor Fransini, lo consideraba su mejor consejero.
Cuando el arzobispo tuvo que abandonar su diócesis debido a órdenes del gobierno piamontés, recomendó a su vicario general seguir los consejos de San José Cafasso. Numerosos obispos acudían a él para recibir orientación en asuntos administrativos, y muchos en la capital lo llamaban simplemente «Padre». La marquesa de Barolo, conocida por sus caridades y la hospitalidad que brindó a Silvio Péllico, lo consideraba un guía experimentado.
San Juan Bosco, quien recibió inspiración y apoyo de San José Cafasso en medio de las dificultades, atribuía a su consejero el éxito de sus empresas. Cafasso, sirviendo en el altar el día de la primera Misa de Bosco, le reveló su vocación y continuó guiándolo y animándolo a perseverar con sus consejos y generosidad. San Juan Bosco reconocía la deuda que tenía con Cafasso y afirmaba: «Si algo bueno he hecho, lo debo al reverendo José Cafasso«. La nobleza de Turín también le debía a Cafasso la preservación del honor del catolicismo, ya que siempre contaron con su dirección y consejo.
Amigo de los enfermos y de los presos
San José Cafasso, impulsado por un celo apostólico ardiente, no se limitaba a las fronteras de la iglesia y del Convictorio de San Francisco de Asís. Su influencia se extendía por toda la ciudad, dedicando tiempo diario a visitar a los enfermos y aliviar sus sufrimientos. Sus visitas calmaban el temor de la muerte, infundían esperanza celestial y, en ocasiones, despertaban en los enfermos el deseo de partir hacia la vida eterna, gracias a la inspiración de su espíritu y palabras.
Cuando la conversión de algún enfermo parecía imposible, bastaba acudir a Cafasso para vencer la desesperación. Aunque a veces rechazaba recursos materiales, prefería que las personas caritativas los distribuyeran directamente. A pesar de ello, los pobres lo buscaban tanto en su hogar como en la calle, y él mismo subía a las buhardillas para entregar personalmente limosnas a aquellos necesitados.
Una parte significativa de su labor caritativa se centraba en las cárceles. Como miembro de los Cofrades de la Misericordia, se dedicaba especialmente a los presos y, en particular, a los condenados a muerte. De los más de sesenta y ocho asistidos por él en el momento de su ejecución, ninguno murió impenitente. Cafasso consideraba meritoria la aceptación voluntaria de la muerte y obtuvo de Roma una indulgencia plenaria, aplicable de antemano para ese momento, mediante la recitación de una fórmula de aceptación de la muerte. Pío X extendió este favor a todos los fieles del mundo.
Cuando algún desgraciado era condenado a muerte, San José Cafasso reivindicaba para sí el privilegio de asistirle, y lograba siempre excitar en el alma del pecador sentimientos de arrepentimiento, de resignación y, a veces, hasta de alegría, presentándole el paraíso que pronto se le abriría por la fuerza de la humillación y del dolor que precedían al suplicio. El verdugo mismo decía: «Con don José Cafasso al lado, la muerte ya no es muerte, sino triunfo.»
Predicador y hombre de acción
Además de las obras de caridad ya indicadas, Cafasso se entregó a la obra de los ejercicios espirituales para el clero. A ellos concurrían todos los sacerdotes de la diócesis y aun de las otras sufragáneas y salían santamente renovados por las palabras conmovedoras y abrasadas del celoso director. Pero no sólo los sacerdotes se aprestaban a oírle sino también los seglares: patricios, nobles, oficiales y jóvenes de las Universidades, acudían presurosos a oír sus fervorosas pláticas.
¿De dónde provenía la eficacia de su palabra? Indudablemente de su estudio profundo, de su gran experiencia de las almas, pero principalmente de su virtud. No sólo creía las verdades que predicaba sino que tenía de ellas una persuasión profunda; las amaba, y en ellas se deleitaba. Este ardor con que abrasaba las almas, le venía de las largas meditaciones que hacía al pie del tabernáculo. Durante el día multiplicaba las visitas al Santísimo Sacramento.
Su recogimiento y compostura durante la oración eran admirables; en su rostro se notaba algo de celestial y angélico que hacía exclamar a su coadjutor, que luego fue sucesor suyo: «Sin duda ninguna que nuestro estimado rector ha recibido el don de la contemplación.»
Era tan ardiente el deseo que tenía de acumular méritos para el cielo que todos los trabajos y sacrificios que se imponía en bien de las almas le parecían pocos; quería ganar más aún, y por esto se disciplinaba con frecuencia y ceñía sus lomos con cilicio.
Muerte y culto
En el año 1860, San José Cafasso, anticipando su muerte por revelación divina, consideró este año como el más hermoso de su vida. A pesar de encontrarse en plenitud de fuerzas, canceló compromisos de predicación y aumentó sus oraciones, intensificando su amor por el retiro y su unión con Dios. Se despidió de sus penitentes y, afectado por la enfermedad, se recostó en el lecho del dolor el 11 de junio. Su agonía y glorioso tránsito ocurrieron el 23 de junio.
En su testamento, manifestó humildad extraordinaria, expresando su satisfacción por ser un sacerdote indigno menos en la tierra. Pidió que su memoria desapareciera, pero la Providencia tuvo otros planes. Sus funerales fueron un triunfo, siendo sepultado en la basílica de la Consolata. El proceso de beatificación comenzó en 1899, y el decreto de heroicidad de sus virtudes se emitió en 1921. Pío XI lo declaró Beato en 1925, y Pío XII lo canonizó en 1947. Oremos para que San José Cafasso interceda por la Iglesia, otorgándole santos sacerdotes que lo den a conocer y amen profundamente.
Oración a San José Cafasso
Querido San José Cafasso, Tú, que fuiste el apóstol de los albañiles, de los encarcelados, de los condenados a muerte, de la gente pobre de tu época, haz que los que están en una vida de miseria, puedan sentir el amor de Dios cerca de ellos.
Te encomendamos especialmente a quienes tienen la cárcel del pecado en el corazón O que están presos por sus errores; Intercede para todos un arrepentimiento sincero Y la potencia de la Misericordia de Dios.
Intercede para nosotros el don de una fe sincera, de una esperanza viva, de una caridad fiel. Concédenos del Señor, por tu potente intercesión, las gracias que necesita nuestra vida, cuida y protege a nuestras personas queridas.
¡San José Cafasso Ruega por nosotros!

San José Cafasso | Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.