San Andrés Bobola fue incansable misionero por Ucrania, Volinia, Polesia, la Rusia Blanca, Polonia y Lituania. Llevó continúa tarea de consolar y fortalecer a los perseguidos, tratando de reconciliar estos dos mundos cristianos que se desconocen y se odian. Murió mártir el 16 de mayo de 1657.
Día celebración: 23 de mayo /16 de mayo.
Lugar de origen: Strachocina. Polonia.
Fecha de nacimiento: 30 de noviembre de 1591.
Fecha de su muerte: 16 de mayo de 1657.
Santo Patrono de: Diócesis de Varsovia.
Contenido
– Introducción
– Niñez y juventud
– Su abnegación
– Convierte a los cismáticos
– San Andrés Bobola en Pinsk
– El poder de los cosacos
– Martirio del santo
– Milagros acaecidos después de muerto
– Veneración de católicos y cismáticos | Canonización
– Profanaciones Bolcheviques | El cuerpo del mártir en Roma
– Oración a San Andrés Bobola
Introducción
En 1592, San Andrés Bobola enfrentó desafíos en el Palatinado de Sandomir, Polonia. A pesar de que la nación no había desaparecido, ya experimentaba descomposición y conflicto debido al cisma, la herejía y las luchas entre nobles. Además, las invasiones suecas y los saqueos rusos contribuyeron a la acumulación de ruinas físicas y morales. Aunque hubo valientes esfuerzos para detener la decadencia, los padres Jesuitas, con colegios educativos, no pudieron frenar completamente el declive.
Niñez y juventud
La familia de San Andrés Bobola, de linaje antiguo y noble, destacó en el ejército y la Compañía de Jesús. Desde joven, demostró patriotismo y santidad al estudiar con los padres Jesuitas. Ingresó al noviciado a los 19 años y, tras dominar su temperamento, se dedicó a la enseñanza en Brunsberg. Su capacidad para adaptarse a los niños y su devoción fueron admirables. Ordenado sacerdote en marzo de 1622 en Wilna, coincidiendo con la canonización de San Ignacio y San Francisco Javier.
Su abnegación
Después de hacer votos perpetuos, San Andrés Bobola se convirtió en el superior del Colegio de Bobruisk, pero al sentirse limitado en sus labores apostólicas, solicitó y obtuvo permiso para dejar el cargo. Se dedicó a la vida de misionero durante veintiún años. En 1625, Polonia fue azotada por la peste, provocando la huida de la población, el abandono de los enfermos y la descomposición de los cadáveres, lo que generó un aumento del peligro del contagio y la hambruna.
En medio de la angustia, el valiente misionero San Andrés Bobola actuó impulsado por su ardiente caridad. No se detuvo ante caminos difíciles ni condiciones adversas, llegando a aldeas miserables para enterrar a los muertos, cuidar a los enfermos y brindar ayuda tanto física como espiritual. Su ejemplo inspiró valor a los supervivientes. A pesar de enfrentar dos brotes de peste en 1630 y 1633, Andrés intervino nuevamente con valentía y abnegación, logrando reducir la mortalidad y detener la propagación de la enfermedad, sin ser contagiado.
Convierte a los cismáticos
A pesar de la epidemia y las devastadoras incursiones cosacas en Polonia, donde muchos misioneros fueron víctimas de los invasores rusos, San Andrés Bobola se entregó incansablemente al socorro y consuelo de los desafortunados. Su constante muestra de caridad ganó el corazón de los cismáticos, quienes no habían experimentado ejemplos similares de abnegación por parte de sus sacerdotes. Como resultado, la masa del pueblo comenzó a convertirse, y varias poblaciones, con sus pastores, regresaron a la unidad de la fe católica.
Pronto, en todo el reino de Polonia, no quedaría un solo cismático. Los sacerdotes disidentes, incapaces de ayudarse mutuamente, se enfrentaron al valeroso adversario, San Andrés Bobola, quien los obligó a retirarse y concentrarse en Lituania. Sin embargo, el príncipe Radziwill, gobernador de la provincia, ferviente católico, tomó medidas llamando a los padres Jesuitas y dándoles residencia en Pinsk para enfrentar la invasión cismática.
San Andrés Bobola en Pinsk
San Andrés Bobola se trasladó a Pinsk, una ubicación estratégica y de mayor peligro, ya que prefería estar en las avanzadas para observar de cerca al enemigo. Al llegar, los sacerdotes cismáticos se enfurecieron contra él y utilizaron todos los artificios posibles para librarle una cruel guerra. Conociendo su amistad con los niños, intentaron que estos fueran sus verdugos. Así, los niños esperaban en la puerta del convento y, al salir, le dirigían insultos y ofensas que ellos mismos no comprendían, instigados por los cismáticos.
Después de las burlas, las piedras y el acoso constante, San Andrés Bobola era seguido por cuadrillas de niños por todas partes. Incluso al ejercer la caridad en casas, los niños esperaban para hostigarlo a la salida con insultos y alboroto. A pesar de ello, el padre San Andrés soportaba todo con heroica paciencia, sin quejarse. A pesar de sus esfuerzos por ganarse el afecto de los niños siendo amable, la hostilidad persistió durante varios años.
El poder de los cosacos
San Andrés Bobola, llamado el «ladrón de almas» por los cristianos disidentes debido a su éxito en las conversiones, enfrentó la hostilidad de los sacerdotes cismáticos en Pinsk. Estos, incapaces de vencerlo con discursos, recurrieron a la fuerza, aliándose con los cosacos crueles. En mayo de 1657, mientras predicaba en Janow, la caballería cosaca invadió la ciudad. San Andrés, anhelando el martirio, no menospreció la oportunidad ofrecida por la Providencia.
Los católicos rodean a San Andrés Bobola, instándolo a ponerse a salvo. A regañadientes, cede ante las súplicas y sube a un coche que parte rápidamente. Sin embargo, los cosacos les dan alcance tras abandonar el pueblo. El cochero huye, dejando al misionero a merced de los enemigos. Reconociéndolo, los cosacos se regocijan al capturarlo. San Andrés, resignado, se deja apresar sin resistencia, diciendo humildemente: «¡Hágase la voluntad del Señor!» Los cosacos lo arrastran al bosque, lo despojan de parte de sus ropas y lo azotan cruelmente. Luego, trenzan una corona con ramas mojadas y la colocan en su cabeza.
Las ramas, al secarse, aprietan la cabeza del mártir como un torno. Luego, montan a caballo y atan al padre Bobola entre dos caballerías, mientras un cosaco armado con un hacha, le golpeaba cuando agotado se detenía o andaba más despacio mientras corren hacia Janow.
Martirio del santo
El jefe cosaco confronta al santo misionero, preguntándole si es sacerdote romano. San Andrés Bobola afirma su fe católica y se niega a renunciar a ella. Le insta a convertirse y hacer penitencia, advirtiéndoles sobre las consecuencias de permanecer en el error. Enfurecido, el oficial levanta su espada y golpea al mártir, cortando su mano y tobillo. A pesar del sufrimiento, San Andrés, lleno de fe y amor a Dios, declara su creencia en la única y verdadera Iglesia católica, dispuesto a padecer y morir por su fe.
Cegados por furia al escuchar la sublime profesión de fe, los crueles soldados irrumpieron en una carnicería cercana, despojaron a la víctima de sus últimos vestidos, la colgaron de pies y la quemaron con teas encendidas. A pesar de las torturas, el valeroso mártir no pronunció una queja, rogaba por sus verdugos y repetía el santísimo nombre de Jesús. La tortura continuó con mayor crueldad.
Un panegirista lo cuenta de esta manera:
«Aquellos caníbales mezclaban su crueldad con bromas y chanzas impías: «Sacerdote romano — le dijeron— , llevas una tonsura pequeñísima; verás cómo te la hacemos mucho mayor»; en diciendo eso, le señalaron un gran círculo en la cabeza, desollándola con un cuchillo muy violentamente.
«Ahora te enseñaremos lo que haces en la iglesia romana: con tus manos vuelves las hojas del misal; pues así volveremos nosotros la piel de todo tu cuerpo»; y cogiendo aquellas manos que no se levantaron nunca sino para bendecir, las desollaron totalmente, cortaron los músculos y le quebraron las articulaciones.
«Es sacerdote — añadieron— , démosle una casulla»; le tendieron en una mesa, y a trozos le fueron quitando la piel de la espalda y cubrieron aquella inmensa llaga con paja desmenuzada. «Papista — le decían— , nunca celebraste con tan precioso ornamento». Le cortan la nariz y los labios; ya no tiene cara de hombre: el furor de los cosacos no está saciado todavía.
«Es un monstruo — claman los verdugos— , pero le faltan las garras; pongámoselas»; sacan punta a unas astillas de madera de pino y se las clavan entre carne y uña en las manos y en los pies. Pero como al santo mártir le quedaba aún fuerza para pedir al cielo misericordia y suplicar a los cismáticos que se convirtiesen a la pureza de la fe católica y la unidad de la Iglesia romana, aquellos bárbaros se precipitaron otra vez sobre su víctima.
Le abrieron un gran orificio en la nuca y por él le arrancaron la lengua, para mayor ferocidad; después de mostrarla, cual trofeo de su triunfo, la tiraron muy lejos con grandísimo desprecio. Todavía respiraba San Andrés Bobola. El jefe de los cosacos puso fin a sus tormentos de un sablazo brutal.»
Al instante brilló sobre Janow una luz resplandeciente; los cosacos, asustados, huyeron. Con eso se sosegó el ánimo de los católicos, los cuales llevaron el sagrado cadáver al colegio de Pinsk, donde fue sepultado.
Milagros acaecidos después de muerto
Después de los saqueos cosacos, la presencia amenazante persistía en la provincia de Lituania, representando un peligro constante para los colegios de la Compañía. Cuarenta y cinco años más tarde, el superior de Pinsk tuvo una visión durante la oración: San Andrés Bobola, el mártir, se le apareció y le indicó la ubicación de su cuerpo. Tras intentos infructuosos de excavación, la visión se repitió, señalando un rincón específico. Al abrirlo, encontraron un religioso con casulla y estola, con el cuerpo aún lozano. Las llagas no cicatrizadas aún emanaban sangre fresca y del sepulcro se desprendía una fragancia suave que llenó la capilla.
La noticia del prodigioso hallazgo del cuerpo de San Andrés Bobola se difundió rápidamente por Pinsk y todo el reino de Polonia. Desde entonces, el Santo fue venerado por los fieles, y se manifestaron innumerables milagros en su nombre. Aunque la carnicería donde fue martirizado ya no existía, en 1717, los devotos colocaron una cruz en el lugar supuesto del martirio. Sin embargo, el 1 de noviembre de 1723, una cruz resplandeciente descendió del cielo y se posó cerca de la cruz original. Este prodigio, presenciado por muchas personas, marcó el lugar que se convirtió con el tiempo en un centro de piedad y romería.
Veneración de católicos y cismáticos | Canonización
Los numerosos y extraordinarios portentos aumentaron la veneración de los polacos hacia San Andrés Bobola. En 1808, los Jesuitas trasladaron su cuerpo al colegio de Polotsk. Durante las guerras napoleónicas, en 1812, el convento fue saqueado, pero la cripta que albergaba los restos de San Andrés permaneció intacta. Tras la expulsión de los Jesuitas de Rusia en 1820, confiaron las reliquias a los padres Dominicos. Allí permanecieron por un siglo, hasta 1919, siendo veneradas no solo por católicos, sino también por cismáticos que buscaban reparar el crimen de sus antepasados.
En 1719, se inició un proceso canónico en Janow y Wilna con testimonios de testigos oculares, incluyendo al sacerdote Szalka y otros dos llamados Czertwertinski y Martín, quienes presenciaron el martirio de San Andrés Bobola. El rey de Polonia, Augusto II, el episcopado y los dignatarios polacos y lituanos instaron al Papa Benedicto XIII, quien en 1730 abrió el proceso de beatificación. Benedicto XIV, en 1755, lo declaró Venerable reconociendo su muerte como martirio.
Los disturbios en la Iglesia y en el reino de Polonia retrasaron la causa de beatificación, pero finalmente, el 30 de octubre de 1853, el Papa Pío IX lo beatificó. En los años 1808, 1857, 1896 y 1919, se abrió el sepulcro y se encontró su cuerpo perfectamente conservado. El 17 de abril de 1938, Pío XI lo canonizó solemnemente junto con San Salvador de Horta y San Juan Leonardo.
Profanaciones Bolcheviques | El cuerpo del mártir en Roma
En agosto de 1919, los bolcheviques intentaron hacer desaparecer el cuerpo de San Andrés Bobola, pero el arzobispo auxiliar de Mohilev impidió la profanación con valentía apostólica. Sin embargo, tras el tratado de Riga, que entregó Polotsk a los comunistas, llevaron a cabo el sacrílego acto el 20 de junio de 1922, llevando el cadáver a Moscú y depositándolo en el Museo de Medicina para prácticas de anatomía.
A pesar de las protestas de los católicos, el papa Pío XI, afligido por la profanación, logró, a través del padre Walsh de la Compañía de Jesús, que el cuerpo fuera llevado a Roma. El 1 de noviembre de 1923, fue depositado en el Vaticano, en la capilla de la condesa Matilde.
Finalmente, por mandato del Papa, el día 18 de mayo de 1924 fue trasladado a la iglesia de «Gesú» de los padres Jesuitas, donde se le dieron solemnísimos cultos por espacio de tres días. El misionero mártir polaco descansa en aquella celebérrima iglesia, en la que se guardaba ya el brazo de San Francisco Javier, modelo y patrono de los misioneros.
Oración a San Andrés Bobola
Oh Dios, que por la muerte de tu Hijo, quisiste congregar a tus hijos dispersos; haz que colaboremos fielmente a su obra, por la que San Andrés Bobola mártir dio su vida. Os suplicamos, que todos los que imploren su socorro consigan el saludable efecto de su pedido. Por J. C. N. S.
Amén.

San Andrés Bobola | Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.


