Santa Catalina de Suecia, también conocida como Catalina de Vadstena o Katarina Ulfsdotter fue una santa de origen sueco. Fue hija de Santa Brígida, tan conocida por sus revelaciones en la Iglesia del Señor.
Día celebración: 24 de marzo.
Lugar de origen: Vadstena (Suecia)
Fecha de nacimiento: Año 1331.
Fecha de su muerte: 24 de marzo de 1381.
Santa Patrona de: Mujeres que sufren aborto involuntario.
Contenido
– Introducción
– Voto de virginidad en el matrimonio
– Influencia sobre su cuñada
– Viaje a Roma – Asechanzas del demonio
– Virtudes de Santa Catalina
– Abadesa de un monasterio
– Vuelta a Roma – Milagros
– Últimos años y muerte de la Santa
– Oración a Santa Catalina de Suecia
Introducción
Santa Catalina de Suecia, nacida alrededor de 1330 en un palacio rico, inicialmente parecía destinada a disfrutar de los honores y grandezas mundanas. Sin embargo, la piedad y religiosidad de sus padres, el príncipe Ulfón de Nericia y la ilustre Santa Brígida, condujeron a que la hija se volviera digna de las grandezas eternas del cielo. Bajo la dirección de una abadesa piadosa, educaron a Catalina en el amor y temor santo del Señor, así como en la práctica del bien y la virtud. A pesar de la feroz oposición del demonio, quien intentó atacarla en una ocasión durante la noche adoptando la figura de un toro, quien quiso matar a la niña, y con los cuernos la sacó de su camita y la arrojó en el suelo dejándola casi muerta. Sobresaltada la abadesa con los gritos que dio la niña, acudió a toda prisa para ver lo que pasaba, y habiéndola tomado en sus brazos, se le apareció el demonio y dijo:
«¡Oh, qué de buena gana acabara yo con ella si Dios me hubiera dado licencia!»
Nuestro Señor, al destinar a Santa Catalina de Suecia a una gran santidad, la apartó con amor de los frívolos pasatiempos propios de la infancia y juventud. A la edad de siete años, participó en un juego de muñecas con otras niñas, pero como castigo por esta niñería, los demonios la molestaron la noche siguiente, adoptando la figura de muñecas y azotándola severamente con los palillos del mismo juego. Este castigo dejó magullado su tierno cuerpecito, marcando el inicio de su renuncia a las trivialidades y juegos propios de la niñez.
Voto de virginidad en el matrimonio
Cuando Santa Catalina de Suecia llegó a la edad para casarse, su padre le ordenó que tomara esposo, y ella aceptó confiada en la bondad de Dios y el favor de la Santísima Virgen María para casarse sin perder su virginidad. Se casó con un caballero noble llamado Etgardo de Kurner, quien, siendo piadoso y virtuoso, hizo un voto de castidad junto con ella, y ambos lo mantuvieron durante toda su vida. Dedicaron mucho tiempo a la oración, a una vida austera y a obras de caridad. Aunque ante los ojos de los hombres parecían y se trataban como señores, a los ojos de Dios eran considerados santos. Enfocaron su felicidad en apartarse de las tentaciones sensoriales y en someter constantemente la carne al espíritu, reconociendo que la pureza de la castidad florece y conserva su fragancia y lozanía rodeada de espinas de penitencia y mortificación.
Influencia sobre su cuñada
Santa Catalina de Suecia tenía un hermano llamado Carlos, quien se mostraba enojado por la vida santa que llevaban ella y su cuñado, considerándola un reproche a sus propias vanidades y costumbres licenciosas. Aunque Carlos se molestaba por la sencillez en el vestir de Catalina, ella había renunciado al lujo del mundo y despojado sus galas de princesa para demostrar que las virtudes cristianas son más hermosas que la vanidad. A pesar de las burlas y denuestos de su hermano, Catalina persistía en su vida ejemplar, influenciando a otras damas nobles con su ejemplo.
Carlos, con el tiempo, apreció los ejemplos de virtud de Catalina. Una experiencia reveladora ocurrió cuando la cuñada de Catalina, Gilda, tuvo un sueño en el que la Virgen María la miraba con severidad por sus lujos y vanidades, mientras sonreía dulcemente a Catalina. Gilda, tras compartir este sueño con Catalina, fue persuadida por la Santa a renunciar a sus atavíos superfluos y seguir un camino de modestia y sencillez cristianas.
Esta decisión no agradó a Carlos, quien, enfurecido, llamó a Catalina y le dirigió palabras duras e injuriosas.
«¿Quieres acaso que mi esposa sea blanco de las burlas y risas de las gentes?»
Catalina lo escuchaba con gran paciencia y alegría, gozosa de seguir así, más de cerca por la senda del sacrificio, a su divino Esposo y modelo Jesucristo.
Viaje a Roma – Asechanzas del demonio
Los padres piadosos de Santa Catalina emprendieron una peregrinación a Santiago de Compostela, durante la cual Ulfón falleció santamente en el monasterio español de Alvastra. Santa Brígida regresó sola a Suecia, fundó el convento de monjas de San Salvador y, después, se trasladó a Roma, donde levantó una hospedería para peregrinos suecos.
Cuando Catalina visitó a su madre en Roma, Brígida estaba en Bolonia. Catalina regresó a Roma, visitó santuarios y sepulcros, y se unió a su madre para ayudarla según la disposición celestial. En Roma, Catalina enfrentó tentaciones del demonio para regresar a su tierra y enfrentó dificultades, como intentos de secuestro por caballeros y salteadores de caminos.
En un incidente, unos salteadores las acosaron, pero un ciervo inesperado distrajo a los asaltantes, permitiendo que Catalina escapara. En otro evento, un caballero que intentó atacarla quedó ciego pero recuperó la vista después de las oraciones de las santas madre e hija, un milagro que se informó al papa Urbano VI y a los cardenales. A pesar de enfrentar adversidades, Catalina y su madre continuaron su viaje, incluso refugiándose en una casilla durante un temporal y siendo molestadas por bandidos, quienes perdieron la vista antes de un nuevo ataque, permitiendo que las santas continuaran su viaje en paz.
Virtudes de Santa Catalina
Con la evidente protección del Señor, Santa Catalina de Suecia crecía en amor y se entregaba diligentemente al ejercicio de todas las virtudes, especialmente la humildad, considerada madre y guardiana de todas ellas. Prefería ser menospreciada a ser alabada y se consideraba a sí misma como gran pecadora.
Desde niña, era devota y dedicada a la oración, rezando las horas de Nuestra Señora, salmos penitenciales y otras oraciones. Diariamente dedicaba cuatro horas a meditar y llorar la muerte y Pasión de su dulce Esposo, ofreciéndose como un perpetuo y suave sacrificio.
En una ocasión, mientras oraba en la iglesia de San Pedro en Roma, le apareció una mujer vestida de blanco con un manto negro, pidiéndole que orara por la esposa fallecida de su hermano Carlos. Según las palabras de la mujer, pronto recibieron un buen socorro a través de la corona de oro que la difunta le dejó. Este dinero sostuvo a Santa Brígida y a su hija durante un año.
Santa Catalina demostraba gran bondad y misericordia hacia los pobres, enfermos y heridos, acompañando a su madre en la atención a los enfermos en hospitales. Catalina, inspirada por su madre, mostraba caridad y diligencia, siguiendo sus pasos con amor.
A pesar de su preferencia por la pobreza, Catalina caminaba con un vestido humilde y usado, y usaba una cama sencilla con un jergón de paja, almohada y manta vieja. Sin embargo, en ocasiones, el Señor hacía que pareciera ricamente vestida y su cama preciosa. Un día, mientras paseaba, sus vestidos resplandecieron como si estuvieran adornados con piedras preciosas, dejando asombradas a sus compañeras.
Santa Catalina también era sumamente paciente y mansa, soportando con asombrosa mansedumbre los agravios e injurias, siempre devolviendo bien por mal como verdadera sierva de Dios.
Abadesa de un monasterio
Después de veinticinco años viviendo en Roma con su santa madre, Santa Catalina de Suecia y Santa Brígida decidieron viajar a Palestina para visitar los Lugares Santos vinculados a los padecimientos y muerte de Jesucristo. A pesar de las dificultades, lograron su objetivo, pero durante la estancia en Jerusalén, Santa Brígida enfermó y tuvieron que regresar a Roma. En julio de 1373, Santa Brígida falleció a los setenta y un años.
Catalina llevó las reliquias de su madre a Suecia, donde una multitud de fieles las veneró y admiró las virtudes de Catalina, quien era considerada la viva imagen de su madre. Después del entierro de su madre, Catalina se retiró al monasterio de Vadstena, donde se convirtió en abadesa y enseñó a las monjas la regla heredada de su madre. Además, escribió un tratado sobre los Consuelos del alma, que contenía sentencias de las Escrituras y otros libros piadosos.
Vuelta a Roma – Milagros
Cuando Nuestro Señor obró muchos milagros en el sepulcro de Santa Brígida, el rey de Suecia y los grandes señores de aquel reino decidieron buscar su canonización con el Sumo Pontífice. Consideraron que su hija, Santa Catalina de Suecia, debía ir a Roma para tratar este asunto. A pesar de las dificultades debido al cisma en Europa, Catalina viajó a Roma y dejó documentos auténticos de los milagros realizados por su madre.
En Roma, Catalina fue instrumento de milagros. En un caso, una mujer pecadora, gravemente enferma y resistente a confesarse, fue afectada por un humo negro y espeso que se levantó del Tíber, oscureciendo su casa. La mujer, aterrorizada, se confesó y falleció con esperanza de salvación eterna.
En otro milagro, el Tíber inundó Roma, amenazando con destrucción. Santa Catalina, a pesar de excusarse por humildad, al ser llevada a la fuerza junto al río, logró que las aguas retrocedieran al ponerse en contacto con sus pies.
En Nápoles, una señora reveló a Catalina que su hija viuda era molestada por un demonio cada noche. Tras aconsejarle confesión y darle otros consejos, Catalina ofreció sus oraciones. Después de ocho días, la mujer quedó totalmente libre de la tormenta infernal que la perseguía.
Últimos años y muerte de la Santa
Después de cinco años en Roma sin lograr la canonización de su madre, Santa Brígida, Catalina regresó a su patria y monasterio, siendo bien recibida en Italia y Germania. En el viaje, realizó milagros, como la curación de un hombre aplastado por una rueda. En su monasterio, curó a un obrero que cayó desde una altura. A pesar de su propia enfermedad, Catalina se confesaba diariamente y, al final de su vida, encomendó su alma a Dios. Tras su muerte en 1381, ocurrieron milagros en su sepulcro, y fue canonizada por el papa Sixto IV en 1474.
Oración a Santa Catalina de Suecia
Santa Catalina de Suecia, Dios te dio la gracia de poder predecir sobrenaturalmente muchas cosas. Tu alma inmaculada estuvo siempre dispuesta en el ejercicio de la confesión diaria y permitiste gracias a tus obras, la confesión de aquellos que arrepentidos en la hora de su muerte recurrieron a ti, para que los ayudaras a conseguir la confesión.
Intercede por nosotros ante el Señor para que nuestras almas recurran al sacramento de la confesión con más frecuencia y seamos dignos hijos de Dios que llevan la buena noticia del Evangelio a todos aquellos que nos rodean. Queremos ser fieles a Cristo, ayúdanos, te lo pedimos, ora por nosotros, que podamos vivir fielmente nuestra vocación y tendamos siempre a la perfección de nuestro Señor Jesucristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.

Santa Catalina de Suecia | Fuentes
El Santo de Cada Día por EDELVIVES
https://www.aciprensa.com/recursos/oracion-a-santa-catalina-de-suecia-4420


