Los escritos más antiguos que nos hablan de Santa Ana, son los Evangelios apócrifos, el Evangelio de la Natividad de María y de la infancia del Salvador, y finalmente el Protoevangelio de Santiago. Nos contentaremos con relatar las circunstancias que refieren esos escritos, sin entrar en la crítica de los mismos. Añadamos solamente que la Iglesia admite los tradicionales nombres de Joaquín y de Ana, con los cuales designamos los cristianos a los padres de la Santísima Virgen.
Día celebración: 26 de Julio.
Lugar de origen: Belén. Palestina.
Fecha de nacimiento: Siglo I a.C.
Fecha de su muerte: Siglo I d.C.
Patronazgo: Patrona de las madres y las mujeres embarazadas,de las mujeres estériles o que desean tener hijos, de las costureras, amas de casa, y lavanderas, contra enfermedades femeninas y del parto.
Contenido
– Introducción
– Esterilidad misteriosa
– Visita del Ángel
– Santa Ana y María Santísima
– Santa Ana, patrona del hogar doméstico
– Culto a Santa Ana
– Oración a Santa Ana
Introducción
Ana, probablemente nacida en Belén, descendía de la línea sacerdotal de Aarón por su madre, perteneciendo a la familia real de David. Su nombre significa «gracia» o «misericordia», apropiado para la futura madre de quien sería llamada «llena de gracia» por el ángel.
Tenía dos hermanas: Sobé, madre de Santa Isabel y abuela de San Juan Bautista, y María, madre de María Salomé, quien se considera prima hermana de la Virgen María, aunque el Evangelio la llama hermana.
Se cree que Santa Ana fue santificada en el vientre materno, al igual que Jeremías, Juan Bautista y San José. Mantuvo una vida de singular inocencia y se piensa que a los cinco años fue llevada al templo, donde vivió dedicada al servicio divino durante doce años.
Santa Ana y San Joaquín
Dios eligió a Joaquín, natural de Galilea y descendiente de David, para ser el padre de María. San Juan Damasceno destaca que Joaquín se casó con Ana, una mujer virtuosa escogida por Dios, cuando él tenía veinticuatro años. Vivieron en Nazaret, donde más tarde se produciría la Anunciación.
Santa Brígida menciona que Dios no encontró a nadie más digno y santo que Joaquín para ser el padre de la Virgen María. Según San Lucas, Joaquín y Ana eran justos ante Dios, cumpliendo todos sus mandamientos. San Jerónimo señala que dividían sus bienes en tres partes: una para el templo de Jerusalén, otra para los pobres y la tercera para las necesidades familiares, mostrando así su profunda caridad y rectitud.
Esterilidad misteriosa
El matrimonio de Joaquín y Ana vivió en paz y amor durante muchos años, aunque la esterilidad les causaba tristeza al no poder tener descendencia, especialmente la esperanza de ser ancestros del Mesías. Esta situación era vista como un oprobio entre los judíos. A pesar de su resignación ante la voluntad de Dios, sentían la presión de los tiempos profetizados para el nacimiento del Salvador, que se esperaba de la familia de David.
La esterilidad de Ana tenía un significado sobrenatural y misterioso, según los Padres de la Iglesia. Ana, representando al mundo estéril, estaba destinada a dar fruto milagroso para la salvación del género humano, como lo profetizó el Antiguo Testamento.
El nacimiento de María era un milagro sin precedentes, un «abismo de milagros» según San Juan Damasceno. María debía ser más hija de la gracia divina que de la carne, un regalo celestial que solo Dios podía ofrecer al mundo. San Joaquín y Santa Ana fueron bendecidos con abundantes gracias y bendiciones por ser los padres de María. Aunque sufrían por la esterilidad, dedicaron años de oración, ayuno, limosna y virtud en busca de un hijo. Prometieron consagrar a su hijo al Señor y, a pesar de las crecientes dudas, nunca dejaron de confiar en Dios, quien finalmente recompensó su fe con la llegada milagrosa de María.
Visita del Ángel
Durante la festividad de los Tabernáculos, Joaquín y Ana fueron al Templo para presentar sus ofrendas, pero los sacerdotes las rechazaron públicamente, cuestionando la falta de bendiciones en su matrimonio. Sin defenderse, aceptaron la afrenta y regresaron a Nazaret. Joaquín se retiró a una montaña para orar y ayunar durante cinco meses, mientras Ana continuaba orando fervientemente.
En su jardín en Nazaret, mientras Ana rezaba con devoción, el arcángel Gabriel apareció anunciándole que sus oraciones habían sido escuchadas y que daría a luz a una hija llamada María, elegida por Dios. Joaquín también recibió la misma noticia.
Ana comprendió que ella era el santuario donde se había realizado el milagro de la inmaculada concepción de María. Después de María, nadie estaba más cerca de este misterio que Santa Ana, evidenciando su profunda santidad.
Joaquín, lleno de felicidad por el cumplimiento de sus esperanzas, sacrificó diez corderos en el Templo como acción de gracias por el gran honor recibido.
Santa Ana y María Santísima
María, la futura Madre de Dios, nació de Ana en Jerusalén, probablemente en la casa donde ahora se encuentra la basílica de Santa Ana. La alegría de los padres fue inmensa, y el nacimiento de María marcó el inicio de la redención, ya que María nació sin el pecado original.
Cumpliendo su voto, Ana y Joaquín llevaron a María al Templo cuando pudo prescindir de sus cuidados maternales. A los tres años, María fue consagrada al servicio de Dios en el Templo, donde permaneció hasta su desposorio con San José.
Ana se mudó a Jerusalén para estar cerca del Templo y continuar educando a su hija. Joaquín murió poco después de la consagración de María. Ana dedicó sus días a la oración y contemplación de las virtudes de María. Se desconoce la fecha exacta de su muerte, pero se cree que fue después de Joaquín y posiblemente después del regreso de la Sagrada Familia de Egipto.
Según revelaciones a Santa Brígida, Ana pudo haber sido testigo de la misión divina de su hija y haber tenido la alegría de abrazar a Jesús antes de su muerte, llevando consigo las últimas oraciones y caricias de José, María y Jesús.
Santa Ana, patrona del hogar doméstico
Santa Ana es venerada como la Patrona del hogar doméstico. La invocación de su nombre se asocia con la eficiencia en las labores domésticas y la protección a las trabajadoras. Una expresión popular muestra esta devoción: al salir de casa, algunas mujeres dicen: «Santa Ana, cuidadme el puchero», reflejando su papel como modelo de la mujer dedicada al hogar y a servir a Dios desde sus deberes cotidianos.
Santa Ana centró sus afectos en Dios, su esposo y su hija María. Ante la aflicción de su esterilidad, buscó consuelo en el Templo en lugar de lamentarse públicamente. Tras el nacimiento de María, se dedicó a educarla en la fe y en las virtudes domésticas que ella misma practicaba.
A pesar de ser la madre de la Virgen María, Santa Ana mantuvo una humildad profunda, criando a María sin la ayuda de otras mujeres. En el hogar de Belén, San Joaquín, Santa Ana y la Virgen María vivían en armonía, formando una unidad familiar íntima y devota. Santa Ana enseñó a María los mandamientos y las oraciones tradicionales de los israelitas desde su infancia.
Culto a Santa Ana
El culto a Santa Ana tiene sus raíces en los primeros siglos del cristianismo, especialmente en Oriente, donde los Padres de la Iglesia elogiaron su papel como madre de la Virgen María. San Epifanio menciona que las reliquias de Santa Ana fueron veneradas por los primeros cristianos y colocadas en una iglesia en el valle de Josafat. En el año 550, el emperador Justiniano mandó construir una iglesia en Constantinopla en honor a Santa Ana y San Joaquín, donde se trasladaron las reliquias de Santa Ana en 710.
La Iglesia griega celebra la festividad de Santa Ana el 4 de septiembre, su concepción el 9 de diciembre, y su muerte el 25 de julio. En la Iglesia latina, su fiesta se celebra el 26 de julio, fecha del traslado de sus reliquias a Constantinopla. Santa Ana fue incluida en el Breviario romano en 1550. Aunque su fiesta fue suprimida por San Pío V, fue restablecida por Gregorio XIII en 1584.
Gregorio XV la declaró fiesta de guardar el 24 de abril de 1622, Clemente XI la elevó a rito doble mayor el 20 de septiembre de 1708, y León XIII estableció las fiestas de San Joaquín y Santa Ana como rito doble de segunda clase el 1 de agosto de 1879.
La ciudad de Apt, en Provenza, reclama tener una parte significativa de las reliquias de Santa Ana. Según la leyenda, estas reliquias fueron llevadas a Provenza para protegerlas de profanaciones y ocultadas por San Auspicio bajo la catedral de Apt durante una persecución. Carlomagno, en el año 792, presenció un milagro que reveló la ubicación de las reliquias, curando milagrosamente a un joven ciego y sordomudo llamado Juan, quien señaló el lugar exacto de la cripta.
Este descubrimiento fue autenticado por el papa Adriano I y causó gran conmoción entre los fieles. A lo largo de los años, se han erigido numerosos templos en honor a Santa Ana en todo el mundo. Su culto es ampliamente venerado, y entre los santuarios más destacados se encuentran el de Santa Ana de Auray en Bretaña y el de Beaupré en Canadá, al que acuden anualmente 600.000 peregrinos de Canadá y Estados Unidos.
Oración a Santa Ana
Gloriosa Santa Ana, Patrona de las familias cristianas, a Ti encomiendo mis hijos. Se que los he recibido de Dios y que a Dios les pertenecen por tanto te ruego me concedas la gracia de aceptar lo que su Divina Providencia disponga para ellos.
Bendíceles oh Misericordiosa Santa Ana, y tómalos bajo tu protección. No te pido para ellos privilegios excepcionales; sólo quiero consagrarte sus almas y sus cuerpos, para que preserves ambos de todo mal. A Ti confío sus necesidades temporales y su salvación eterna.
Imprime a sus corazones, mi buena Santa Ana, horror al pecado; apártales del vicio; presérvales de la corrupción; conserva en su alma la fe, la rectitud y los sentimientos cristianos; y enséñales, como enseñaste a Tu Purísima Hija la Inmaculada Virgen María, a amar a Dios sobre todas las cosas.
Santa Ana, Tu que fuiste Espejo de Paciencia, concédeme la virtud de sufrir con paciencia y amor las dificultades que se me presenten en la educación de mis hijos. Para ellos y para mí, pido Tu bendición, oh Bondadosa Madre Celestial.
Que siempre te honremos, como a Jesús y María; que vivamos conforme a la voluntad de Dios; y que después de esta vida hallemos la bienaventuranza en la otra, reuniéndonos Contigo en la gloria para toda la eternidad.
Así sea.

Santa Ana | Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.
https://www.devocionario.com/santos/ana_1.html


