San felipe neri

26 de Mayo: San Felipe Neri, el apóstol de Roma

Publicado el 26 de mayo de 2021

Actualizado el 26 de mayo de 2025

Archivado en: Santoral

10 Minutos de lectura

San Felipe Neri, hijo de Francesco di Neri y Lucrezia da Mosciano, provenientes de una familia noble, recibió educación en el monasterio dominicano de San Marco en Florencia. A los 18 años, fue enviado a vivir con su tío Rómulo, un comerciante rico en San Germano, con la esperanza de heredar su fortuna. Aunque ganó la confianza de su tío, en 1533 decidió apartarse de las cosas mundanas y se trasladó a Roma.

En la capital, se convirtió en tutor en la casa del aristócrata florentino Galeotto Caccia, obteniendo una habitación a cambio de educar a sus hijos. Tras dos años, comenzó sus propios estudios. Bajo la dirección de los agustinos, estudió filosofía en la Sapienza y teología.

El apóstol de Roma

En Roma, Felipe se enfrentó a un colegio cardenalicio gobernado por los Médici, donde muchos cardenales actuaban más como príncipes seculares que como eclesiásticos. Gran parte del clero estaba sumido en la indiferencia o la corrupción, descuidando la celebración de la Santa Misa, dejando que las iglesias se deterioraran y desatendiendo el cuidado espiritual de los fieles. En este contexto, el pueblo romano parecía haberse alejado de la fe cristiana.

La tarea de Felipe fue la re-evangelización de Roma. Comenzó su obra entre los enfermos y los pobres, lo que le valió el título de «Apóstol de Roma» en su vida posterior. Aunque aún laico, Felipe inició su labor dirigiéndose a la gente en mercados y plazas, y visitando hospitales, animando a otros a unirse a él en este servicio.

San Felipe Neri: Fuego en su corazón

Felipe consagraba el día entero al apostolado; pero al atardecer, se retiraba a la soledad para entrar en profunda oración y, con frecuencia, pasaba la noche en el pórtico de alguna iglesia, o en las catacumbas de San Sebastián, junto a la Vía Appia.

Se hallaba ahí, precisamente, la víspera se Pentecostés de 1544, pidiendo los dones del Espíritu Santo, cuando vio venir del cielo un globo de fuego que penetró en su boca y se dilató en su pecho. El santo se sintió poseído por un amor de Dios tan enorme, que parecía ahogarle; cayó al suelo, como derribado y exclamó con acento de dolor: ¡Basta, Señor, basta! ¡No puedo soportarlo más!»

Después de recobrar la conciencia, San Felipe notó un bulto del tamaño de un puño en su pecho, sin causarle dolor. A partir de ese momento, experimentó intensos accesos de amor a Dios que hacían que su cuerpo se estremeciera. En ocasiones, se descubría el pecho para aliviar el ardor y pedía a Dios que mitigara sus consuelos para evitar morir de gozo. Las palpitaciones de su corazón eran tan intensas que otros las podían escuchar, especialmente durante sus actividades sacerdotales años después. Tras su muerte, la autopsia reveló que tenía dos costillas rotas, arqueadas para dar más espacio al corazón.

San Felipe Neri Conoce a San Ignacio de Loyola

De esta manera y durante diecisiete años, San Felipe Neri vivió como laico en Roma, predicando, llevando la palabra de Dios y buscando la conversión de todos aquellos pecadores. Hacia 1544 estableció amistad con San Ignacio de Loyola, a quien quiso seguir como misionero en Asia, aunque finalmente desistió porque deseaba continuar con la labor iniciada en Roma, constituyendo el núcleo de lo que después se convirtió en la Hermandad del Pequeño Oratorio.

La fundación de una cofradía

En 1548, junto con su confesor, Persiano Rossa, SanFelipe Neri fundó la Cofradía de la Santísima Trinidad de Peregrinos y Convalecientes cuyo principal objetivo era atender a las necesidades de los miles de peregrinos  y pobres que acudían a Roma, especialmente en los años de jubileo, y también para aliviar a los pacientes dados de alta de los hospitales pero que todavía se sentían demasiado débiles para trabajar. Los miembros se reunian para orar en la Iglesia de San Salvatore in Campo  donde se introdujo por primera vez en Roma, la devoción de las cuarenta horas de exposición del Santísimo Sacramento.

la Ordenación de San Felipe Neri y el oratorio

En 1551, San Felipe Neri recibió todas las órdenes menores, fue ordenado diácono y luego sacerdote el 23 de mayo. Se estableció en el Hospital de San Girolamo della Carità, fundando en 1556 la Hermandad del Pequeño Oratorio. Inicialmente, este consistía en reuniones nocturnas en un salón con oraciones, himnos y lecturas de las Escrituras, seguidas de discusiones sobre temas religiosos.

Giovanni Palestrina, seguidor de San Felipe Neri, compuso música para los servicios. La sociedad realizó diversos trabajos misioneros en Roma, introduciendo la novedosa idea de predicar sermones en diferentes iglesias cada noche. San Felipe también dedicaba mucho tiempo a escuchar confesiones y lideraba «excursiones» a otras iglesias con música.

En 1553, inició la tradición de la peregrinación de un día a siete iglesias, comenzando en la Basílica de San Pedro y terminando en la Basílica de Santa Maria Maggiore. Estas peregrinaciones buscaban contrarrestar el comportamiento escandaloso propuesto por el Carnaval y se volvieron muy populares, atrayendo a numerosos participantes.

El traslado del Oratorio y la nueva iglesia

En 1564, un grupo de florentinos pidió a San Felipe Neri que supervisara la iglesia recién construida, San Giovanni dei Fiorentini. Aunque inicialmente reacio, aceptó con el consentimiento del Papa Pío IV y pudo seguir liderando San Girolamo. En 1574, construyeron un oratorio junto a San Giovanni para la sociedad, y en 1575, tras obtener una bula papal, Felipe formalmente fundó la Congregación del Oratorio.

La iglesia de Santa Maria en Vallicella se convirtió en su sede principal en 1577, y Felipe renunció al cargo en San Giovanni. En 1583, obedeció una orden papal de residir en la casa principal. Aunque elegido superior vitalicio en 1587, San Felipe no ambicionaba ser superior general y deseaba que las congregaciones fuera de Roma y basadas en su modelo, fueran autónomas.

Aparición de la Virgen y curación

San Felipe Neri fue siempre de salud delicada. En cierta ocasión, la Santísima Virgen se le apareció y le curó de una enfermedad de la vesícula. El suceso aconteció así: el santo había casi perdido el conocimiento, cuando súbitamente se incorporó, abrió los brazos v exclamó:

«¡Mi hermosa Señora! «Mi santa Señora!»

El médico que le asistía le tomó por el brazo, pero San Felipe le dijo:

«Dejadme abrazar a mi Madre que ha venido a visitarme».

Luego, cayó en la cuenta de que habían en la habitación varios testigos y cual niño, escondió el rostro entre las sábanas, pues no le gustaba que le tomasen por santo.

Dones extraordinarios de San Felipe Neri

San Felipe tenía el don de curación, devolviéndole la salud a muchos enfermos. También, en diversas ocasiones, predijo el porvenir. Vivía en estrecho contacto con lo sobrenatural y experimentaba frecuentes éxtasis. Quienes lo vieron en éxtasis dieron testimonio de que su rostro brillaba con una luz celestial.

Muerte de San Felipe Neri

San Felipe Neri falleció el 25 de mayo de 1595, durante la Fiesta de Corpus Christi, después de pasar el día en actividades espirituales. Experimentó una hemorragia por la medianoche y recibió la extremaunción del cardenal César Baronio. Aunque ya no podía hablar, bendijo a sus hijos espirituales con el signo de la cruz antes de morir. Beatificado en 1615 por Pablo V y canonizado en 1622 por Gregorio XV, su memorial se celebra el 26 de mayo, y su cuerpo descansa en la Chiesa Nuova en Roma.

Oración a San Felipe Neri

Oh dulce San Felipe, que glorificaste a Dios y te perfeccionaste, siempre con tu corazón puesto en Él, y tuviste una gran caridad por todos los hombres ahora vienes del cielo en mi ayuda. Ves que yo sufro bajo el peso de muchas miserias, y vivo en una continua lucha de pensamientos, de deseos, de cariños y de pasiones, que me querrían alejar de Dios. ¿Y sin Dios qué haría yo? Sería un esclavo que colmado de miseria ignora la misma esclavitud.

Pronto el enojo, el orgullo, el egoísmo, la impureza y ciento de otras pasiones devorarían mi alma. Pero yo quiero vivir con Dios; por eso invoco humildemente y confiadamente tu ayuda. Intercede para que obtenga el regalo de la santa caridad; haz que el Espíritu Santo, el que te inflamó milagrosamente, descienda con sus regalos en mi alma.

Consígueme que yo pueda, aunque sea débilmente, imitarte. Qué yo viva en el continuo deseo de salvar almas para Dios; qué yo las conduzca a él, siempre imitando tu dulce mansedumbre. Que pueda ser casto de pensamientos, de deseos y de cariños, como fuiste tú.

Concédeme aquella santa alegría de espíritu que procede de la paz del corazón y de la plena resignación a la voluntad a la voluntad de Dios. Alrededor de ti exhaló un aire benéfico, que sanó a las almas enfermas, tranquilizó a las temerosas, aseguró las tímidas, confortó a las afligidas.

Tú has rezado por los que te maldecían; por los que te perseguían; conversaste con los justos para perfeccionarlos, y con los pecadores para reconducirlos a la conciencia. ¿Pero por qué no he sido capaz de imitarte? ¡Cuánto lo desearía! ¡Me parecería tan santificante hacerlo! Ruega por mí pobre alma, para que yo pueda realmente imitarte en la vocación a la que he sido llamado, que siempre sea apóstol de Cristo. Favoreciendo a las almas que me ha puesto en el camino, para convertirlas a ÉL.

Si tuviera el corazón lleno de Dios, llevaría tu apostolado que es el mismo que el de Jesús, a mi familia, a mi trabajo, a la iglesia a los hospitales, con los enfermos y también con los sanos, a los ricos y a los pobres. A todos los que necesiten de la simplicidad del amor de Dios. Te lo pido por nuestro Señor Jesucristo.

Amén.

Cordero de Dios

 

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.