Berchmans

26 de Noviembre: San Juan Berchmans

Publicado el 26 de noviembre de 2019

Actualizado el 26 de noviembre de 2025

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San Juan Berchmans desde niño, se levantaba temprano para asistir a dos o tres misas antes de ir a la escuela. En ocasiones, se acostaba tarde para reflexionar en silencio sobre la pasión de Jesucristo durante la noche.

Cuando se confesó por primera vez para recibir la comunión, su conciencia estaba tan limpia que su confesor apenas encontró nada de lo que absolverlo. En su vida y comportamiento, parecía un ángel y era considerado como tal, y por eso lo llamaban así.

Pidió a sus padres que, a pesar de su modestia, le permitieran seguir la carrera eclesiástica a la que sentía que Dios lo llamaba. Acordaron con un canónigo de Malinas que lo acogería en su casa y, al mismo tiempo, aprendería las materias humanas en el colegio de la Compañía de Jesús.

Se esforzaba por seguir el ejemplo de San Luis Gonzaga, haciendo un voto de virginidad perpetua en honor de la Virgen María. Con su compostura, influía en sus compañeros de tal manera que ninguno se atrevía a portarse mal en su presencia. Pero es difícil describir la dulzura y hermosura de sus virtudes cuando, como flores celestiales, se trasladaron de la vida secular al paraíso de la religión.

A los 17 años, San Juan Berchmans se unió a la Compañía de Jesús, la Orden Jesuita. Tanto en el noviciado como en los colegios, vivió con un ejemplo y una reputación de santidad tan notables que a quienes conocieron a San Luis Gonzaga les parecía haberlo recuperado en la persona de este joven santo.

No buscó la perfección de su santidad a través de penitencias asombrosas. Para él, la gran penitencia consistía en la fiel observancia de las reglas de la Compañía, sin apartarse de la vida común. Esto lo cumplió de manera tan perfecta que sus superiores y compañeros nunca encontraron nada que corregir en su conducta. Incluso tenía escrito entre sus propósitos que preferiría morir antes que quebrantar deliberadamente cualquier regla de la Compañía, sin importar cuán pequeña fuera.

San Juan Berchmans había hecho un voto de defender la inmaculada Concepción de María y, como hijo de tal Madre, mostraba una modestia excepcional. Su semblante hermoso y modesto atraía a muchas personas a la iglesia del Colegio Romano.

Nunca levantaba los ojos para contemplar las muchas maravillas de Roma, y aquellos que trataron de averiguar el color de sus ojos nunca lo lograron.

Enseñaba la doctrina con una gracia excepcional a los menos afortunados y suplicaba a sus superiores que lo enviaran a una misión en China para iluminar a los infieles y, si fuera posible, derramar su sangre por Cristo. Sin embargo, la patria de este ángel no estaba en la Tierra, sino en el Cielo. A la temprana edad de veintidós años, con el crucifijo, el rosario y el librito de las reglas de la Compañía en sus manos, entregó su alma pura al Creador. En su lecho de muerte, le preguntaron qué debía hacerse para asegurar la protección de María, a lo que respondió: «No se necesita mucho, siempre y cuando uno sea fiel a Ella».

San Juan Berchmans nos enseña la fidelidad en las cosas pequeñas

I. Sé fiel a Dios y antes de ofenderlo alguna vez prefiere perder tus riquezas, tu honor y tu misma vida. Es tu Soberano, y, a este título, le debes una inviolable fidelidad; Él es fiel en las promesas que te ha hecho, ¿por qué no habrías de serlo tú en los compromisos que has contraído a su respecto? Después de todo, si traicionas la fe que le juraste en el bautismo, lo obligarás a cumplir su palabra y a ejecutar las amenazas que te hace en la Sagrada Escritura. “Concededme, Señor, que os ame tanto como debo”. (San Agustín).

II. Sé fiel en las cosas más pequeñas; allí es donde se manifiesta el amor con mayor brillo. El temor al infierno nos impide a menudo cometer pecados mortales, pero sólo el amor es lo que nos hace evitar las faltas leves. Estas faltas, por otra parte, son muy peligrosas, porque nos disponen para las graves y atraen sobre nosotros penas temporales. Tus enfermedades, tus aflicciones, muy frecuentemente son castigos que Dios te inflige por tus pecados veniales. No esperes estar en el purgatorio para conocer la magnitud de las faltas que actualmente reputas leves.

III. Que tu fidelidad sea universal. Sirve a Dios en todo lugar, porque Él está en todas partes; sírvelo hasta el fin de tu vida, porque por la perseverancia ha de ser coronada tu fidelidad. Tú sabes que los honores, los placeres y las riquezas no podrían hacerte feliz, y, sin embargo, te agotas por adquirirlos. Sólo Dios puede darte la felicidad, ¡tú nada haces por Él! “El error humano tiene un culto para todo, excepto para Aquél que ha creado todo”. (Tertuliano).

Reflexión sobre la vida de San Juan Berchmans

Hallamos también escrito en el libro de los propósitos de este santo mancebo: «Aborreceré cualquier imperfección que pueda menoscabar la castidad». Tomen, pues, los jóvenes por ejemplo el de este santísimo mancebo, el cual es especialísimo abogado contra las tentaciones sensuales. En este propósito, conviene tener gran devoción a la Santísima Virgen, como San Juan Berchmans la tuvo y propagó.

Oración a San Juan Juan Berchmans

Rogámoste, Señor, que concedas a tus siervos la gracia de saber imitar los ejemplos de aquélla inocencia y fidelidad en tu divino servicio, con los cuales el angélico joven Juan Berchmans te consagró la flor de su edad. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

Cordero de Dios

 

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.
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