Contardo ferrini

27 de Octubre: Beato Contardo Ferrini

Publicado el 27 de octubre de 2020

Actualizado el 22 de abril de 2025

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El beato Contardo Ferrini (5 de abril de 1859 – 17 de octubre de 1902) fue un destacado jurista y estudioso del derecho italiano. También fue un ferviente católico romano, que vivió una vida devota de oración y servicio a los pobres. Fue beatificado por el papa Pius XII el 13 de Abril de 1947.


Día celebración: 27 de Octubre.
Lugar de origen: Milán, Italia.
Fecha de nacimiento: 5 de abril de 1859.
Fecha de su muerte: 17 de Octubre de 1902.
Santo Patrono de: Universidades, universitarios, profesores universitarios.


Contenido

– Breve Biografía
– Oración al beato Contardo Ferrini


Breve Biografía

El beato Contardo Ferrini nació en 1859 en un modesto apartamento de la Vía Pas-serella en Milán. Su padre, Rinaldo Ferrini, se había casado el año anterior con Luisa Buccellati y era profesor de matemáticas y física, con títulos de ingeniero civil y arquitecto. Contardo heredó tanto la capacidad intelectual de su padre como su inclinación hacia la ciencia. Desde temprana edad, demostró ser un niño excepcionalmente inteligente.

Ingresó en la escuela a los seis años, aunque ya antes había adquirido conocimientos de su padre. Uno de sus compañeros de escuela afirmó que Contardo solo mostraba interés por sus estudios y su fe religiosa. Durante la adolescencia, Contardo experimentó las turbulencias sentimentales típicas de esa edad, como lo demuestran algunos versos que escribió para el cumpleaños de su madre cuando tenía dieciséis años. Sin embargo, Don Alberto Catena, un sacerdote prudente y sabio, amigo de Manzoni y Verdi, lo ayudó a superar esas dificultades.

Además, Mons. Antonio Ceriani, quien dirigía la Biblioteca Ambrosiana de Milán, supervisaba el desarrollo intelectual de Contardo. El joven, deseando leer la Biblia en sus lenguas originales, le pidió a Mons. Ceriani que le enseñara hebreo. El erudito bibliotecario apoyó los ideales científicos del padre de Contardo y le dijo al joven:

«No os fiéis de los datos de segunda mano, aunque procedan de hombres autorizados. Id directamente a las fuentes de la verdad».

Otro sacerdote que ayudó mucho a Contardo, fue Don Antonio Stoppani, colega de su padre, cuyos conocimientos geológicos y científicos iban unidos con un amor a la naturaleza que había de caracterizar a Contardo durante toda su vida.

En 1876, el joven ingresó en la escuela de leyes del Colegio Borromeo de Pavía. Era un muchacho muy serio y su piedad rayaba en lo que comunmente solemos llamar «beatería». Ello explica, en parte, el hecho de que sus compañeros le hayan tratado con cierta rudeza.

La paciencia con que Contardo soportaba las burlas de los demás, le mereció el apodo de «el San Luis del Borromeo», que algunos empleaban con respeto y otros con sorna. La llama del celo apostólico del joven empezó a crecer por entonces, ya ,que escribió:

«Es bueno predicar con el ejemplo, es bueno predicar con la palabra; pero no hay predicación más efectiva que la de la oración».

Contardo se emocionó con la idea de fundar una congregación mariana de estudiantes y fue uno de los que dieron inicio a este movimiento en Italia. Sin embargo, no pudo llevar a cabo sus planes hasta que salió de Pavía para estudiar en Berlín. Esta congregación recibió el nombre de San Severino Boecio y todavía existe en la actualidad.

A pesar de su entusiasmo por los ideales apostólicos, los logros visibles de Contardo fueron limitados. Sin embargo, dejó una impresión duradera en sus compañeros. Por ejemplo, Héctor Cappa siempre recordó que conoció las obras del cardenal Newman gracias a Contardo, y mantuvo una amistad de por vida con los condes Pablo y Víctor Mappelli. Las cartas que escribió a este último son una de las principales fuentes para el estudio de la vida y el pensamiento del beato.

En 1880, Contardo obtuvo su doctorado y obtuvo una beca para estudiar un año en la Universidad de Berlín. Esta beca fue renovada por un año adicional. Antes de mudarse a esa universidad, Contardo redactó un «plan de vida», que compartió en una carta con Víctor Mappelli. Este documento refleja su humildad espiritual y su inclinación hacia una vida mística.

Aunque Contardo sintió nostalgia al dejar su país, se sintió consolado por sus primeras experiencias en Berlín, donde encontró a numerosos católicos comprometidos y una comunidad estudiantil católica activa y organizada. En su obra «Un poco de infinito,» Contardo relató su conmovedora experiencia al confesarse por primera vez en el extranjero, lo que resaltó la catolicidad de la Iglesia.

Durante su tiempo en Berlín, Contardo se hizo amigo de destacados estudiantes católicos y académicos, como el botánico Maximiliano Westermaier, Alfredo Pernice, Mauricio Voigt y Zacarías von Liegenthal. Al referirse a este último, Contardo escribió que «el protestantismo hace de un hombre algo muy digno de lo que el catolicismo habría hecho un santo.»

Aunque Contardo no fue un amigo íntimo del famoso historiador Teodoro Mommsen, veinte años después, Mommsen expresó su respeto por Contardo Ferrini, a quien atribuyó el mérito de haber desplazado la primacía en los estudios jurídicos de Alemania a Italia. Mommsen también admiró este logro.

Sin embargo, la vida en Berlín tenía sus desafíos, y Contardo se sintió incómodo en una ciudad que consideraba corrupta. La cercanía de los vicios lo llevó a entregarse aún más a la vida ascética. A los veintidós años, Contardo se enfrentaba a la cuestión de su vocación, preguntándose si Dios lo llamaba al matrimonio, al sacerdocio o a la vida monástica.

Como no sintió una llamada clara a ninguno de estos estados de vida, en 1881 hizo un voto de celibato perpetuo. En el verano de 1883, regresó a Italia y comenzó a preparar una edición crítica de la paráfrasis griega de las «Instituciones» de Justiniano. Para llevar a cabo esta obra, visitó bibliotecas en Copenhague, París, Roma y Florencia, lo que enriqueció su conocimiento de diversos idiomas y fue invaluable para sus estudios.

Contardo era un políglota que hablaba y escribía con fluidez en alemán, latín y griego, además de conocer francés, español, inglés, hebreo, holandés y sirio, y tenía cierto conocimiento de copto y sánscrito. Su experiencia y cualidades no pasaron desapercibidas, y un año después de su regreso a Italia, fue nombrado profesor de derecho romano criminal en la Universidad de Pavía.

Dieciocho meses más tarde, fue promovido a la cátedra de exégesis de las fuentes del derecho romano. Sus estudiantes lo recordaban como un profesor exigente pero amable y bondadoso. En conversación privada, mostraba agilidad, pero jamás recurría al sarcasmo. Su comportamiento era distinguido, sin altivez, lo cual se adaptaba a la dignidad de su posición.

Aunque la vida de Contardo estaba completamente dedicada a Dios, consideraba su trabajo en el campo del derecho romano como su «esposa» en el orden natural. Se apasionaba por este

campo y convertía sus investigaciones, enseñanza y conocimientos en un himno de alabanza al Señor de toda ciencia.

Contardo se unió a la tercera orden de San Francisco en esa época. En 1887, fue nombrado profesor de derecho romano en la Universidad de Messina. Durante los siguientes siete años, enseñó tanto en Messina como en Módena, sin dejar de trabajar ni de elevar su renombre con cada nueva obra publicada. A pesar de su satisfacción en Sicilia, anhelaba regresar al norte de Italia para estar cerca de su ciudad natal y de la Biblioteca Ambrosiana.

En 1894, cuando se le propuso suceder al profesor Mariani en Pavía, aceptó con gran entusiasmo. Esto marcó el inicio del período más fructífero de su carrera. Contardo Ferrini mostró interés en diversos campos del derecho, pero se destacó particularmente en el derecho romano-bizantino.

Cuando el Papa León XIII publicó la encíclica «Rerum novarum» sobre la condición de los trabajadores, Contardo se sintió profundamente complacido. En 1895, fue elegido miembro del concejo municipal de Milán.

Oración al beato Contardo Ferrini

Señor, Dios nuestro, el beato Contardo Ferrini supo armonizar la sabiduría humana con la virtud de la piedad, haz que también nosotros lleguemos a conocerte mejor y a amarte sobre todas las cosas.

Por Jesucristo, nuestro Señor Jesucristo

Amén.

Cordero de Dios

Beato Contardo Ferrini | Fuentes

La vida de los Santos por Butler.

Colofón
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