San Pablo de la Cruz, Presbítero

28 de Abril: San Pablo de la Cruz, Presbítero

Publicado el 28 de abril de 2024

Actualizado el 7 de abril de 2025

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San Pablo de la Cruz (Pablo Francisco Danei) es el fundador de los Padres Pasionistas. Hijo de un mercader, renunció a todo y se dedicó al servicio de los pobres y los enfermos, juntándosele después varios compañeros.


Día celebración: 28 de abril.
Lugar de origen: OvadaGénova
Fecha de nacimiento: 3 de enero de 1694.
Fecha de su muerte: 18 de octubre de 1775.
Santo Patrono de: De los prófugos, de los Pecadores que quieren cambiar de vida, de los Confesores, de los Comerciantes y es padre fundador de toda la Familia Pasionista en todas sus ramas.


Contenido

– Introducción
– Piedad y austeridades
– Su vocación de apóstol
– Hábito de luto por la muerte del Salvador
– Retiro de cuarenta días | Inicio de la vida religiosa
– Fundación del retiro del Monte Argentaro
– Aceptación de las reglas
– Muerte y sepultura de San Pablo de la Cruz
– Oración a San Pablo de la Cruz


Introducción

San Pablo de la Cruz, nacido como Pablo Francisco Danei el 3 de enero de 1694 en Ovada, Italia, fue una figura singular en el siglo XVIII. Desde su infancia, mostró una conexión especial con la espiritualidad y la devoción. Su padre, Lucas Danei, un hombre de fe arraigada, gestionaba un modesto comercio para mantener a su numerosa familia de dieciséis hijos.

Desde temprana edad, la madre de Pablo Francisco se dedicó a su formación cristiana, inculcándole el amor a la oración y al sacrificio. Le narraba las vidas de los anacoretas y, especialmente, los sufrimientos de Jesucristo. El niño aprendió a no quejarse ni llorar frente a las adversidades, ya que su madre colocaba un crucifijo en sus manos y le hablaba de la Pasión de Nuestro Señor.

San Pablo de la Cruz se destacó por su profundo amor a la soledad, su anhelo por la humillación y la pobreza, su insaciable búsqueda de austeridades, todo en medio de una pureza e inocencia notables. Su corazón ardía con la llama del amor a Jesús crucificado, y se convirtió en un incansable predicador de la Cruz, así como en un taumaturgo y director de conciencias.

A lo largo de su vida, recorrió la senda de la vida mística hasta los últimos confines. Fundó dos Órdenes religiosas dedicadas a la contemplación y al apostolado de la Pasión de Cristo: los Pasionistas. El contraste entre la figura de San Pablo de la Cruz y su tiempo, el volátil y escéptico siglo XVIII, es notable. Su legado perdura como un testimonio de devoción y entrega a la espiritualidad cristiana.

Devotísimo de la Santísima Virgen, gozaba el niño levantando altarcitos a la Madona. Gustaba sumamente de predicar a sus hermanos y hermanas acerca de la Pasión de Jesús, cuyo pensamiento no se le borraba jamás de la imaginación. Pusiéronle sus padres, bajo la dirección y cuidado de un religioso, carmelita de Cremolino; allí cursó durante cinco años, con gran aprovechamiento, las primeras letras: Pablo era de inteligencia clara, de imaginación brillante y recia^voluntad. A fines del año 1709, el adolescente volvió a vivir con sus padres en Castellazo, al sur de Alejandría, en el Piamonte, donde habían fijado su residencia.

Piedad y austeridades

Pablo, siendo un socio activo en el comercio de su padre, mantuvo su inocencia bautismal incluso al llegar a la edad de las pasiones. Fortalecido por la comunión frecuente, la devoción a la Pasión de Cristo y la mortificación constante, expresó su deseo temprano por el pan eucarístico y el sufrimiento. Aunque el párroco notó su vocación sacerdotal, Pablo se consideraba indigno del altar.

La Providencia preparó a Pablo para una misión aún no clara, purificando su alma de apegos terrenales. Después de una revelación de imperfecciones, se sometió a una confesión general y emprendió una rigurosa disciplina: dormir en el desván, meditar la Pasión a medianoche, flagelarse y ayunar con pan y agua los viernes, incluso mezclando su bebida con hiel y vinagre.

Su vocación de apóstol

San Pablo de la Cruz tiene veinte años y siente un fuerte deseo de entregarse a Cristo. Tiene la impresión de que Dios lo llama a enfrentarse a los enemigos del cristianismo, incluso a derramar su sangre por la fe. ¡Qué hermosa vocación! En 1715, se une a las tropas venecianas con este propósito.

Al año siguiente, en una iglesia en Lombardía, siente que el Señor lo llama a la milicia apostólica. Obtienen licencia y regresa a casa, donde su familia, especialmente un tío, le propone un matrimonio ventajoso. A pesar de la insistencia de sus seres queridos, responde con calma que no es la voluntad de Dios.

Decide dedicarse por completo al apostolado, ayudando a su padre y brindando caridad a los pobres y enfermos. Organiza una asociación de jóvenes con interés en la soledad y la oración, guiándolos hacia obras de misericordia y el convento. Como prior de una cofradía, ofrece exhortaciones efectivas y utiliza el don de leer conciencias para convertir a jóvenes libertinos.

Pide ayuda al cielo para discernir su vocación y recibe favores extraordinarios. Ahora bajo la dirección del capuchino Padre Columbano, le comunica su deseo persistente de soledad, la inclinación a ir descalzo, la inspiración para congregar compañeros y la resolución de abandonar el hogar paterno.

En visiones sucesivas, el Señor le revela claramente que le esperan muchas dificultades. Jesús le muestra varias veces una túnica negra y le dice: «Hijo mío, quien se acerca a mí, se acerca a las espinas». Poco a poco, se va revelando y precisando más el divino beneplácito.

Privado de su experimentado director, acude al canónigo penitenciario de la catedral de Alejandría, don Policarpo Cerruti, quien acepta dirigir su conciencia y lo guía por la senda segura de la humildad y las humillaciones. Convencido finalmente de la especial vocación del joven, lo pone en contacto con el obispo de Alejandría (Piamonte).

Hábito de luto por la muerte del Salvador

El piadoso prelado examinó cuidadosamente a San Pablo de la Cruz, quien le relató por escrito las experiencias espirituales que había tenido. En el verano de 1720, durante un éxtasis después de la comunión, San Pablo se vio vestido con una túnica negra que tenía una cruz blanca en el pecho y el monograma del nombre de Jesús debajo de la cruz, escrito con letras blancas. En ese momento, sintió el deseo divino de fundar una nueva congregación llamada «Los pobres de Cristo».

En otra ocasión, la Virgen Santísima, que ya se le había aparecido varias veces llevando una túnica negra con las palabras «Jesu XTI Passio» (Pasión de Cristo), se le mostró vestida con la misma túnica. En el pecho llevaba un corazón con una cruz blanca encima y en el centro la inscripción de la Pasión y los clavos. La Virgen estaba de luto por la dolorosa Pasión de su Hijo y le dijo a San Pablo que debía vestir así y fundar una congregación con un hábito similar y luto constante por los sufrimientos y la muerte de Jesús.

San Pablo de la Cruz, después de consultar al padre Columbano por escrito, recibió el hábito de la Pasión el 22 de noviembre de 1720. A pesar de los intentos del demonio por detenerlo con tristezas, repugnancias y desaliento, la decidida voluntad de San Pablo, entonces con veintiséis años, prevaleció. Sin embargo, el prelado no le permitió llevar públicamente el emblema de la Pasión en el hábito en ese momento.

Retiro de cuarenta días | Inicio de la vida religiosa

Pablo de la Cruz, el fundador, trazó el plan y redactó las Reglas del nuevo Instituto en un cuartucho sin luz solar en Castellazo. Con licencia del Prelado, se retiró allí durante cuarenta días en el invierno, practicando ejercicios espirituales descalzo y sin abrigo. Durante este tiempo, redactó las Reglas.

Aprobadas por el Prelado, San Pablo inauguró la vida de soledad y apostolado en un eremitorio. Se encargó de catequizar a los niños y, aunque aún no tenía Órdenes sagradas, le permitieron predicar al pueblo. En 1721, partió a Roma para informar al Papa sobre el Instituto, pero enfrentó dificultades y no logró llegar a Inocencio XIII.

En el Monte Argentaro, escuchó la voz de Nuestra Señora, hizo un voto de propagar la devoción a Jesús crucificado y recibió la orden de dirigirse allí. En esa montaña, enfrentaron fatigas y humillaciones, pero obtuvieron la licencia del Prelado para residir cerca de una capilla abandonada.

San Pablo, no ordenado, dio misiones, dirigió ejercicios espirituales y predicó en varias parroquias. Benedicto XIII alentó su empresa en 1725. Después de la muerte de su protector, los hermanos abandonaron su eremitorio y fueron a Roma, donde el cardenal Corradini los encargó de la administración y enseñanza religiosa en San Galicano y les pidió estudiar Teología para recibir Órdenes sagradas.

Fundación del retiro del Monte Argentaro

San Pablo de la Cruz y su hermano fueron ordenados el 7 de junio de 1727 por Benedicto XIII. Tras la muerte de su padre, pasaron un año en Castellazo con familiares. Al regresar al hospicio, enfermaron gravemente y fueron dispensados del voto de consagrarse al servicio de los enfermos.

Guiados por el Señor, regresaron al monte Argentaro para fundar el primer convento e iglesia del Instituto de la Pasión. La Congregación destaca por su rigurosa pobreza, apostolado, abnegación hacia el prójimo, devoción a Jesús paciente, austeridades corporales, oración y contemplación.

San Pablo, con treinta y cuatro años, inicia con éxito su misión apostólica que durará más de treinta años, predicando a Jesucristo crucificado dondequiera que el Señor lo llame.

En 1731, la Reina de los Ángeles señala el lugar para construir la primera casa del Instituto cerca del eremitorio. Con la ayuda de los habitantes de Orbetello y limosnas, San Pablo y Juan Bautista inician la fundación. La peste, la guerra y calumnias dificultan la construcción, pero con oración, humillaciones y peregrinaciones a Loreto y Roma, logran el triunfo. La capilla es bendecida el 14 de septiembre de 1737, con la advocación de la Presentación de María, y el fundador entra con sus compañeros, llevando una soga al cuello.

Aceptación de las reglas

Era crucial obtener la aprobación de la Santa Sede para las Reglas de la Sociedad. La Comisión cardenalicia convocada por el papa Clemente XII las consideró excesivamente rigurosas, lo que fue un contratiempo para el fundador, especialmente cuando algunos religiosos se marcharon, desatando odios y persecuciones contra San Pablo de la Cruz.

Este período crítico, con la enfermedad del fundador y la pérdida de sus protectores, dio lugar a una vida exuberante tras superar las pruebas. Benedicto XIV aprobó las Constituciones, suavizando su rigor en 1741 y 1746.

Finalmente, los primeros religiosos pasionistas hicieron profesión pública del emblema sagrado de la Pasión en 1741, y en ese mismo año, el Capítulo general eligió a San Pablo de la Cruz como Superior del Instituto.

Siguiendo las predicciones, los cardenales Rezzonico y Ganganelli, ardientes protectores del Instituto, fueron elevados al papado como Clemente XIII y Clemente XIV respectivamente. Este último, en 1769, aprobó definitivamente el Instituto y le cedió en Roma el convento e iglesia de los Santos Juan y Pablo en el monte Celio.

Tanto en el gobierno de la Congregación como en la dirección espiritual, San Pablo de la Cruz destacaba por su prudencia ilustrada y vigilante, paciencia inalterable y bondad jovial y obsequiosa. Si bien era firme contra los abusos, mostraba gran caridad hacia los religiosos enfermos, misioneros y novicios. Con su ejemplo más que con sus palabras, inculcaba las virtudes fundamentales del Instituto: pobreza, oración y soledad.

Una penitente reveló que San Pablo fundaría también religiosas dedicadas al culto y apostolado de la Pasión de Cristo. A pesar de la tenaz oposición del demonio, Pablo redactó las Reglas, que fueron aprobadas por el papa Clemente XIV en 1771. El 3 de mayo de ese año, se inauguró el primer monasterio de monjas Pasionistas en Corneto (actualmente Tarquinia). Estas religiosas profesan el mismo fin y siguen la misma vida que los Padres Pasionistas, centrándose en la soledad, oración, trabajo, rezo del Oficio, apostolado y el hábito negro, entre otros aspectos.

Muerte y sepultura de San Pablo de la Cruz

Pero esa intensa labor apostólica junto con las austeridades, enfermedades y preocupaciones de la fundación de la Congregación, vinieron a ser un martirio constante para San Pablo de la Cruz. En la primavera de 1775, le dio a conocer el Señor que moriría el 18 de octubre siguiente. Como consecuencia de una penosa enfermedad de estómago, que no le permitía tomar más que agua, se le agotaron tanto las fuerzas, que hubo de guardar cama.

El 30 de agosto recibió al Señor, en Viático; recomendó a sus hijos la caridad fraterna, el espíritu de oración, de pobreza, de amor y reverencia a la Iglesia, y se despidió de ellos, rogando que remitieran al papa Pío VI su estampita de la Virgen de los Dolores. El 18 de octubre comulgó en ayunas y, venida la tarde, anunció que había llegado su hora postrera.

Por expreso deseo suyo leyósele la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Juan, se le acostó sobre paja, revestido del hábito religioso, con una soga al cuello y corona de espinas en la cabeza. Estando sumido en éxtasis profundo, sus ojos se posaban unas veces en el Crucifijo y otras en la imagen de María.

Así expiró, sin el menor estremecimiento, al punto que se leían estas palabras del Salvador: «Padre, la hora es llegada, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti.» (Juan, XVII, 1).

Sabedor de la muerte del siervo de Dios, Pío VI exclamó: «¡Feliz él!…No hay para qué entristecerse, pues puede darse por seguro que ya se halla en el paraíso». Por mandato del Papa se colocó el cadáver en un ataúd doble de madera y plomo, y se le dio sepultura no en el sitio ordinario, sino en una tumba en el interior de la basílica de los Santos Juan y Pablo.

El proceso canónico iniciado poco después de su muerte, terminó el día primero de mayo de 1853, en el pontificado de Pío IX , con los honores de la beatificación. El mismo Pontífice le canonizó el 29 de junio de 1867. Su fiesta se celebra el 28 de abril, con rito doble, en toda la Iglesia.

Oración a San Pablo de la Cruz

Concédenos, Señor, que san Pablo de la Cruz, cuyo único amor fue Cristo crucificado, nos alcance tu gracia, para que, estimulados por su ejemplo, nos abracemos con fortaleza a la cruz de cada día. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Cordero de Dios

| Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.