28 de Julio: Santo Obispo Sansón


Santo Obispo Sansón

El Santo Obispo Sansón (San Sansón, obispo de Dol) cuya vida vamos a narrar, puede a buen título considerarse como el tipo acabado de esos hombres extraordinarios que aun hoy a pesar de la realidad de su historia, se nos ofrecen como héroes de leyenda.


Día celebración: 28 de Julio.
Lugar de origen: Gwent, Reino Unido.
Fecha de nacimiento: 480.
Fecha de su muerte: 565.


Contenido

– Introducción
– Nacimiento y primeros años
– Vida monástica
– Su familia abraza el estado religioso
– Nombrado Abad | Viaje a Irlanda
– Huye a la soledad
– De Monje a Obispo
– Funda un monasterio en Dol
– III concilio de París y su muerte
– Oración al Santo Obispo Sansón


Introducción

Varón es éste de sorprendente originalidad, pues que fue a la vez monje y misionero, ermitaño y peregrino, modesto abad y prelado insigne a quien caracterizó siempre una profunda humildad.
Cabeza de los «siete Santos de Bretaña», se le considera como uno de los principales evangelizadores de aquella región de la Galia. Su llegada a las costas armoricanas coincide con el período más activo del éxodo del pueblo bretón, cuando, cediendo éste al empuje violento y devastador de los sajones, vino a establecer en el país de Domnonea, que forma en la actualidad la parte septentrional de la Bretaña francesa.

Por espacio de doscientos años fueron llegando verdaderas caravanas de embarcaciones que surcaban el canal de la Mancha trayendo a aquellos voluntarios desterrados a su nueva patria. En la mayoría de los casos eran los monjes quienes tutelaban dichas emigraciones, monjes cuyo arrojo y santidad se imponían a sus conciudadanos gracias a ellos fue posible realizar aquellas penosas travesías y organizar después los nuevos núcleos de población en aquel país totalmente desconocido para ellos.

Sansón, cuya vida vamos a narrar, puede a buen título considerarse como el tipo acabado de esos hombres extraordinarios que aun hoy a pe­sar de la realidad de su historia, se nos ofrecen como héroes de leyenda.

Nacimiento y primeros años

La familia de Sansón era originaria del sur de Gales. Su padre por nom­bre Amón Du, procedía del condado de Clamorgan, su madre, Ana, de la provincia de Gwent. Ambos consortes eran de noble alcurnia; sus progenitores habían desempeñado en la corte de los reyezuelos de aquellas provincias, el cargo de «dystain», que vale tanto como maestresala, dignidad importante que seguía inmediatamente a las de mayordomo de palacio y capellán de la casa real.

Fruto de este matrimonio fue, hacia 480, el niño Sansón, cuyo nacimiento esperaron ansiosamente los padres por espacio de muchos años. Siguiéronle cinco hermanos y una hermana. La piadosísima madre, que había consagrado en secreto a su primogénito al servicio del altar, veló con especial cuidado sobre su tierna infancia. Cumplidos los cinco años, tratóse en familia el asunto de la educación del parvulito.

Amón deseaba que su hijo mayor, a la usanza de aquellos tiempos, siguiera la carrera de las armas, pero muy otra era la voluntad divina, y así, el padre, después de algunas vacilaciones, consintió en enviar al niño a la escuela monástica. Es más, presentóse en persona con su hijo al abad Iltudo que gobernaba el monasterio de Llantwit.

Aquel santo abad e insigne educador, dióse pronto cuenta de las bellas cualidades que atesoraba el nuevo discípulo, rodeóle, pues, de tiernos cuidados y no perdonó medio para hacer fructificar al ciento por uno los talentos de aquel ser privilegiado, de manera que a los quince años el discípulo casi igualaba al maestro y por su erudición podía compararse con los más aventajados de entonces.

Lejos, sin embargo, de envanecerse por ello, buscaba únicamente enriquecer su alma con aquella encumbrada sabiduría que nace de la humildad. Cierto día en que no hallaba solución a una dificultad filosófica, encomendóse a Dios de modo más apremiante, como único maestro de quien deseaba recibir enseñanza, y no sólo iluminó su entendimiento el anhelado destello de luz divina, sino que hasta la misma celda quedó inundada de claridad al tiempo que una voz le prometía despachar favorablemente cuantas gracias solicitase de lo alto.

Los milagros de Sansón demuestran bien a las claras que Dios no rehusaba cosa alguna a su siervo, y que estaba dispuesto a facilitarle los caminos para llevarlo a una gran santidad.

Vida monástica

Cierto día de verano en que, por orden de San Iltudo, se hallaba nuestro joven, con otros estudiantes, arrancando plantas silvestres en un campo de trigo, como uno de los niños removiese una piedra, saltó una víbora y le picó en la pierna. La muerte del niño era inminente, entonces Sansón, recordando al Señor la promesa que le hiciera de asistirle siempre que le invocara, bendijo la herida, empleando para ello agua bendita y aceite de la lámpara del santuario, e inmediatamente sanó el niño.

Tomó Sansón el hábito en el monasterio en que se educara, y al hacerlo se abrazó definitivamente con las austeridades que de ordinario se imponen los santos. San Dubricio, obispo de Caerlón —Isla Silurum—, confirióle el diaconado, y durante la ceremonia vióse una paloma revolotear sobre la cabeza del joven, cual si con ello quisiera manifestar el Señor cuan grato le era el nuevo diácono. La paloma volvió a verse en la ceremonia de la elevación al sacerdocio y, más tarde, en la de su consagración episcopal: Testimonio de la predilección con que el Señor amaba a su siervo.

Su familia abraza el estado religioso

No acierta uno a comprender cómo Sansón pudo tener enemigos. Su­cedió, no obstante, que dos sobrinos de Iltudo, que vivían en el monasterio, ambos de costumbres depravadas, cobraron tal aversión al siervo de Dios, que no perdonaron ocasión de agraviarle, llegando hasta a que­rerle envenenar. A tal efecto, uno de ellos, que era farmacéutico, preparó un brebaje emponzoñado y se lo ofreció cierto día en que, por prescripción de la regla, todos los monjes del monasterio debían tomar una bebida de efectos medicinales.

Con gran sorpresa de los dos malvados, bebió­la Sansón sin experimentar el menor daño, no obstante haber dado muerte a un perro grande al cual se lo propinaran por vía de ensayo. Bien pronto se percató el pueblo de las extraordinarias virtudes de Sansón y de los milagros que el cielo obraba por sus m anos, por lo cual nuestro Santo, que deseaba llevar vida más recogida, pidió a San Iltudo licencia para retirarse a un monasterio situado en una isla apartada, bajo el gobierno del abad Pyrón. Dicho monasterio, que se llama hoy día Caldey, conserva su gran celebridad en la historia religiosa de Inglaterra.

Quince días llevaba allí nuestro Santo cuando se presentó un correo para pedirle que acudiera a la casa paterna, pues su padre, que se encontraba moribundo, quería ver a su hijo antes de expirar. El abad Pyrón ordenó a su discípulo que partiera sin demora, y éste obedeció. Con tal motivo, refiere la leyenda que al atravesar un bosque el monje y su acompañante fueron perseguidos por el demonio que se presentó bajo la forma de una dama de incomparable hermosura. El tentador, que no pudo triunfar ni de uno ni de otro, para vengarse, arrastró por las peñas y las zarzas al emisario del anciano moribundo hasta dejarle en estado lastimoso.

En semejante trance, acudió Sansón al Señor; y, haciendo la señal de la cruz, ahuyentó al espíritu maligno y sanó al herido sin que se notase en él rastro alguno de contusiones. Llegado que hubieron a casa de Amón, experimentó éste gran alegría, a pesar de la gravedad de su estado; mas volviendo por el interés de su alma, reprimió los demás sentimientos, y humildemente se confesó con su propio hijo. Sansón quedó admirado de las santas disposiciones de su padre y oró por él con tanto fervor que, al otorgar al penitente el perdón de sus culpas, curóle igualmente de la en­ fermedad que le tenía a las puertas del sepulcro.

Este inesperado favor movió al agraciado a consagrar su vida al Soberano Maestro. Cinco hijos suyos, hermanos de nuestro Santo, tomaronigual resolución, así como su madre; de esta suerte toda aquella piadosa familia emprendió el camino del monasterio, dirigiéndose cada uno hacia donde la gracia de Dios le inclinaba. Un tío y una tía del Santo no pudieron resistir a ejemplo tan avasallador e imitaron a sus familiares en el sacrificio.

La hermana de Sansón fue la única que se quedó en el siglo. Amón y Umbrafel, padre y tío respectivamente del Santo, le siguieron a su regreso al monasterio de Pyrón y allí vistieron el hábito y se consagraron a Dios. La ejemplaridad de su vida dio fe de su sincera devoción.

 

Nombrado Abad | Viaje a Irlanda

Pocos meses habían transcurrido en paz y tranquilidad, cuando el abad Pyrón vino a fallecer. Esta muerte contrarió sobremanera a Sansón, pues con ello perdía a un padre y a un amigo. Cerrada apenas la tumba, hubo de procederse a nueva elección, y a la voz de sus Hermanos se concertó para elegirle por abad. El elegido vio malparada su humildad, pero, al fin, hubo de rendirse a la voluntad de Dios.

Apreciábanse en el nuevo abad todas las cualidades que deben adornar a un prelado: celo, caridad, prudencia; pero lo que más brilló en él en esta época de su vida, fue la
caridad para con los pobres, tenía dada orden de que no se despidiera a nadie sin socorrerlo.

Cierto día, como no tuviese otra cosa que darles sino la miel de las colmenas del huerto, dejóse llevar por la vehemencia de su caridad y mandó despojarlas en provecho de los pobres. Dios, en premio, permitió que al día siguiente las colmenas se vieran tan surtidas como si no se las hubiera catado.

Diecinueve meses gobernó Sansón el monasterio. Un buen día pasaron por Llantwit unos religiosos irlandeses que regresaban de Roma y quiso el Santo acompañarlos a su tierra; en el poco tiempo que los tratara, habíase dado cabal cuenta de lo versados que estaban en las ciencias sagradas, y deseó aprender en la escuela. Así, pues, pidió licencia a su obispo San Dubricio, y pasó, por algún tiempo, a la verde Erín. Mas no duró mucho tiempo su estancia allí. Los repetidos milagros con que el Señor le honraba, acabaron por atraerle una serie de honores y deferencias incompatibles con su humildad.

Solició, pues, y obtuvo de sus nuevos superiores autorización para volverse a su monasterio. Acababa de embarcarse e iban ya a abandonar el puerto cuando a toda prisa se presentaron dos religiosos para suplicarle que acudiera en socorro del superior, repentinamente atacado por el espíritu del mal. El capitán del barco no quería retrasar la partida.

«Podéis marchar cuando queráis —dijo Sansón—, que mañana os alcanzaré». El capitán dio orden de levar anclas, y aunque trataron de hacerse a la vela, no pudieron salir al mar porque el viento los rechazaba de continuo. De manera que, cuando al día siguiente regresó Sansón, aún seguía la nave en el puerto.

Huye a la soledad

De vuelta a su monasterio, tuvo la satisfacción de comprobar los progresos de su padre y de su tío en la senda de la virtud, y sobreponiéndose a toda consideración humana, les mandó, en virtud de santa obediencia, que fueran al monasterio de Irlanda. Ante los ruegos de los monjes que le pedían aceptase nuevamente el gobierno del convento, rehusó él en absoluto. Después, movido por impulso de lo alto, abandonó para siempre su abadía y se puso en camino con cuatro de sus monjes que quisieron seguirle en la nueva peregrinación.

En las márgenes del Saverna, no lejos de las ruinas de un antiguo castillo, descubrieron nuestros viajeros, en el corazón de un intrincado bosque, una gruta de difícil acceso. Sansón instaló a sus cuatro compañeros en las ruinas del castillo y él se retiró a la mencionada gruta con orden expresa de que le dejaran solo. Salía los domingos para celebrar la santa Misa en el oratorio que sus monjes habían improvisado, y se volvía luego sin decir el paraje adonde se retiraba.

Por entonces celebraba sínodo el obispo de la región. Habiendo llega­do a oídos de la asamblea el relato de la vida y milagros del santo monje, mandó que fueran en su busca y en atención a sus grandes virtudes, obligósele, por precepto de obediencia, a tomar la dirección del monasterio fundado años atrás por San Germán de Auxerre en aquellos parajes.

De Monje a Obispo

Algún tiempo después se congregaron tres obispos en el monasterio de nuestro Santo para proceder a la elección de un nuevo Pastor. Era costumbre de la Iglesia de Cambria por aquellos remotos tiempos, que en la consagración de un prelado fueran asimismo consagrados otros dos más que pudieran servirle de asesores. Esta vez el obispo titular ya estaba elegido, así como uno de los que debían compartir con él tal dignidad; pero la elección del tercero se había aplazado hasta el día de la asamblea.

San Dubricio, uno de los tres prelados oficiantes, tuvo aquella misma noche una visión en la que un ángel le advertía que, por divina voluntad, había de ser Sansón el tercer obispo consagrado. El cargo de obispo in pártibus, aunque muy honorífico, no bastaba al celo del nuevo pontífice, con todo permaneció en esta forma por espacio de varios años.  «Cruza el mar —le dijo un ángel en una noche de Pascua— y vete al país de la Armórica, donde te aguardan las ovejas que Dios encomienda a tu custodia».

Partió Sansón sin demora, y fue derramando favores a su paso durante el viaje. Al atravesar una aldea en donde cele­braban una fiesta pagana en honor de un ídolo que todavía allí conservaban, sucedió que una joven que guiaba una carroza tirada por briosos corceles, dio tan espantosa caída que falleció en el acto. Sansón mandó que le trajeran el cadáver, púsose a orar por espacio de dos horas y le devolvió la vida. En vista de lo cual el vecindario renunció a sus dioses y pidió se le preparara con el fin de abrazar el cristianismo.

Más adelante halló el santo prelado un paraje que le pareció muy a propósito para edificar un monasterio; detúvose, pues, allí, y a su tiempo dio feliz término a la fundación. La cueva que eligiera para morada, era precisamente guarida de una espantosa fiera que sembraba terror y espanto por aquellas cercanías , las crónicas afirman que era un «dragón», apelativo que los antiguos aplicaban a toda suerte de animales de extraor­dinaria ferocidad. Sansón libró de aquella plaga a la comarca.Terminado que hubo el nuevo monasterio, llamó a su padre para que lo dirigiera y él partió para la Armórica.

Funda un monasterio en Dol

No llegó solo el infatigable monje: muchos coterráneos suyos y varios religiosos obtuvieron licencia para acompañarle. Entre ellos merecen especial mención San Maglorio y San Mein o Mevino. Tomaron tierra en la desembocadura de un río llamado Guyul y se encontraron con un señor de la región llamado Privato, cuya mujer padecía lepra y cuya hija estaba poseída del demonio. Movido a compasión, el santo viajero siguióle hasta su casa y curó a las dos enfermas.

La gratitud de Privato fue tan señalada que ofreció al santo obispo parte de sus tierras para fundar en ellas un convento: el convento de Dol, que bien pronto se vio rodeado de cabañas hasta llegar a convertirse poco a poco en una verdadera aldea. Poco después levantó Sansón otro convento en Landtmor, y dejó por abad a San Maglorio.

Toda la Bretaña y particularmente la parte septentrional, fueron el campo de las.correrías apostólicas del infatigable apóstol; allí fundó numerosos monasterios filiales del de Dol, que no tardaron en convertirse en otras tantas parroquias adonde pudieron en su día acogerse los nuevos emigrados de allende la Mancha.

Grandes turbulencias traían por entonces dividida la B retaña; habíalas provocado la muerte del rey Jonás a manos de su colega el rey Conomor. Los hombres más principales de la comarca fueron a rogar al abad de Dol que acudiese a París para interesar a Childeberto en favor de Judual, hijo de Jonás. Prestóse el Santo a cumplir esta misión, y si bien Childe­berto, cediendo a consideraciones políticas, no se determinó a restablecer inmediatamente al joven príncipe, deferente con el santo embajador, cedióle tierras en las riberas del río Risle, en Normandía. Sansón edificó allí el monasterio de Pental, sufragáneo de Dol.

Judual entró por fin en posesión de sus Estados, y, muy agradecido, colmó de favores al monasterio de Dol. Mas no paró ahí su interés por el Santo apoyado por la autoridad de Childeberto, gestionó ante el papa Pelagio I que el monasterio fuera erigido en obispado. El Papa le otorgó este favor y envió el palio a Sansón, el cual lo recibió descalzo y de hino­jos. Ocurría esto hacia el 556.

Esta prodigiosa actividad no fue impedimiento para que el santo obis­po dedicara muchas horas al recogimiento y a la oración. Y, aunque en todos sus trabajos obraba con el espíritu sobrenatural, gustaba a menudo de apartarse de ellos, para concentrarse en más íntima unión con Dios y para entregarse ardorosa y profundamente al estudio de las cosas que entraban en el campo de su misión apostólica.

III concilio de París y su muerte

El año 557, trasladóse nuevamente a París para asistir al tercer Concilio que se celebraba en aquella ciudad. En semejante circunstancia brilló su humildad con destellos singulares. Resistióse a firmar con los arzobispos, a pesar de que se lo autorizaba el privilegio del palio e hízolo el penúltimo entre los obispos con esta fórmula «Yo, Sansón, pecador, obispo.. » Movido de los mismos sentimientos de humildad, rehusó ocupar el aposento que el rey había mandado disponer en su propio palacio, y fue a hospedarse en el monasterio de San Germán.

Era a la sazón de edad avanzada y estaba encorvado bajo el peso de los años. En el viaje de regreso a Bretaña, rompióse una de las ruedas del vehículo, encontrábanse entonces en ias llanuras de Chartres y era difícil dar allí con un obrero que reparase la avería.

Hizo Sansón la señal de la cruz en la rueda y permitió el cielo que al instante quedase ésta en perfecto estado con lo que les permitió continuar su camino. Informado el rey Childeberto, mandó que en recuerdo de semejante prodigio se edificara un mo­nasterio. Llegado a su residencia, libró a ocho endemoniados y curó a dos en­fermos que estaban a las puertas de la agonía.

Igualmente, devolvió la vista a una señora que, sin atender a su prohibición, había penetrado en el claustro y se había quedado ciega en castigo.Como se prolongase mucho una enfermedad que padecía, vino a entender que el término de su carrera estaba cercano. Congregó, pues, a los monjes y, después de exhortarlos vivamente a perseverar en su estado con gran entusiasmo, nombró a San Maglorio por sucesor. Recibidos, al fin, los últimos sacramentos, entregó su bendita alma al Creador el 28 de julio de 565.

Oración al Santo Obispo Sansón

Santo Obispo Sansón, ruega por nosotros.

Santo Obispo Sansón | Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.