Santo Tomás Becket, también conocido como Santo Tomás de Canterbury, y Tomás de Londres, fue Arzobispo de Canterbury desde 1162 hasta su asesinato en 1170. Es venerado como santo y mártir tanto por la Iglesia Católica como por la Comunión Anglicana. Se involucró en conflicto con Enrique II, rey de Inglaterra, por los derechos y privilegios de la Iglesia y fue asesinado por seguidores del rey en la catedral de Canterbury. Poco después de su muerte, fue canonizado por el Papa Alejandro III.
Día celebración: 29 de Diciembre.
Lugar de origen: Cheapside, Inglaterra.
Fecha de nacimiento: 24 de mayo de 1162.
Fecha de su muerte: 21 de diciembre de 1170
Santo Patrono de: La ciudad de Lodres.
Santo Tomás Becket, también conocido como Tomás de Canterbury, fue un influyente líder eclesiástico y mártir nacido alrededor de 1118 en Cheapside, Inglaterra. Su vida está marcada por su ascenso en la jerarquía eclesiástica y sus conflictos con el poder real, especialmente con el rey Enrique II de Inglaterra.
Becket provenía de una familia modesta y recibió una educación excepcional. Se trasladó a París y más tarde a Bolonia, donde estudió derecho canónico y civil, así como teología. Su aguda inteligencia y habilidades legales le permitieron destacarse y ganarse el favor de la nobleza. En 1155, atrajo la atención del rey Enrique II, quien lo nombró Canciller de Inglaterra, convirtiéndolo en uno de los hombres más poderosos de la corte.
La amistad entre Becket y Enrique se consolidó durante su tiempo como canciller, y Becket demostró ser un leal servidor del rey. Sin embargo, en un giro inesperado, Enrique decidió nombrar a Becket como Arzobispo de Canterbury en 1162, con la esperanza de consolidar su control sobre la Iglesia en Inglaterra. La decisión sorprendió a muchos, ya que Becket, aunque había recibido órdenes menores, no era un clérigo de alto rango en ese momento.
La investidura de Becket como arzobispo marcó el comienzo de un cambio notable en su vida. Abandonó su estilo de vida mundano y se sumergió profundamente en su papel espiritual. Esta transformación preocupó a Enrique, ya que temía perder la lealtad de su amigo y consejero más cercano. A medida que Becket asumía su papel de líder espiritual, sus prioridades cambiaban, y se volvía más firme en la defensa de los derechos e intereses de la Iglesia.
Las tensiones entre Becket y Enrique se intensificaron a medida que el arzobispo se resistía a las intrusiones del rey en los asuntos eclesiásticos. La cuestión central era la jurisdicción y el control de la Iglesia, con Becket abogando por la autonomía de la institución frente a la interferencia del poder secular. Este conflicto alcanzó su punto culminante cuando Enrique propuso la Constitución de Clarendon en 1164, que buscaba someter a los clérigos a la jurisdicción del sistema legal secular.
Becket, enfrentándose a la perspectiva de sacrificar los derechos de la Iglesia, se opuso vehementemente a la Constitución de Clarendon. Su resistencia provocó un enfrentamiento directo con Enrique, y Becket huyó a Francia en 1164 para buscar el apoyo del Papa Alejandro III. Durante su exilio, Becket mantuvo su posición intransigente, negándose a ceder en sus principios a pesar de las presiones y amenazas del rey.
Después de seis años de exilio, Becket regresó a Inglaterra en 1170, buscando una reconciliación con Enrique. Sin embargo, las tensiones latentes explotaron rápidamente. La situación llegó a un punto crítico cuando el rey Enrique pronunció expresiones ambiguas que fueron interpretadas como una invitación a la violencia contra Becket. Cuatro caballeros partidarios del rey, interpretando estas palabras como una orden, viajaron a Canterbury y asesinaron a Becket en la catedral el 29 de diciembre de 1170.
La muerte de Becket provocó una profunda conmoción en toda Europa y lo convirtió en un mártir venerado. La Iglesia Católica canonizó a Santo Tomás Becket en 1173, apenas tres años después de su asesinato. Su tumba en la catedral de Canterbury se convirtió en un importante lugar de peregrinación y adoración.
El conflicto entre Becket y Enrique II dejó una duradera impresión en la historia de la Iglesia y del Estado en la Edad Media. La lucha por la independencia de la Iglesia y la resistencia a la autoridad secular resonaron a lo largo de los siglos, influyendo en la evolución de la relación entre la Iglesia y el Estado en Europa. El legado de Santo Tomás Becket como defensor de la autonomía eclesiástica y mártir por la fe perdura en la memoria histórica y es recordado como un hito significativo en la lucha por la libertad religiosa.
Oración a Santo Tomás Becket
Señor, tú que has dado a santo Tomás Becket grandeza de alma para entregar su vida en pro de la justicia, concédenos, por su intercesión, sacrificar por Cristo nuestra vida terrena para recuperarla de nuevo en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.



