Santa María Magdalena de Pazzi nació en Florencia, Italia, el 2 de abril de 1566, de Camillo di Geri de’ Pazzi, miembro de una de las familias nobles más ricas y distinguidas del Renacimiento Florencia y Maria Buondelmonti. Fue bautizada como Catalina, pero en la familia se llamaba Lucrezia, por respeto a su abuela paterna, Lucrezia Mannucci. «Sufrir y no morir» fue el lema de esta mujer a la que se le conoce también como la extática. Es una de las grandes místicas estigmatizadas. Se ofrendó por la renovación de la Iglesia.
Día celebración: 29 de mayo / 25 de mayo
Lugar de origen: Florencia, Italia.
Fecha de nacimiento: 2 de abril de 1566.
Fecha de su muerte: 25 de mayo de 1607.
Contenido
– Introducción
– Nacimiento e infancia
– Vocación religiosa
– Con las Carmelitas
– Éxtasis y pruebas interiores
– Sus últimos años, virtudes y milagros
– Enfermedad y muerte
– Oración a Santa María Magdalena de Pazzi
Introducción
Florencia, conocida como la «ciudad de las flores», ha sido bendecida con diversas esencias naturales y hermosos jardines, complementados por la construcción de villas espléndidas a lo largo de seis siglos, desde el siglo XI hasta finales del XVI. Esta ciudad ha ganado el título de privilegiada al dar a luz a quince santos o santas oficialmente canonizados en el calendario de la Iglesia universal. Destacando entre ellos, Santa María Magdalena de Pazzi, quien se presenta como la flor más maravillosa de Florencia.
Nacimiento e infancia
En el siglo XV, los Pazzi, una destacada familia de Florencia, rivalizaban con los Médicis por la supremacía. Su palacio, aún en pie al sur de la catedral, conserva el escudo de armas esculpido por Donatello. En este lugar nació Catalina el 2 de abril de 1556. Desde temprana edad, Catalina demostró dones divinos, destacándose en la oración, caridad y penitencia mientras sus compañeros jugaban. Su amor por la soledad la llevaba a retirarse a rincones del palacio para orar, incluso durante la noche, sorprendiendo a su aya en profunda contemplación en lugar de descansar.
Ante las extraordinarias disposiciones de Catalina, su madre las reveló a su confesor, quien la instruyó en la meditación. Desde entonces, Catalina la practicó diariamente, combinándola con obras de caridad espirituales y temporales. Distribuía limosnas familiares, compartía comidas con los necesitados y, durante veranos en el campo, enseñaba a los niños del pueblo las oraciones básicas. Incluso asumió la educación religiosa de la hija de un colono, llevándola consigo a palacio para continuar su labor apostólica.
Sus frecuentes meditaciones sobre la Pasión, inflamaron pronto su corazoncito de un amor ardiente por los sufrimientos y por la penitencia, y así se privaba de todo alimento delicado, comiendo sólo lo necesario para sostenerse, pasando noches completas en fervorosa plegaria y dándose rudas disciplinas o poniendo sobre su cabeza, antes de acostarse, una corona de espinas. Llegó tan lejos en sus penitencias, que su madre tuvo que moderarla, y para poder observarla mejor la hizo dormir en su propia habitación.
Catalina, a pesar de su corta edad, practicaba virtudes notables y expresaba un profundo amor por Jesús en la Eucaristía. Cuando su madre comulgaba, Catalina percibía en ella el dulce perfume de Jesús y anhelaba el día en que le sería concedido comulgar. Aunque la disciplina de la época no lo permitía, su confesor, como excepción, le permitió realizar su primera comunión a los diez años, el 25 de marzo de 1576. A partir de entonces, su deseo de comulgar era tan fuerte que el confesor le permitió hacerlo todos los domingos. Al salir de la iglesia en esos días, Catalina tenía los ojos llenos de lágrimas por no poder mantener una comunión más extensa con Cristo Jesús, el amor de los amores.
Vocación religiosa
A los diez años, después de su primera comunión, Catalina sintió un llamado divino y, comprendiendo que la pureza completa era lo más agradable a Dios, hizo el voto de perpetua virginidad. Pronto recibió una recompensa, al ver un misterioso anillo en su dedo, símbolo de su alianza con el divino Esposo. A los catorce años, mientras Camilo de Pazzis era gobernador de Cortona, Catalina fue colocada como pensionista en un convento para completar su educación. A pesar de desafíos, logró frecuentar la Sagrada Mesa y mantener su devoción. Aunque le ofrecieron entrar en la congregación de las religiosas, Catalina prefirió una orden sin necesidad de reforma.
A los quince meses, Camilo de Pazzis regresó a Florencia y reintegró a Catalina a la familia. En ese momento, su salud era precaria, parecía un esqueleto y carecía de fuerzas para realizar tareas simples como coser. A pesar de seguir las indicaciones médicas, mantuvo su alegría y devoción espiritual, recuperando completamente sus fuerzas. A los dieciséis años, sus padres consideraron encontrarle un esposo, pero Catalina reveló su voto de virginidad, enfrentándose a la resistencia inicial de su madre, quien, cegada por el afecto natural, intentó disuadirla. Catalina, angustiada, buscó consuelo en la oración y cayó en un estado de languidez.
Al ver a Catalina en un estado apático e indolente, su madre consultó al padre Blanco, su confesor, quien afirmó que la vocación de su hija era auténtica y sería un grave error oponerse a los designios de la Providencia. A regañadientes, la madre finalmente dio su consentimiento. Luego, la elección se centró en el instituto al que Catalina entraría. El padre Blanco sugirió las Dominicas, las Clarisas y finalmente, las Carmelitas de Santa María de los Ángeles. Catalina optó por estas últimas debido a su estricta observancia y la práctica diaria de la comunión.
Con las Carmelitas
El 14 de agosto de 1582, semanas antes de la muerte de Santa Teresa, Catalina de Pazzi ingresó al monasterio carmelita. Después de quince días, regresó temporalmente a su familia para reflexionar sobre su vocación y, el 1 de diciembre del mismo año, regresó al monasterio. Dos meses después, el 30 de enero de 1583, recibió el hábito del Carmelo y adoptó el nombre de Hermana María Magdalena. Su rostro reflejaba una alegría transfigurada al entregarse completamente a Dios.
Esa tarde, se sometió a su superiora, prometiendo obediencia y solicitando mortificaciones y humillaciones. Después de un año de prueba, pidió profesar, pero la superiora sugirió esperar junto con otras novicias. Sin embargo, una enfermedad grave cambió los planes. El 27 de mayo de 1584, postrada por la enfermedad, María Magdalena emitió votos religiosos en la capilla. Aunque su salud mejoró después de las oraciones a la Beata María Bartolomé Bañesi, una virgen florentina, su curación sorprendió a las religiosas.
Éxtasis y pruebas interiores
Santa María Magdalena de Pazzi pasó veinticinco años en el Carmelo de Santa María de los Ángeles, donde desde el principio, experimentó un camino místico sublime guiado por Nuestro Señor. Durante dos años y medio, su vida fue un continuo éxtasis. La superiora, admirada, le ordenó revelar sus experiencias bajo santa obediencia, y en varias ocasiones, seis religiosas se turnaron para recoger sus extraordinarias revelaciones.
La primera manifestación ocurrió al final de su noviciado, cuando, después de un desmayo, el Maestro divino le hizo comprender la malicia del pecado, la ingratitud de los pecadores y la necesidad de orar por su conversión. Algunos meses después de su profesión, durante cuarenta días, experimentó éxtasis diarios después de la comunión. En uno de estos, pasó dieciséis horas absorta en la meditación de la Pasión, y al despertar, su cama estaba empapada en lágrimas.
En 1585, durante la Cuaresma hasta la fiesta de la Ascensión, los fenómenos extraordinarios de Santa María Magdalena de Pazzi se renovaron con frecuencia e intensidad. El 25 de marzo, San Agustín grabó en su pecho las palabras de la Encarnación. En el Lunes Santo, recibió invisiblemente los estigmas de la Pasión. El Jueves Santo tuvo un éxtasis de veintiséis horas, reviviendo cada fase de la Pasión, desde la Última Cena hasta la crucifixión. En un momento, llevó una cruz, cayó exhausta y llegó a la sala capitular. Parecía representar la crucifixión, pronunció las siete palabras de Cristo agonizante y finalmente, Nuestro Señor le entregó el anillo de esponsales místicos y la corona de espinas.
El 12 de mayo, Santa María Magdalena de Pazzi experimenta en espíritu el descenso de Cristo al limbo, su Resurrección y, el 30 de mayo, su Ascensión triunfal a los cielos. Sin embargo, tras este período de favores celestiales, enfrenta una serie de pruebas interiores. En la fiesta de la Santísima Trinidad de 1585, cae en un estado penoso que dura cinco años, excepto algunos días de alivio. A pesar de las tinieblas y las tentaciones, ella responde con sencillez: «Señor, vuestra gracia me basta». Aunque antes se regalaba con visiones celestiales, ahora se ve privada de consuelos, enfrentando tentaciones dolorosas para su corazón amante y puro.
A pesar de su gran devoción, Santa María Magdalena de Pazzi fue atacada por un inexplicable tedio en los ejercicios espirituales. Experimentó dudas sobre la fe, pensamientos de blasfemia y desesperación. El demonio incluso le sugirió abandonar la Sagrada Comunión, dejar el hábito religioso y poner fin a su vida. Fue despreciada por sus compañeras religiosas y acusada de faltas imaginarias. A pesar de todo, la mártir triunfó sobre estos desafíos y, al no encontrar nuevas formas de atormentarla, Satanás la golpeó duramente en varias ocasiones. Finalmente, el día de Pentecostés de 1590, María Magdalena experimentó un completo alivio y pidió a Dios que no le permitiera disfrutar más de consuelos sensibles.
Sus últimos años, virtudes y milagros
En los diecisiete últimos años de su vida, la Hermana Santa María Magdalena de Pazzi desempeñó roles de sacristana, profesora del juniorato y maestra de novicias, disfrutando de paz y tranquilidad. Perseveró en la práctica de virtudes heroicas y Dios continuó concediéndole el don de milagros. Llena de humildad, buscaba ocasiones para humillarse, se complacía en tareas ordinarias y desagradables, y su obediencia era perfecta: «Un día pasado sin ocasión de ir contra su voluntad, es un día perdido».
¿Qué decir de su amor a Dios nuestro Señor? Era tal, que engendraba en su corazón grandísimo horror a todo pecado, y compasión inmensa por los desgraciados pecadores. Rezaba mucho y hacía penitencia por ellos: «¡Oh amor — exclamaba— , no sois amado ni conocido; os ofenden, no os conocen, y por eso no os aman como merecéis!»
Por fin. sus mortificaciones y su amor a los sufrimientos, no tienen ponderación. En diferentes ocasiones ayunó varias semanas a pan y agua, y andaba con los pies descalzos, como Nuestro Señor le había ordenado. Se acostaba muchas veces en el suelo, se daba ásperas disciplinas y llevaba un ceñidor cubierto de puntas de hierro. Su expresión corriente era: «¡Sufrir y no morir!».
Viviendo una vida santa, la Hermana Santa María Magdalena de Pazzi fue agraciada con el don de milagros. Curó a enfermos, liberó a una joven poseída por el demonio y multiplicó provisiones en el convento. Tenía la capacidad de leer los corazones, especialmente cuando fue maestra de novicias. También tuvo frecuentes revelaciones, como saber que su hermano y madre estaban en el purgatorio y podrían ser liberados. Predijo la exaltación a la silla de San Pedro del cardenal Octavio de Médicis (futuro León XI) y la brevedad de su gobierno. Además, anticipó la muerte de varias compañeras y, en 1600, tuvo una revelación sobre la gloria celestial de Luis Gonzaga, fallecido nueve años antes. Finalmente, conoció el momento de su propia muerte y pidió a su confesor que atendiera sus deberes ministeriales, asegurándole que encontraría a la Hermana aún con vida a su regreso.
Enfermedad y muerte
En 1602, Santa María Magdalena de Pazzi experimentó los primeros síntomas de la enfermedad que la llevaría a la tumba, comenzando con una tos violenta, hemorragias, dolor de cabeza y fiebre. A pesar de ser elegida subpriora en 1604, su vida se volvió un largo sufrimiento. En su lecho de muerte, implementó reformas para el bien espiritual de la comunidad y, tras pedir perdón a sus hermanas y recibir los sacramentos, falleció el 25 de mayo de 1607, siendo beatificada por Urbano VIII en 1627 y canonizada por Clemente IX en 1669. La ciudad de Florencia la consideró santa, y su rostro, al morir, brilló maravillosamente, atrayendo a numerosos devotos a su funeral.
El cuerpo de Santa María Magdalena de Pazzi, inicialmente colocado detrás del altar mayor del monasterio, fue exhumado en 1609, y se encontró intacto, con un óleo perfumado emanando de su rodilla. En 1685, las Carmelitas de Nuestra Señora de los Ángeles trasladaron las reliquias a una nueva capilla construida en su honor después de mudarse de ubicación. En 1887, Santa Teresa del Niño Jesús visitó la capilla y tocó los venerados restos con objetos que pasaron fácilmente a través de la reja. Actualmente, el cuerpo de la Santa descansa bajo el altar mayor en la nueva residencia monjil de las Carmelitas en la plaza Savonarola y la calle Leonardo de Vinci.
Oración a Santa María Magdalena de Pazzi
Señor Dios, tú que amas la virginidad, has enriquecido con dones celestiales a tu virgen Santa María Magdalena de Pazzi, cuyo corazón se abrasaba en tu amor, concede a cuantos celebramos hoy su fiesta, imitar los ejemplos de su caridad y su pureza. Amén.

Santa María Magdalena de Pazzi | Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.