3 de Abril: San Ricardo, Obispo

3 de Abril: San Ricardo, Obispo

Publicado el 3 de abril de 2020

Actualizado el 15 de abril de 2025

Archivado en: Santoral

10 Minutos de lectura

San Ricardo, Obispo, fue desterrado por el rey Enrique III y restituido después en la sede, se mostró generoso en ayudar a los pobres. Su nombre es de origen germánico y quiere decir «Aquel que es un líder». Expiró un 3 de abril de 1253, encomendándose a Nuestra Señora, Madre de gracia y de misericordia. San Ricardo fue inscrito en el número de los Santos el 22 de enero de 1262 por el papa Urbano IV, que a la sazón se hallaba en Viterbo y fijó la celebración de su fiesta en 3 de abril.


Día celebración: 3 de abril.
Lugar de origen: Wiche, Inglaterra.
Fecha de nacimiento: Año 1197 ó 1198.
Fecha de su muerte: 3 de abril de 1253.
Santo Patrono de: Diócesis de Chichester.


Contenido

– Introducción
– Canciller de la Iglesia en Cantorbery
– Elección para la sede de Chichester
– Conflicto con la corona
– Premio a dos años de lucha
– Episcopado fecundo
– Muerte de San Ricardo
– Oración a San Ricardo


Introducción

San Ricardo, nacido en 1197 o 1198 en Wiche, Inglaterra, era el menor de tres hijos. Tras la muerte de sus padres, heredó propiedades en Burfard, las cuales fueron mal gestionadas por tutores negligentes. A pesar de su inclinación hacia la lectura y los negocios, Ricardo tomó el desafío de ordenar las propiedades a solicitud de su hermano mayor, sacrificando sus estudios. Agradecido, su hermano le ofreció heredar sus derechos y matrimonio ventajoso, propuestas que Ricardo rechazó. Optó por continuar sus estudios en Oxford, enfrentando adversidades económicas y malas compañías. Posteriormente, se trasladó a París para estudiar filosofía y luego a Bolonia para derecho. A pesar de propuestas matrimoniales, Ricardo regresó a Oxford, donde fue elegido canciller universitario.

Canciller de la Iglesia en Cantorbery

La fama de Ricardo creció, atrayendo la atención de importantes figuras eclesiásticas como San Edmundo, primado de Inglaterra, y Roberto Grossatesta, obispo de Lincoln. Mientras Edmundo valoraba la santidad de Ricardo, Grossatesta admiraba su intelecto. Ricardo fue nombrado canciller de Cantorbery, consolidando su posición en la Iglesia y en Inglaterra. Edmundo consultaba frecuentemente a Ricardo, especialmente en conflictos con Enrique III. Cuando el conflicto llevó al exilio a Edmundo, Ricardo lo acompañó a la abadía de Pontigny en Francia. Sin embargo, tras la muerte de Edmundo en 1240, Ricardo enfrentó desafíos similares, incluido el exilio, pérdida de propiedad y desprecios, manteniendo una vida similar a la de Edmundo.

Elección para la sede de Chichester

Ricardo, buscando consuelo, decide convertirse en sacerdote y se dirige al convento de los dominicos de Orleáns para estudiar Teología y ser ordenado. Aumenta sus prácticas ascéticas y funda un oratorio en Orleáns en honor a San Edmundo, dedicando más iglesias a este santo en Inglaterra. Aunque inicialmente sirve en parroquias como Deal y Charing, en 1244 vuelve como canciller en Cantorbery, sucediendo a San Edmundo. Sin embargo, tras la vacante episcopal en Chichester, el arzobispo Bonifacio lo nombra obispo en lugar de otro candidato, lo que desagrada al rey Enrique. Esta acción resalta las tensiones y alianzas políticas entre Ricardo y la monarquía.

 

Conflicto con la corona

Enrique III retuvo las rentas de la sede de Chichester en protesta por el nombramiento de Ricardo como obispo. Aunque Ricardo intentó dos veces negociar con el rey para obtener justicia, fue rechazado. Finalmente, en 1245, Ricardo llevó su caso a la Santa Sede en Lyon, donde el Papa Inocencio IV, a pesar de las complicaciones políticas con el emperador de Alemania, Federico II, decidió a favor de Ricardo, anulando las elecciones previas y nombrándolo obispo de Chichester. A pesar de la decisión papal, Enrique III se negó a reconocer a Ricardo como obispo y a devolver las rentas de la diócesis.

 

Premio a dos años de lucha

San Ricardo enfrentó desafíos considerables al carecer de vivienda y recursos financieros. A pesar de ser observado con simpatía por muchos, el temor al rey impedía que lo ayudaran, con la notable excepción del presbítero Simón, quien lo acogió a pesar de sus limitados recursos. Esta situación era inusual para un obispo de la época. Ricardo, al atender su extensa diócesis, enfrentaba viajes difíciles por terrenos desafiantes y escasos recursos. Su mayor dolor era no poder ayudar a los necesitados y sufrir humillaciones, especialmente cuando el rey lo rechazaba repetidamente en Windsor.

Este será el sitio de reproducir el relato que su confesor hace de una de esas visitas. Cierto día que San Ricardo se acercaba al real sitio, uno de los mariscales de la corte dirigióle una mirada  furibunda y le dijo:

— ¿Cómo os atrevéis a penetrar en este palacio, sabiendo como sabéis que el rey está sumamente enojado contra vos?

Y , no ignorando él cuán cierto era todo ello, hallóse desconcertado y, corrido y avergonzado, se alejó del palacio y fue a buscar sociedad entre su grey.

Por fin, transcurridos dos años de resistencia, el rey se vio forzado so pena de excomunión a entregar la sede de Chichester a su legítimo obispo; pero tales disposiciones había tomado, que los administradores no remitieron un céntimo a San Ricardo y , por mucho que protestara durante su episcopado y aun en su testamento, jamás pudo conseguir nada de las rentas de esos dos años.

Apenas tomó posesión efectiva acordóse que había un sepulcro amado en tierra extranjera y voló a Francia a postrarse ante el cuerpo de San Edmundo. Quería exhumar sus reliquias, y él en  persona tuvo parte en la traslación. De ello hizo mención en carta dirigida al abad de Begeham, de la cual son estas líneas:

Para que estéis al corriente de la traslación y del estado del cuerpo del bienaventurado Edmundo, habéis de saber que en la fiesta de la Santísima Trinidad, esto es, el 2 de mayo de 1247, al abrir el sepulcro de nuestro santo padre Edmundo, por la noche, a presencia de varias personas, se halló el cuerpo entero y exhalando suavísimo perfume; la cabeza con sus cabellos, el rostro con sus colores naturales, el cuerpo con todos los miembros…

 

Con nuestras propias manos palpamos su santo cuerpo; con gran esmero, sumo respeto y continuada satisfacción le hemos peinado los cabellos de la cabeza, espesos y bien conservados.

El hambre hacía estragos en Inglaterra y el pueblo reclamaba urgentemente la presencia de San Ricardo, el cual, acabada la ceremonia partió de Francia sin que fuera capaz de detenerle una tempestad que en aquellos días sacudía las costas del Canal de la Mancha.

Episcopado fecundo

San Ricardo adoptó una vida de extrema austeridad incluso después de asumir mayores responsabilidades. A pesar de presidir banquetes, se abstenía de lujos y llevaba penitencias físicas, mostrando un profundo amor por los pobres, distribuyendo generosamente su riqueza para ayudar a los necesitados. Durante tiempos de hambruna, usó todos los ingresos de su palacio para asistir a los más vulnerables. Priorizó el bien espiritual, visitando áreas remotas para predicar y administrar sacramentos. En términos de disciplina eclesiástica, tomó medidas firmes contra abusos y defendió la pureza de las ceremonias religiosas. Aunque firme en asuntos de justicia, mostró compasión y cortesía, como se evidenció cuando trató con el conde de Arundel. Además, se destacó como ferviente promotor de la Cruzada, pese a no ver resultados exitosos en sus esfuerzos.

 

Muerte de San Ricardo

En 1253, a consecuencia del fracaso de la expedición de San Luis, el obispo inició con bélico ardor la predicación de una nueva Cruzada, pudiéndose afirmar que todas las ciudades de Inglaterra oyeron su cálida palabra. Al llegar cerca de Dover, las fuerzas vinieron a faltarle y fué trasladado al hospital de Santa María donde, a pesar de su delicado estado, prometió con santa alegría asistir a la consagración de una pequeña iglesia en honor de su amigo San Edmundo.

Al día siguiente cumplió con lo que él creyó ser el último acto público de su vida y , durante la ceremonia religiosa, dirigió al pueblo algunas palabras, que un historiador nos ha conservado.

— Amadísimos hermanos — les dijo— , os conjuro a que bendigáis y alabéis conmigo al Señor que nos ha otorgado la gracia de hallamos reunidos a esta dedicación en honor suyo y de nuestro padre San Edmundo. Lo que he pedido desde que tengo la dicha de poder celebrar el santo sacrificio, lo que en mis plegarias he solicitado siempre es que antes de acabar mis días pueda siquiera consagrar una basílica a San Edmundo.

Así que doy al Señor las gracias más rendidas por haber colmado los deseos de mi corazón; y ahora, carísimos hermanos, habéis de saber que me consta que en breve he de abandonar el sagrario de mi cuerpo; por eso pido verme ayudado en mi tránsito al Señor con vuestras oraciones.

Y agrega su biógrafo que, dicha la misa solemne, regresó al hospital. Desde aquel instante, su debilidad se acentuó y , como se daba cuenta de su estado mejor que los que le rodeaban, rogó a sus amigos que se quedasen con él para asistirle en sus últimos momentos. Hecha confesión general de su vida, recibió los Santos Sacramentos con gran fervor y , por más que iba perdiendo las fuerzas por momentos, conservó la lucidez de sus facultades hasta su último aliento.

— Echad al suelo este cuerpo pútrido — exclamó al fin.

Y cuando lo hubieron hecho, añadió:

— Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu…

Encomendóse a Nuestra Señora, Madre de gracia y de misericordia, y expiró. Era el 3 de abril de 1253. San Ricardo fue inscrito en el número de los Santos el 22 de enero de 1262 por el papa Urbano IV, que a la sazón se hallaba en Viterbo y fijó la celebración de su fiesta en 3 de abril.

Oración a San Ricardo

Te damos gracias, Señor Jesucristo, Por todos los beneficios que me has dado, Por todos los dolores e insultos que me has dado. Oh, misericordioso Redentor, amigo y hermano, ¿Puedo conocerte más claramente? Te amo con más cariño, Y te sigo ahora más de cerca, día a día.
Amén.

San Ricardo | Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

3 de Abril: San Ricardo, Obispo

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.
✠