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3 de Agosto: San Dalmacio

Publicado el 3 de agosto de 2020

Actualizado el 23 de abril de 2025

Archivado en: Santoral

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Día celebración: 3 de Agosto.
Fecha de nacimiento: Siglo IV.
Fecha de su muerte:  440.


Contenido

– Introducción
– Primer monje de Constantinopla
– Vida religiosa
– Bilocación
– Dirige un monasterio
– Defensa del Concilio de Éfeso
– Impotente manifestación popular
– Muerte
– Oración a San Dalmacio


Introducción

En el siglo V, en Constantinopla, surgieron monasterios impulsados por el monje sirio Isaac alrededor del año 383. Uno de estos, dirigido por Dalmacio, un prominente líder monástico del siglo IV, tomó el nombre de Monasterio de Dalmacio. Dalmacio, un oficial de segundo orden del «cuerpo de guardias» en Constantinopla, conoció a Isaac durante una visita a su ermita. A pesar de tener un futuro prometedor bajo el emperador Teodosio I, su encuentro con Isaac despertó en él un deseo de mayor perfección espiritual.

— Preciso es que dejes todo y te encierres en adelante aquí conmigo.

—Tengo familia e hijos —contestó Dalmacio— . ¿Cómo desprenderme de ellos? ¿Crees tú que será cosa fácil romper con tantas obligaciones?

— Hijo mío —le replicó Isaac—. Dios me ha revelado que debes vivir aquí a mi lado. Ya sabes que el Divino Maestro dijo: «El que ama a su padre, o a su mujer, o a su hijo más que a mí no es digno de mí».

Dalmacio, consciente del consejo de Jesús sobre la renuncia, sabía que su esposa, a pesar de ser una devota cristiana, se opondría a separarse de inmediato. Después de muchas súplicas, lágrimas y conversaciones, logró convencerla. Su esposa e hija se fueron a Siria con sus padres, mientras que Dalmacio y su hijo Fausto se unieron al monasterio de Isaac después de dos años de lucha y sacrificio.

Primer monje de Constantinopla

Isaac, el monje con quien Dalmacio compartió su vida, es conocido en la Historia Eclesiástica por un acto audaz en el año 387. En plena guerra con los godos, detuvo al emperador Valente, advirtiéndole sobre las consecuencias divinas si no hacía justicia a los católicos. Aunque Valente desestimó la advertencia, poco después murió como Isaac había predicho, quemado en una cabaña cerca de Andrinópolis.

Isaac fue el pionero de la vida religiosa en Constantinopla. Después de la muerte de Valente, con el advenimiento de Teodosio I, la Iglesia disfrutó de un período de paz. Aunque inicialmente vivía en la soledad, con el tiempo, muchos discípulos se unieron a él. Dalmacio, quien se convirtió en monje en 383, contribuyó significativamente a la construcción de un monasterio para Isaac, utilizando gran parte de su fortuna. Este monasterio, financiado en gran medida por Dalmacio, fue el primero y más antiguo de Constantinopla, conocido como el Monasterio de Dalmacio. El abad de este monasterio tenía el privilegio de firmar documentos de concilios antes que cualquier otro superior.

Vida religiosa

Dalmacio, tras financiar la construcción del Monasterio de Dalmacio, continuó distribuyendo generosas limosnas desde su celda. Su caridad atrajo a numerosos pobres de la ciudad y alrededores, ganándose una reputación de generosidad. Aunque su nombre se hizo popular, Dalmacio valoraba más la tranquilidad del claustro, dedicándose con fervor a la oración y a su propia perfección espiritual.

Isaac, su maestro, tenía un carácter más activo y extrovertido. Además de establecer la vida monástica en Constantinopla, impulsó fervientemente el monaquismo en la capital, fundando y visitando nuevas casas religiosas. Mientras Dalmacio y su hijo Fausto preferían el retiro, Isaac se destacaba por su celo misionero y su trabajo externo en la expansión de la vida monástica.

Bilocación

La vida de Dalmacio estaba marcada por intensas prácticas de oración, austeridad y mortificación. En una ocasión, durante la Cuaresma y bajo el episcopado de Ático (406-425), se abstuvo de comer hasta el Jueves Santo, cuando tras asistir a misa y comulgar, aceptó un leve refrigerio. A pesar de su debilidad, permaneció recostado en su camastro durante cuarenta y tres días, apenas con vida.

En el día de la Ascensión, Isaac se acercó a él y le dijo: «¿Hasta cuándo piensas dormir, Dalmacio? Parece que ya te has recuperado lo suficiente. Vamos, levántate».

Incorporóse algo Dalmacio al oír a su superior y respondió:

—Padre, nuestros Hermanos han acabado ahora el canto de Tercia.

— ¿Cómo puedes estar tan enterado? ¿Dónde te hallabas?

—Aquí, pero antes he asistido a misa en la iglesia de los Macabeos.

— ¿Y cómo puedes demostrarme que te encontrabas allí?

— Estaba yo en la segunda fila, cerca del trono patriarcal. También he visto a tres monjes nuestros que asistían a los oficios en la misma iglesia.

Isaac convocó en seguida a toda la comunidad, y resultó que en efecto tres Hermanos habían asistido a misa en la iglesia de los Macabeos, y habían ocupado precisamente el lugar señalado por Dalmacio.

Dirige un monasterio

La reputación de Dalmacio como un hombre de santidad se difundió rápidamente tras el milagroso ayuno que duró toda la Cuaresma. Incluso personajes destacados como el patriarca Ático y el emperador lo visitaron en su modesta celda. Sin embargo, Dalmacio no mostró ningún signo de emoción ante estas visitas ni alteró su vida diaria. Tras la muerte de Isaac, fue elegido para sucederlo, aunque su enfoque difería notablemente.

A pesar de asumir la dirección del Monasterio y recibir el sacerdocio del patriarca, Dalmacio no siguió los pasos activos de Isaac. Prefirió mantenerse en su retiro, nunca abandonando el monasterio ni cruzando sus puertas. Con este ejemplo, buscaba enseñar a sus monjes la importancia de la clausura como medio para preservar la interioridad y fomentar el espíritu conventual genuino.

En una ocasión, cuando un terremoto asustó a la ciudad y la gente organizó una procesión para implorar la ayuda divina, Dalmacio se negó a unirse, manteniéndose encerrado en su celda. Incluso el emperador Teodosio II había acudido personalmente para rogarle que abandonara su retiro en otra ocasión, pero Dalmacio se mantuvo firme.

Los historiadores concuerdan en que desde su ingreso al convento en el año 383 hasta el Concilio de Éfeso en 431, es decir, durante 48 años, Dalmacio nunca salió del recinto monástico. A pesar de su reclusión, atendía asuntos mundanos, decidía sobre casos judiciales y respondía a diversas consultas que se le hacían.

Defensa del Concilio de Éfeso

El Concilio de Éfeso, liderado por San Cirilo de Alejandría, condenó los errores de la doctrina de Nestorio. Sin embargo, los delegados imperiales, especialmente el conde Candiano, se opusieron firmemente a la ejecución de la sentencia debido a lo que consideraron una precipitación en el examen del caso. Impusieron una estrecha vigilancia sobre Cirilo y sus seguidores, impidiéndoles informar al emperador y a la Iglesia de Constantinopla sobre los acontecimientos.

Enterado de estas irregularidades, Teodosio, a través de su representante oficial, se mostró renuente a aprobar las Actas del Concilio. Redactó una carta desfavorable hacia los adversarios de Nestorio, pero antes de enviarla a Éfeso, consultó a Dalmacio para conocer su opinión al respecto.

Dalmacio sugirió modificaciones en la carta, pero estas no satisficieron completamente al emperador. Para evitarle más inconvenientes, Dalmacio le envió un memorial con las enmiendas necesarias. Sin embargo, los delegados imperiales, que estaban a favor de los adversarios de Cirilo, no entregaron estas notas al soberano.

Como resultado, la carta en la que el emperador reprobaba las acciones del Concilio se envió a Éfeso sin las enmiendas sugeridas por Dalmacio, lo que exacerbó la situación.

Impotente manifestación popular

Casi simultáneamente, los legados del Papa llegaron a Éfeso y expresaron su apoyo a San Cirilo y su Sínodo, lo que permitió que las sesiones del Concilio continuaran sin problemas. Sin embargo, comunicar lo sucedido a la corte y la Iglesia de Constantinopla resultó difícil debido a la vigilancia ejercida por los partidarios de Nestorio y del episcopado sirio.

A pesar de esto, un mendigo logró llevar una carta de San Cirilo a Dalmacio, en la que describía la opresión que sufría el Concilio y solicitaba permiso para enviar una delegación de obispos al emperador para exponer la situación.

Aunque Dalmacio nunca había abandonado su monasterio, sintió la urgencia de actuar por el bien de la Iglesia. Convencido de que era un llamado divino, lideró a sus religiosos hacia el palacio imperial.

Teodosio II, sorprendido por la presencia de Dalmacio en las calles, lo recibió con respeto y lo llevó al palacio, mientras la multitud seguía cantando himnos religiosos afuera.

Después de leer la carta de Éfeso, Teodosio II aceptó reunirse con los representantes de San Cirilo y expresó su disposición a escuchar sus preocupaciones y buscar una solución.

— A ninguno de ellos se le autoriza. — ¿Por qué? Nadie lo impide.

— Sí que lo impiden, puesto que los detienen y les imposibilitan el venir. Los de la fracción de Nestorio van y vienen y se mueven libremente, mas no así los Padres del Concilio, a ninguno de los cuales se le consiente acudir a Vuestra Piedad para informarle de lo que se hace.

Dalmacio relata la audiencia imperial de la siguiente manera: «En presencia de todos, pregunté al emperador: ‘¿Qué preferís? ¿Escuchar la voz de 6.000 obispos o la de un solo impío?’ He mencionado 6.000 obispos considerando los metropolitanos, con la intención de que algunos obispos puedan venir a explicar lo sucedido. El emperador respondió: ‘Habéis hablado correctamente. Rogad por mí’. Y accedió a nuestra solicitud».

Después de salir de la audiencia, Dalmacio instruyó a los monjes y al pueblo para que se dirigieran a la iglesia de San Mocio, donde les informaría sobre el resultado de su gestión. Allí, desde la tribuna, leyó la carta de Éfeso y detalló los pormenores de su encuentro con el emperador. La multitud, llena de alegría, clamó: «¡Anatema a Nestorio!». Luego, todos se retiraron en paz.

Gracias a la firme intervención de Dalmacio, la ortodoxia triunfó en la capital imperial, asegurando la paz y permitiendo la propagación de la verdad católica, mientras los pastores de la Iglesia podían atender a su rebaño libremente. Dalmacio fue reconocido y admirado como el principal sostén de esta situación.

Muerte

Dalmacio volvió a intervenir en la corte, esta vez por escrito, en favor de San Cirilo de Alejandría, Memnón obispo de Éfeso y sus amigos, a petición del Concilio. En una carta fechada probablemente el 13 de agosto de 431, aseguró al Concilio que seguiría apoyando sus deseos y que ya había realizado gestiones en defensa de los conciliares.

El Concilio reconoció en otra carta que se debía únicamente a Dalmacio el haber podido revelar la verdad al emperador, y le pidió que continuara sus gestiones para resolver todas las dificultades. Además, esta carta concedió al monasterio fundado por San Isaac el derecho de preeminencia y supremacía sobre todas las casas religiosas de la capital, mostrando la enorme influencia que Dalmacio tenía en el imperio.

En 433, el arcediano de Alejandría solicitó la intervención de Dalmacio ante Teodosio II para lograr que el nombre de Nestorio fuera borrado definitivamente de los dípticos. El patriarca San Proclo también menciona a Dalmacio en una carta dirigida a Juan de Antioquía en términos elocuentes.

El último documento que menciona a Dalmacio en vida es una carta escrita por San Proclo alrededor del año 437, lo que sugiere que Dalmacio probablemente falleció alrededor del año 440. Los funerales fueron presididos por el patriarca San Proclo. Su hijo, San Fausto, continuó dirigiendo con celo y fruto el monasterio de Isaac. La Iglesia griega conmemora a San Fausto, San Isaac y San Dalmacio el 3 de agosto.

Oración a San Dalmacio

Oh glorioso San Dalmacio,
valiente testigo del Evangelio
y mártir de la fe verdadera,
tú que no temiste perder tu vida por amor a Cristo,
ruega por nosotros ante el trono de Dios.

Tú que sufriste con paciencia y esperanza,
enséñanos a mantenernos firmes en la verdad
aunque el mundo se oponga,
y a confiar en que la cruz, unida al amor,
se convierte en camino de gloria.

San Dalmacio,
intercesor de los perseguidos,
protector de los que sufren por su fe,
acompáñanos en nuestras luchas cotidianas
y fortalécenos en los momentos de prueba.

Haz que sepamos vivir nuestra vocación cristiana
con fidelidad, humildad y alegría,
y que, como tú, demos testimonio del amor de Dios
hasta el final de nuestra vida.

Por tu poderosa intercesión,
que nunca nos falte la gracia de permanecer en Cristo,
ni el deseo ardiente de alcanzar la santidad.

Amén.

 

San Dalmacio ruega por nosotros.

Cordero de Dios

San Dalmacio | Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.
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