No siempre se manifiesta la vocación religiosa con la espontaneidad del primer impulso, a veces permite el Señor que los llamados al divino servicio orienten su vida hacia otros rumbos, y aun los deja prosperar y afianzarse en ellos hasta que, lograda ya la deseada cumbre, advierten que el camino se les ha terminado y que el apetecido ideal queda aún muy lejos.
Es el momento crítico aprovechado por Dios para insinuar la invitación. «Si quieres ser perfecto. ». Momento en que el alma se llama a reflexión para descubrir, desde la atalaya íntima, los horizontes que hasta entonces permanecieron ocultos tras el primer plano de otras preocupaciones.
Día celebración: 3 de Julio.
Lugar de origen: Carpi, Italia.
Fecha de nacimiento: 1 de Diciembre de 1530.
Fecha de su muerte: 2 de Julio de 1616.
Santo Patrono de: Lecce.
Contenido
– Infancia
– En la universidad
– En los cargos públicos
– Vocación religiosa
– Apóstol de Lecce
– Santidad y milagros
– Últimos años y muerte
– Oración a San Bernardino Realino
Infancia
Nació el 1 de diciembre de 1530 en Carpi, Italia, en la provincia de Módena. Sus padres fueron don Francisco Realino, caballerizo mayor del príncipe don Luis de Gonzaga, y doña Isabel Bellentani, mujer ilustre y piadosa. Ocho días después de su nacimiento, en la ceremonia del Santo Bautismo, recibió los nombres de Bernardino Luis. Su madre, con sabio gobierno, cultivó las excelentes disposiciones del niño, despertando en él virtudes que marcarían su vida. A pesar de las dificultades en su perfeccionamiento espiritual debido a su naturaleza viva e impetuosa, supo combatirla con maestría, dominándola por completo.
Destacaba por la integridad de sus costumbres y modales exquisitos que admiraban a todos. Durante sus años de estudiante, mostró una memoria extraordinaria y una inteligencia privilegiada, manteniéndose en el primer plano académico. Sin embargo, nunca utilizó sus talentos para superar a sus compañeros, y siempre que pudo ayudarles, lo hizo con desinterés y generosidad, evitando ofender el amor propio de nadie.
En la universidad
Decidido a estudiar filosofía, San Bernardino Realino eligió la Universidad de Módena, donde destacó por su talento y habilidades sociales. Sin embargo, enfrentó la influencia negativa de malos compañeros —que nunca faltan aliados al demonio— que intentaron desviar su camino hacia la literatura y la filosofía. Aunque cayó momentáneamente en la tentación, la oración constante de su madre, Isabel, contribuyó a su regreso a la senda correcta.
Consciente de su error, rompió con sus malas amistades y, para consolidar su recuperación, dejó la Universidad de Módena y se trasladó a la de Bolonia. En medio de estos desafíos, sufrió la pérdida de su madre y enfrentó conflictos legales en Ferrara. Tras ser injustamente desposeído por un árbitro, Bernardino, arrepentido, atacó impulsivamente y fue desterrado por el duque.
Reconociendo la necesidad de controlar su temperamento, dedicó tiempo a la oración y la meditación, sin descuidar sus estudios. A pesar de las dificultades, se graduó en ambos derechos, obteniendo un laurel de la Universidad que aún se conserva en Roma. Estos desafíos fortalecieron su determinación y lo llevaron a entregarse completamente a la voluntad divina.
En los cargos públicos
Francisco Realino, al servicio del cardenal Madruzzo, llamó al flamante doctor Bernardino el 8 de octubre, quien pronto fue designado gobernador de Felizzano en diciembre de 1556. Después de un año en el cargo, rechazó continuar, aspirando a más. Perdiendo el respaldo del cardenal Madruzzo, solicitó al rey Felipe II ser abogado fiscal en Alejandría de Piamonte y posteriormente gobernador en Cassino. Su eficaz desempeño en estos roles lo hizo destacar en toda Italia.
Designado por el marqués de Pescara, gobernador de Milán, para liderar Castel-Leone, Bernardino, con 32 años, enfrentó divisiones y crímenes en la región. Inicialmente aplicó bondad y paciencia, pero al ver escasos resultados, optó por la rigidez de la justicia, liderando la aplicación de la ley con firmeza. Su enfoque, combinado con devoción religiosa, erradicó problemas considerados insolubles en meses.
Tras dos años, los habitantes de Castel-Leone solicitaron su regreso, y la marquesa doña Isabel de Gonzaga lo reintegró en enero de 1564. El marqués de Pescara, impresionado por la transformación, lo convocó como oidor y lugarteniente general, solicitándole una memoria sobre la administración que compartió con los líderes estatales.
Vocación religiosa
San Bernardino Realino, hasta ese momento, no había sentido ninguna inquietud formal sobre su estilo de vida. Dios había estado estableciendo las bases para afirmar con solidez la vocación religiosa de su siervo, que solo pensaba en seguir su trayectoria primitiva.
Un día, al cruzar una calle, se encontró con dos jóvenes religiosos jesuitas que le impresionaron por su modestia. Al conocerlos, sintió la llamada divina. Al asistir a la misa en la iglesia de los jesuitas el domingo siguiente, recibió el llamamiento de Dios. Mientras el padre Juan Carminata, discípulo de San Ignacio de Loyola, hablaba sobre menospreciar los bienes terrenales y escuchar las llamadas divinas, San Bernardino estaba presente, ponderando esas verdades.
Después de escuchar el sermón, se presentó en la residencia de los Padres, buscó al predicador y, después de ser escuchado por el padre Carminata, este le aconsejó un retiro espiritual de ocho días. Durante estos ejercicios, Dios iluminó a San Bernardino, revelándole que su vocación estaba en la vida religiosa. Después de reflexionar y encomendarse a Dios, decidió unirse a la Compañía de Jesús.
Después de decidir unirse a la Compañía de Jesús, San Bernardino Realino enfrentó dudas sobre su anciano padre y su cargo reciente del marqués de Pescara. Durante una ferviente oración del Rosario, la Santísima Virgen le apareció y lo alentó a desechar las tentaciones, llevándolo a ingresar sin demora en la Compañía.
Corrió a su confesor, el Padre Carminata, quien, ignorante de la visión, planteó dificultades, pero finalmente cedió ante la firme decisión de Realino. Tras la bendición de su padre, Bernardino arregló sus asuntos temporales, se despidió del marqués de Pescara y, el 13 de octubre de 1564, ingresó en el Noviciado de Nápoles.
Durante su período de prueba, Realino mostró extraordinario fervor y recibió favores sobrenaturales. En otra ocasión durante la oración del Rosario, la Virgen se le apareció para purificar su corazón, y a partir de entonces, nunca más sintió incentivos contra la pureza.
Las excepcionales virtudes observadas llevaron a los superiores a interrumpir la costumbre de la Compañía y dedicarlo a los estudios a mitad del Noviciado. En 1567, el 24 de mayo, fue ordenado sacerdote y celebró su primera misa en la fiesta del Corpus Christi. El 1 de mayo de 1570, bajo la excepción del General San Francisco de Borja, hizo la profesión solemne de cuatro votos. Durante tres años ejerció el ministerio en Nápoles, dedicándose intensamente a la catequesis entre los pobres.
Apóstol de Lecce
Nuestro Santo encontró su labor más significativa en la humilde ciudad de Lecce, donde, con la ayuda del Cielo y gracias sobrenaturales evidenciadas en milagros, transformó el panorama religioso de la comunidad. Dedico especial atención a los pobres y abandonados, desempeñando la cátedra sagrada con sermones tan esperados que llenaban la catedral. Su fama como director de conciencias lo mantenía horas en el confesionario, incluso desmayándose en ocasiones debido al esfuerzo, pero siempre retomando su tarea.
A pesar de los intentos de sus superiores de llevarlo a escenarios más amplios, el Cielo parecía oponerse, manifestándose en fiebres repentinas cuando se preparaba para viajar. Ante una orden de su General para partir hacia Roma, una enfermedad persistente resistió todos los tratamientos médicos hasta la revocación de la orden, momento en el que la fiebre desapareció milagrosamente.
Santidad y milagros
La vida de San Bernardino Realino es un prodigio continuo de santificación, siendo considerado por sus contemporáneos como un ejemplo excepcional de virtud. Desde su infancia, las virtudes incipientes evolucionaron constantemente, llegando a la madurez sin que se le oyera pronunciar una palabra que rozara los límites del pecado venial.
Dormía solo cuatro horas en el suelo o sobre un rústico tablón, sacrificando toda comodidad. Usaba un cilicio ancho y áspero, se azotaba con disciplinas y practicaba rigurosos ayunos, limitándose a pan, raíces, hierbas y ocasionalmente queso. Su escaso descanso lo dedicaba a la oración, ya sea ante el Santísimo Sacramento o en su habitación.
Siendo extremadamente modesto en la oración, en ocasiones Dios manifestaba su favor hacia él, mostrando brillantes destellos desde su rostro o elevándolo varios palmos sobre el suelo mientras estaba en profunda unión con Dios.
La gente de Lecce, consciente de la conexión especial de San Bernardino Realino con Dios, recurría a diversas artimañas para obtener objetos o prendas que el Santo había utilizado. Aprovechando a los niños, le cambiaban la caña que usaba como báculo en su ancianidad, cortaban trozos de su hábito mientras confesaba e incluso le quitaron varias veces el rosario.
En una noche de Navidad, mientras meditaba profundamente, la habitación se iluminó de repente, revelando la presencia del Niño Jesús sonriente. Preguntándole al sorprendido religioso dónde quería ser colocado, el Santo colocó sus manos sobre el corazón y el Niño se arrojó hacia él en un gesto tierno de abrazo y beso.
En otra ocasión, sacaron a San Bernardino del confesonario con frío. Llevándolo a la enfermería, la habitación se llenó de luz, y la Santísima Virgen con el Niño en brazos apareció. Preguntándole por qué temblaba, el Santo respondió que tenía frío. La Virgen colocó al Niño en los brazos de Bernardino. Cuando regresó el cuidador, escuchó la ansiosa voz del Santo pidiendo que le permitieran disfrutar un momento más con ellos.
Últimos años y muerte
A los ochenta años, San Bernardino Realino sufrió una caída el 3 de marzo después de pasar la mañana en el confesonario. Aunque resultó herido, vivió seis años más. El 29 de junio de 1616, experimentó una debilidad extraordinaria y perdió el habla al día siguiente. A pesar de ser considerado grave por los médicos, recibió los últimos Sacramentos con devoción. El 2 de julio, durante la fiesta de la Visitación, mencionó la posibilidad de ser recibido por la Santísima Virgen en el cielo, siendo estas sus últimas palabras. Poco después del mediodía, con la mirada en el crucifijo, entregó su alma al Señor. Los funerales fueron organizados por el Consejo de la ciudad. León XIII lo beatificó el 27 de septiembre de 1895, y Pío XII lo canonizó en junio de 1947.
Oración a San Bernardino Realino
Señor y Dios nuestro, que enviaste a tu santo sacerdote, San Bernardino Realino, para llevar el Evangelio de la paz a pueblos y aldeas.
Dios nuestro, que enseñaste a tu Iglesia a observar todos los mandamientos celestiales en el amor de Dios y del prójimo: Ayúdanos a practicar obras de caridad en imitación de Tu Sacerdote, San Bernardino, que merece ser contado entre los bendecidos en Tu Reino y por su intercesión te pedimos que por ser un gran protector de la familiamantengas las nuestras unidas, en amor, afecto, unidad y concordia.
A ti, bendito San Bernardino, que siempre trataste de mantener la familia como núcleo principal en cuyo seno se engendrara el único y verdadero amor a Dios, te pedimos fortaleza y perseverancia para mantener el amor entre los nuestros.
Líbranos de discusiones, separaciones, disputas y arrogancias, y mantennos en amor, armonía y paz, para que todos y cada uno de sus miembros podamos disfrutar de la dicha familiar.
Señor, oramos para que podamos seguir a San Bernardino Realino y responder a tu llamado,
para tu gloria y la salvación de nuestras almas.
San Bernardino Realino, ruega por nosotros.
Amén.

San Bernardino Realino | Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.
https://www.oracionesyleyendaspiadosas.com/2019/02/oracion-san-bernardino-para-proteccion.html