San Juan Climaco, vivió en el monte Sinaí. Allí compuso la célebre obra «Escala del Paraíso», para la instrucción de los monjes, en la que señalaba el camino del progreso espiritual a modo de una ascensión por treinta peldaños hacia Dios, debido a lo cual recibió el sobrenombre de «Clímaco».
Día celebración: 30 de marzo.
Lugar de origen: Palestina.
Fecha de nacimiento: Año 550.
Fecha de su muerte: Año 635.
Contenido
– Introducción
– Fervoroso Noviciado
– Muerte de Martirio – San Juan Climaco anacoreta
– El Diablo y el solitario
– Espíritu de oración – Don de lágrimas
– Visita a los solitarios de Egipto- Nuevo San Juan Bautista
– Poder de San Juan Climaco sobre los demonios
– Muerte de San Juan Climaco
– Oración a
Introducción
San Juan Clímaco, conocido por su obra «La Escala del Paraíso», es reconocido en el Oriente como uno de los principales escritores ascéticos. Aunque sus escritos no fueron ampliamente conocidos en Occidente, desde el siglo VII se le menciona frecuentemente en Oriente junto a otros santos destacados. Se cree que nació alrededor del año 550 en Palestina y se unió a la vida monástica a los dieciséis años. Su biografía fue escrita por Daniel de Raite, pero poco se sabe de sus primeros años. San Juan Climaco vivió una vida de ascetismo y dedicación, recomendando a otros seguir la «escala» hacia la santidad. Se le imagina viviendo en una Tebaida, un lugar donde los monjes se dedicaban a la penitencia, virtud y meditación constante.
Fervoroso Noviciado
San Juan Climaco, dedicado a la vida de perfección, buscó un director espiritual y eligió al venerable Martirio, un hombre mayor de eminente perfección. Bajo la dirección de Martirio, San Juan avanzó rápidamente hacia la santidad, encontrando en la contemplación de la naturaleza una conexión con el Creador. Muerto a sí mismo, encontró deleite en la obediencia ciega y rápida a su director. La obediencia y la oración fueron sus herramientas para alcanzar alturas espirituales, preparándose para entregarse a Dios de manera definitiva tras cuatro años de pruebas y esfuerzos.
«Estoy viendo que Juan ha de ser, con el tiempo, una antorcha resplandeciente en el mundo».
Algunos días más tarde, Martirio, acompañado del recién profeso, visitó al solitario Anastasio, que llenaba el ambiente de la Tebaida con el aroma de sus virtudes. Apenas estuvieron en su presencia, dirigiéndose a Martirio, le dijo:
— ¿No eres tú, por ventura, el que ha tenido la dicha de admitir a este monje a la profesión religiosa?
— Tú lo has dicho — respondió Martirio, manifestando ostensiblemente el gozo que inundaba su alma.
— No olvides — prosiguió el solitario— que acabas de consagrar a Dios un futuro abad del Sinaí.
Deseoso, sin duda, de comprobar si el espíritu de Dios hablaría por tercera vez, Martirio condujo a su discípulo al desierto de Gudda para recibir la bendición de otro anacoreta célebre, Juan el Sabaíta, es decir, «discípulo de San Sabas».
No bien divisó este gran siervo de Dios a los dos visitantes, bendijo al Señor y , llegados que hubieron, lavó primero los pies de nuestro Santo y a continuación los de su maestro. Extrañado Martirio de semejante proceder, preguntóle la causa:
— Es que tengo delante de mí a un futuro abad del Sinaí — respondió el anacoreta levantando los ojos al cielo.
Muerte de Martirio – San Juan Climaco anacoreta
Después del fallecimiento de su mentor espiritual, Martirio, San Juan Climaco decidió retirarse al desierto para vivir como un anacoreta. Antes de tomar esta decisión, consultó a un anciano llamado Jorge Arsiloito para asegurarse de su elección. Luego, se estableció en la soledad de Tola, eligiendo una gruta en las montañas como su morada. Su vida allí era simple, con escasas posesiones como una cruz de madera, libros sagrados y algunas obras de los Padres de la Iglesia. Cerca de su ubicación, otros monjes se reunían para orar en una iglesia construida por el emperador Justiniano en honor a la Virgen María.
El Diablo y el solitario
Envidioso de su gran santidad, el demonio, cual león rugiente, rondaba en torno de su presa para devorarla; pero todo fue en vano, pues su inolvidable maestro, desde el cielo velaba por su ovejita. Nuestro Santo permanecía firme en medio de las mayores tempestades, y contaba las victorias por el número de combates.
Por eso pudo darnos este consejo en su célebre tratado:
— No temáis los ruidos vanos y fantásticos de que se sirve el demonio para asustaros, pues el verdadero amante de la penitencia no teme estos fantasmas y en manera alguna es turbado ni conmovido…
Hallándome cierto día sentado en mi celda, sentí mi corazón presa de un gran desaliento, bulléndome en la imaginación la idea de abandonar el retiro. Mientras mi alma se hallaba agitada por esta tentación, unos desconocidos, que trabaron conversación conmigo, ensalzaron de tal modo las excelencias de la vida de silencio y soledad, que mi desaliento al punto se desvaneció, cediendo el puesto a la vanagloria… Admiré en esta ocasión cómo el demonio de la vanidad, semejante a un tridente que tiene la punta del medio más larga que la 3 otras, hace guerra a los demás demonios.
San Juan Climaco enfrentaba tentaciones con rigurosos ayunos y castigos al cuerpo. Para evitar la vanagloria, buscaba retiro y silencio, y combatía la pereza meditando sobre la muerte. Practicaba la caridad ofreciendo a los pobres el fruto de su trabajo, demostrando desprendimiento de lo terrenal. Aunque no rechazaba alimentos adecuados para su condición, consumía solo lo necesario para mantenerse, evitando así la vanidad y asegurando su humildad.
Espíritu de oración – Don de lágrimas
San Juan Climaco, gracias a su profundo desprendimiento del mundo material, se centraba intensamente en la vida espiritual y la oración. Experimentaba éxtasis y momentos místicos donde parecía liberarse de las limitaciones terrenales, dialogando con ángeles sobre la fe. Su amor por la soledad lo llevaba a refugiarse en grutas remotas, donde pasaba horas en profunda comunión con Dios. Además, poseía el don de lágrimas, llorando abundantemente en secreto por su temor a la vanagloria. Se retiraba a un lugar oscuro para derramar lágrimas, buscando purificar y expiar los pecados de los demás.
Visita a los solitarios de Egipto- Nuevo San Juan Bautista
Además de las luces sobrenaturales que recibía en sus éxtasis y arrobamientos. San Juan Climaco alimentaba su espíritu con la lectura de las Sagradas Escrituras y de las sentencias de los Santos Padres.
«Gustad frecuentemente; gustad de los manjares exquisitos que la bondad divina os ha dispuesto copiosamente en esta mesa que se llama la Biblia; saboread, también, a vuestro gusto el pan delicioso de las verdades eternas que los Santos Padres os parten con tanta abundancia».
San Juan Climaco viajó a Egipto para aprender y recoger enseñanzas prácticas de los antiguos Padres del desierto, inspirándose para escribir la «Escala Santa». Al regresar, su fama creció, atrayendo a multitudes que buscaban su consejo y bendiciones. Su influencia era tal que sus palabras tenían un poder transformador en las personas. Un solitario local, Moisés, deseoso de seguir a San Juan, se convirtió en su discípulo. Un día, mientras Moisés trabajaba en un huerto, se refugió del sol bajo una roca y cayó dormido. En ese momento, San Juan tuvo una visión donde un hombre venerable lo alertaba sobre algo.
En aquel preciso momento, Juan se hallaba en oración en su celda y , habiéndose adormecido ligeramente, creyó ver a un hombre de aspecto venerable que le despertaba, diciendo;
— ¿Qué haces, Juan, siervo mío? ¿Te es lícito permanecer tranquilo cuando Moisés, tu discípulo, está en peligro de perder la vida?
Al oír estas palabras, el bienaventurado solitario, lleno de estupor, se echa de hinojos y conjura a Dios nuestro Señor proteja a «su ovejita» (así solía nombrar a su amado discípulo). El Señor atendió su oración y Moisés volvió sano y salvo a su retiro. Al verle, preguntóle Juan si no le había ocurrido nada durante su ausencia.
— Padre, he estado a punto de ser aplastado bajo una enorme mole que se desprendió de una roca al pie de la cual dormía y o profundamente; oí que me llamabas y salí precipitadamente de mi escondite lleno de gran espanto. Apenas di algunos pasos, un estruendoso crujido atronó aquellas soledades: era el peñasco que se abría y que dejó ir una piedra que pasó justamente por el lugar donde yo había estado descansando.
Oído el relato, Juan guardó silencio y por humildad no quiso descubrir a su discípulo la visión con que el Señor le había favorecido. Pero ambos solitarios entonaron un cántico de acción de gracias por tan señalado beneficio.
Poder de San Juan Climaco sobre los demonios
Una vez más quiso manifestar el Señor el poder de su fiel siervo sobre el espíritu de las tinieblas. Cierto día, un solitario llamado Isaac sentíase atormentado de tal modo de pensamientos sensuales, que desesperado casi y no pudiendo resistir a la violencia, huyó, aunque derramando un mar de lágrimas. La gracia divina le condujo a la celda del bienaventurado Juan:
«Padre mío — exclamó, arrojándose a sus pies— , en nombre de Dios Todopoderoso, líbrame del verdugo que me atormenta desde hace mucho tiempo. ¿No ves al espíritu satánico que se empeña con increíble terquedad en mancillar mi alma con el sucio deleite de la impureza? Tu valimiento ante Dios es grande; habla y mi alma quedará sana.
— La paz sea contigo, hermano — respondió el santo anacoreta— ; ten confianza y la victoria será segura».
Después de una intensa oración, San Juan Clímaco mostró un resplandor celestial, liberando a Isaac de sus tentaciones espirituales. A pesar de tales manifestaciones divinas, algunos solitarios mostraron envidia hacia Juan, acusándolo falsamente de actitudes negativas. A pesar de estas críticas, Juan optó por mantener silencio, guardando su sabiduría. Con el tiempo, al reconocer sus errores, aquellos que lo criticaron buscaron su perdón y le pidieron que compartiera nuevamente sus enseñanzas.
San Juan Climaco, cuya alma rebosaba caridad encendida y humildad profunda, continuó recibiendo a cuantos acudían a él, presionándoles sus consejos y consuelos.
Muerte de San Juan Climaco
San Juan Clímaco fue elegido abad del monasterio del Sinaí con 75 años, considerado por muchos como un nuevo Moisés espiritual. Se le atribuyen milagros, como la intervención divina en la hospitalidad del monasterio. Escribió «La Escala Santa», una obra ascética que detalla 30 etapas o escalones para alcanzar la perfección espiritual, cubriendo temas como la renuncia al mundo, mortificación de pasiones, y virtudes como la humildad y la castidad. A pesar de su liderazgo eficiente, San Juan Clímaco regresó a su vida de soledad en Tola, donde falleció alrededor del año 635, prediciendo su reunión con Dios.
Oración a San Juan Climaco
San Juan Climaco, ruega por nosotros.
| Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.