Angela merici

31 de Mayo: Santa Ángela de Mérici

Publicado el 31 de mayo de 2020

Actualizado el 31 de mayo de 2025

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Santa Ángela de Mérici fue una educadora religiosa italiana, fundadora de la Compañía de Santa Úrsula en 1535 en Brescia, en la cual las mujeres dedicaron sus vidas al servicio de la Iglesia a través de la educación de las niñas. De esta organización surgió más tarde la Orden monástica de las Ursulinas, cuyas monjas establecieron lugares de oración y aprendizaje en toda Europa y, más tarde, en todo el mundo, especialmente en el continente Americano.


Día celebración: 31 de mayo /  27 de enero.
Lugar de origen: Desenzano. Italia.
Fecha de nacimiento: 21 de marzo de 1474.
Fecha de su muerte: 28 de enero de 1540.


Contenido

– Introducción
– Infancia de la Santa
– Huida al desierto
– Santa Ángela de Mérici, Terciaria Franciscana
– Peregrinación a Jerusalén y Roma
– Fundación de las Ursulinas
– Ángela, superiora general | Su muerte
– Desarrollo y extensión del instituto
– Oración a Santa Ángela de Mérici


Introducción

Santa Ángela de Mérici, durante el Renacimiento, comprendió la importancia de combatir la ignorancia en la Iglesia, especialmente en medio de los estragos provocados por la herejía de Lutero. A pesar de su humildad y falta de educación formal, fundó la Compañía de Santa Úrsula, la primera congregación de mujeres dedicadas a la enseñanza, siguiendo el ejemplo de San Ignacio de Loyola en la formación de jóvenes. Las Ursulinas, viviendo en el mundo en lugar de en el claustro, transformaron el ideal de la vida religiosa para las mujeres. Santa Ángela, obediente a la autoridad eclesiástica, estableció que la Compañía se adaptara a los tiempos y lugares, contribuyendo así a la preservación de la verdadera doctrina católica en muchas naciones de Europa.

Infancia de la Santa

Ángela de Mérici nació el 21 de marzo de 1474 en Desenzano, a orillas del lago de Garda. Proveniente de una familia piadosa, vivía en un ambiente de constante devoción. Siendo la menor de cinco hijos, su hogar era considerado un santuario, donde se trabajaba y rezaba con la conciencia de la presencia divina. Junto con su hermana, transformó una habitación en un oratorio donde realizaban oraciones y cantos divinos diariamente.

Desde temprana edad, Ángela se consagró a Dios, haciendo voto de virginidad a los nueve años. Renunció a los adornos mundanos y centró su vida en agradar a Jesucristo. A pesar de su rara hermosura, optó por ocultarla al usar una loción de agua, hollín y miel para opacar su cabello dorado. A los trece años, recibió su primera comunión y anhelaba comulgar diariamente. Sus encuentros con Jesús en la Eucaristía la colmaban de felicidad, y a menudo pasaba el día sin consumir otro alimento, disfrutando de coloquios íntimos con su Señor.

Huida al desierto

En 1487, tras la muerte de sus padres, las huérfanas Ángela y su hermana buscaron orientación y dejaron Desenzano. Su tío Bartolomé Biancosi, respetado comerciante y cristiano ejemplar, las acogió en Salo, a orillas del lago de Garda. En este entorno propicio, las jóvenes establecieron un régimen de vida equilibrado entre trabajo y oración, evitando la ociosidad.

Aunque la desgracia fortaleció el vínculo entre Ángela y su hermana, el confort de su nueva vida contradecía sus deseos de mortificación. Inspiradas por los Padres del desierto, decidieron buscar una cueva en la montaña para llevar una vida eremítica. Partieron sin provisiones y en silencio. Al anochecer, eligieron un refugio entre árboles y rocas.

Preocupado al no verlas regresar, su tío las encontró y, en lugar de reproches, les mostró los peligros de su elección. Sin desalentar su atracción por la vida retirada, les preparó una celda en su casa para practicar su devoción de manera más segura que en el desierto.

Santa Ángela de Mérici, Terciaria Franciscana

Ángela y su hermana vivieron en casa de su tío durante unos seis años hasta que la hermana falleció repentinamente, sin recibir los últimos sacramentos. Este doloroso evento afligió profundamente a Ángela, quien temía por el destino del alma de su hermana. Un día, llevando comida a los segadores, tuvo una visión de la Santísima Virgen presentándole a su hermana rodeada de ángeles, lo que consoló su corazón y la inspiró a desapegarse aún más de las cosas terrenales.

Conmovida por esta experiencia, Ángela decidió unirse a la Orden Tercera de San Francisco, adoptando su espíritu y regla. Desde entonces, se llamó «Hermana Ángela«. Aunque permaneció en el mundo, vivió como una religiosa perfecta con el hábito franciscano. Después de la muerte de su tío en 1495 o 1496, regresó a la casa paterna en Desenzano, donde vivió durante veinte años más.

Al principio, administró su herencia, pero por amor a la pobreza, renunció gradualmente a sus posesiones y empezó a depender de limosnas. Sus prácticas de penitencia se volvieron más rigurosas, con una cama sencilla en el suelo y ayunos constantes. Aunque raramente salía de casa, recibía milagrosamente la Sagrada Eucaristía diariamente con la aprobación de su director espiritual, que la sostenía en su vida ascética.

Entre las almas que en esta época trabaron amistad con nuestra Santa, se contaba una joven cuyo nombre no nos es conocido, y que durante largo tiempo fue su compañera. Juntas rezaban, trabajaban y visitaban a los pobres. Este cariño entre ambas amigas, fue también roto por la muerte hacia el año 1506.

Un mes, poco más o menos, después de este acontecimiento, Santa Ángela de Mérici va al campo en compañía de algunas amigas. Mientras éstas meriendan, ella se retira para orar a la sombra de un emparrado, en un lugar llamado Brudazzo. De pronto, las nubes se separan, la rodea una luz resplandeciente y surge una escala semejante a la de Jacob, que llega hasta el cielo.

Muchedumbre innumerable de vírgenes suben y bajan por ella, vestidas con túnicas resplandecientes y llevan diadema real. Van de dos en dos dándose la mano, y un cortejo celestial de ángeles músicos las acompañan con arrobadoras melodías. Separándose del grupo, una de las vírgenes — en la que Santa Ángela de Mérici reconoce a la amiga que acaba de perder — se acerca a nuestra Santa y le dice: «Ángela, has de saber que Dios te ha enviado esta visión para indicarte que, antes de morir, fundarás en Brescia una Sociedad de vírgenes muy semejantes a éstas».

Santa Ángela de Mérici compartió con sus compañeras la visión y las guió para dedicarse a obras de caridad, educar a los niños, enseñar oraciones y catecismo, visitar a los pobres y enfermos, y luchar contra la blasfemia. Este esbozo de la obra anunciada por la visión pronto se convirtió en una realidad, generando un renacer de la vida cristiana en Desenzano y sus alrededores. Ángela se volvió una persona venerada, recibiendo visitas para buscar sus consejos y encomendar sus plegarias.

A pesar de esto, la visión había mencionado a Brescia como el lugar donde la Providencia establecería las bases de la futura Congregación. La familia Pentagola, adinerada y benefactora de obras caritativas, conoció a Ángela en Desenzano y se convirtieron en amigos y protectores de su Sociedad. En 1516, tras la pérdida repentina de los dos hijos de los Pentagola, Ángela fue llamada a consolarlos en Brescia, cumpliendo así con las promesas divinas. Antes de partir, tomó medidas para garantizar el funcionamiento adecuado de su Sociedad en Desenzano.

Peregrinación a Jerusalén y Roma

En medio de la desolación causada por la guerra en Brescia, Santa Ángela de Mérici se destaca como un ángel de Dios. Predica la conversión y la reforma de vida, atrayendo a numerosos visitantes a su pequeña celda cerca de la iglesia de San Bernabé. Aunque el espacio es limitado, parece una Universidad, ya que Ángela, además de sus gracias sobrenaturales, posee el don de la ciencia infusa. Habla latín sin haberlo estudiado y aborda con precisión temas teológicos difíciles, atrayendo incluso a doctores eminentes.

Un estudiante de la Universidad de Padua acude para confirmar los relatos sobre la sierva de Dios. Vestido de manera ostentosa, se presenta como aspirante al sacerdocio y pregunta si es la voluntad de Dios. Ángela, percibiendo su inclinación a la vanidad, le aconseja una reforma de vida antes de abrazar el sacerdocio. El joven, avergonzado, inicia sinceramente su transformación.

Ángela también logra reconciliar a personajes aristocráticos que se odiaban, un acto que resonó ampliamente. El duque de Milán, Francisco Sforza, la considera su «madre espiritual» y trata de retenerla a su lado, impresionado por su sabiduría.

A pesar de que Santa Ángela de Mérici no reveló sus tentaciones, es probable que el demonio haya intensificado sus esfuerzos para inducirla a la vanidad, dada su gran santidad. Se cuenta que en cierta ocasión, el demonio se le apareció disfrazado de ángel de luz para alabarla. Sin embargo, Ángela, discerniendo el engaño, lo rechazó, reconociendo las artimañas del espíritu maligno y declarándose una pecadora indigna de la visita de los ángeles.

En mayo de 1524, Santa Ángela de Mérici emprendió una peregrinación a Tierra Santa con familiares y un gentilhombre bresciano. Sin embargo, al llegar a Candía, perdió repentinamente la vista. A pesar de este desafío, decidió continuar el viaje. En la santa colina del Calvario renovó sus votos y en la iglesia del Santo Sepulcro recibió nuevas revelaciones sobre su misión. Durante la travesía de regreso, en una parada en Candía, mientras rezaba ante un Santo Cristo milagroso, recuperó milagrosamente la vista. El viaje continuó con alegría y satisfacción, superando incluso una terrible tempestad y evitando la persecución de piratas berberiscos.

Después de desembarcar en Venecia, Santa Ángela de Mérici fue admirada por la gente y se le ofreció la dirección de hospitales por parte de las autoridades civiles y religiosas. Agradecida, rechazó la oferta y, para evitar ser retenida, huyó en secreto y regresó a Brescia. Al año siguiente, se dirigió a Roma para participar en el jubileo.

En la basílica de San Pedro, fue presentada al Papa Clemente VII por un camarero papal que había sido su compañero de viaje desde Tierra Santa. Aunque el Papa deseaba que se quedara en Roma para liderar instituciones de caridad, Ángela le comunicó su visión de Brudazzo y la misión divina que había recibido. El Papa, al escucharla, bendijo su fidelidad para seguir el llamado divino.

Fundación de las Ursulinas

Tras cinco años de espera debido a las circunstancias de guerra, la Providencia finalmente insta a Santa Ángela de Mérici a fundar su Instituto. En 1529, durante la guerra, Brescia es nuevamente atacada, y sus habitantes se refugian en Cremona hasta la paz, que se firma en Navidad del mismo año.

En 1533, Ángela elige a doce jóvenes de Brescia y, en nombre del divino Maestro, les propone llevar una vida retirada en sus casas. Luego, en sucesivas reuniones, las instruye en la práctica de la pureza, mortificación, obediencia, pobreza y caridad perfecta. Hacia finales de 1533, cuenta con veintiocho hijas espirituales, a quienes reúne diariamente. Les expone los males que aquejan a la Iglesia, como el cisma en Inglaterra y la amenaza del protestantismo en Lombardía, resaltando la importancia de un grupo de religiosas que combinen la vida activa con la contemplativa.

Las primeras religiosas del Instituto emitieron sus votos el 25 de noviembre de 1535 en Brescia, en la iglesia de Santa Afra, siendo veintisiete en total. Un mes después, su número aumentó a sesenta, comprometiéndose no solo a los tres votos religiosos, sino también a dedicarse a la enseñanza.

Santa Ángela de Mérici no quiso que se diera su nombre al nuevo Instituto: lo puso bajo la protección de Santa Úrsula, la virgen mártir de Colonia, que se le había aparecido tres veces para guiarla y animarla, y a quien las Universidades de la Edad Media habían escogido ya como patrona de la juventud y de los estudios.

—Formaremos — decía— la Compañía de Santa Úrsula … Ella será vuestra patrona y la mía. Trabajaremos bajo su estandarte por la propagación de la fe y la extinción del vicio y del error; instruiremos en la santa doctrina de Jesucristo a las personas de nuestro sexo.

Y, repartiéndose los barrios de la ciudad, comenzaron diligentes su labor bienhechora. La Regla recibió la primera aprobación del cardenal Comaro, obispo de Brescia, el 8 de agosto de 1536. Las Constituciones recibieron la primera aprobación de Paulo III, en 1544. En ese mismo año la Compañía adoptó la Regla de San Agustín. El movimiento se tomó con gran entusiasmo y se propagó rápidamente por Italia, Alemania y Francia. En pocos años la Orden contó muchas casas.

Ángela, superiora general | Su muerte

En marzo de 1537, se lleva a cabo el primer Capítulo general, eligiendo a Santa Ángela de Mérici como Superiora General de la Compañía, a pesar de sus reticencias. Durante tres años, continúa guiando, instruyendo y edificando a sus primeras hijas. En enero de 1540, enferma gravemente y, rodeada de sus hijas, les ofrece sus últimas instrucciones antes de fallecer con devoción el 28 de enero de 1540, a la edad de sesenta y siete años.

El cuerpo de Santa Ángela se expone solemnemente en la catedral de Santa Afra durante un mes, donde pronto comienzan a manifestarse prodigios. Clemente XIII aprueba el culto a Ángela el 30 de abril de 1768, mientras que Pío VII, en 1807, la canoniza el 24 de mayo. El 11 de junio de 1861, Pío IX eleva la fiesta de Santa Ángela a rito doble.

Desarrollo y extensión del instituto

Santa Ángela de Mérici no había hecho más que poner los primeros fundamentos de la obra que Dios le había ordenado establecer, y que debía extenderse por el mundo entero con maravillosa rapidez. Las hijas de Santa Ángela se dedicaron, sobre todo, a formar el corazón de la infancia en los principios de la vida cristiana, y a reformar de esta suerte la sociedad corrompida por la doctrina luterana. En pocos años tomaron tal desarrollo, aun en las comarcas más lejanas, que se vio verdaderamente que la obra correspondía a los designios de la Providencia, y que, si el hombre planta y riega, sólo Dios da el crecimiento.

Por todas partes reclamaban a las hijas de Ángela, y todos deseaban procurar a la infancia maestras tan prácticas y experimentadas en el arte de la Pedagogía. La Compañía de Santa Úrsula fue aprobada por la Santa Sede el 9 de junio de 1544. Las comunidades de Santa Úrsula eran independientes entre sí; pero un deseo general de unión se manifestó en el seno de la Orden a fines del siglo XIX . De aquí nació «La Unión romana de las Ursulinas», realizada por el papa Pío X , por un decreto del 14 de septiembre de 1903.

Oración a Santa Ángela de Mérici

Señor esperanza y vida mía.
Recibe Señor mi corazón,
mi libertad y mi voluntad.

Todo mi obrar y mi pensar,
te entrego Señor todo lo mío,
ofrezco a tus pies todo mi ser
recíbelo, te lo ruego yo
que no merezco
nada de ti,
ilumina mi corazón,
que no te ofenda jamás.

Fortalece mi espíritu
para que nunca
se aparte de tu rostro
para que no
me separa de ti,
ilumina mi corazón
que no te ofenda jamás.

Fortalece mi espíritu,
para que nunca
se aparte de tu rostro
ara que no
me separa de ti.

Amén.

Cordero de Dios

Santa Ángela de Mérici | Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

https://www.aciprensa.com/recursos/oracion-de-santa-angela-de-merici-4038

Colofón
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