San Isidoro, arzobispo de Sevilla y doctor de la Iglesia. «Isidoro» significa: «Regalo de la divinidad». Se formó con lecturas de San Agustín y San Gregorio Magno. Su amor a los pobres era inmenso. En los últimos seis meses aumentó tanto sus limosnas que los pobres llegaban de todas partes a pedir y recibir ayuda. Murió apaciblemente el 4 de abril del año 636 a la edad de 80 años.
Día celebración: 4 de abril.
Lugar de origen: Cartagena, España.
Fecha de nacimiento:Año 560.
Fecha de su muerte: 4 de abril de 636.
Santo Patrono de: Internet, técnicos de computadoras, programadores, informáticos en general.
Contenido
– Introducción
– Infancia y primeros estudios
– Vida monástica
– Arzobispo de Sevilla
– Instituciones de San Isidoro de Sevilla
– Su influencia en las iglesias de España
– Postreros instantes y glorioso tránsito
– Oración a San Isidoro de Sevilla
Introducción
San Isidoro de Sevilla nació en Cartagena y provenía de una distinguida familia. Era hermano de San Leandro, San Fulgencio y Santa Florentina, todos ellos reconocidos santos. Algunos relatos también lo vinculan con su hermana Teodosia o Teodora, casada con el rey Leovigildo y madre de San Hermenegildo y el rey Recaredo, quienes jugaron un papel crucial en la conversión de los godos al catolicismo. Aunque toda su familia es venerada, San Isidoro destaca especialmente por su sabiduría y santidad, siendo reconocido por su contribución a la fe católica y disciplinas eclesiásticas en España. Su nombre es respetado tanto por amigos como por oponentes y es una figura destacada en la literatura española.
Infancia y primeros estudios
San Isidoro de Sevilla nació alrededor de 570. Desde pequeño, se relata que tuvo un presagio de grandeza, como ver un enjambre de abejas alrededor de su boca, una señal de futura sabiduría. Fue educado por su hermano, San Leandro, obispo de Sevilla, quien le enseñó con rigor y amor, priorizando su formación espiritual sobre todo. A pesar de su esfuerzo, San Isidoro enfrentó dificultades en sus estudios y consideró abandonarlos. Un día, descansando junto a un pozo, observó las marcas y surcos en la piedra del brocal, lo que lo llevó a reflexionar sobre la persistencia y la importancia del aprendizaje.
«Pueden las sogas y las gotas de agua cavar la dura piedra y hacer estas señales con la constancia del tiempo, y ¿no podrán la costumbre y el continuo estudio ablandar mi cerebro e imprimir en mi alma la ciencia y doctrina?»
Con esto volvió a su estudio, dióse muy de veras a toda ciencia y fue en ellas tan consumado, que no hubo en su tiempo quien le igualase en ningún género de letras divinas y humanas, ni en las lenguas latina, griega y hebrea que sabía perfectamente, como se ve en los muchos y excelentes libros que escribió de varias y raras materias, con las cuales ilustró a la Iglesia Católica y mostró la excelencia de su ingenio y sabiduría, y cuyo catálogo escribieron sus discípulos San Ildefonso y San Braulio, arzobispos respectivamente de Toledo y Zaragoza.
Vida monástica
El rey Leovigildo persiguió a los santos y desterró a San Leandro y San Fulgencio, lo que afectó profundamente a San Isidoro de Sevilla. A pesar de los intentos de los herejes de silenciarlo por su elocuencia y defensa de la fe, no pudieron refutar sus argumentos. Sin embargo, tras la muerte de Leovigildo, San Leandro regresó del destierro y llevó a Isidoro a un monasterio para protegerlo y prepararlo para la vida eclesiástica. Durante su tiempo en el convento, Isidoro se dedicó a la vida monástica, aprendiendo y viviendo las virtudes. Aunque estuvo oculto, su valía y dedicación previas al defender la fe lo hicieron memorable. Tras la muerte de San Leandro, Isidoro fue nombrado obispo de Sevilla debido a su anterior valentía y sabiduría en la defensa de la fe.
Arzobispo de Sevilla
Tras la muerte de San Leandro, el rey Recaredo nombró a San Isidoro como arzobispo de Sevilla debido a su reconocida santidad y sabiduría, a pesar de la reticencia inicial de Isidoro. Aunque él se consideraba indigno, aceptó la posición por la voluntad divina. Una vez en el cargo, Isidoro demostró virtudes destacadas como humildad, caridad y paciencia. Estaba preocupado por los problemas y desórdenes del clero, por lo que convocó concilios en Sevilla en 619 y Toledo en 633 para restaurar la disciplina eclesiástica y las normas de la Iglesia. Fue compasivo con los pobres, justo con los ricos, y firme en la corrección y reforma, mostrando seriedad en su propio comportamiento.
Instituciones de San Isidoro de Sevilla
San Isidoro de Sevilla estableció colegios para instruir a la juventud en virtud y letras, no solo en su arzobispado sino en toda España. Estas escuelas formaron eminentes figuras como San Ildefonso y San Braulio, enseñando una amplia gama de disciplinas desde latín hasta teología. Isidoro escribió numerosos tratados, siendo «Orígenes» o «Etimologías» su obra principal, que es una enciclopedia universal reflejando su erudición. Creía que la verdadera ciencia se basa en el conocimiento de la divina revelación y promovió el estudio profundo de las Sagradas Escrituras. Presidió importantes concilios, destacando su participación en el Concilio hispalense donde convenció a un obispo sirio de sus errores heréticos, mostrando su profundo conocimiento y habilidades doctrinales. Se le atribuye una gran influencia en la clarificación de dogmas y la reforma de costumbres religiosas.
Isidoro fue recibido con grande contento y alegría de toda la corte y ciudad. Fue devotísimo de la Santa Sede apostólica romana, reconociéndola por madre y maestra de todas las Iglesias y por puerto seguro de la fe católica, a la cual se deben acoger los fieles en todas las borrascas y tempestades; y así en una carta que escribió a Eugenio, Arzobispo de Toledo, que le había preguntado si todos los Apóstoles habían recibido de Cristo igual potestad, le responde estas palabras:
«En lo que preguntáis de la igualdad de los Apóstoles, Pedro es superior a todos, el cual mereció oír del Señor: Tú serás llamado Cefas; tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y no de otro sino del mismo Hijo de Dios y de la Virgen recibió el primero la honra del pontificado en la Iglesia de Cristo, y después de la resurrección del Hijo de Dios, mereció oír: Apacienta mis corderos, entendiendo por corderos a los prelados de las Iglesias.
Y aunque la dignidad de esta potestad se extiende a todos los Obispos católicos, con privilegio y gracia singular es propia del Pontífice romano, como cabeza de toda la Iglesia y más excelente que sus miembros, la cual durará siempre, y así, el que no le obedece con reverencia y vive apartado de su jefe, queda sin espíritu y vigor como hombre sin cabeza».
Compuso y reformó el oficio eclesiástico de la Misa y de las otras Horas para que en toda España se rezase de la misma manera, e hizo misal y breviario que por su nombre se llamó de San Isidoro y después, toledano, porque fue aprobado en un concilio de Toledo. También se llamó mozárabe, por haber usado de él los cristianos que vivían entre los moros, y por esto los llamaban mozárabes, o mixti árabes, porque estaban mezclados entre los árabes y moros.
Hoy día hay dos parroquias en la ciudad de Toledo que algunos días del año usan de este oficio de San Isidoro, y en la santa iglesia Catedral de esta ciudad existe la capilla de los mozárabes, con ocho capellanes, fundada por don Francisco Jiménez de Cisneros, arzobispo y cardenal de Toledo.
También en Salamanca subsiste todavía una fundación algo posterior a Cisneros, hecha por el doctor Rodrigo Arias Maldonado, llamado el doctor de Talavera, por la que se celebra misa según el rito mozárabe seis días al año.
Su influencia en las iglesias de España
San Isidoro de Sevilla, a pesar de sus numerosos deberes, visitaba regularmente pueblos y provincias para predicar la doctrina evangélica, mostrando preocupación por la falta de fe de los judíos prominentes en España. Escribió tratados contra sus errores y animó a los líderes, como al rey Sisenando, a trabajar por su conversión. Su influencia con los reyes visigodos era significativa; se le consultaba frecuentemente antes de tomar decisiones importantes. Apoyó el traslado de la sede metropolitana de Cartagena a Toledo y colaboró con los reyes en asuntos eclesiásticos y civiles, mostrando lealtad y desinterés.
San Isidoro de Sevilla desempeñó un papel fundamental en la conformación política de España, trabajando estrechamente con el rey Sisenando para establecer un vínculo sólido entre los poderes civil y religioso. En el IV Concilio toledano, sentó las bases de una legislación que integraba principios del Derecho canónico en la ley del reino. A pesar de su influencia y logros, advirtió a los líderes sobre las consecuencias de desviarse de los principios divinos y evangélicos. Predijo calamidades para España si se alejaban de la fe, como se vio con la invasión mora. Sin embargo, destacó que tras superar estos desafíos, España florecería bajo reinados posteriores como los de los Reyes Católicos, Carlos V y Felipe II, alcanzando una gloria y extensión significativas.
Postreros instantes y glorioso tránsito
Después de un gobierno ejemplar de treinta y seis años al frente de su Iglesia, San Isidoro de Sevilla comenzó a prepararse para su partida de este mundo con una mayor devoción a la oración, la misericordia y la penitencia. Reconociendo que su fin se acercaba, convocó a dos obispos cercanos, Eparcio y Juan. Se dirigió a la iglesia de San Vicente, donde, sentado en el presbiterio, se despojó de sus vestiduras episcopales y se cubrió con cilicios y ceniza. Desde este lugar sagrado, realizó una última oración al Señor:
— Señor Dios, que conoces el corazón de los hombres; Tú, que perdonaste al publicano todos sus pecados cuando humildemente se daba golpes de pecho allá lejos del altar, al que no se creía digno de acercarse; Tú, que devolviste la vida a Lázaro cuatro días después de su muerte: oye ahora mi confesión y aparta tus ojos de los innumerables pecados que cometí contra tu soberana Majestad. Acuérdate, Señor, que para mí, pecador, y no para los justos, pusiste en tu Iglesia el saludable baño del sacramento de la Penitencia.
San Isidoro de Sevilla, antes de su fallecimiento, pidió y recibió la absolución de manos de los obispos. Con profunda humildad, se postró para recibir la comunión y pidió perdón a todos, instando a la caridad y amor fraternal entre todos. Antes de morir, perdonó las deudas, distribuyó sus posesiones entre los necesitados y, en un acto de profunda devoción, entregó su alma a Dios el 4 de abril de 636.
Posteriormente, sus restos fueron inicialmente enterrados en Sevilla. Sin embargo, después de que los moros ocuparon la ciudad, el rey Fernando I de Castilla y León logró trasladar los restos de San Isidoro a León, donde se encuentran en un templo suntuoso construido en su honor.
San Isidoro es conocido por los numerosos milagros que se le atribuyen, tanto durante su vida como después de su muerte, como la resurrección de una mujer y la curación de un ciego. También se dice que su intercesión ayudó a los cristianos en las guerras contra los moros. Su legado es ampliamente reconocido en España, y muchos lo consideran el último Padre de la Iglesia latina, ya que vivió en un período de transición entre las eras Antigua y Media, y recopiló y transmitió las enseñanzas de los doctores anteriores.
El VIII Concilio toledano le llamó «Doctor excelentísimo, gloria y prez de la Iglesia católica y el más ilustre varón de los postreros siglos»; el papa León IV nombraba a San Isidoro en parangón con San Jerónimo y San Agustín. La santidad de Inocencio XIII le proclamó Doctor de la Iglesia universal a los 25 de abril del año 1722.
Oración a San Isidoro de Sevilla
Señor, Dios todopoderoso, tú elegiste a san Isidoro, obispo y doctor de la Iglesia, para que fuese testimonio y fuente del humano saber; concédenos, por su intercesión, una búsqueda atenta y una aceptación generosa de tu eterna verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
San Isidoro de Sevilla | Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.
https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_1101


