5 de Enero: San Simeón, el estilita


San Simeón, el estilita

San Simeón Estilita, fue un asceta que alcanzó la notoriedad por vivir 37 años en una pequeña plataforma en lo alto de un pilar cerca de Alepo (en la Siria moderna). Varios otros estilitas siguieron más tarde su modelo (la palabra griega estilo significa «pilar»).


Día celebración: 5 de Enero.
Lugar de origen: Cilicia, Actual Turquía.
Fecha de nacimiento: 390.
Fecha de su muerte: 459.


Contenido

– Introducción
– Vida temprana
– Mortificación
– Las columnas
– Muerte
– Oración a San Simeón, el estilita


Introducción

Increíbles y fabulosas parecen algunas de mortificarse y llevar vida penitente practicadas por los siglos IV y X . Otras llevan tal sello de aparentye extravagancia que los cristianos tibios y sensuales las juzgan disparatados caprichos y aun reprobables atentados a la salud y a la conservación de la vida.

En Egipto y Siria, la mayor parte de los monjes llevaban vida cenobítica o común, en uno o varios monasterios, bajo la dirección de uno o más superiores. Con todo, había en los desiertos del Sinaí y de Nitria. y en otras comarcas, unos monjes llamados anacoretas, que vivían solitarios en ermitas o pobres celdillas, apartados casi totalmente de los hombres y aun del trato de los demás monjes.

Hasta los había, y más en Siria, que establecían su morada en los cerros y montes, entre cuatro paredes que dios mismos construían, tapiándolas por todas partes, permaneciendo allí recluidos sin volver a salir en toda su vida, careciendo de refugio contra la inclemencia del clima y el rigor de las estaciones, y añadiendo al cruel tormento del continuo vivir a la intemperie, la pasmosa penitencia de permanecer día y noche en pie, no rindiéndose al cansancio sino al agotárseles las fuerzas.

Vida temprana

La vida y la conducta de San Simeon, Ilamaron la atención, no solo de todo el Imperio Romano, sino también de los pueblos bárbaros, que le tenían en gran admiración. Los emperadores romanos se encomendaban a sus oraciones y le consultaban sobre asuntos de importancia. Sin embargo, debe reconocerse que se trata de un santo mas admirable que ejemplar. Su vida es profundamente edificante, en el sentido de que no podemos menos de sentirnos confundidos, al comparar su fervor con nuestra indolencia en el servicio divino.

San Simeon fue hijo de un pastor de la Cilicia, en la frontera de Siria, y comenzó su vida guardando las ovejas de su padre. Hacia el año 402, cuando Simeén sólo tenia catorce años, se sintió profundamente conmovido al oír en la iglesia la lectura de las Bienaventuranzas, sobre todo por las palabras:

“Bienaventurados los que sufren”, “Bienaventurados los limpios de corazón”.

El joven acudió a un anciano para que le explicara su sentido, y le rogó que le dijera cómo podía alcanzar la felicidad prometida. El anciano le respondió que el texto sagrado proponía. como camino.a la felicidad, la oración,la vigilia, el ayuno, la humillación y la paciencia en las persecuciones, y que la vida de soledad era la mejor manera de practicar la virtud.

Simeón se retiré a cierta distancia y rogó a Aquél que quiere la salvación de todos los hombres que le guiara en la búsqueda de la felicidad y de la perfección. Después de orar largamente, se quedé dormido y tuvo un sueño, como él mismo lo refirió mas tarde repetidas veces. Se vio a si mismo cavando los cimientos de una casa. Las cuatro veces que interrumpió su trabajo para tomar aliento, oyó una voz que le ordenaba seguir excavando. Finalmente, recibió la orden de cesar, porque el foso era ya tan profundo, que podía abrigar los cimientos de un edificio de la forma y el tamaño que él escogiera.

Como comenta Teodoreto, “los hechos verificaron la predicción, ya que los actos de ese hombre estaban tan por encima de la naturaleza, que los cimientos debían ser muy profundos para soportar peso tan enorme”.

Al despertar, Simeón se dirigió a un monasterio de las proximidades, cuyo abad se llamaba Timoteo y se detuvo a las puertas durante varios días sin comer ni beber, suplicando que le admitieran como el ultimo de los sirvientes. Su petición fue bien acogida y por fin se le recibió por un plazo de cuatro meses. Ese tiempo le bastó para aprender de memoria el salterio. Este contacto con el texto sagrado iba a alimentar su alma durante el resto de su vida.

Mortificación

Aunque era muy joven, practicaba toda clase de austeridades, y su humildad y caridad le ganaron el aprecio de los monjes. Al cabo de dos años, pasó al monasterio de Heliodoro, el cual había vivido sesenta y dos años en dicha comunidad, tan absolutamente alejado del mundo, que lo ignoraba por completo, según nos cuenta Teodoreto, quien le conoció personalmente. Simeón intensificó ahí sus mortificaciones. Considerando que la tosca cuerda del pozo, tejida con hojas de palma, constituía un excelente instrumento de mortificación, se desnudó, la ató con fuerza alrededor de su cuerpo y se vistió en seguida. Así permaneció largo tiempo, sin que el superior o alguno-de los monjes sospechara su sufrimiento, hasta que la cuerda se le incrusté en la carne.

En todo el cuerpo se le formaron grandes llagas y durante los tres días siguientes, tuvo que mojar Sus vestiduras para poder quitárselas, pues estaban completamente pegadas a la carne herida. Las incisiones que se le hicieron para arrancar las cuerdas le produjeron tal dolor, que se desmayé. Al recobrar el conocimiento, el superior le despidió del monasterio, para demostrar a los otros monjes que no estaba dispuesto a soportar tales singularidades.

Simeón se retiró a una ermita en las cercanías del monte Telanisa, en donde resolvió pasar los cuarenta días de la cuaresma, en total abstinencia, siguiendo el ejemplo de Cristo. Un sacerdote llamado Basso, con quien consulté su propósito, le dio diez piezas de pan y un poco de agua, para que pudiera comer en caso de necesidad. Basso fue a visitarle al acabar la cuaresma; el pan y el agua estaban intactos, pero Simeón yacía por tierra como muerto. Con una esponja Basso mojé los labios de Simeón y deposité en ellos la sagrada Eucaristía. Vuelto en si, Simeón se incorporé y pudo comer, lentamente, algunas hojas de lechuga. En adelante ayunó del mismo modo cada cuaresma hasta el fin de su vida.

Las columnas

Cuando Teodoreto escribió sobre él, Simeón había ya soportado así veintiséis cuaresmas. Teodoreto nos explica que empezaba la cuaresma haciendo oración de pie; cuando las fuerzas comenzaban a faltarle, continuaba su oración sentado; hacia el fin dé la cuaresma, oraba tendido en tierra, pues era ya incapaz de sostenerse en otra posición. Sin embargo, es probable que en sus últimos años haya mitigado un poco esta increíble austeridad.

Cuando vivía ya en su columna, se ataba a una estaca durante el ayuno cuaresmal para no caer; pero al fin de su vida, estaba ya tan acostumbrado, que no necesitaba atarse. Algunos atribuyen su resistencia a una recia complexión, que le había permitido habituarse a tan extraordinario ayuno. Como es bien sabido, el clima cálido permite largos periodos de abstinencia a los fakires de la India. En nuestros días, un monje francés ayuné durante toda la cuaresma, casi tan rigurosamente, como San Simeón. Pero hay muy pocos ejemplos de personas que resistan el ayuno total prolongado, a no ser que la practica les haya preparado para ello.

Habiendo pasado tres años en la ermita, Simeón se fue a vivir a la cumbre del monte, donde se construyó una especie de cabaña sin techo para estar a la intemperie. Como símbolo de su resolución de proseguir en ese género de vida, encadenó su pie derecho a una roca. Melecio, vicario del Patriarca de Antioquia, le aseguró que, si su decisión era realmente firme, con la gracia de Dios podría vivir en su retiro, sin salir jamas de él. Al oír esto, el santo mandó llamar a un herrero para que soldara definitivamente sus cadenas. Pero los visitantes comenzaron a frecuentarlo y la soledad que su alma deseaba se veía constantemente interrumpida por las multitudes que acudían a recibir su bendición, que sanaba a los enfermos.

Algunos no se daban por satisfechos, hasta tocar con sus propias manos al santo. Para huir de estas causas de distracción, Simeón ideó un nuevo género de vida sin precedentes. El año 423 se construyó una columna de unos tres metros de altura, y sobre ella vivid durante cuatro años. En otra de seis metros vivió tres años. En una tercera de doce metros vivid diez años. Los Últimos veinte años de su vida los pasó en una columna de veinte metros, que le construyó el pueblo. En total pasé treinta y siete años en las cuatro columnas; por ello recibió el nombre de estilita, pues la palabra griega “stylos” significa columna.

Muerte

Hacia el mes de julio o septiembre del año 459, y tras prolongada dolencia, llamó el Señor a la recompensa celestial a su fidelísimo siervo San Simeón. Noticiosos de su muerte, el obispo Martirio y otros prelados acudieron a la columna y, para impedir que fuese hurtado el cuerpo del Santo con perjuicio de los de Antioquía que lo codiciaban, acudió también Ardaburio, oficial del ejército, con una guardia de más de quinientos soldados.

Las reliquias del Estilita fueron encerradas en un ataúd de plomo, y un carruaje las trasladó a Antioquía, donde les depararon triunfal recibimiento y entrada. Toda la población salió a unirse al cortejo que acompañaba al cuerpo del insigne asceta, el cual fué depositado en el mayor templo de la ciudad.

La columna del Estilita se convirtió en lugar de peregrinación muy concurrido. y un monasterio edificado a corta distancia de ella, agrupó en comunidad a los primeros discípulos de Simeón.

Rodeando la columna edificóse un grandioso y suntuoso templo que recordaba y proclamaba con lenguaje más elocuente que la palabra, la devoción de la nación siriaca hacia el admirable y santo Ermitaño. Las majestuosas ruinas llamadas aún Kalat’ Sem’an —«castillo de Simeón»— situadas en lo alto de una meseta que domina el valle de Afrín, son los restos de la iglesia y del monasterio, los mismos que visitó y describió Evagrio, historiador del siglo IV.

Uno de los discípulos de Simeón, llamado Sergio, llevó a Constantinopla la noticia de la muerte de su maestro y trajo al emperador como regalo la túnica del Santo, si bien luego le pareció mejor regalársela a otro de los discípulos de Simeón llamado Daniel, el cual vivió estilita a orillas del Bósforo.

La fiesta de San Simeón se menciona en fechas distintas en los calendarios y martirologios de las diversas Iglesias de Asia y Egipto. La Iglesia latina señaló para ella el día 5 de enero, como consta en el Martirologio romano, aunque el Santo muriera en julio o septiembre. La Iglesia griega celebra la festividad del Estilita el día 1.° de septiembre, y hace sólo conmemoración del Santo el día 26 de julio.

Oración a San Simeón, el estilita

Oye, Señor, benignamente las súplicas que te dirigimos en el día de tu confesor el bienaventurado Simeón, para que lo que no podemos alcanzar por nuestros merecimientos, lo consigamos por las oraciones de este santo que fue de tu agrado.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

San Simeón | Fuentes
La vida de los Santos por Butler.