San Pío V, Papa, es un sorprendente ejemplo del cumplimiento de las palabras de los Salmos: «De stércore érigens páupevem», o de las del cántico de la Santísima Virgen: «Exaltavit húmiles». Demuestra que cuando Dios quiere, utiliza a los más pobres y humildes, tanto en su origen como en su sentir, para encomendarles misiones de primer orden en la tierra.
Día celebración: 5 de mayo / 30 de abril.
Lugar de origen: Bosco, Italia.
Fecha de nacimiento: 17 de enero 1504.
Fecha de su muerte: 1 de Mayo 1572.
Santo Patrono de: Bosco, Pietrelcina
Contenido
– Introducción
– Primeros años de vida religiosa
– San Pio V, Inquisidor de Lombardía
– Obispo y Cardenal
– San Pio V, Obispo de Mondovi
– Solicitud por los intereses de la Iglesia
– San Pio V y la cruzada contra los Turcos
– Oración a San Pio V
Introducción
Dos religiosos dominicos caminaban por tierras del Piamonte, llevando la divina palabra a los pueblos. En la aldea de Bosco, cerca de Alejandría, conocieron a un pastorcito llamado Miguel Ghisleri, nacido el 15 de enero de 1504. A pesar de su familia empobrecida por las guerras del siglo XV, la fisonomía resuelta e inteligente del niño llamó la atención de los misioneros.
Impresionados por su actitud madura, creyeron ver una «vocación» en él y le ofrecieron unirse a ellos. Miguel, emocionado, compartió la noticia con sus padres, quienes dieron su consentimiento y bendición de inmediato. Sin más preparativos, se unió a los religiosos, tomando el hábito de uno de ellos, y comenzó su viaje.
Primeros años de vida religiosa
A los catorce años, fray Miguel Alejandrino ya se destacaba entre sus compañeros por su inteligencia, piedad y devoción a la Madre de Dios. Ganó la simpatía de los religiosos en Voghera, donde lo acogieron, gracias a su fervor en la vida monástica y su docilidad en la enseñanza, lo que le valió el afecto de toda la comunidad. Recibió el hábito con el nombre de fray Miguel Alejandrino, y aunque más tarde se convirtió en Cardenal, conservó durante mucho tiempo el nombre de Alejandrino en recuerdo de la ciudad de Alejandría.
Después del noviciado en Voghera, pasó al famoso escolasticado de Vigevano, donde emitió sus votos solemnes en 1519. Luego fue enviado a Bolonia, donde se encontraba el próspero Seminario de la Orden. Progresó rápidamente y en poco tiempo estuvo en condiciones de enseñar a los demás.
Aunque dedicado a sus estudios, fray Miguel Alejandrino sabía que estos podían secar el espíritu si solo buscaba satisfacción mundana. Les recordaba a sus alumnos que debían sazonar su conocimiento con la sal de la piedad para aprovecharlo plenamente. Él mismo daba ejemplo, nunca dejando de participar en el coro y en otros ejercicios comunitarios. A los veinticuatro años, sus superiores lo propusieron para el sacerdocio. A pesar de considerarse indigno, cedió a la voz de la obediencia y celebró su primera misa en Bosco, su pueblo natal, durante la desolación dejada por los ejércitos de Francisco I cuando se dirigían a Pavia. El joven religioso consoló a sus compatriotas y reanimó su valor.
San Pio V, Inquisidor de Lombardía
San Pío V continuó ocupando la cátedra de Teología, demostrando acierto en sus funciones hasta que fue llamado a ejercer el cargo de Prior en Vigevano, Soncino y Alba sucesivamente. Destacó por su afecto hacia los inferiores y su habilidad para exigir obediencia completa, siendo severo consigo mismo pero condescendiente con las necesidades de los demás.
En una época en que Lombardía estaba desolada por los ejércitos franceses y amenazada por la propagación de la herejía protestante, San Pío V fue designado inquisidor y enviado a Como para enfrentar el peligro de la herejía. A pesar de su humildad inicial para aceptar el cargo, mostró un celo ardiente en la defensa de la verdad.
Durante su tiempo en Como, se enfrentó a la introducción de libros calvinistas en la región, excomulgando a los heréticos implicados. Esto provocó la ira de algunos canónigos herejes, quienes amotinaron al pueblo contra él. Incluso un sacerdote comprometido presentó quejas contra San Pío V ante el gobernador de Milán, acusándolo de provocar desórdenes con su intransigencia. A pesar de la desconsiderada recepción del gobernador, San Pío V decidió ir a Roma para rendir cuentas de su conducta y de los acontecimientos en Como. Llegó a Roma el 24 de diciembre de 1550, y su recepción en Santa Sabina fue peculiar, ya que el prior, sin conocerlo, lo confundió con un fraile vagabundo y lo trató de manera humorística:
— Qué venís a buscar aquí, Padre? ¿Queréis ver, por ventura, si el Colegio de Cardenales os elige Papa?
— Vengo a Roma — repuso San Pio V —, porque aquí me llaman los intereses de la Iglesia, y así que cumpla el fin que a esta ciudad me trae, la abandonaré inmediatamente. Lo único que ahora deseo es que me concedáis hospitalidad por esta noche, y un poco de paja para la mula que me ha traído.
Menos de quince años después, aquel viajero de mezquino aspecto, subió a la silla de San Pedro. La conducta del inquisidor fue aprobada totalmente en Roma, y las reclamaciones de los canónigos de Como sirvieron para su propia y mayor confusión.
Obispo y Cardenal
San Pío V estableció una conexión valiosa con el Cardenal Caraffa durante su breve estancia en Roma. Reconociendo la elevada espiritualidad y la generosidad de San Pío V, el Cardenal Caraffa, que luego se convirtió en el Papa Paulo IV, lo nombró Comisario general del Santo Oficio en 1551. Cuando Paulo IV ascendió al papado en 1555, llevó a San Pío V consigo y buscó hacerlo obispo de Nepi y Sutri.
A pesar de la resistencia inicial de San Pío V, finalmente se sometió a la obediencia y aceptó el cargo. Desde el principio, demostró todas las virtudes propias de un apóstol, dedicando su vida al servicio de su rebaño. Aunque buscó repetidamente la autorización del Papa Paulo IV para retirarse a su convento, este insistió en que permaneciera en su cargo episcopal.
«Yo os ataré al pie una cadena tan fuerte, que ni siquiera después de mi muerte os permita pensar en volveros al claustro».
La emoción embargó a San Pío V cuando le concedieron el capelo cardenalicio el 15 de marzo de 1557. Su gratitud fue tan abrumadora que no pudo articular una sola palabra al expresar su discurso de agradecimiento ante el Colegio de Cardenales. Poco después de su ascenso, fue nombrado Inquisidor general de toda la cristiandad, convirtiéndose en el último Cardenal en ostentar ese título.
A pesar de las exigencias de su cargo, San Pío V logró armonizar la ostentación necesaria con su espíritu de mortificación. Convirtió su palacio en un monasterio, admitiendo solo a aquellos que aceptaban someterse a su estricta regla. Trataba a sus sirvientes con delicadeza y consideración, características inusuales para la época.
Aunque la dignidad de su posición requería ciertos protocolos, San Pío V mantenía un estilo de vida monástico y se esforzaba por vivir de manera sencilla y austera, influyendo incluso en la organización de su hogar para reflejar estas virtudes.
San Pio V, Obispo de Mondovi
Pío IV, el Papa que sucedió a Paulo IV, tenía un enfoque de gobierno diferente y alejó al cardenal Gran Inquisidor, nombrándolo obispo de Mondovi. Sin embargo, debido a los desafíos protestantes y el galicanismo, pronto se dio cuenta de la necesidad de que el Inquisidor regresara a Roma. A pesar de su franqueza apostólica, que no era del gusto de todos, fue nuevamente enviado fuera de la ciudad. Después de la muerte de Pío IV, en el Cónclave, el cardenal Gran Inquisidor fue elegido Papa y tomó el nombre de San Pío V.
Aunque inicialmente se negó a asumir el papel de Vicario de Jesucristo, finalmente aceptó su elección. Como Papa, mostró firmeza en reprimir abusos y corregir problemas en Roma y sus estados. Aunque su severidad lo hizo más temido que amado durante su vida, también se preocupó por los intereses materiales de sus súbditos. Mejoró la infraestructura de Roma, favoreció la industria y contribuyó a la cultura al formar el Museo del Capitolio con obras de arte del Vaticano. A pesar de la autoridad que ejercía, San Pío V mantuvo una vida de desinterés y penitencia, escuchando las quejas de los pobres diariamente.
Solicitud por los intereses de la Iglesia
Desde el comienzo de su pontificado, San Pío V implementó las saludables reformas del Concilio de Trento, desafiando las acusaciones de los protestantes sobre la pérdida de la savia divina en la Iglesia. Su nombre está asociado con la reforma del Breviario, decretada por el Concilio de Trento, que se hizo obligatoria en todas las iglesias católicas del mundo mediante una Bula en 1568.
Al inicio de su papado, ordenó la abolición del lujo en los sepulcros de las iglesias, buscando priorizar el altar sobre monumentos funerarios suntuosos. Promovió la costumbre de llevar medallas y otorgó indulgencias a quienes la practicaban. Emitió una Bula en 1367 que prohibía la enajenación de posesiones del patrimonio de San Pedro, comprometiendo a los nuevos miembros del Sacro Colegio a observarla.
San Pío V luchó contra el error en todas sus formas, apoyando a María Estuardo económicamente y oponiéndose enérgicamente a los luteranos mediante la Inquisición. Combatió los errores de Miguel Bayo, condenando sus setenta y nueve proposiciones falsas en 1567. Otorgó a Santo Tomás de Aquino el título de Doctor de la Iglesia en 1567 y, en 1571, instituyó la Sagrada Congregación del Índice.
San Pio V y la cruzada contra los Turcos
En el siglo XVI, los sultanes de Constantinopla albergaban esperanzas de debilitar a la Cristiandad debido a las disensiones en la Iglesia. En 1566, Solimán se enfrentó con su flota a la isla de Malta, refugio de los antiguos caballeros de Jerusalén, pero se vio obligado a retirarse. Selim II, su sucesor, aprovechando una tregua con el emperador y las disensiones cristianas, envió a Mohamed a conquistar Chipre en 1570.
Las noticias de la conquista y los maltratos en Chipre consternaron a San Pío V, quien instó a los príncipes cristianos a formar una alianza contra el enemigo turco. Solo los españoles y venecianos respondieron. Don Juan de Austria lideró las tropas, y Marco Antonio Colonna encabezó las galeras pontificias. A pesar de sus dolorosas enfermedades, el Papa multiplicó las oraciones y mortificaciones.
El 16 de septiembre de 1571, el ejército cristiano, con 65,000 hombres, zarpó de Mesina. El 7 de octubre, a la una y media de la tarde, se encontraba en el golfo de Lepanto, enfrentando a los turcos con 85,000 hombres. Aunque Pío V predijo la victoria, recomendó la preparación cristiana. La Batalla de Lepanto tuvo lugar, y la flota cristiana, contra pronóstico, logró una victoria decisiva el 7 de octubre de 1571.
Don Juan de Austria se preparó para la gran batalla, liberando a millares de galeotes y dándoles armas. Los turcos también liberaron esclavos cristianos, aumentando las filas de ambos bandos. La batalla fue sangrienta, pero la Cruz triunfó sobre la Media Luna. La victoria en la Batalla de Lepanto, el 7 de octubre de 1571, demostró que el imperio turco no era invencible.
En Roma, ese mismo día, mientras San Pío V presidía una reunión de cardenales, se levantó, miró al cielo y exclamó, a doscientas leguas de distancia:
«Demos por hoy de mano a los asuntos que estábamos tratando, y corramos a dar gracias a Dios por el triunfo que acaba de conceder a nuestras armas».
En efecto, sucedió en el momento preciso en que la Cruz triunfaba en el golfo. Quince días se necesitaron para la confirmación de una noticia de modo tan sorprendente. En acción de gracias por tan insigne beneficio, el Papa San Pio V añadió a fas letanías lauretanas la invocación Auxilio de los cristiano e instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias, que después, en el pontificado de Gregorio XIII, se llamó fiesta del Santísimo Rosario.
A principios del año 1572, el Papa San Pio V fue torturado por la enfermedad de la piedra. Soportó el mal con paciencia y resignación. El primero de mayo de 1572 acababa una vida tan santamente empleada, habiendo reinado seis años y cuatro meses.
San Pio V fue beatificado por Clemente X en el centenario de su muerte, el primero de mayo de 1672; en su proceso constan 69 milagros; su cuerpo. fue puesto en una urna de mármol verde y bronce durante el pontificado de Inocencio XII, el 16 de septiembre de 1698. Fue canonizado por Clemente XI el 22 de mayo de 1712.
Oración a San Pio V
Oh Dios, que te dignaste elegir por pontífice máximo al bienaventurado San Pío V para destruir a los enemigos de tu Iglesia, y para reparar el culto divino, defiéndenos con tu protección para que libres de las asechanzas de nuestros enemigos y gocemos en tu servicio de una paz perpetua y estable. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

San Pio V | Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.
https://www.aciprensa.com/recursos/oracion-a-san-pio-v-2188


