7 de Abril: Santa Juliana de Mont Cornillon

7 de Abril: Santa Juliana de Mont Cornillon

Publicado el 7 de abril de 2020

Actualizado el 15 de abril de 2025

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Santa Juliana de Mont Cornillon, conocida también como Juliana de Lieja, contribuyó a la institución de la solemnidad de Corpus Christi. Fue priora de Mont-Cornillon, junto a Lieja.


Día celebración: 7 de abril / 5 de abril.
Lugar de origen: Retinnes, Bélgica.
Fecha de nacimiento: 1193.
Fecha de su muerte:  5 de abril de 1258.
Santa Patrona de: El Santísimo Sacramento.


Contenido

– Introducción
– Vida religiosa
– Eva la reclusa
– Santa Juliana de Mont Cornillon y la Eucaristía
– La Luna dela hendidura – Revelación de Nuestro Señor
– Opinión de los teólogos
– Primera Fiesta de Corpus Christi (1246)
– Persecuciones y últimos años
– Oración a Santa Juliana de Mont Cornillon


Introducción

La fiesta del Santísima Sacramento, conocida como Corpus o día del Señor, es particularmente popular en España y fue establecida en el siglo XIII para enfatizar el culto a la Eucaristía. Esta festividad tuvo un origen ligado a la vida de Santa Juliana de Mont Cornillon, nacida en 1193 en Retinnes, cerca de Lieja. Juliana quedó huérfana a los cinco años y fue enviada junto con su hermana a las Agustinas hospitalarias del monasterio de Monte Cornillón, ubicado en una colina en Lieja. Este monasterio era tanto una leprosería como un hospicio para hombres y mujeres, dirigidos por religiosos y religiosas bajo la regla de San Agustín. Las Agustinas, además de sus responsabilidades hospitalarias, educaban a jóvenes en un pensionado cercano llamado La Boverie.

Juliana ingresó al internado dirigido por una respetada religiosa llamada Sapiencia, quien fue fundamental en su formación espiritual y educativa. Bajo la tutela de Sapiencia, Juliana avanzó rápidamente en sus estudios y aprendió el Salterio de memoria. Sin embargo, la prioridad de Sapiencia era inculcar la sumisión y la humildad. Una vez, cuando Juliana intentó ayunar imitando a San Nicolás y a las Hermanas, Sapiencia la reprendió por hacerlo sin permiso y la envió a confesarse. Aunque Juliana más tarde practicaría el ayuno con rigor, también aprendió a combinar modestia y docilidad. Antes de completar su educación, solicitó ordeñar las vacas de la granja del monasterio, una tarea que desempeñó con abnegación.

Vida religiosa

En 1207, Juliana se unió como religiosa a la comunidad de las Agustinas, donde continuó sirviendo con dedicación y fervor espiritual. Se destacó por su devoción, leyendo obras piadosas en francés y latín, con una inclinación particular hacia las de San Agustín y San Bernardo. Desde su infancia, mantuvo una relación profunda con Jesucristo, mostrando una pureza y una inocencia notables. Su conversación reflejaba sinceridad y devoción genuina, sin rastro de orgullo o afectación. Aunque ganó el aprecio de muchos debido a sus virtudes, Juliana prefería mantener un perfil bajo y evitar la atención, especialmente de aquellos que eran considerados distinguidos. Cuando se le solicitaba conversar sobre temas espirituales, a menudo declinaba, mostrando su deseo de evitar el reconocimiento y la ostentación:

«Soy no más que ayudante de la cocina, ¿qué podréis aprender de mí? Sé ordeñar las vacas, dar de comer a los pollitos del corral y hacer otras labores semejantes. Respecto a lo de hablar de Dios, vosotros lo haréis mejor que yo, pues tenéis más instrucción y yo os escucharía con gusto».

Juliana demostraba un profundo amor por Dios, sintiéndose angustiada por las ofensas que Él recibía. Su devoción se manifestaba en la obediencia y caridad, dispuesta a asumir cualquier trabajo humilde y penoso en beneficio de su comunidad. A pesar de su delicada salud, que la llevó a agotarse físicamente, Juliana dedicaba sus momentos libres a la oración y meditación, manteniendo una disciplina de ayuno rigurosa, como una segunda naturaleza para ella. Sus noches eran frecuentemente interrumpidas por ataques demoníacos, pero siempre respondía con la oración, ahuyentando a los espíritus malignos.

Viviendo en una época marcada por una profunda fe cristiana, Juliana encontraba inspiración y gracia en el ciclo litúrgico de la Iglesia. Las festividades marianas eran especialmente significativas para ella, recitando el Magníficat nueve veces en esos días. Su meditación principal se centraba en los sufrimientos de Jesús, y fue reconocida por sus dones milagrosos y proféticos, incluida la capacidad de percibir los sentimientos y pensamientos de los demás, como evidenciaba su relación con su amiga, la Beata reclusa Eva.

Eva la reclusa

Las reclusas eran mujeres que decidían renunciar al mundo y se confinaban de por vida en una celda o un eremitorio junto a un templo, con una ventana que les permitía presenciar los servicios religiosos. Eva, una de estas reclusas, inicialmente se sintió abrumada por la rigurosa vida de reclusión. Sin embargo, Santa Juliana de Mont Cornillon, conocida por su profunda espiritualidad, le proporcionó apoyo y aliento. A pesar de que Eva estaba confinada en una celda cercana a la colegiata de San Martín de Lieja, Juliana la visitaba anualmente. Estas dos mujeres desarrollaron una amistad profunda y espiritual, compartiendo momentos de oración y conversaciones sobre asuntos piadosos. En ocasiones, Juliana, iluminada por su profunda conexión espiritual, ofrecía respuestas y orientación a Eva incluso antes de que ella expresara sus inquietudes.

Santa Juliana de Mont Cornillon y la Eucaristía

Juliana de Mont Cornillon mostró una devoción excepcional desde su infancia hacia el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, considerando la asistencia al Santo Sacrificio de la Misa como un consuelo supremo para su alma. Aunque en La Boverie no podía experimentar este consuelo diariamente, lo compensaba mediante la oración y la meditación, sintiendo una conexión profunda con el sacerdote y el momento de la Misa. La recepción de la Sagrada Comunión tenía un impacto extraordinario en ella, sintiendo que su cuerpo podría prescindir de cualquier otro alimento durante un mes después de comulgar. Dedicaba esos días a sumergirse en profunda reflexión y silencio, buscando una comunión continua con Jesucristo. Esta profunda relación y devoción a la Eucaristía llevó a que Juliana fuera elegida por Jesucristo para promover y enriquecer el culto de la Sagrada Eucaristía de manera significativa.

La Luna dela hendidura – Revelación de Nuestro Señor

Un día del año 1208, teniendo Juliana quince años, al ponerse en oración vio un astro semejante a la luna llena, pero con una muesca o hendidura en su borde. Diariamente se presentaba la misma visión a sus admirados ojos. Acabó por inquietarse y temió fuera una ilusión del demonio. Rogó y pidió oraciones a sus amigas para vencer — decía ella— una «tentación que la turbaba».

Pero la visión reaparecía siempre. Santa Juliana de Mont Cornillon entonces suplicó insistentemente a Nuestro Señor le hiciera conocer si ese fenómeno tenía algún significado. Nuestro Señor al cabo de dos años se dignó responderle:

«La luna representa a mi Iglesia en la tierra engalanada por el esplendor del ciclo litúrgico, la muesca significa la falta de una gran solemnidad cuya institución deseo. Para despertar la fe de los pueblos y para el bien espiritual de mis elegidos quiero que una fiesta especial se instituya en honor del Santísimo Sacramento de mi Cuerpo y de mi Sangre; esta fiesta tendrá una solemnidad que no puede revestir el Jueves Santo, por estar impregnado de la memoria de mi Pasión; además, dará ocasión a los cristianos para reparar sus negligencias y las faltas de devoción hacia este Sacramento».

El divino Maestro añadió:

«Encárgote que seas tú la primera que se ocupe de esta fiesta y que dé a conocer la necesidad de establecerla.»

Estas últimas palabras aterraron a la humilde religiosa; respondió a Nuestro Señor que no veía la posibilidad de que ella cumpliese tal misión. Pero cada vez que entraba en oración el Señor renovaba el ruego.

— Señor — decía entonces Juliana— , dignaos escoger para obra tan di­fícil a algún grande y sabio personaje eclesiástico que sepa y pueda llevarla a buen fin; pues yo, la última de vuestras criaturas, ¿qué puedo en ello? Os ruego me libréis de esta inquietud.

— Tú empezarás — replicó el Salvador— y otras personas humildes con­tinuarán.

Durante dos décadas, Juliana imploró al Señor, a menudo con lágrimas abundantes, que encomendara la misión relacionada con la devoción a la Sagrada Eucaristía a alguien más. No era su falta de obediencia o devoción lo que la retenía, sino su profunda humildad. Paradojicamente, fue esta virtud de humildad la que la colocó en el centro de la elección divina para llevar a cabo esta importante tarea.

Finalmente, en 1230, convencida de que era la voluntad de Dios y alentada por su amiga, la reclusa Eva, Juliana de Mont Cornillon, quien desde 1222 era la priora de su convento, se acercó al venerable sacerdote Juan de Lausana, un canónigo de San Martín de Lieja. Juliana presentó su propuesta y le pidió que la evaluara personalmente y consultara con otros teólogos sobre el asunto.

Opinión de los teólogos

Juliana de Mont Cornillon consultó con destacadas figuras religiosas, incluidos Hugo de San Caro, un dominico que luego se convirtió en cardenal, y Santiago Pantaleón de Troyes, quien más tarde se convirtió en Papa Urbano IV. Estos líderes eclesiásticos coincidieron en que instituir una festividad especial en honor al Santísimo Sacramento sería beneficioso para la gloria de Dios y las almas. Aunque Juliana se sintió alegre por esta decisión, prefería que no recayera sobre ella la responsabilidad de iniciar esta celebración. En su lugar, buscó a Isabel de Huy, una beguina reconocida por su santidad y virtud, para unirse a su comunidad.

Aunque inicialmente Isabel se opuso al proyecto de Juliana, un año después, durante un éxtasis revelador, Dios le mostró la importancia y los beneficios de instituir la fiesta del Santísimo Sacramento. Isabel cambió de opinión y se unió a Juliana en este esfuerzo. Sin embargo, la iniciativa enfrentó críticas públicas y burlas hacia Juliana, incluso se la ridiculizó como la «visionaria» de Monte Cornillón. A pesar de estos desafíos, Juliana recurrió a la oración, su recurso principal, y emprendió varias peregrinaciones para avanzar en la causa.

Primera Fiesta de Corpus Christi (1246)

La fiesta del Corpus Christi, instituida gracias a los esfuerzos de Juliana de Mont Cornillon, finalmente fue establecida oficialmente en la Iglesia universal después de una serie de aprobaciones y decretos. En 1246, el obispo de Lieja, Roberto de Torote, publicó una pastoral instituyendo la festividad, que inicialmente fue observada solo por los canónigos de San Martín hasta 1252.

En 1252, Hugo de San Caro, cardenal Legado del Papa, utilizando sus poderes, decidió inaugurar la fiesta en Lieja. La celebración fue majestuosa y atrajo a una multitud de fieles. Estableció que la festividad se celebraría el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad. Posteriormente, otros legados, como el cardenal Capocci en 1254, confirmaron y apoyaron la iniciativa.

Finalmente, Urbano IV, anteriormente Santiago Pantaleón, el arcediano de Lieja, instituyó oficialmente la fiesta del Corpus Christi para toda la Iglesia en 1264 mediante la bula «Transiturus». Esta festividad continuó ganando reconocimiento y relevancia, siendo enriquecida con el oficio compuesto por Santo Tomás de Aquino y posteriormente confirmada y ampliada en diversos concilios y declaraciones papales, destacando su importancia y riqueza espiritual dentro de la tradición católica.

Persecuciones y últimos años

La vida de Santa Juliana de Mont Cornillon estuvo marcada por su devoción religiosa y su liderazgo en Monte Cornillón. Tras la muerte de su maestra Sapiencia, Juliana asumió el cargo de priora del lugar a la edad de 29 años, mostrando un gran celo en sus responsabilidades. Durante este período, contó con el apoyo del prior Godofredo.

Sin embargo, tras la muerte de Godofredo en 1240, Rogerio, un hombre ambicioso y simoníaco, tomó el control de los hospicios. Bajo su influencia, una multitud destruyó parte del convento, lo que obligó a Juliana a refugiarse en una casa proporcionada por Juan de Lausana. Afortunadamente, Roberto de Torote, elegido obispo de Lieja en 1240, intervino y restableció a Juliana en su cargo, expulsando a Rogerio.

Santa Juliana de Mont Cornillon, después de enfrentar múltiples adversidades y desplazamientos, finalmente encontró refugio entre las Cistercienses de Salcina cerca de Namur. Sin embargo, su estancia allí también se vio interrumpida cuando la comunidad fue expulsada por una facción hostil. Conmovida por la persecución de las religiosas, Juliana experimentó un deterioro en su salud.

Posteriormente, un sacerdote de Fosas le ofreció a Juliana una celda cercana a la iglesia de Fosas, donde pasaría los últimos días de su vida. A pesar de su frágil estado de salud, el día de Pascua de 1258, Juliana mostró una determinación impresionante al asistir a varios servicios religiosos, incluidas las misas y la Sagrada Comunión. Esa tarde, consciente de su inminente partida, solicitó recibir la Extremaunción y, con profunda devoción, se entregó a la oración, buscando el perdón divino con lágrimas en sus ojos. Así, Santa Juliana de Mont Cornillon dejó este mundo, dejando atrás un legado de fe, perseverancia y devoción.

Santa Juliana de Mont Cornillon tuvo en su lecho a la abadesa de Salcina, que había acudido con algunas religiosas. El miércoles después de Cuasimodo, se vio que Juliana llegaba a sus últimos momentos. Como su enfermedad le impedía comulgar, la piadosa abadesa propuso que trajeran la Sagrada Eucaristía para que pudiera al menos adorarla. Cuando vio entrar a su Divino Salvador, se incorporó sobre su pobre lecho:

— Aquí viene — le dijo el sacerdote— tu Salvador, el que nació y murió por ti; pídele te defienda contra tus enemigos y te lleve a la patria celestial.

— Amén — respondió ella— . ¡Proteja Él también a la Madre abadesa!

Y con su acto postrero de adoración y de amor, Santa Juliana de Mont Cornillon entregó su alma al Dios de la Eucaristía el viernes 5 de abril de 1258. Su cuerpo fue primero inhumado en la abadía cisterciense de Villers a 34 km. de Fosas.

Santa Juliana de Mont Cornillon fue honrada con una nueva tumba de mármol negro el 17 de enero de 1599. A pesar de que la influencia del protestantismo causó la destrucción de su tumba, algunas reliquias se trasladaron primero a Roma y luego a Portugal, y finalmente regresaron a su relicario original. Estas reliquias son objeto de veneración en la abadía de San Salvador de Amberes y en San Martín de Lieja.

El culto y el oficio dedicados a Santa Juliana fueron oficialmente ratificados y aprobados por el Papa Pío IX en 1868. Además, la Orden de San Agustín estableció el 7 de abril como el día de celebración de su fiesta, según lo estipulado en un rescripto del 1 de septiembre de 1870. A través de estos actos, se reconoce y honra la vida, la devoción y el legado duradero de Santa Juliana de Mont Cornillon en la tradición católica.

Oración a Santa Juliana de Mont Cornillon

Santa Juliana de Mont Cornillon, ruega por nosotros.

7 de Abril: Santa Juliana de Mont Cornillon

| Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.
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