7 de Septiembre: San Clodoaldo, presbítero

7 de Septiembre: San Clodoaldo, presbítero

Publicado el 7 de septiembre de 2021

Actualizado el 18 de abril de 2025

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Fue en el año 511, y debido a la muerte de Clovis, rey de los francos, que el reino se vio dividido entre sus cuatro hijos. El segundo de estos era Clodomiro. Algún tiempo después, aproximadamente trece años, habría encontrado la muerte en medio de una lucha contra su propio primo, el sanguinario Gondomar, quien ya había asesinado a Segismundo de Borgoña. Así, Clodomiro dejó tres hijos, entre los que se repartieron los dominios.

De entre estos tres hijos, era Clodomiro el más joven. Santa Clotilde, su abuela, mientras alcanzaban la edad bastante para hacerse cargo de las labores del reino, mismo que en el entretanto, era administrado por el tío Childeberto, se encargó de ellos en su propiedad de París.

Pero Childeberto tenía otros planes, quería el conservar el control total del reino. Para lograrlo, tramó una conspiración contra los tres príncipes. Así, envió a un mensajero, el funesto Clotario, a casa de la abuela, el que presentó a la santa mujer dos opciones:

O enviaba a los tres pequeños y los recluía para siempre en algún monasterio o los entregaba para su muerte. Sin embargo Clotario tenía la secreta intención de acabar con la vida del mayor de los tres. Así, habiendo escogido la abuela enviarlos a un convento, torció Clotario a su antojo las palabras de Santa Clotilde y tomando al mayor de los pequeños, llamado Teobaldo, lo apuñaló sin compasión hasta quitarle la vida. Ante semejante espectáculo, Gunther, el segundo de los principies, huyó espantado, buscando inocentemente, refugio con su tío Childeberto quien se hallaba temblando de miedo, conmovido por la brutal matanza y trató de protegerlo. Pero Clotario, embrutecido y ajeno a todo sentimiento de piedad, arrancó al niño de los brazos de Childeberto y lo mató también.

Así, el único que escapó con vida fue el pequeño Clodoaldo, que fue llevado a toda prisa lo más lejos posible para que viviese oculto en Provenza. Childeberto y Clotario compartieron el fruto de su espantoso crimen, y Clodoaldo no hizo ningún intento para recuperar el reino cuando llegó a la mayoría de edad.

En sus pocos años de vida, habían visto sus ojos lo que era la vida política, al punto que le repugnaba la idea de ser participe de ella. Así, el joven príncipe se retiró a la humilde celda de un ermitaño.

Al cabo de algún tiempo de vida solitaria, se puso bajo la dirección y la disciplina de san Severino, un eremita que vivía cerca de París; después pasó a Nogent, en las riberas del Sena, donde construyó su ermita en el lugar donde ahora se encuentra la ciudad de Saint-Cloud.

San Clodoaldo (su nombre era un juego de palabras, puesto que Cloud se pronuncia igual que «clou», que significa clavo, al santo se le venera en Francia como patrón de los fabricantes de clavos) fue incansable en su labor de instruir a todas las comarcas circundantes sobre las cosas de Dios. Habría terminado sus días en Nogent, aproximadamente en el año 560, cuando contaba aproximadamente con unos treinta y seis años de edad,

Alban Butler agrega la siguiente reflexión de Pico della Mirandola, humanista del siglo XV:

«Algunos piensan que la mayor felicidad de un hombre en este mundo es gozar de las dignidades y poderes y vivir entre las riquezas y esplendores de una corte. Vosotros sabéis que ya he tenido mi parte de todo esto; pero os aseguro que mi alma ya no puede encontrar verdadera satisfacción más que en el retiro y la contemplación.

Estoy convencido de que si los cesares pudiesen hablar desde sus tumbas, declararían que Pico es más feliz en su soledad que ellos lo fueron en el gobierno del mundo; y si los muertos pudiesen volver a la vida, eligirían los dolores de una segunda muerte antes que arriesgar su salvación de nuevo en los puestos públicos».

De acuerdo con Butler, existe una biografía, editada con notas críticas por B. Krusch en MGH., Scriptores Merov., vol. n, pp. 350-357, la misma que, en fecha anterior editó Mabillon con los bolandistas. Sin embargo, esta biografía admite que su nacimiento no se remonta más allá del siglo nueve, los datos proporcionados por San Gregorio de Tours y reproducidos en Acta Sanctorum son más dignos de crédito. El libro Saint Cloud: prince, moine, prétre (1922) de J. Legrand, es una historia muy agradablemente escrita y con todos los datos necesarios.

Cordero de Dios

 

San Clodoaldo | Fuentes

La vida de los Santos por Butler | Tomo 3

Colofón
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